¡He ahí tu Madre…!

¡He ahí tu Madre…!

Por el presidente David O. McKay

Muy paco es lo que sabemos acerca de la  vida hogareña de Jesús, pero pienso que el Salvador nos ha dejado también un mensaje para el Día de la Madre, tal como para otras ocasiones y situaciones de nuestra vida.

Un artista renombrado pintó cierta vez un impresionante cuadro de María arrodillada al lado de una cuna, acariciando cariñosamente las manos de su Niño dormido. Suaves lágrimas brotaban de sus ojos y rodaban por sus mejillas al meditar, anticipando el futuro, en las grandes responsabilidades que su Hijo habría de asumir y del enorme sacrificio que haría cuando alcan­zara la edad de su plenitud. Al pie del cuadro, se lee esta frase:

Y Una Espada Traspasará Su Costado.

El artista presenta a la madre recordando una profecía expresada cuando el Niño fue bendecido en el templo:

. . . He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha.

(Y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lucas 2: 34-35.)

Cuando José y María regresaron de Egipto, se establecieron en Nazaret. En esta ciudad todavía puede verse un pequeño taller car­pintero. Los lugareños aseguran que fue allí donde Jesús, siendo joven, trabajó con José.

Durante los primeros años del Niño, José y María acostumbraban ir a Jerusalén y partici­par allí de la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años de edad, le llevaron con ellos a Jerusalén. Una vez terminadas las fes­tividades, se aprestaron para regresar al hogar. Pensando que Jesús estaría jugando con otros niños del grupo, Sus padres recorrieron cierta distancia sin percibir que Él no estaba en la compañía. Al cabo, no hallándole regresaron a Jerusalén y le buscaron. Finalmente, después de tres días de investigación, le encontraron en el templo, preguntando y respondiendo a las preguntas de los doctores y otros eruditos. No obstante, José y María le reprendieron. Su madre dijo:

. . . Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con an­gustia.

Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

Más ellos no entendieron las palabras que les habló. (Ibid., 2: 48-50.)

Aunque ellos no comprendieron la respuesta, sabemos que al cabo los tres regresaron a Nazaret y que Jesús obedeció filialmente a José y María. El corazón de Su madre iba desbordando de orgullo a medida que notaba que El crecía en gracia y en conocimiento en las cosas de Dios.

Encontramos otro ejemplo de Su asociación familiar, en el relato de las bodas de Caná, en Galilea. Tanto Jesús— ahora un hombre—como Su madre, estaban presentes en aquella ocasión. María, preocupada porque los invitados, al igual que los novios, estaban desconcertados por la escasez de refrescos, fue entonces a Jesús y le dijo:

… No tienen vino.

Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. (El término “mujer” en este caso, fue utili­zado en sentido cariñoso.)

Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. (Juan 2: 3-5.)

Podemos fácilmente imaginar no sólo la admiración, sino también la confianza que esta mujer sentía hacia su hijo.

También encontramos a María en Jerusalén, en oportunidad de la última cena. Junto con otras mujeres ella estaba indudablemente presente en el cuarto conti­guo a aquél en que Jesús lavó los pies de Sus discípulos y desde donde Judas se retiró esa noche para traicionar a su Señor. Es innegable que ella estuvo al tanto de las consecuencias de dicha traición, y aun presente durante los juicios consiguientes ante Agripa y He­redes. Aunque muchos de Sus seguidores se dispersa­ron, María permaneció al pie de la cruz hasta el final. Jesús, viéndola junto a Su amado discípulo Juan, le dijo:

Mujer (aquí el término es otra vez utilizado cariñosamente), he ahí tu hijo.

Y luego, dirigiéndose a Juan, declaró: . . . He ahí tu madre

El Día de la Madre nos provee una ocasión para contemplar los sublimes y aun divinos atributos de las madres. La verdadera madre, en su alto y sagrado oficio, está más cerca del Creador que cualquier otro ser racional.

Es realmente importante para la gente joven- madres y padre futuros—comprender que la inteligente edificación de un hogar comienza ya en la propia edad temprana de la pubertad. Con frecuencia, la salud de los hijos depende de las acciones de sus padres aún antes del casamiento. Tanto en los púlpitos como en la prensa, y particularmente en los hogares, debe proclamarse con más constancia la verdad de que en su juventud, nuestros muchachos y niñas están ya colocando los cimientos para su futura felicidad o miseria. Particularmente los hombres jóvenes, deben prepararse para la responsabilidad de la paternidad conservándose físicamente limpios y moralmente aptos. Nunca será feliz aquél que en su pasado ha sido un cobarde o un engañador. La propia felicidad futura de su esposa y sus hijos, dependerá de su vida juvenil.

Enseñemos también a nuestras jóvenes que la ma­ternidad es divina; porque cuando nos referimos a la parte creativa de nuestra vida, entramos en los dominios de la divinidad. Es importante, entonces, que toda mu­jer joven comprenda la necesidad de mantener su cuer­po limpio y puro, a fin de que sus hijos puedan venir al mundo libres de todo pecado y enfermedad. Un nacimiento normal y la herencia de un carácter noble, constituyen las más grandes bendiciones de la niñez. Ninguna mujer tiene el derecho de encadenar a su hijo en la vida por algo que en su juventud parezca ser siquiera un pasatiempo placentero. No podemos envenenar el manantial de la vida y esperar a la vez que sus afluencias sean puras. María fue escogida para ser la madre de Jesús, precisamente porque era una virgen.

Tal como en otras fases de la vida, el Salvador estableció un ejemplo ideal en cuanto a la relación de los hijos con sus padres. Si los hijos verdaderamente aman a sus padres, tratarán de emular sus virtudes- virtudes que en el caso de José y María las Escrituras no destacan debidamente, pero que sin lugar a dudas se manifestaron en la vida de Jesús:

  1. Su pureza.
  2. Su nobleza y benignidad que, ya en la juventud, engendró admiración y confianza—una confianza in­variable, como la que Su madre tenía en El.
  3. Amor eterno—un amor tan supremo, que le hizo capaz de enfrentar la muerte sin vacilar.
  4. Finalmente, Su constante sentido de la respon­sabilidad que hizo que como hijo contribuyera a la felicidad de Sus padres.

Con sinceridad en nuestros corazones, oremos para que Dios bendiga al mundo con madres inteligentes, amorosas y devotas que puedan inspirar en el corazón de sus hijos el amor a la verdad y a la justicia; y para que bendiga también a los hijos con el sincero deseo y la fuerza que les haga traer satisfacción, meritorio or­gullo y contentamiento a las almas de dichas madres.

Anuncios
Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Thomas S. Monson – Citas inspiradas

“Ustedes pueden lograr lo que crean que pueden lograr. Confíen, crean y tengan fe.


“…Cuando recordemos los convenios que hemos hecho en el Templo, seremos más capaces de soportar toda prueba y superar cada tentación.”


“La mayor felicidad en la vida vendrá como resultado de seguir los mandamientos de Dios y obedecer Sus leyes.”


“…Mantengamos el valor de desafiar la opinión general; que escojamos el difícil bien en lugar del fácil mal.”


“… a fin de obtener y mantener la fe que necesitamos, es esencial que leamos, estudiemos y meditemos las Escrituras”.


“Un hombre sin un propósito es como un barco sin timón, un nada, un don nadie. Tener un propósito en la vida le da tanta fuerza a tu mente y a tus músculos como el propósito que Dios tiene para ti.”


Recuerden quiénes son y lo que Dios espera que lleguen a ser. Ustedes son hijos de la promesa, hombres investidos con poder.


“… imploro que cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración.”


“…si no somos bondadosos con los demás, no honramos el sacerdocio de Dios.”


No habrá mañanas que recordar si no hacemos algo hoy, y a fin de vivir hoy más plenamente, debemos hacer lo que es de mayor importancia.


Al seguir el ejemplo del Salvador y vivir como Él vivió y enseñó, esa luz arderá en nosotros e iluminará el camino para los demás.


Tantas cosas en la vida dependen de nuestra actitud. La forma en que escogemos ver las cosas y respondemos a los demás marca toda la diferencia.


Si no están leyendo el Libro de Mormón todos los días, por favor háganlo.


El lenguaje profano, vulgar o soez, y los chistes inapropiados o indecentes son ofensivos para el Señor.


“…No digan ni hagan nada de lo que no puedan sentirse orgullosos.”


Les afirmo que las decisiones determinan el destino; ustedes no pueden tomar decisiones eternas sin que tengan consecuencias eternas.


“Escoge a quien amar; ama a quien escojas”.


Un día, a todos se nos acabarán los mañanas. No demoremos lo que es más importante.


Recuerden que la fe y la duda no pueden existir en la misma mente al mismo tiempo, pues una disipa a la otra.


Alguien ha dicho que el sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no obsequiarlo.


Tenéis un legado: Honradlo. Te encuentras con el pecado: Evítadlo. Tienes la verdad: Vivila. Tenéis un testimonio: Compartelo.


Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe.


Debemos desarrollar la capacidad de ver a los hombres no como lo que son ahora, sino como lo que pueden llegar a ser.


Para comprender el significado de la muerte, debemos entender el propósito de la vida.


Nunca permitan que el problema que se tenga que resolver llegue a ser más importante que la persona a la que se tenga que amar.


“No puedes hacer bien haciendo lo malo ni puedes hacer mal haciendo lo bueno”


“El enojo no resuelve nada ni edifica nada, pero puede destruirlo todo” .


No hay niebla que sea tan espesa, noche que sea tan oscura, tempestades tan furiosas, ni marinos tan perdidos que la luz de su faro no pueda iluminar, calmar y rescatar.


Las decisiones sí determinan nuestro destino.


Debido a que Él vino, nuestra existencia mortal tiene sentido.


La Navidad es la época en que más nos damos cuenta de que cuanto más amor demos, más amor habrá para los demás.


Sin Su sacrificio expiatorio, todo estaría perdido. No es suficiente creer en Él; es necesario que aprendamos, que escudriñemos y oremos, que nos arrepintamos y mejoremos.


Somos bendecidos por tener la verdad, y tenemos el mandato de compartir la verdad.


 

 

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Presidente Thomas S. Monson

Se anuncian los preparativos para el servicio fúnebre del Presidente Thomas S. Monson 

Los servicios funerarios para el presidente Thomas S. Monson, líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se llevarán a cabo en el Centro de Conferencias en Temple Square el viernes 12 de enero de 2018 a las 12:00 p.m. MST. El servicio funerario estará abierto al público de 8 años en adelante. El jueves, de 9:00 a.m. a 8:00 p.m., tendrá lugar una visita abierta a todas las edades en el Centro de conferencias.

El presidente Monson murió por causas naturales de la edad el 2 de enero de 2018 en Salt Lake City a la edad de 90 años. En los 187 años de historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días fue su decimosexto presidente y se desempeñó como tal desde el 3 de febrero del 2008.

Aquellos que asisten a los servicios funerarios en el Centro de Conferencias (con capacidad para 21,000 personas) deben estar en sus asientos a más tardar a las 11:30 a.m. Los asientos están disponibles y se atienden por orden de llegada. Se ofrecerán asientos adicionales con visualización en pantalla grande de los acontecimientos en el Tabernacle adyacente, el Salón de Asambleas y el Centro de Conferencias.

Thomas S. Monson, Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, falleció el 2 de enero de 2018, a la edad de 90 años.

4 octubre 1963 — Es sostenido como miembro del Quórum de los Doce.

El jueves 16 de octubre de 1963, Thomas Spencer Monson, de 36 años, se puso de pie ante el púlpito del Tabernáculo de Salt Lake en la conferencia general. Recién llamado a toda una vida de servicio como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, el más joven en 53 años, dio su testimonio diciendo: “Sé que Dios vive, mis hermanos y hermanas. No tengo ninguna duda. Sé que ésta es Su obra”.

Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 Comentario

¿Qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer?

¿Qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer?

Por el élder Stanley G. Ellis
De los Setenta

Para recibir una respuesta, no tenemos por qué buscar más allá de los profetas, de las Escrituras y del Salvador.
Abraham partió de su tierra natal hacia una nueva tierra de herencia sin saber dónde estaba ubicada. Actuó movido por la fe y, como resultado, llegó a “la tierra prometida”.

Lo que el Señor espera de nosotros es que averigüemos, estudiemos y entremos en acción aun cuando nos falte un conocimiento perfecto.

Nefi, después de que él y sus hermanos habían fracasado varias veces en su intento por conseguir las planchas de bronce que tenía Labán, se puso en camino para intentarlo por última vez “sin saber de antemano lo que tendría que hacer” (1 Nefi 4:6).

A través de las épocas, muchos profetas han enfrentado un desafío similar al tener que actuar por la fe. Adán recibió el mandamiento de ofrecer sacrificios sin saber por qué (véase Moisés 5:5–6). Abraham partió de su tierra natal hacia una nueva tierra de herencia sin saber dónde estaba ubicada (véase Hebreos 11:8Abraham 2:3, 6). Pablo viajó hasta Jerusalén sin saber qué le pasaría cuando llegara (véase Hechos 20:22). José Smith se arrodilló en una arboleda sin saber a qué Iglesia debía afiliarse (véase José Smith—History 1:19).

También nosotros podemos encontrarnos en situaciones que nos exijan entrar en acción sin saber qué debemos hacer. Felizmente, las experiencias mencionadas nos enseñan diferentes maneras de seguir adelante a pesar de la incertidumbre.

Nefi exhortó a sus hermanos a que fueran fieles en guardar los mandamientos del Señor (véase 1 Nefi 4:1); luego actuó guiado por esa fe: entró “furtivamente en la ciudad” y se dirigió “a la casa de Labán”, “e iba guiado por el Espíritu” (1 Nefi 4:5–17). Y el Espíritu le dijo no sólo lo que tenía que hacer, sino también por qué era importante que lo hiciera (véase 1 Nefi 4:12–14).

Adán respondió siendo “obediente a los mandamientos del Señor” (Moisés 5:5). Abraham actuó movido por la fe y, como resultado llegó a “la tierra prometida” (Hebreos 11:9). Pablo decidió no temer a las “prisiones y tribulaciones”, sino llegar al fin del “ministerio que recibi[ó] del Señor Jesús” (Hechos 20:23–24). José Smith meditó sobre las Escrituras y tomó la determinación de seguir la exhortación de “pedir a Dios” (José Smith—Historia 1:13).

Tenemos la responsabilidad de entrar en acción

En las Escrituras se nos advierte que el no saber qué hacer no es excusa para no hacer nada. Nefi, que deseaba “conocer las cosas que [su] padre había visto”, reflexionó sobre ellas y fue “arrebatado en el Espíritu del Señor” (1 Nefi 11:1). Entretanto, Lamán y Lemuel pasaron el tiempo “disputando entre sí concerniente a las cosas que [Lehi] les había hablado” (1 Nefi 15:2).

Lo que el Señor espera de nosotros es que averigüemos, estudiemos y entremos en acción, aun cuando haya algunas cosas que tal vez nunca lleguemos a saber en esta vida. Una de ellas es el momento de Su Segunda Venida, de lo cual Él dijo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Al referirse a esa incertidumbre, el presidente Wilford Woodruff (1807–1898) aconsejó a los miembros de la Iglesia a prepararse, pero afirmó que él todavía iba a continuar plantando cerezos1.

“Cuando vives dignamente y lo que has elegido está de acuerdo con las enseñanzas del Salvador y necesitas actuar, sigue adelante con confianza”, dijo el élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles. Si somos sensibles a la inspiración del Espíritu, agregó, “recibirás el estupor de pensamiento que te indicará que lo que has escogido no es correcto, o sentirás paz o que tu pecho arde confirmándote que tu elección ha sido correcta [véase D. y C. 9:8–9]. Cuando tú vives con rectitud y actúas con confianza, Dios no permitirá que sigas adelante por mucho tiempo sin hacerte sentir la impresión de que has hecho una mala decisión”2.

Probemos al Señor

Dos experiencias que tuve, en casos en que no estaba seguro de lo que debía hacer, ilustran la importancia de obedecer los mandamientos y de seguir a los profetas vivientes. Cuando estaba en el colegio universitario, me quedé sin fondos, así que busqué un trabajo de tiempo parcial. Al recibir el primer cheque, no sabía si el dinero me iba a alcanzar hasta el próximo pago; pero recordé la promesa del Señor con respecto al diezmo: “…probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición…” (Malaquías 3:10).

Decidí probar al Señor; pagué primero el diezmo y Él me bendijo con lo necesario; y en el proceso aprendí a confiar en Sus promesas.

Años después, cuando mi esposa y yo teníamos niños pequeños y yo estaba comenzando en una carrera nueva, mi empleador cambió el plan de seguro médico; el que teníamos terminaba el 1º de junio y el nuevo no empezaba hasta el 1º de julio, lo cual nos dejaba un mes entero sin seguro. No sabíamos qué hacer, pero entonces recordé un discurso que había dado el presidente N. Eldon Tanner (1898–1982) en el cual aconsejaba a los miembros de la Iglesia que siempre tuvieran un seguro de salud3.

Hablé con la compañía y negocié un contrato para seguir con el seguro durante todo junio. El 28 de ese mes Matt, nuestro hijo mayor, se cayó del trampolín en la piscina de nuestro vecindario y se golpeó la cabeza contra el cemento, lo que le produjo una fractura de cráneo y conmoción cerebral. De inmediato lo llevaron en helicóptero al hospital donde los especialistas lo trataron; el costo fue astronómico y nos habría arruinado económicamente, pero felizmente el seguro de salud pagó la mayor parte del tratamiento.

¿Qué debemos hacer?

Así que, ¿qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer? Para recibir una respuesta, no tenemos por qué buscar más allá de los profetas, de las Escrituras y del Salvador. Esas invalorables fuentes nos enseñan a:

  1. Buscar las respuestas por medio del estudio y de la oración.
  2. Obedecer los mandamientos.
  3. Confiar en el Señor y en Sus promesas.
  4. Seguir al Profeta.
  5. Seguir adelante con fe, no con temor.
  6. Llevar a cabo nuestra misión.

Y en cada uno de esos pasos, sigamos el consejo del presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles: “Siempre, siempre sigan la inspiración del Espíritu”4.

Notas

1. Véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, 2005, pág. 257.
2. Richard G. Scott, “Utilizar el don supremo de la oración”, Liahona, mayo de 2007, pág. 10.
3. Véase N. Eldon Tanner, “Constancy amid Change”, Ensign, Feb. 1982, pág. 46.
4. Boyd K. Packer, “La Restauración”, Primera Reunión mundial de capacitación de líderes, 11 de enero de 2003, pág. 3.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Resolvamos los problemas emocionales a la manera del Señor

Resolvamos los problemas emocionales a la manera del Señor

Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

El principio de la autosuficiencia o independencia personal es fundamental para una vida feliz.

Este artículo fue tomado de un discurso de conferencia general pronunciado en abril de 1978. Se modificó la puntuación y se agregaron los subtítulos. El texto completo [en inglés] se encuentra en: liahona.lds.org.

Nuestros obispos reciben cada vez más llamadas para aconsejar a miembros con problemas que se relacionan más con el aspecto emocional que con la necesidad de alimento, ropa o vivienda.

Mi mensaje, por lo tanto, es sobre el tema de resolver los problemas emocionales a la manera del Señor.

Felizmente, los principios de bienestar temporal se aplican también a ese tipo de problemas…

Los principios de autosuficiencia

El manual de bienestar enseña: “[Los líderes] enseñarán e impulsarán a los miembros para que se sostengan hasta el máximo grado de su capacidad. Ningún Santo de los Últimos Días fiel tratará de deshacerse voluntariamente de la carga de su propio sustento; hasta donde sus fuerzas lo permitan, con la inspiración del Todopoderoso y con su propia labor, aportará para sí las cosas indispensables de la vida…” (véase Manual de los Servicios de Bienestar, 1952, pág. 2).

Hemos tenido bastante éxito en enseñar a los Santos de los Últimos Días que deben cuidar de sus propias necesidades materiales, y luego contribuir al bienestar de aquellos que no pueden proveer para sí.

Si un miembro no puede sostenerse, entonces debe pedir ayuda a su familia, y después a la Iglesia, en ese orden…

Cuando las personas tienen la capacidad de cuidar de sí mismas pero no están dispuestas a hacerlo, debemos emplear el dictado del Señor de que el ocioso no comerá el pan del trabajador (véase D. y C. 42:42).

La sencilla regla ha sido que debemos cuidarnos nosotros mismos. Este versito que expone una verdad ha servido de modelo: “De lo que tengas come, arréglate con lo que dispones; úsalo y hazlo rendir o de ello puedes prescindir”.

En 1936, cuando se anunció por primera vez el programa de bienestar de la Iglesia, la Primera Presidencia dijo lo siguiente:

“…El propósito de la Iglesia es ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas…” (en “Conference Report”, octubre de 1936, pág. 3; cursiva agregada).

Éste es un sistema de ayuda propia, no de dádivas rápidas, y requiere un cuidadoso inventario de todos los recursos personales y familiares a los que se debe recurrir antes de recibir nada de fuentes externas.

El obispo que requiera a un miembro que trabaje hasta donde le sea posible por lo que reciba del bienestar de la Iglesia no es malo ni insensible.

Por otra parte, ningún miembro que reciba ayuda de la Iglesia debe sentir la más mínima vergüenza por ello, es decir, siempre que haya contribuido de su parte con todo lo posible…

La esencia de lo que quiero decir es: El mismo principio de autosuficiencia se aplica al aspecto espiritual y al emocional…

A menos que tengamos cuidado, estamos a punto de hacernos nosotros mismos en lo emocional y, por lo tanto, en lo espiritual, lo que durante generaciones hemos tratado con tanto empeño de evitar en el sentido material.

Los consejos

Parece que estamos desarrollando una epidemia de “consejitis”, que consume la fortaleza espiritual de la Iglesia lo mismo que el resfriado común consume la fuerza de la humanidad más que cualquier otra plaga…

Hablando en sentido figurado, hay muchos obispos que tienen un buen aprovisionamiento de “formularios” para dar ayuda emocional.

Cuando alguien llega con un problema, lamentablemente el obispo los reparte sin vacilar, sin detenerse a pensar en el efecto que eso pueda tener en su gente…

La independencia espiritual y la autosuficiencia son una fuerza sustentadora en la Iglesia; si privamos de eso a los miembros, ¿cómo pueden obtener revelación para sí? ¿Cómo sabrán que hay un Profeta de Dios? ¿Cómo recibirán respuesta a sus oraciones? ¿Cómo sabrán ellos mismos, con seguridad, lo que quieran saber?…

La aplicación de este principio a la familia

…El padre tiene la responsabilidad de presidir a su familia.

A veces, y con toda buena intención, es tanto lo que se exige de los hijos y del padre que éste no puede cumplir bien esa responsabilidad.

Obispo, si mi hijo necesita consejo, ésa debe ser mi responsabilidad en primer lugar, y en segundo la suya.

Obispo, si a mi hijo le hace falta entretenimiento, en primer lugar debo ser yo quien se lo proporcione, y usted en segundo.

Si mi hijo necesita que se le corrija, yo soy quien tiene primeramente esa responsabilidad, y usted en segundo lugar.

Si yo estoy fracasando como padre, ayúdeme a mí primero, y después a mis hijos.

No se apresure a sacarme de las manos la tarea de criar a mis hijos.

No se apresure a aconsejarlos y resolver todos sus problemas; déjeme tomar parte en el asunto. Ése es mi ministerio.

Vivimos en una época en que el adversario hace destacar en todo la filosofía de la satisfacción instantánea de los deseos. Parece que lo queremos todo instantáneamente, incluso soluciones instantáneas a nuestros problemas…

Se dispuso que la vida tenía que ser un desafío. Es normal sufrir algo de ansiedad, depresión, desilusión e incluso algún fracaso.

Enseñen a nuestros miembros que si de vez en cuando tienen un día bien desdichado, o varios consecutivos, los enfrenten con firmeza. Las cosas se arreglarán.

Existe un gran propósito en la lucha que tenemos en la vida.

El principio de la autosuficiencia o independencia personal es fundamental para una vida feliz.

 

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

El primer domingo del mes, la presidencia de la Sociedad de Socorro nos dirige en análisis sobre lo que debemos hacer para cumplir nuestras responsabilidades sagradas como hermanas que somos.

Cuando nuestra presidencia recibió el llamamiento, nos dieron materiales sobre la historia de la Sociedad de Socorro, datos que se habían reunido a través de los años; los estudiamos, orando al respecto, para saber el propósito de la Sociedad de Socorro y qué esperaba el Señor de nosotros durante nuestra administración.

Al estudiar esa historia con detenimiento, aprendimos que el propósito de la Sociedad de Socorro establecida por el Señor es organizar, enseñar e inspirar a Sus hijas a fin de prepararlas para las bendiciones de la vida eterna. Esta Sociedad se aplica a todos los aspectos de la vida de una mujer Santo de los Últimos Días; se enseña y se inspira a las hermanas por medio de las maestras visitantes, del servicio y de las reuniones de la Sociedad de Socorro. Cada domingo, la meta de la Sociedad de Socorro es estudiar la doctrina y los principios que nos ayudarán a lograr nuestros propósitos. Como resultado de nuestras lecciones dominicales, las hermanas deben ser capaces de vivir el Evangelio con mayor convicción en familia y en su hogar.

El primer domingo es diferente

El segundo, tercero y cuarto domingos del mes estudiamos Principios del Evangelio y enseñanzas de la conferencia general, respectivamente, como forma de guiarnos hacia las bendiciones de la vida eterna. Pero el primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro nos instruye y dirige los análisis para enseñarnos a cumplir nuestras responsabilidades sagradas como miembros de la Sociedad de Socorro.

Por ser mujeres Santos de los Últimos Días, tenemos el evangelio restaurado de Jesucristo y un testimonio del plan de salvación, y somos responsables de la mitad de ese plan que corresponde a la mujer; no podemos delegar nuestra parte a otras personas, pues tenemos ante el Señor la responsabilidad de atender a nuestros deberes. Y el primer domingo del mes es el tiempo que el Señor nos otorga a las hermanas de la Sociedad de Socorro para que aprendamos a cumplir nuestras responsabilidades.

Espero que utilicemos ese regalo de tiempo para cumplir las tres responsabilidades que tenemos de por vida como miembros de la Sociedad de Socorro: (1) aumentar la fe y la rectitud, (2) fortalecer a las familias y los hogares, y (3) ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda.

Espero que recurramos a las Escrituras y a las fuentes de recursos aprobadas por la Iglesia para buscar ejemplos, principios y doctrinas que nos ayuden a cumplir esas responsabilidades y a aprender cómo enfrentar las dificultades de los últimos días. A Emma Hale Smith, la primera presidenta de la Sociedad de Socorro, se le dijo que debía “explicar las Escrituras y… exhortar a la iglesia, de acuerdo con lo que te indique mi Espíritu” (D. y C. 25:7). Y nosotras podemos seguir su ejemplo.

Si yo fuera a hacer eso en una reunión de la Sociedad de Socorro del primer domingo, empezaría por orar para decidir qué deberíamos aprender, y después escudriñaría las Escrituras para descubrir qué se enseña en ellas sobre ese tema. Aprendería también lo que los profetas y otros líderes de la Iglesia hayan enseñado al respecto. Luego suplicaría la guía del Espíritu y escribiría algunas preguntas para analizar mientras estudiamos juntas ese domingo. Lo haría con la esperanza de que las hermanas volvieran a casa fortalecidas y emplearan ese modelo para estudiar en el hogar y para enseñar a su familia.

El aumento de la fe y de la rectitud

Mi abuela Isabelle Bawden Bangerter tenía la reputación de ser una mujer de gran fe; la había adquirido de niña y se había esforzado por aumentarla durante toda su vida. Había enseñado muchos años en la Sociedad de Socorro y las hermanas la consideraban una teóloga, una mujer que conocía bien el Evangelio y que podía enseñarlo con las Escrituras. Cuando murió, a los noventa y siete años, todavía estaba estudiándolas. La abuela Bangerter tenía confianza en sus funciones y responsabilidades eternas. Un día, siendo yo una joven madre, le pregunté si sería posible criar a una posteridad con rectitud en medio de un mundo lleno de iniquidad. Ella se irguió y, señalándome con el dedo, me dijo enfáticamente: “¡Sí! ¡Debes hacerlo! ¡Esa es la razón por la que estás aquí!”. Esa enseñanza me inspiró a tener mayor determinación en cuanto a mis responsabilidades y a enfrentar la vida con más fe. Es posible tener todas las semanas en la Sociedad de Socorro ese tipo de enseñanza directa e inspirada.

Con frecuencia, las hermanas se preguntan cómo vivir llenas de fe a través de las experiencias de esta vida terrenal. El primer domingo del mes nos da la oportunidad de combinar esa fe que existe en toda Sociedad de Socorro. La sabiduría de todas las presentes puede contribuir a contestar las preguntas o dudas que se expresen y proporcionar respuestas inspiradas.

A continuación hay otros ejemplos de lo que podríamos estudiar ese primer domingo para ayudarnos a aumentar nuestra fe y rectitud:

  • Cómo hacer convenios y guardarlos.
  • Cómo hacerse digna de una recomendación para el templo y la adoración en los templos.
  • Cómo ser merecedora de recibir la influencia del Espíritu Santo; cómo reconocerla y seguirla.
  • Cómo enseñar y defender el evangelio de Jesucristo.
  • Debemos orar con sinceridad, tanto a solas como en familia.
  • La importancia de efectuar la noche de hogar.
  • Cómo implementar los principios de autosuficiencia y vida providente.

El fortalecimiento de las familias y los hogares

Cuando yo era joven, teníamos en la Sociedad de Socorro una clase de educación para madres una vez por mes. A pesar de haber tenido una madre maravillosa y capaz, todavía aprendí a ser una mejor madre y a mejorar mi hogar con las maestras de la Sociedad de Socorro. Aprendimos principios y habilidades del ser ama de casa y aprendimos a ser mejores madres y a fortalecer nuestro matrimonio.

Muchas veces las madres jóvenes me preguntan si podríamos tener de nuevo una clase de educación para las madres en la Sociedad de Socorro. Mi respuesta es sí. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

A continuación hay ejemplos de lo que podríamos estudiar el primer domingo para ayudarnos a fortalecer a la familia y el hogar:

  • Cómo llegar a entender y defender las funciones divinas de la mujer.
  • Cómo acoger las bendiciones del sacerdocio.
  • La formación de una familia eterna.
  • Cómo mantener fuerte nuestro matrimonio.
  • El dar a luz y criar a los hijos.
  • Expresar amor por los miembros de la familia y enseñarles.
  • El aceptar la responsabilidad de preparar a una nueva generación justa de Santos de los Últimos Días.
  • Cómo se conoce, se vive y se defiende la doctrina de la familia.
  • Cómo se busca a los familiares que han muerto y llevar a cabo por ellos las ordenanzas del templo.

Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda

Las lecciones del primer domingo nos dan la oportunidad de fortalecernos mutuamente y de encontrar respuesta a las dificultades de la vida. En todo momento, hay muchas de las hermanas de la Sociedad de Socorro que están pasando por pruebas y desilusiones. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho que toda Sociedad de Socorro de barrio es “una hermandad sin fronteras”. Y agregó:

“Toda hermana, sea cual sea el grupo al que pertenezca, puede mirar a su alrededor y percibir el espíritu de inspiración que vuelve a ella mientras extiende una mano gentil de caridad hacia aquellas que la rodean…

“Ustedes prestarán servicio a su organización, a su causa —la Sociedad de Socorro—, este gran grupo de hermanas. Todas sus necesidades se verán satisfechas, ahora y en la eternidad; toda negligencia quedará borrada, todo abuso se corregirá. Pueden recibir todo eso, y recibirlo pronto, si se dedican a la Sociedad de Socorro”1.

He comprobado que las hermanas de toda Sociedad de Socorro de barrio tienen la capacidad de darse unas a otras el apoyo que les haga falta. Si buscamos y recibimos la ayuda del Espíritu Santo, esos círculos de hermanas pueden proporcionarnos todas las respuestas.

Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer. La Sociedad de Socorro siempre se ha ocupado de brindar auxilio a los demás.

Sabemos que, por vivir en los últimos días, como personas y familias enfrentamos muchas dificultades, entre ellas abuso, adicciones, apatía, deudas, depresión, desobediencia, desempleo, desintegración de la familia, enfermedades, persecución, pobreza y violencia. Nos hace pensar en lo que el apóstol Pablo profetizó en 2 Timoteo 3:1–7, 13. No obstante, no debemos temer: tenemos el evangelio de Jesucristo. El apóstol Pablo también nos dio la solución:

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:14–16).

El primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro tiene la oportunidad de personalizar la obra de esta Sociedad; puede concentrarse en las obras de caridad como solución para determinadas necesidades del barrio o de la rama; o capacitar a las hermanas para ser maestras visitantes que se ocupen de prestar ayuda a los demás cuando vean que hace falta. Y, cuando sea necesario, puede dar asignaciones para ayudar a determinadas personas.

La forma de utilizar el primer domingo

Creo que si las líderes de la Sociedad de Socorro buscan la ayuda del Espíritu Santo, recibirán la inspiración para saber qué deben estudiar y enseñar en su reunión del primer domingo. Sé que la obra del Señor seguirá avanzando por la tierra y que prosperará, en gran parte, debido a que las buenas hermanas de la Iglesia harán todo lo posible por adelantarla, primero en su propio hogar y con su familia y luego en los demás círculos de amistades y conocidos que frecuenten.

Las bendiciones del templo

Debemos “hacer todo lo que sea necesario para recibirlas [las bendiciones del templo] …

“… vayamos al templo a sellar eternamente a nuestra familia; regresemos al templo con la frecuencia que las circunstancias nos lo permitan; demos a nuestros antepasados fallecidos la oportunidad de recibir las ordenanzas de la exaltación; disfrutemos de la fortaleza espiritual y de la revelación que recibimos al asistir al templo con regularidad; seamos fieles y hagamos convenios en el templo y cumplamos con ellos para recibir todas las bendiciones de la Expiación”.

Silvia H. Allred, Primera Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Templos santos, convenios sagrados”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 114.

Acepten responsabilidades y sean firmes

“Algunas mujeres han dicho que da miedo enseñar una clase o hablar frente a un grupo. Les aseguro que sé por experiencia que puede ser atemorizante. Recordemos lo que Eliza R. Snow le dijo a su sobrina, a quien llamaron para que hablara frente a un grupo. Cuando su sobrina se puso de pie, no pudo decir nada porque la dominó el temor; finalmente, se sentó. Eliza, con bondad y gentileza, le aconsejó: ‘No te preocupes, pero cuando se te pida hablar otra vez, trata de tener algo que decir’…

“En una hermosa reunión de la Sociedad de Socorro, Eliza R. Snow registró en las actas que ‘casi todas las presentes se levantaron y hablaron, y el Espíritu del Señor, como riachuelo purificador, alentó todo corazón’. Esperamos que hoy nuestras hermanas se sientan nutridas, edificadas y fortalecidas cada vez que asistan a una lección del día domingo…

“Hermanas, ahora más que nunca necesitamos que las mujeres acepten responsabilidades y sean firmes; necesitamos mujeres que declaren la verdad con fuerza, fe y vigor; necesitamos mujeres que sean un ejemplo de rectitud; necesitamos mujeres que estén ‘anhelosamente consagrad[as] a una causa buena’ [D. y C. 58:27]. Tenemos que vivir de manera que nuestra vida testifique que amamos a nuestro Padre Celestial y al Salvador Jesucristo y que haremos lo que Ellos nos han pedido que hagamos. Tenemos que rescatar ‘desde lo más profundo de [nuestro] ser todo aquello que sea de valor’ para que, como hijas de Dios, hagamos nuestra parte para edificar el reino de Dios. Tendremos ayuda para hacerlo. Como lo declaró José: ‘Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen’”.

Barbara Thompson, Segunda Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Ya regocijemos”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 115, 116.

1 Cómo aumentar la fe y la rectitud. La lección del primer domingo nos da la oportunidad de buscar en las Escrituras las doctrinas que nos ayudarán a enfrentar las dificultades de los últimos días.

2 El fortalecimiento de la familia y del hogar. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

3 Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda. Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer.

Nota

  1. Boyd K. Packer, véase “Una hermandad sin fronteras”, Liahona, marzo de 1981, pág. 68.

 

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Lo mejor aún está por venir

Lo mejor aún está por venir

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young el 13 de enero de 2009. Si se desea ver el texto completo en inglés, vaya al sitio http://speeches.byu.edu.

Miren hacia delante y recuerden que la fe siempre señala hacia el futuro.
La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros.

El comienzo de un nuevo año es la época tradicional para hacer un inventario de nuestra vida y ver hacia dónde nos dirigimos comparándolo con el antecedente de dónde hemos estado hasta ese momento. No quiero hablar de las resoluciones de Año Nuevo, pero deseo referirme al pasado y al futuro, con la mira puesta en cualquier período de transición y cambio que ocurra en nuestra vida, y esos momentos nos sobrevienen casi todos los días.

Como tema bíblico para este análisis, he elegido el pasaje de Lucas 17:32, donde el Salvador advierte: “Acordaos de la mujer de Lot”. ¿Qué quiso decir con esa breve frase tan enigmática? Para saberlo, hagamos lo que Él dijo: acordémonos de quién era la esposa de Lot.

La historia, por supuesto, se desarrolla en los días de Sodoma y Gomorra cuando, después de haber tolerado todo lo que le fue posible soportar de lo peor que hombres y mujeres podían hacer, el Señor le dijo a Lot y a su familia que huyeran porque esas ciudades iban a ser destruidas. “Escapa por tu vida”, le dijo, “no mires tras ti… escapa al monte, no sea que perezcas” (Génesis 19:17; cursiva agregada).

Con algo menos que una obediencia inmediata y algo más que un intento de negociar, Lot y su familia abandonaron al fin la ciudad, pero lo hicieron a último momento. Las Escrituras nos dicen lo que pasó al amanecer del día siguiente:

“…hizo llover Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

“y destruyó las ciudades” (Génesis 19:24–25).

Mi tema se encuentra en el versículo siguiente. Con el consejo del Señor de “no mires tras ti” sin duda todavía sonándole claramente en los oídos, según el registro, la esposa de Lot “miró atrás” y se convirtió en una estatua de sal (véase el versículo 26).

¿Exactamente qué hizo la esposa de Lot que haya sido tan malo? Como me gusta estudiar historia, he pensado sobre eso y tengo una respuesta parcial al respecto. Aparentemente, lo malo que hizo no fue sólo miraratrás, sino que lo que su corazón deseaba era volverse atrás. Parece que aun cuando ya había salido de los límites de la ciudad, echaba de menos lo que Sodoma y Gomorra le habían ofrecido. Como lo expresó el élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Quórum de los Doce Apóstoles, esas personas saben que deben tener su residencia principal en Sión, pero todavía esperan mantener una casa de veraneo en Babilonia1.

Es posible que la esposa de Lot haya mirado atrás con resentimiento hacia el Señor por lo que Él le mandaba dejar tras de sí. Sabemos con certeza que Lamán y Lemuel estaban resentidos cuando se mandó a Lehi y a su familia que abandonaran Jerusalén. Así que no se trata de que ella mirara atrás, sino de que haya mirado con ansia de volver; en suma, su apego al pasado tuvo en ella una influencia mayor que su confianza en el futuro. Aparentemente, eso fue al menos parte de su pecado.

La fe señala hacia el futuro

Al comenzar un nuevo año y tratar de beneficiarnos con una visión apropiada de lo que quedó atrás, les ruego que no insistan en el recuerdo de los días que no volverán ni en un vano anhelo del ayer, por muy bueno que ese aer haya sido. El pasado es para aprender de él pero no para vivir en él. Miramos atrás con el deseo de reclamar las brasas de las experiencias radiantes pero no las cenizas. Y una vez que hayamos aprendido lo que tengamos que aprender y que guardemos con nosotros lo mejor de lo que hayamos experimentado, entonces miremos adelante y recordemos que la fe siempre señala hacia el futuro. La fe está siempre relacionada con bendiciones, verdades y acontecimientos del futuro que tendrán efecto positivo en nuestra vida.

Por consiguiente, una forma más teológica de referirnos a la esposa de Lot sería decir que no tuvo fe, que dudó del poder del Señor para darle algo mejor de lo que ya tenía. Al parecer, pensó que nada de lo que le esperaba podía ser de ninguna manera mejor que lo que dejaba atrás.

Algunos de los pecados de la esposa de Lot son el anhelo de volver atrás a un mundo en el que no se puede seguir viviendo, la constante insatisfacción con las circunstancias presentes y el hecho de tener sólo visiones sombrías del futuro, así como perderse el aquí, el ahora y el mañana por estar atrapados en el allá, el entonces y el ayer.

El apóstol Pablo, después de examinar la vida privilegiada y compensadora de sus años de juventud —su primogenitura, su educación y su reputación en la comunidad judía—, dice a los filipenses que todo aquello era “basura” comparado con su conversión al cristianismo. Luego agrega, y lo parafraseo: “He dejado de glorificar los ‘buenos tiempos pasados’ y ahora contemplo con ansias el futuro ‘por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús’” (véase Filipenses 3:7–12). Y después, estos versículos:

“…pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

“prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13–14).

No hay ahí una esposa de Lot; no se mira atrás hacia Sodoma y Gomorra. Pablo sabe que allá en el futuro, adelante y dondequiera que el cielo nos lleve, es donde ganaremos el “premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Perdonemos y olvidemos

Dentro de nosotros hay una particularidad que nos impide perdonar y olvidar errores pasados, ya sean nuestros o de otras personas. Eso no es bueno; no es cristiano, y está en directa oposición a la grandiosidad y la majestad de la expiación de Cristo. El permanecer sujetos a errores de antaño es la peor manera de seguir sumergidos en el pasado, de lo cual se nos manda detenernos y desistir.

Una vez me contaron de un joven que durante muchos años fue objeto de más o menos todo tipo de bromas en su escuela; tenía algunas desventajas, por lo que era fácil para sus compañeros burlarse de él. Más adelante se mudó a otro lugar y terminó por alistarse en el ejército donde tuvo buenas experiencias al obtener una educación y, en general, al alejarse del pasado. Sobre todo, como muchos otros militares, descubrió la belleza y la majestad de la Iglesia, se reactivó y se sintió feliz.

Después de varios años, regresó al pueblo de su niñez. La mayoría de los de su generación se habían ido de allí, pero no todos. Al parecer, cuando volvió siendo hombre de éxito y nacido de nuevo, aún existía entre las personas el mismo prejuicio anterior, esperando su regreso. Para la gente de su pueblo natal, él todavía era “aquel fulano, ¿se acuerdan? El tipo que tenía aquellos problemas, aquella idiosincrasia y rarezas, y que hizo esto y lo otro. ¡Y cómo nos reíamos!”

Poco a poco, el esfuerzo que este hombre había hecho, similar al de Pablo, de dejar lo que quedaba atrás y asir el premio que Dios había puesto ante él, fue disminuyendo gradualmente hasta que al fin murió de la manera en que había vivido durante su niñez y adolescencia, haciendo un giro completo: otra vez inactivo y desdichado y objeto de un nuevo repertorio de bromas. Sin embargo, había pasado en su madurez por aquel momento resplandeciente y hermoso en que le había sido posible elevarse sobre su pasado y verdaderamente ver quién era y lo que podía llegar a ser. Lo lamentable, lo triste es que estuviera una vez más rodeado de un grupo de “esposas de Lot”, personas que consideraron su pasado más interesante que su futuro, y que se las arreglaron para arrebatarle aquello para lo cual Cristo lo había asido. Y murió triste, aunque no realmente por su propia culpa.

Lo mismo sucede en el matrimonio y en otros tipos de relaciones. No puedo decirles cuántas son las parejas a las que he aconsejado que, cuando se sienten profundamente heridas o incluso bajo mucha presión, se remontan cada vez más lejos en el pasado en busca de rocas de recriminación para tirar contra la estructura de su matrimonio. Cuando algo se da por terminado, cuando el arrepentimiento ha sido tan completo como podía serlo, cuando la vida ha continuado en la debida forma y desde aquel momento han tenido lugar muchos otros sucesos buenos y maravillosos, entonces no está bien volver atrás y abrir antiguas heridas para sanar aquellas por las que murió nada menos que el Hijo de Dios.

Dejen que las personas se arrepientan; déjenlas progresar. Crean que la gente puede cambiar y mejorar. ¿Es eso fe? ¡Sí! ¿Es eso esperanza? ¡Sí! ¿Es eso caridad? ¡Sí! Y sobre todo, es caridad, el amor puro de Cristo. Si algo quedó enterrado en el pasado, déjenlo enterrado; no sigan volviendo atrás con su baldecito y su palita de playa para escarbar en la arena, blandirlo en el aire y luego lanzárselo a alguien diciendo: “¡Eh! ¿Te acuerdas de esto?” ¡Paf!

Y, ¿saben qué? Esa acción probablemente dé como resultado que se desentierre del basurero de ustedes algún fragmento desagradable y les respondan: “Sí, me acuerdo. Y  , ¿te acuerdas de esto?” ¡Paf!

Y antes de lo pensado, todos salen de ese intercambio sucios y embarrados, desdichados y heridos, cuando lo que nuestro Padre Celestial desea es pureza, bondad y felicidad y redención.

Esa insistencia en volver a la vida pasada, incluso a los errores cometidos tiempo atrás, simplemente no es buena. No es el evangelio de Jesucristo. En algunos aspectos, es peor que el caso de la esposa de Lot, porque por lo menos ella se destruyó sólo a sí misma; pero en los casos de matrimonio y familia, de barrios y ramas, de complejos de apartamentos y de vecindarios, podemos terminar destruyendo a muchas otras personas.

Al comienzo de este nuevo año, tal vez no se nos requiera nada más grande que lo que el Señor mismo dijo que hace: “…quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (D. y C. 58:42).

Por supuesto, la condición es que el arrepentimiento sea sincero, pero cuando lo es y cuando se está haciendo un verdadero esfuerzo por progresar, somos culpables de un pecado mayor si seguimos recordando y reprochando a alguien sus errores pasados, ¡y ese alguien puede ser nosotros mismos! A veces las personas son demasiado duras consigo mismas, con frecuencia ¡mucho peores que con los demás!

Y ahora, como los anti-nefi-lehitas del Libro de Mormón, entierren sus armas de guerra y déjenlas enterradas (véase Alma 24). Perdonen y hagan lo que a veces es más difícil que perdonar: olviden. Y cuando les venga otra vez a la memoria, vuelvan a olvidarlo.

Lo mejor aún está por venir

Pueden recordar lo suficiente para no repetir el error, pero luego echen todo lo demás en la pila de basura que Pablo mencionó a los filipenses. Desechen lo destructivo y sigan desechándolo hasta que la hermosura de la expiación de Cristo les haya revelado su futuro resplandeciente así como el de su familia, sus amigos y sus vecinos. A Dios no le importa dónde hayan estado tanto como le importa dónde están ahora y, con Su ayuda, a dónde están dispuestos a llegar. Eso es lo que la esposa de Lot no entendió, ni tampoco Lamán y Lemuel ni muchas otras personas de las Escrituras.

Éste es un asunto importante para considerar al comienzo de un nuevo año; y cada día debe ser el principio de un año nuevo y de una vida nueva. Ése es el prodigio de la fe y del arrepentimiento, y el milagro del evangelio de Jesucristo.

El poeta Robert Bowning escribió:

Ven, ¡envejece junto a mí!
Lo mejor aún está por venir,
el resto de la vida, para el cual hubo un comienzo:

Nuestra existencia en las manos está
de Aquel que dijo: “Un todo es mi plan,
la juventud la mitad sólo deja ver; confía en Dios: al verlo todo, ¡no tienes que temer!”2

Algunos podrán pensar: ¿Hay un futuro para mí? Un año o un semestre nuevo, una nueva materia o un romance nuevo, un nuevo trabajo o un nuevo hogar, ¿qué me reservan? ¿Tendré protección? ¿Será segura mi vida? ¿Puedo confiar en el Señor y en el futuro? ¿O sería mejor mirar atrás, volver atrás y vivir en el pasado?

A los de toda generación que se hagan esas preguntas, les digo: “Recuerden a la esposa de Lot”. La fe es para el futuro. La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros y en que Cristo es en verdad el “sumo sacerdote de los bienes venideros” (Hebreos 9:11).

Mantengan los ojos puestos en sus sueños, por muy distantes y fuera de su alcance que parezcan. Vivan para ver los milagros del arrepentimiento y del perdón, de la confianza y del amor divino que transformarán su vida hoy, mañana y para siempre. Esa es la resolución de Año Nuevo que les ruego que guarden.

Dejemos atrás el pasado

Cuando tenía dieciséis años, no me llevaba nada bien con mi hermano gemelo y nos peleábamos por todo. Un día me humilló en la escuela, delante de un grupo de amigos, con un ataque personal sumamente destructivo. Su comportamiento y palabras hirientes me destrozaron de una forma que, como adolescente, no podía soportar. A pesar de que mis padres le llamaron la atención en cuanto a ese incidente, nunca se disculpó. Durante años llevé ese dolor en mi interior.

Él todavía estaba en su misión cuando yo recibí mi llamamiento misional. Me estaba preparando para entrar en el templo y comencé a reflexionar en mi vida para determinar lo que debía cambiar para sentirme preparado para entrar. Me di cuenta de que aunque no pensaba con frecuencia en lo que mi hermano me hizo, aún así, debía perdonarlo.

Mi hermano me había hecho más daño que ninguna otra persona, y yo sabía que no sería fácil perdonarlo, de modo que oré para pedirle ayuda a mi Padre Celestial.

Con Su ayuda, decidí que comenzaría a escribirle con regularidad durante su misión. Antes de este momento, lamento reconocer que casi nunca le escribía. Entonces le envié un paquete. Cuando salí a la misión, él fue con mis padres al Centro de Capacitación Misional y me dio un abrazo; incluso me escribió varias veces. Sé que aunque quizá lleve tiempo, podemos dejar atrás el pasado con la ayuda de nuestro Padre Celestial.

Notas

  1. Véase de Neal A. Maxwell, A Wonderful Flood of Light [“Un maravilloso torrente de luz”],1990, pág. 47.
  2. Robert Browning, “Rabbi Ben Ezra”, 1864, primera estrofa.
Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 Comentario