La fuerza moral de la mujer

Desde tiempo inmemorial, las sociedades se han valido de la fuerza moral de la mujer. Aunque ciertamente no es la única influencia positiva que contribuye a la sociedad, el fundamento moral que proporcionan las mujeres ha sido singularmente favorecedor para el bien común.

He sido extraordinariamente bendecido por la influencia moral de las mujeres, en particular de mi madre y de mi esposa.

En ningún lugar se siente la influencia moral de la mujer de manera más poderosa, ni se aplica de manera más provechosa, que en el hogar. No hay mejor entorno para criar a la nueva generación que la familia tradicional donde el padre y la madre trabajan en armonía para sustentar, enseñar y cuidar a sus hijos.

En todo caso, la madre ejerce una influencia que ninguna otra persona ni relación puede igualar. Mediante el poder de su ejemplo y sus enseñanzas, sus hijos aprenden a respetar a las mujeres y a incorporar en su vida disciplina y elevadas normas morales.

Una filosofía peligrosa que desacredita la influencia moral de la mujer es la degradación del matrimonio y de la maternidad, y del ser ama de casa como ocupación. .. No hay oficio superior, y ninguna cantidad de dinero, autoridad o alabanza pública excede las definitivas recompensas de la familia. Sea lo que sea que una mujer logre, su influencia moral no se utilizará mejor en ningún otro lugar que allí.

La súplica que les hago hoy a las mujeres y a las jovencitas es que protejan y cultiven la fuerza moral que llevan en su interior; preserven esa virtud innata y dones únicos que traen a este mundo. Su instinto es hacer lo bueno y ser buenas, y al seguir al Santo Espíritu, su autoridad moral y su influencia aumentarán. A las jovencitas les digo: no pierdan esa fuerza moral, incluso antes de tenerla en toda su medida. Asegúrense, en particular, de que su lenguaje sea limpio, no soez; que su modo de vestir refleje la modestia, no la vanidad; que su conducta manifieste la pureza, no la promiscuidad. No pueden elevar a los demás a la virtud por un lado si por el otro viven de forma inmoral.

Que nadie malinterprete de manera deliberada estas exhortaciones que hago a las mujeres. Al elogiar y fomentar la fuerza moral de las mujeres, no quiero decir que a los hombres y a los jóvenes se les exima de alguna manera de su propio deber de defender la verdad y la rectitud, de que su responsabilidad de servir, sacrificarse y ministrar sea de algún modo menor que la de las mujeres ni que se puedan dejar en manos de ellas. Hermanos, apoyemos a las mujeres, compartamos sus cargas y cultivemos nuestra propia autoridad moral complementaria.

Queridas hermanas, confiamos en la fuerza moral que ustedes aportan al mundo, al matrimonio, a la familia y a la Iglesia.

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