Volver y recibir

Volver a la presencia de Dios y recibir las bendiciones eternas que se reciben al hacer y guardar convenios son las metas más importantes que podemos fijar.

Poner metas es, en esencia, “comenzar con el fin en mente”; y la planificación es idear una manera de llegar a ese fin. Una clave para la felicidad radica en comprender qué destinos son los que de verdad importan, y luego emplear nuestro tiempo, esfuerzo y atención en las cosas que constituyen la manera segura de llegar hasta allí.

Dios, nuestro Padre Celestial, nos ha dado el ejemplo perfecto de fijar metas y planificar. Su objetivo es “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre [y de la mujer]” y Sus medios para lograrlo es el Plan de Salvación.

Pero nuestras metas más grandes e importantes deben encajar en el plan eterno de nuestro Padre Celestial. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Debemos mantener la doctrina y el evangelio de Jesucristo en el centro de nuestras metas y planes. Sin Él, no se puede lograr ninguna meta eterna, y nuestros planes para lograr nuestras metas eternas fracasarán.

Hagamos un profundo examen de conciencia, estableciendo nuestras propias metas y enfocando nuestros planes para que sean compatibles con los de Dios, de modo que al final nos conduzca hacia nuestro preciado privilegio de volver y recibir la felicidad eterna en Su presencia.

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