Te damos Señor, nuestras Gracias

Te damos Señor, nuestras Gracias

Te damos Señor, nuestras Gracias

1. Te damos, Señor, nuestras gracias
que mandas de nuevo venir
profetas con tu Evangelio,
guiándonos cómo vivir.
Y gracias por todos los dones
vertidos por tu gran amor.
Tenemos placer en servirte
a ti, nuestro gran Bienhechor.
2. Al sobrevenirnos peligros
que ̮amenazan quitarnos la paz,
tenemos en Dios gran confianza;
vencido será Satanás.
De Dios no dudamos en nada;
probamos ya bien Su bondad.
Los que a Sión se opongan,
al fin sentirán su maldad.
3. De Dios cantaremos la gracia,
bondad, compasión y amor.
Gozamos de Su Evangelio,
alegres de ver su fulgor.
Así, a la dicha eterna,
los justos y fieles irán,
mas los que ̮el mensaje rechacen,
tal gozo con Él no tendrán.
Letra: William Fowler, 1830–1865.

Música: Caroline Sheridan Norton, 1808–apr. 1877.

 

EL HIMNO

“Te damos Señor, nuestras gracias, que mandas de nuevo venir Profetas con tu evangelio, guiándonos cómo vivir”.

Así cantaba la gente en cada sesión en una serie de reuniones, recientemente celebradas en honor de y asistidas por el Presidente George Albert Smith; así han cantado los Santos en cada Conferencia General de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde que la canción, escrita por Guillermo Fowlev, fué publicada en 1863. En cada Estaca, en cada Barrio, es cantada por las congregaciones con poco menos si no con igual frecuencia que “El Espíritu de Dios”.

¿Cuál es el secreto de la popularidad de este himno?

No puede ser llamado el Himno más grande alguna vez escrito por cualquiera de nuestros autores. En verdad, no se compara en mérito literario o belleza poética con muchas de las gemas contenidas en nuestros Himnarios; pero si tiene algo diferente de nuestros otros himnos. En lenguaje simple, expresa honda gratitud a Nuestro Padre en los Cielos por revelar de nuevo el eterno evangelio, y escoger profetas que nos guíen en estos últimos días.

La primera estrofa, especialmente, está llena de alabanza; una canción plegada de mucho valor, emocional, expresando el gusto de servir y la satisfacción de obedecer.

La segunda estrofa canta de la estrella sonriente de la esperanza y la absoluta FE de los Santos en el poder de Dios de librarlos de entre las nubes de dificultad, cuando éstas han amenazado destruir su paz y felicidad; una confianza sin temor en El quien ha sido ya su amigo y protector en días pasados.

La última estrofa es primero que toda una canción solemne de alabanza por la benevolencia y misericordia de Dios y la Luz que da Vida de su Glorioso Evangelio. La última mitad enseña que el autor, aunque lejos de la fuente cabecera de la Iglesia, totalmente comprendía uno de los más grandes principios del Evangelio Restaurado —La doctrina de Progresión Eterna; que “Cuando nosotros hayamos vivido de acuerdo con el propósito total de vida que poseemos, estaremos preparados para avanzar eternamente para progresión eterna . . . hay un período, en todas las eternidades, en donde la existencia organizada llegaría a quedarse sedentaria, cuando no pueda avanzar en conocimientos, sabiduría, fuerza y gloria…”

El himno termina con un aviso preventivo que mientras el honrado y lleno de Fe llegará a alcanzar la meta prometida, aquellos quienes niegan o rehúsen el mensaje caerán faltándoles tales felicidades.

“Te Damos Señor Nuestras Gracias” es exclusivamente un himno de los Santos de los Últimos Días; sollozo de un Corazón Mormón, una canción de la Restauración.

EL AUTOR

Guillermo Fowler, quien escribió las palabras de este himno, nació en el día 9 de mayo de 1830, escasamente treinta y tres días después de que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fué organizada. Su padre se enlistó en el Ejército Británico y casó en Irlanda de donde fué mandado a Australia donde el feliz matrimonio tuvo a Guillermo. Su padre después de andar de servicio por las Indias Orientales, en donde fué dado de baja del Ejército y regresó a Sheffield, Inglaterra. Tenía Guillermo entonces nueve años y dos años más tarde murió su padre, siguiéndole su madre en tres y medio años, después quedando él huérfano antes de haber cumplido quince años.

Su madre fué Católica y su padre protestante y los dos antes de morir se unieron a los Metodistas Wesleyanos.

Teniendo ya diez y ocho años, estuvo asistiendo a servicios religiosos de los Metodistas, pero parecía le que ahí no estaba la realidad, sino esperanza y confianza solamente. Fué entonces cuando primeramente oyó acerca del Evangelio por medio de un amigo, quien su padre era un presbítero en la Iglesia de los “Mormones”. Oyó a los Mormones en el Salón de Ciencias, de la calle Rockingham en el invierno de 1848, ahí terminó su búsqueda por la verdad. Fué bautizado el 29 de julio de 1849. Su diario o biografía de su labor como misionero es muy interesante y está lleno de pasajes en que profundamente vivió la FE del hombre en el Evangelio Restaurado.

Guillermo Fowler fué un hombre con educación propia. Comprendió y creyó implícitamente en el Evangelio y progresión eterna, tal y como la última estrofa de su himno indica, y vivió preparándose él mismo para la misma.

No hay evidencia que nos muestre la fecha exacta en que “Te Damos Señor, Nuestras Gracias”, fué escrita. El Presidente José F. Smith relata que una vez en su vida estando en Inglaterra, el Hermano Fowler trajo su nuevo himno al culto en donde lo cantaron por primera vez. Como la Misión del Presidente Smith fué de 1860 a 1863, es probable que fué escrita por esas fechas. Fué publicada en la doceava edición de 1863 del Himnario de los Santos de los Últimos Días.

El hermano Fowler escribió otras canciones e himnos que fueron publicados en “La Estrella Milenaria”, periódico de la Misión en Europa. Llegó a Nueva York el 25 de julio de 1863 en el barco Amazonas y se cimentó con su esposa y sus tres hijos en Manti, donde fué maestro de escuela. Murió en 1865 de agosto y la Iglesia erigió un monumento en su honor en el cementerio de Manti.

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