Sus metas justas no tienen que esperar

Nuestras metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros; sin embargo, una de las cosas que entorpece nuestro esfuerzo por hacer y mantener las resoluciones es la procrastinación. A veces postergamos el empezar, esperando el momento adecuado para hacerlo: el primer día del nuevo año, el comienzo del verano, cuando se nos llame como obispo o presidenta de la Sociedad de Socorro, después de que los niños comiencen la escuela o después de que nos jubilemos.

Ustedes no necesitan una invitación para avanzar hacia sus metas justas; no tienen que esperar que se les dé permiso a fin de llegar a ser las personas que fueron creadas para ser; no necesitan esperar a que se les invite a prestar servicio en la Iglesia.

A veces perdemos años esperando a que se nos escoja, pero esa es una premisa falsa; ¡a ustedes ya se los ha escogido!

En algunas ocasiones he pasado noches sin dormir lidiando con problemas, preocupaciones o tribulaciones personales; pero no importa cuán oscura sea la noche, siempre me alienta este pensamiento: por la mañana, saldrá el sol.

Con cada nuevo día, llega un nuevo amanecer; no sólo para la tierra, sino también para nosotros; y con el nuevo día viene un nuevo comienzo, la oportunidad de volver a empezar.

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