Recuerden quiénes son

Dondequiera que vayan, su sacerdocio va con ustedes. ¿Están permaneciendo en lugares santos? Antes de que se pongan en peligro ustedes mismos y a su sacerdocio, aventurándose a entrar en ciertos lugares o participando en actividades que no sean dignas de ustedes ni de ese sacerdocio, deténganse a considerar las consecuencias. Recuerden quiénes son y lo que Dios espera que lleguen a ser. Ustedes son hijos de la promesa, hombres investidos con poder. Ustedes son hijos de Dios.

Este precioso don del sacerdocio conlleva no solo responsabilidades solemnes, sino también bendiciones especiales para nosotros y para los demás. Espero que, dondequiera que nos encontremos, siempre seamos dignos de usar ese poder, pues nunca sabemos cuándo puede venir la necesidad y la oportunidad de hacerlo.

Discurso completo: Un deber sagrado

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