Poner metas es, en esencia

Poner metas es, en esencia, “comenzar con el fin en mente”; y la planificación es idear una manera de llegar a ese fin. Una clave para la felicidad radica en comprender qué destinos son los que de verdad importan, y luego emplear nuestro tiempo, esfuerzo y atención en las cosas que constituyen la manera segura de llegar hasta allí.

Dios, nuestro Padre Celestial, nos ha dado el ejemplo perfecto de fijar metas y planificar. Su objetivo es “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre [y de la mujer]” y Sus medios para lograrlo es el Plan de Salvación.

Fijar metas con prudencia incluye la comprensión de que las metas a corto plazo solo son eficaces si conducen a metas a largo plazo que se entiendan claramente. Creo que una clave importante para la felicidad es aprender a fijar nuestras propias metas y establecer nuestros propios planes dentro del marco del plan eterno de nuestro Padre Celestial. Si nos centramos en ese sendero eterno, inevitablemente reuniremos los requisitos para regresar a Su presencia.

Es bueno tener metas y planes para nuestras carreras, para nuestra educación, incluso para nuestro juego de golf. También es importante tener metas para nuestro matrimonio, nuestra familia, y nuestros consejos y llamamientos en la Iglesia; eso se aplica en especial a los misioneros. Pero nuestras metas más grandes e importantes deben encajar en el plan eterno de nuestro Padre Celestial. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Los expertos sobre el tema de fijar metas afirman que cuanto más sencilla y directa sea una meta, más poder tendrá. Cuando somos capaces de transformar una meta en una imagen clara o en una o dos palabras potentes y simbólicas, entonces esa meta puede convertirse en parte de nosotros y servir de guía para casi todo lo que pensamos y hacemos. Creo que hay dos palabras que, en este contexto, simbolizan las metas que Dios tiene para nosotros y las metas que son más importantes para nosotros mismos. Las palabras son volver y recibir.

Volver a Su presencia y recibir las bendiciones eternas que se reciben al hacer y guardar convenios son las metas más importantes que podemos fijar.

Debemos mantener la doctrina y el evangelio de Jesucristo en el centro de nuestras metas y planes. Sin Él, no se puede lograr ninguna meta eterna, y nuestros planes para lograr nuestras metas eternas fracasarán.

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