Paz en Cristo

Aprende de mí

“Sabemos que este ‘maestro que [vino] de Dios’ [véase Juan 3:2] fue más que un maestro. Aquel que nos enseñó a amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente, y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, es el Maestro de maestros y el Ejemplo de una vida perfecta…

“Cuando respondemos a la dulce invitación del Señor, ‘aprended de mí’, llegamos a ser partícipes de Su poder divino”.

Presidente Thomas S. Monson, “Aprended de Mí”, Liahona, marzo de 2016, págs. 4, 6.

Escucha mis palabras

Escuchar es importante para cultivar la fe en Jesucristo. “La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

“Los hijos de Dios deben aprender a escuchar y luego escuchar para aprender del Señor” (Presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Escuchad para aprender”, Liahona,julio de 1991, pág. 25).

Camina

Para seguir en verdad a Jesucristo es necesario aprender y escuchar. No obstante, no basta con eso únicamente. Debemos “caminar” o actuar de acuerdo con lo que aprendemos y escuchamos.

“Siempre es el momento correcto para caminar en Su sendero; nunca es demasiado tarde” (Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El camino del discípulo”, Liahona, mayo de 2009, pág. 78).

Mansedumbre

Ser manso implica ser “paciente al sufrir” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Mansedumbre, manso”, scriptures.lds.org). Si sobrellevamos nuestras pruebas con mansedumbre y sin enojarnos con Dios, no solo seremos convertidos, sino que además Él nos sanará (véase D. y C. 112:13).

Mi Espíritu

La mansedumbre trae “la visitación del Espíritu Santo” (Moroni 8:26) y es un “fruto del Espíritu” (véase Gálatas 5:22–23).

En mí tendrás paz

“La paz no se halla al obtener gran riqueza, poder ni prominencia. La paz no se halla al buscar placer, diversión ni esparcimiento. Ninguna de estas cosas, aunque se obtengan en abundancia, trae felicidad ni paz duradera…

“El Salvador… es la fuente y el autor de la paz. Él es el ‘Príncipe de paz’ [Isaías 9:6]”.

Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Paz personal: La recompensa a la rectitud”, Liahona, mayo de 2013, pág. 34.

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