La duda y la fe

“Una fe firme en un Dios personal”. Esa clase de fe iluminará nuestro camino como si fuera el faro del Señor.

Cuando tengan una fe firme en el Dios viviente, cuando sus hechos sean fiel reflejo de sus convicciones, tendrán la fortaleza que procede de la unión de las virtudes externas con las internas, las cuales se combinan para proporcionarles un conducto seguro a través de los encrespados mares.

Dondequiera que nos encontremos, nuestro Padre Celestial puede oír y contestar la oración que se ofrece con fe.

Recuerden que la fe y la duda no pueden existir en la misma mente al mismo tiempo, pues una disipa a la otra.

En caso de que la duda surja en sus vidas, simplemente digan a todos esos pensamientos escépticos, molestos y rebeldes: “Propongo quedarme con mi fe, con la fe de mi pueblo. Sé que la felicidad y la alegría se encuentran allí y les prohíbo, pensamientos agnósticos y dubitativos, que destruyan la casa de mi fe. Reconozco que no comprendo los procesos de la Creación, pero acepto el hecho de que ocurrió. Confieso que no puedo explicar los milagros de la Biblia, ni tampoco intento hacerlo, pero acepto la palabra de Dios. No estuve con José, pero le creo. Mi fe no es fruto de la ciencia y no permitiré que la supuesta ciencia la destruya”.

Deseo que vivan siempre por la fe.

Cuando ustedes, mis jóvenes amigos, escojan sus amistades con cautela, planeen su futuro con un propósito en mente y vivan por la fe, merecerán la compañía del Espíritu Santo. Tendrán “un fulgor perfecto de esperanza”

Discurso completo: El faro del Señor

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