Esparce tus migajas

Las tradiciones navideñas se celebran en las culturas y naciones de este mundo de maneras sorprendentes y únicas; son hermosas y extraordinarias, pero muy diferentes.

¡Pero todas tienen un sentimiento común, un espíritu común que siempre parece estar presente cuando celebramos el nacimiento del Cristo Rey, nuestro Consolador y Confianza, el Consuelo de Israel!

Uno podría utilizar muchas palabras para describir ese sentimiento: alegría, esperanza, anticipación, buen ánimo. Cada una de ellas capta parte de lo que llamamos “el espíritu de la Navidad”, para mí, hay una palabra que describe mejor los sentimientos que experimentamos en Navidad. Esa palabra es amor.

Después de todo, el regalo que celebramos en la Navidad es un regalo de amor: el regalo que dio Dios de su Hijo. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor”.

Tocados por ese amor, nuestros corazones se conmueven. Sentimos una ternura que nos hace acercarnos a los demás con bondad y compasión.

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