Elegir la luz

Nuestra decisión de prestar atención a quienes se burlan de las cosas sagradas nos distanciará de la luz salvadora y que da vida del Salvador. Juan registró: “Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Recuerden, aquellos que de verdad nos aman pueden ayudarnos a edificar nuestra fe.

Al hacer frente a las dudas o inquietudes, debemos recordar las bendiciones y los sentimientos espirituales que han penetrado nuestro corazón y vida en el pasado y depositar nuestra fe en el Padre y en Su Hijo Jesucristo. Me acuerdo del consejo que se da en un himno conocido: “De Dios no dudamos en nada [porque] probamos ya bien su bondad”. Ignorar y descartar las experiencias espirituales del pasado nos distanciarán de Dios.

La búsqueda de la luz aumentará mediante la disposición de reconocer cuando brille en nuestra vida. Las Escrituras modernas definen a la luz y ofrecen una promesa a aquellos que la aceptan. “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto”. De la misma manera que al seguir pedaleando hacia la luz, mientras más persistimos, mayor llega a ser Su influencia en nuestra vida. Al igual que la luz al final del túnel, Su influencia nos brindará confianza, resolución, consuelo y —lo más importante— el poder para saber que Él vive.

El élder Neil L. Andersen enseñó: “Conforme la maldad en el mundo aumenta, hay un poder espiritual compensador para los justos. Conforme el mundo ignora su fundamento espiritual, el Señor prepara el camino para aquellos que lo buscan, ofreciéndoles una mayor convicción, una mayor confirmación y una mayor confianza en la dirección espiritual en la que están viajando. El don del Espíritu Santo llega a ser una luz más brillante en el incipiente crepúsculo”.

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