El hombre del sacerdocio.

El hombre del sacerdocio.


Oren a Dios; agradézcanle todo lo bueno en su vida. Pídanle saber a qué personas Él ha puesto en su camino para que ustedes les presten servicio. Supliquen que Él los ayude a prestar ese servicio. Oren para que puedan perdonar y ser perdonados; luego sírvanlos, ámenlos y perdónenlos.

Sobre todo, recuerden que de todo el servicio que dan, ninguno es más grande que ayudar a las personas a escoger llegar a ser dignos de obtener la vida eterna. Dios ha dado esa instrucción preponderante sobre cómo usar nuestro sacerdocio. Él es el ejemplo perfecto de ello. Éste es el ejemplo que vemos, en pequeña porción, en los mejores de Sus siervos mortales:

Debemos ayudar en esa obra. Cada uno de nosotros puede marcar la diferencia. Hemos sido preparados para nuestro tiempo y lugar en los últimos días de esa obra sagrada. Cada uno de nosotros ha sido bendecido con ejemplos de quienes han hecho de esa obra el propósito más importante de su tiempo aquí en la tierra.

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