El divino don de la gratitud

La pérdida de seres queridos casi inevitablemente trae algún remordimiento a nuestro corazón. Disminuyamos esos sentimientos todo lo humanamente posible al expresarles con frecuencia nuestro amor y gratitud. Nunca se sabe cuán pronto será demasiado tarde.

Por tanto, un corazón agradecido se logra al expresar gratitud a nuestro Padre Celestial por Sus bendiciones y a aquellos que nos rodean por todo lo que aportan a nuestra vida. Esto requiere un esfuerzo consciente, por lo menos hasta que verdaderamente hayamos aprendido y cultivado una actitud de gratitud. Muchas veces nos sentimos agradecidos y tenemos pensado expresar nuestro agradecimiento pero olvidamos hacerlo o simplemente no tomamos el tiempo para hacerlo. Alguien ha dicho que el sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no obsequiarlo.

Mis hermanos y hermanas, el expresar gratitud es cortés y honorable; el actuar con gratitud es generoso y noble; pero el vivir siempre con gratitud en el corazón es tocar el cielo.

…ruego que además de todas las cosas por las que estemos agradecidos, reflejemos siempre nuestra gratitud por nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Su glorioso evangelio proporciona las respuestas a los grandes interrogantes de la vida: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde va nuestro espíritu al morir? El Evangelio trae a los que viven en oscuridad la luz de la verdad divina.

Él nos enseñó a orar; Él nos enseñó a vivir; Él nos enseñó a morir. Su vida es un legado de amor. Sanó al enfermo; elevó al afligido; salvó al pecador.

Sigámoslo; emulemos Su ejemplo; obedezcamos Sus palabras. Al hacerlo, Le obsequiamos el divino don de la gratitud.

Mi sincera y ferviente oración es que, en la vida de cada uno, reflejemos esa maravillosa virtud de la gratitud. Que penetre nuestra misma alma, ahora y para siempre.

Discurso completo: El divino don de la gratitud

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