Dime la historia de Cristo

A los padres hago una súplica especial: Por favor, tomen parte importante en hablarles a sus hijos acerca del Salvador. Ellos necesitan que ustedes les expresen la confirmación de la fe que tienen, junto con la de sus madres.

Aunque habrá ocasiones en que el niño no escuche con un corazón creyente, el testimonio que ustedes expresen sobre Jesús permanecerá en su mente y en su alma. ¿Recuerdan la historia de Alma, que había escogido el sendero errado? Al volver, dijo:

“…me acordé de… mi padre [que hablaba]… concerniente a la venida de… Jesucristo… para expiar los pecados del mundo.

“Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí!”.

Si el hijo no escucha, no se desesperen. El tiempo y la verdad están del lado de ustedes. En el momento adecuado, sus palabras harán eco como si vinieran del cielo mismo. Su testimonio jamás abandonará a sus hijos.

Cuando hablen con reverencia sobre el Salvador, ya sea en el automóvil, en el autobús, a la mesa, al arrodillarse para orar, durante el estudio de las Escrituras o en conversaciones a entradas horas de la noche, el Espíritu del Señor acompañará sus palabras.

En la medida en que pongan lo mejor de su parte, el testimonio de Jesús destilará dulcemente sobre el corazón de sus hijos. Acudirán al Padre Celestial en humilde oración y sentirán Su influencia mediante el poder del Espíritu Santo. Una fe personal más firme en Jesucristo los preparará para los retos que sin duda enfrentarán.

(Élder Neil L. Andersen, “Dime la historia de Cristo”, Conferencia General Abril de 2010)

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