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Un refugio contra el mundo

No hay visión más bella en el mundo que la de una familia orando. El Señor mandó que hiciéramos la oración familiar cuando dijo: “Orad al Padre en vuestras familias, siempre en mi nombre, para que sean bendeci­dos vuestras esposas y vuestros hijos” (3 Nefi 18:21).

A medida que oramos con nuestra familia diariamente, estamos ayu­dando a brindar la protección que con tanta urgencia necesitamos en el mundo actual.


“Un camino más excelente”


Te damos Señor, nuestras Gracias


Oh mi Padre

“Oh Mi Padre” está considerado por los Santos de los Últimos Días, como uno de los himnos más gran­des, a causa del insólito contenido doctrinal, especialmente la tercera estrofa que proyecta un pensamien­to nuevo en la filosofía religiosa; es decir, que tenemos una Madre en las cortes Celestiales.

El himno fué escrito durante un período de condiciones excitantes de conclusión trágica, con la muerte del Profeta y el Patriarca. Según Orson F. Whitney, el matrimonio de Elisa y el Profeta tuvo lugar el 29 de junio de 1842. “Oh Mi Padre” fué escrito en 1843. Así es que la poetisa lo es­cribió cuando era esposa del Profeta. También era nodriza de la familia de él. Esta asociación tan íntima le dió la oportunidad abundante para discutir con el Profeta muchos e im­portantes asuntos “pertenecientes al Reino de los Cielos”.

Fué durante este período cuando Zina D. Huntington (después Zina Young) estaba afligida por circunstancias peculiares; su madre, quien había muerto algún tiempo an­tes, y había sido sepultada temporal­mente en una tumba, fué necesario ex­traer su cuerpo para ponerlo en un lugar para su permanente descanso. Cuando los restos fueron exhumados, se describió que parte de ellos esta­ban petrificados. Le pareció a Zina que el fundamento de la doctrina de la resurrección se desmoronaba ante ella. A su pregunta ¿“Conoceré a mi madre cuando la vea en el mundo del más allá”? el Profeta respondió en­fáticamente, “Sí, allá conocerá a su madre”. Como era una creyente fir­me en la misión divina del Profeta, Zina D. Huntington se conformó con la promesa. De la discusión sobre la resurrección y la relación ante el hombre y la Deidad, sin duda vino la inspiración a Elisa R. Snow para escribir “Oh Mi Padre”. La poesía fué escrita en la casa de Stephen Markham, sobre un baúl de madera, la única cosa que hacía las veces de mesa en la mal amueblada casa.

El himno consta de cuatro estrofas y es un epítome del gran drama de la vida eterna como es revelado por el Evangelio Restaurado de Nuestro Señor Jesucristo.

El prólogo: La primera estrofa proclama la verdadera potestad pa­tria de Dios; que fuimos educados a su lado en nuestra pre-existencia mortal, connotando la verdad que fuimos instruidos en su gran plan, la obediencia al tal, nos permitirá re­gresar a Él y su “Santa faz mirar”.

La segunda estrofa cambia la es­cena a nuestra vida terrenal, donde somos puestos en una escuela para ver si hacemos las cosas requeridas de nosotros y afianzar nuestro dere­cho a la restauración en la presencia del Padre. Los recuerdos de nuestra vida ante-mortal, nos son quitados, para que podamos andar por la fe; sin embargo no somos dejados com­pletamente en las tinieblas, un “algo a menudo” es la llave que abre la puerta de la sabiduría que nos es dada, por medio de la cual nos es revelada una nueva y gloriosa doc­trina (tercera estrofa) que tenemos una Madre en los Cielos.

El epílogo: Una vez más nuestros pensamientos se proyectan a la pre­sencia del Eterno. Por medio de la obediencia, y por haber cumplido con todo lo mandado, y con su “Santa venia”, nosotros reclamamos que nuestro Padre Celestial nos permitirá vivir en su presencia.

Verdaderamente, “Oh Mi Padre” es el drama de la vida eterna, no sólo un himno, sino una profecía y una re­velación.


El ser padre, un llamamiento eterno

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”

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