Citas para Compartir

El hombre del sacerdocio.

Debemos ayudar en esa obra. Cada uno de nosotros puede marcar la diferencia. Hemos sido preparados para nuestro tiempo y lugar en los últimos días de esa obra sagrada. Cada uno de nosotros ha sido bendecido con ejemplos de quienes han hecho de esa obra el propósito más importante de su tiempo aquí en la tierra.

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Compartir el Evangelio restaurado

Actualmente contamos con muchos recursos para compartir el Evangelio que no estaban disponibles en generaciones anteriores. Tenemos la televisión, internet y una diversidad de redes sociales; contamos con muchos mensajes valiosos que nos ayudan a presentar el Evangelio restaurado; tenemos la prominencia de la Iglesia en muchas naciones; contamos con una cantidad de misioneros que ha aumentado grandemente. Pero, ¿estamos haciendo uso de todos esos recursos de manera que logremos el efecto máximo? Considero que la mayoría de nosotros diría que no. Deseamos ser más eficaces en cumplir con nuestra responsabilidad divinamente establecida de proclamar el Evangelio restaurado en todo el mundo.

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Alma 19:36


36Y así se inició la obra del Señor entre los lamanitas; así empezó el Señor a derramar su Espíritu sobre ellos; y vemos que su brazo se extiende a todo pueblo que quiera arrepentirse y creer en su nombre”.

En las Escrituras se habla de Sus brazos abiertos, extendidos y que nos envuelven. Se describen como poderosos y santos, brazos de misericordia, brazos de seguridad, brazos de amor, “extendido[s] todo el día”.

Todos hemos sentido, hasta cierto punto, esos brazos espirituales a nuestro alrededor. Hemos sentido Su perdón, Su amor y Su consuelo. El Señor ha dicho: “Yo soy el que os consuela”.

El deseo del Señor de que vayamos a Él y que Él nos envuelva en Sus brazos, con frecuencia es una invitación a que nos arrepintamos. Cito: “He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré”.

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2 Nefi 26:33

33  Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles.

El Libro de Mormón es una dádiva de Dios para toda la humanidad, y Él “ha mandado a su pueblo que persuada a todos los hombres a que se arrepientan”. Él invita a todos “a que vengan a él y participen de su bondad”, y Él no desecha “a nadie de los que a él vienen… sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres…”

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Alma 15:3-11


Y también Zeezrom yacía enfermo en Sidom, con una fiebre ardiente causada por las grandes tribulaciones mentales que sus iniquidades le habían ocasionado; porque creía que Alma y Amulek ya no existían, y que habían sido muertos a causa de la iniquidad de él. Y este gran pecado, con sus muchos otros pecados, tanto le atormentaban su mente, que se agravó y no hallaba liberación; por tanto, empezó a consumirlo una fiebre abrasadora.

Mas cuando oyó que Alma y Amulek se hallaban en la tierra de Sidom, su corazón empezó a animarse, e inmediatamente les envió un mensaje, rogando que fuesen a verlo.

Y sucedió que ellos fueron inmediatamente, en atención al mensaje que les había enviado; y entraron en la casa de Zeezrom; y lo hallaron en cama, enfermo y muy grave de una fiebre ardiente; y también su mente estaba sumamente afligida por causa de sus iniquidades; y al verlos les extendió la mano, y les suplicó que lo sanaran.

Y aconteció que Alma le dijo, tomándolo de la mano: ¿Creesen el poder de Cristo para salvar?

Y él respondió y dijo: Sí, creo todas las palabras que has enseñado.

Y dijo Alma: Si crees en la redención de Cristo, tú puedes ser sanado.

Y él dijo: Sí, yo creo según tus palabras.

10 Entonces Alma clamó al Señor, diciendo: ¡Oh Señor Dios nuestro, ten misericordia de este hombre y sánalo según su fe que está en Cristo!

11 Y cuando Alma hubo dicho estas palabras, Zeezrom de un salto se puso de pie y empezó a andar; y esto causó un gran asombro entre todo el pueblo, y la noticia de ello se extendió por toda la tierra de Sidom.

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Moroni 7:40–48

La fe en Cristo, la esperanza y la caridad son esenciales para la salvación en el reino de Dios.

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La Fe se logra paso a paso

Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes.

Gratitud en el día de reposo

“De todas las bendiciones que podemos contar, la más grande con mucha diferencia es el sentimiento de perdón que viene al participar de la Santa Cena. Sentiremos más amor y gratitud por el Salvador, cuyo sacrificio infinito hizo posible que seamos limpiados del pecado. Al participar del pan y del agua, recordamos que Él sufrió por nosotros; y cuando sentimos gratitud por lo que Él ha hecho por nosotros, sentiremos Su amor por nosotros y nuestro amor por Él.”

La bendición de amor que recibimos hará que nos sea más fácil guardar el mandamientos de “recordarle siempre”. Quizás incluso sientan amor y gratitud, como yo, por el Espíritu Santo, quien el Padre Celestial ha prometido que siempre estará con nosotros conforme permanezcamos fieles a los convenios que hemos hecho. Podemos contar todas esas bendiciones cada domingo y sentirnos agradecidos.

El día de reposo también es la ocasión perfecta para recordar el convenio que hicimos en las aguas del bautismo de amar y servir a los hijos del Padre Celestial. El cumplir esa promesa el día de reposo incluirá participar en una clase o cuórum con íntegro propósito de corazón para incrementar la fe y el amor entre nuestros hermanos y hermanas que están allí con nosotros. Esa promesa incluirá cumplir con nuestros llamamientos con alegría.

Para los Santos de los Últimos Días, el día de reposo es un día de gratitud y amor.


Respuestas a las oraciones

…Debido a ese amor perfecto, Él nos bendice no solo de acuerdo con nuestros deseos y necesidades, sino también según Su infinita sabiduría.

El Padre está al tanto de nosotros, conoce nuestras necesidades y nos ayudará de manera perfecta. A veces, esa ayuda se da en el momento exacto —o al menos poco después— en que pedimos la ayuda divina. Otras veces, nuestros deseos más fervientes y dignos no se responden de la manera que esperamos, pero descubrimos que Dios tiene mayores bendiciones reservadas para nosotros. Y en ocasiones, nuestros deseos justos no se nos conceden en esta vida. Voy a ilustrar por medio de tres relatos diferentes las formas en las que nuestro Padre Celestial puede responder a nuestras fervientes súplicas a Él.

…cuando nuestros deseos dignos no se conceden de la manera en la que esperábamos, en realidad puede ser para nuestro beneficio final.

El presidente Henry B. Eyring declaró: “… en este momento el Padre está al tanto de ustedes, de sus sentimientos y de las necesidades espirituales y temporales de todas las personas que los rodean”.

Hermanos y hermanas, a veces nuestras oraciones reciben una respuesta rápida con el resultado que esperamos. Otras veces, nuestras oraciones no se contestan de la manera que esperamos; pero, con el tiempo, aprendemos que Dios tenía preparadas para nosotros mayores bendiciones de lo que anticipamos en un comienzo; y, en ocasiones, nuestras justas peticiones a Dios no se nos concederán en esta vida. Como dijo el élder Neal A. Maxwell: “La fe también supone confianza en la hora señalada por Dios”.

Tenemos la seguridad de que, a Su manera y en Su propio tiempo, el Padre Celestial nos bendecirá y resolverá todas nuestras inquietudes, injusticias y decepciones.

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Cuidadosos vs. despreocupados

Hay una manera cuidadosa y una despreocupada de hacer todo, incluso de vivir el Evangelio. Al considerar nuestro compromiso con el Salvador, ¿somos cuidadosos o despreocupados?

Podemos justificarnos todo lo que queramos, pero el hecho es que ¡no hay una manera correcta de hacer lo incorrecto!

Ser cuidadoso en vivir el Evangelio no significa necesariamente ser formal o anticuado. Lo que significa es ser dignos en nuestros pensamientos y comportamiento como discípulos de Jesucristo.

Invito a cada uno de nosotros a buscar la guía del Espíritu Santo para saber qué ajustes debemos hacer en nuestra vida a fin de estar más cuidadosamente alineados con nuestros convenios. También les suplico que no critiquen a otras personas que se hallan recorriendo el mismo sendero. “… el juicio es mío, dice el Señor”. Cada uno de nosotros está en el proceso de crecimiento y cambio.

¿Pueden otras personas ver fácilmente la imagen de Él en nuestro rostro y saber a quién representamos por la forma cuidadosa en que vivimos?

Como pueblo del convenio, no debemos vivir como el resto del mundo. Se nos ha llamado “un pueblo adquirido por Dios”; ¡qué gran cumplido! A medida que las influencias del mundo se inclinan cada vez más por el mal, debemos esforzarnos con toda diligencia para permanecer firmes en el sendero que nos lleva a nuestro Salvador de manera segura, centrándonos más en vivir nuestros convenios y menos en las influencias mundanas.

Es imposible vivir una vida perfecta. Solo un hombre fue capaz de vivir perfectamente mientras moraba en este planeta telestial: fue Jesucristo. Aunque no seamos perfectos, hermanos y hermanas, podemos ser dignos: dignos de participar de la Santa Cena, dignos de las bendiciones del templo y dignos de recibir revelación personal.

El rey Benjamín testificó de las bendiciones y la felicidad que reciben aquellos que siguen cuidadosamente al Salvador: “Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad”.

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¿Cómo puedo entender?

Al procurar aprender y enseñar el evangelio de Jesucristo, nuestro objetivo debe ser aumentar la fe en Dios y en Su divino plan de felicidad, aumentar la fe en Jesucristo y en Su sacrificio expiatorio y alcanzar una conversión duradera. Esta mayor fe y conversión nos ayudarán a hacer y guardar convenios con Dios, lo que fortalecerá nuestro deseo de seguir a Jesús y producirá una transformación espiritual y genuina en nosotros —en otras palabras, nos transformará en una nueva criatura…

Los profetas de Dios han enseñado constantemente que necesitamos criar a nuestras familias en la “disciplina y amonestación del Señor” y “en la luz y la verdad”. El presidente Nelson dijo recientemente: “En esta época de inmoralidad desenfrenada y de pornografía adictiva, los padres tienen la responsabilidad sagrada de enseñar a sus hijos la importancia de Dios en su vida”.

De manera similar, cuando aceptamos la invitación del Salvador: “Venid y ved”, debemos permanecer junto a Él, sumergiéndonos en las Escrituras, regocijándonos en ellas, aprendiendo Su doctrina y procurando vivir de la manera en que Él vivió. Solo entonces, llegaremos a conocerlo a Él, Jesucristo, y a reconocer Su voz, sabiendo que al venir a Él y creer en Él, nunca más tendremos hambre ni sed16. Seremos capaces de discernir la verdad en todo momento, tal como ocurrió con los dos discípulos que permanecieron con Jesús aquel día.

Hermanos y hermanas, nuestras acciones deben reflejar lo que aprendemos y enseñamos. Tenemos que demostrar nuestras creencias por medio de la forma en que vivimos. El mejor maestro es el que da un buen ejemplo.

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•  Conferencia General de abril de 2019


 

•  Reconciliación

“La ira, si no se controla, es frecuentemente más [destructiva] que el agravio que la provoca”

Hermanos y hermanas, Jesús ha pedido que “vi[vamos] juntos en amor” sin “disputas entre vosotros”. Él advirtió a los nefitas: “Aquel que tiene el espíritu de contención no es mío”. Ciertamente, nuestra relación con Cristo la determinará en gran medida —o al menos influirá en ella— la relación que tengamos el uno con el otro.

…las heridas deben sanar para que la vida sea lo gratificante que Dios proyectó que fuera…

Testifico de la tranquilidad de alma que les brindarán la reconciliación con Dios y con los demás si somos lo suficientemente mansos y valientes para procurarla.

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•  Él espera listo para abrazarnos

Nuestro Salvador conoce nuestras circunstancias. Si ejercemos el albedrío dado por Dios y avivamos todas nuestras facultades en humildad y fe, nuestro Salvador, Jesucristo, puede ayudarnos a hacer frente a los retos y los gozos de la vida. La fe abarca el deseo y la decisión de creer. La fe también viene al obedecer los mandamientos de Dios, dados para bendecirnos, a medida que seguimos Su senda de convenios.

Cuando nos hemos sentido, o nos sentimos, inseguros, solos, frustrados, enojados, abandonados, decepcionados o alejados de Dios y de Su Iglesia restaurada, quizá tengamos que hacer un mayor esfuerzo para volver a Su senda de convenios. ¡Pero vale la pena! ¡Por favor vengan, o vuelvan, al Señor Jesucristo! El amor de Dios es más fuerte que los lazos de la muerte, ya sea temporal o espiritual. La expiación de nuestro Salvador es infinita y eterna. Cada uno de nosotros se aparta y se queda corto. Quizá, por un tiempo, nos perdamos. Dios amorosamente nos asegura que, sin importar dónde estemos o qué hayamos hecho, no hay punto del que no podamos volver. Él espera listo para abrazarnos.

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•  Trato, trato, trato

Testifico que el Salvador está poniendo Su nombre en nuestro corazón. En el caso de muchos de ustedes, su fe en Él se halla en aumento; sienten más esperanza y optimismo; y sienten el amor puro de Cristo por los demás y por sí mismos.

Tengo presente que… quizás sienten que sus problemas superan su fe y esperanza; y tal vez anhelen sentir amor.

Hermanos y hermanas, el Señor brinda oportunidades cerca de ustedes para que sientan y compartan el amor de Él. Pueden orar con confianza para que el Señor los conduzca a amar a alguien en Su nombre; Él contesta las oraciones de mansos voluntarios como ustedes. Sentirán el amor de Dios por ustedes y por la persona a quien sirvan en Su nombre. Al ayudar a los hijos de Dios en sus dificultades, sus propios problemas parecerán más ligeros; se fortalecerán su fe y su esperanza.

Les testifico que el Salvador los conoce y los ama; conoce sus nombres tal como ustedes conocen el de Él; Él conoce sus problemas. Él los ha experimentado. Él, por medio de Su expiación, ha vencido al mundo. Ustedes, por medio de su disposición de tomar el nombre de Él sobre ustedes, aligerarán las cargas de innumerables personas. Y con el tiempo hallarán que conocen mejor al Salvador y que lo aman más. El nombre de Él estará en su corazón y se grabará en su memoria. Es el nombre por el cual serán llamados.

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•  La fuerza moral de la mujer

Que nadie malinterprete de manera deliberada estas exhortaciones que hago a las mujeres. Al elogiar y fomentar la fuerza moral de las mujeres, no quiero decir que a los hombres y a los jóvenes se les exima de alguna manera de su propio deber de defender la verdad y la rectitud, de que su responsabilidad de servir, sacrificarse y ministrar sea de algún modo menor que la de las mujeres ni que se puedan dejar en manos de ellas. Hermanos, apoyemos a las mujeres, compartamos sus cargas y cultivemos nuestra propia autoridad moral complementaria.

Queridas hermanas, confiamos en la fuerza moral que ustedes aportan al mundo, al matrimonio, a la familia y a la Iglesia.

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•  Volver y recibir

Volver a la presencia de Dios y recibir las bendiciones eternas que se reciben al hacer y guardar convenios son las metas más importantes que podemos fijar.

Poner metas es, en esencia, “comenzar con el fin en mente”; y la planificación es idear una manera de llegar a ese fin. Una clave para la felicidad radica en comprender qué destinos son los que de verdad importan, y luego emplear nuestro tiempo, esfuerzo y atención en las cosas que constituyen la manera segura de llegar hasta allí.

Dios, nuestro Padre Celestial, nos ha dado el ejemplo perfecto de fijar metas y planificar. Su objetivo es “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre [y de la mujer]” y Sus medios para lograrlo es el Plan de Salvación.

Pero nuestras metas más grandes e importantes deben encajar en el plan eterno de nuestro Padre Celestial. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

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•  Ahora es el tiempo de preparación

Ahora es el tiempo de demostrar un reverente respeto hacia nuestro cuerpo físico, que sirve como tabernáculo de nuestro espíritu a través de toda la eternidad. Los apetitos físicos se deben controlar mediante la voluntad de nuestro espíritu. Debemos “[abstenernos] de toda impiedad”. Debemos “[desechar] todo lo malo y [allegarnos] a todo lo bueno, y… [vivir] de acuerdo con toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Ahora es el tiempo de inscribir nuestro nombre entre los del pueblo de Dios

Ahora es el tiempo de alinear nuestras metas con las metas de Dios.

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•  La Navidad es amor semejante al de Cristo

Al celebrar en esta época el nacimiento de Jesucristo, celebremos también todo lo que simboliza Su nacimiento, en particular el amor. Si vemos pastores, recordemos ser humildes. Si vemos reyes magos, recordemos ser generosos. Si vemos la estrella, recordemos que es la luz de Cristo la que da vida y luz a todas las cosas. Si vemos a un bebé, recordemos amar incondicionalmente, con ternura y compasión. Que podamos abrir la puerta de nuestro corazón y tender la mano a los que viven en soledad, en el olvido o que son pobres de espíritu. Al contemplar el ejemplo y el sacrificio infinito del Salvador, consideremos la forma en que podamos ser más semejantes a Cristo en nuestra relación con nuestros familiares y amigos, no sólo en esta época, sino durante todo el año.

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Presentes celestiales

Como niño, pensaba que la Navidad solo llegaba una vez al año. Como adulto, ahora me doy cuenta que la Navidad es cada día. Debido a la benevolencia de nuestro amoroso Padre Celestial y de nuestro amado Salvador Jesucristo, somos los destinatarios de una fuente continua de presentes celestiales, cada día. Demasiados presentes celestiales para mencionarlos.

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•  Esparce tus migajas

Uno podría utilizar muchas palabras para describir ese sentimiento: alegría, esperanza, anticipación, buen ánimo. Cada una de ellas capta parte de lo que llamamos “el espíritu de la Navidad”, para mí, hay una palabra que describe mejor los sentimientos que experimentamos en Navidad. Esa palabra es amor.

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La Navidad es amor

Que nuestra Navidad sea real. No se trata sólo de adornos y cintas, a menos que así lo dispongamos. La Navidad es el espíritu de dar sin pensar en recibir; es felicidad porque vemos alegría en las personas; es olvidarnos de nosotros y encontrar tiempo para los demás; es deshacernos de lo que no importa y poner énfasis en los valores verdaderos; es paz, porque hemos hallado paz en las enseñanzas del Salvador; es la época en que más nos damos cuenta de que cuanto más amor demos, más amor habrá para los demás.

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La verdadera Navidad

La Navidad no es un día ni una estación, sino una condición del corazón y de la mente.
Si amamos al prójimo como a nosotros mismos;
si en nuestra riqueza somos pobres en espíritu y en nuestra pobreza somos ricos en misericordia;
si nuestra caridad no se gloría en sí misma sino que es sufrida y benigna;
si cuando nuestro hermano nos pide un pan, nos entregamos a nosotros mismos; si cada día nace repleto de oportunidades y muere habiendo logrado algo, sin importar cuán pequeño sea;
entonces cada día es de Cristo y la Navidad siempre está cerca

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Elegir la luz

Nuestra decisión de prestar atención a quienes se burlan de las cosas sagradas nos distanciará de la luz salvadora y que da vida del Salvador. Juan registró: “Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Recuerden, aquellos que de verdad nos aman pueden ayudarnos a edificar nuestra fe.

La búsqueda de la luz aumentará mediante la disposición de reconocer cuando brille en nuestra vida. Las Escrituras modernas definen a la luz y ofrecen una promesa a aquellos que la aceptan. “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto”. De la misma manera que al seguir pedaleando hacia la luz, mientras más persistimos, mayor llega a ser Su influencia en nuestra vida. Al igual que la luz al final del túnel, Su influencia nos brindará confianza, resolución, consuelo y —lo más importante— el poder para saber que Él vive.

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•  El Espíritu Santo

¿Cómo podemos recibir un testimonio a través del Espíritu Santo? (D. y C. 8:2) ¿Por qué es importante comprender la forma en que el Espíritu Santo se comunica con nosotros? (Véase 2 Nefi 32:5.)

El presidente Boyd K. Packer enseñó: “El Espíritu Santo se comunica con una voz que se siente más de lo que se oye. Se le ha descrito como una voz suave y apacible” (“Revelación personal: el don, la prueba y la promesa”, Liahona, enero de 1995).

“Nefi estaba bien preparado para hablar sobre el tercer miembro de la Trinidad; había aprendido a escuchar la voz del Espíritu, tanto en aguas tranquilas como en mares agitados, y sus experiencias lo llevaron a escribir acerca de “la labor del Espíritu Santo” (véase 2 Nefi 31–32). De Nefi, y de otros profetas, aprendemos que:

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Heridos

“Y [Jesús]… [sufrirá] dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases… para que… [pueda tomar] sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo… [tomando sobre sí nuestras] debilidades… [con] misericordia”

Miren hacia adelante. Sus problemas y pesares son muy reales, pero no durarán para siempre. Sus noches oscuras pasarán, porque el Señor sí se levantó “con sanidad en sus alas”.

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Dime la historia de Cristo

Si el hijo no escucha, no se desesperen. El tiempo y la verdad están del lado de ustedes.

Si el hijo no escucha, no se desesperen. El tiempo y la verdad están del lado de ustedes. En el momento adecuado, sus palabras harán eco como si vinieran del cielo mismo. Su testimonio jamás abandonará a sus hijos.

Cuando hablen con reverencia sobre el Salvador, ya sea en el automóvil, en el autobús, a la mesa, al arrodillarse para orar, durante el estudio de las Escrituras o en conversaciones a entradas horas de la noche, el Espíritu del Señor acompañará sus palabras.

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Cómo vencer la tentación

Resistan al diablo, y huirá de ustedes. Pónganse a jugar con él y pronto tendrán cadenas, no en las muñecas sino en el alma.

Una persona que se deje llevar por sus apetitos, ya sea en secreto o no, tiene un carácter que no la sostendrá cuando se vea tentada a ceder antes sus pasiones1.

Los pensamientos que un hombre abrigue constantemente determinarán sus acciones cuando se le presente la oportunidad o esté bajo presión. Su forma de reaccionar cuando se inciten sus apetitos e impulsos indica qué tipo de carácter tiene; en esas reacciones se revelan su potestad para gobernarse o su servilismo para ceder2.

Las acciones que están en armonía con la ley divina y con las leyes de la naturaleza brindan felicidad, mientras que las que están en oposición a la verdad divina acarrean infelicidad. El hombre es responsable no sólo de cada una de sus acciones sino también de cada una de sus palabras y pensamientos ociosos. El Salvador dijo:

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Orad siempre

…les testifico, mis amados hermanos y hermanas, que Dios vive. No está muerto… Testifico que hay un Dios en los cielos que escucha y contesta las oraciones. Sé que es verdad. Humildemente quisiera instar a todos… a mantenerse en estrecha comunicación con nuestro Padre Celestial por medio de la oración. Jamás en esta dispensación del Evangelio ha habido mayor necesidad de orar. Es mi ferviente súplica que dependamos constantemente de nuestro Padre Celestial y procuremos concienzudamente mejorar nuestra comunicación con Él.

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La amistad: un principio del Evangelio

La amistad también es una parte vital y maravillosa del cortejo y del matrimonio. La relación entre un hombre y una mujer que comienza con la amistad, que después madura y se convierte en romance y que culmina con el matrimonio, usualmente se convertirá en una amistad eterna. Nada es más inspirador en este mundo actual de matrimonios que se desbaratan con tanta facilidad que el observar a un marido y su mujer apreciarse calladamente el uno al otro y disfrutar de su amistad año tras año al experimentar juntos las bendiciones y las pruebas de la mortalidad. Un informe publicado recientemente sobre una investigación acerca de parejas que han llegado a los 25 años de casados indica que “la parte esencial de un matrimonio duradero… es un concepto sencillo con un profundo impacto: la amistad”. En una carta conmovedora que el profeta José Smith escribió a su esposa, Emma, durante las separaciones y las tribulaciones de Misuri, la consoló diciendo: “Oh, mi afectuosa Emma, quiero que recuerdes que soy un amigo fiel, para ti y para los niños, para siempre jamás”

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•  Seguir el ejemplo de Jesucristo

Una de las preguntas más importantes que se haya hecho al hombre mortal fue la que hizo el mismo Hijo de Dios, el Salvador del mundo, al dirigirse a un grupo de Sus discípulos en el Nuevo Mundo, un grupo que estaba ansioso de recibir Sus enseñanzas y más ansioso aún porque ellos sabían que muy pronto los iba a dejar. Él preguntó: “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”. Y entonces, sin esperar que le contestaran, Él mismo dio la respuesta: “Aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).

¡Qué invitación y qué llamado tan claros y tan resonantes! ¡Qué certeza y qué ejemplo en estos días de incertidumbre y ausencia de ejemplos!…

Cuán agradecidos debemos estar a nuestro Padre Celestial por haber enviado a Su Hijo Unigénito a la tierra para… establecer el ejemplo perfecto de rectitud, de bondad, de misericordia y de compasión, a fin de que el resto del mundo sepa cómo vivir, cómo progresar y cómo llegar a ser más semejantes a Dios.

Sigamos al Hijo de Dios en todo lo que hagamos y en todos los ámbitos de la vida; hagamos de Él nuestro ejemplo y nuestro guía. En todo momento debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué haría Jesús?”. Y entonces ser más valientes para obrar de acuerdo con la respuesta. Debemos seguir a Jesucristo en todo el sentido de la palabra; debemos dedicarnos a Su obra como Él lo hizo con los asuntos de Su Padre; debemos esforzarnos por ser como Él es y ser constantes en eso, una y otra vez. (Canciones para los niños, pág. 34). Al grado que el poder mortal que poseemos nos lo permita, debemos hacer todo lo posible por llegar a ser como Cristo, el único ejemplo perfecto e inmaculado que haya pasado por este mundo1.

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•  La influencia de las madres

Una gran responsabilidad descansa sobre ustedes. De ustedes depende la enseñanza, la dirección de los pensamientos y la inspiración del corazón de sus hijos, porque ellos son bendecidos por el espíritu de su madre, y la influencia que ejerce la madre sobre los hijos es la impresión más perdurablemente indeleble que queda en ellos. No hay nada tan imperecedero como la influencia de la madre; eso es si ella es buena y tiene el espíritu del Evangelio en el corazón, y si instruye a sus hijos en la senda que deben seguir 1.

Nuestras madres, y las madres de nuestros hijos, cuyos corazones están llenos de solicitud por el bienestar de sus hijos, habiendo recibido el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, pueden ir a sus cámaras secretas e inclinarse ante Dios y estar en íntima comunión con Él como ninguna otra madre sobre la tierra puede hacerlo, si observan los principios que han aceptado y viven dignas de sus privilegios. Por medio de la influencia que de ese modo ejercerán en el corazón de sus hijos, guiarán a éstos por la senda de la rectitud y de la verdad, y los criarán en disciplina y amonestación del Señor, en el amor a la verdad, en la obediencia a los mandamientos del Señor, de una forma en la que otras personas, que no poseen estos privilegios, bendiciones e investiduras que se otorgan tan abundantemente a la madres de Israel, no pueden hacerlo 2.


Levanta la cabeza y regocíjate

…A veces tenemos que afrontar cosas difíciles.

A menudo, la primera reacción ante las cosas difíciles es: “¿Por qué a mí?”. Sin embargo, al preguntar eso, la cosa difícil nunca desaparece. El Señor requiere que superemos los retos, y ha indicado “que todas estas cosas [nos] servirán de experiencia, y serán para [nuestro] bien”.

En ocasiones, el Señor nos pide hacer una cosa difícil, y a veces nuestros retos provienen del uso que nosotros u otras personas hacemos del albedrío.

Para ayudarnos a avanzar y a triunfar en épocas de dificultad con esos vistazos de la eternidad, sugeriré dos cosas: Debemos afrontar cosas difíciles: primero, perdonando a los demás, y, segundo, entregándonos al Padre Celestial.

Perdonar a los que podrían habernos causado una cosa difícil y “[reconciliarnos] con la voluntad de Dios” puede ser muy difícil. Es más doloroso si la dificultad la causa un familiar, un amigo cercano o hasta nosotros mismos.

Podemos y debemos hallar gozo al afrontar cosas difíciles.

El Salvador afrontó cosas difíciles: “Y el mundo… lo juzgará como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres”.

Al afrontar cosas difíciles a la manera del Señor, levantemos la cabeza y regocijémonos.
Leer discurso completo: https://wp.me/p5Kxxp-5Ga


Un refugio contra el mundo

No hay visión más bella en el mundo que la de una familia orando. El Señor mandó que hiciéramos la oración familiar cuando dijo: “Orad al Padre en vuestras familias, siempre en mi nombre, para que sean bendeci­dos vuestras esposas y vuestros hijos” (3 Nefi 18:21).

A medida que oramos con nuestra familia diariamente, estamos ayu­dando a brindar la protección que con tanta urgencia necesitamos en el mundo actual.


“Un camino más excelente”


Te damos Señor, nuestras Gracias


Oh mi Padre

“Oh Mi Padre” está considerado por los Santos de los Últimos Días, como uno de los himnos más gran­des, a causa del insólito contenido doctrinal, especialmente la tercera estrofa que proyecta un pensamien­to nuevo en la filosofía religiosa; es decir, que tenemos una Madre en las cortes Celestiales.

El himno fué escrito durante un período de condiciones excitantes de conclusión trágica, con la muerte del Profeta y el Patriarca. Según Orson F. Whitney, el matrimonio de Elisa y el Profeta tuvo lugar el 29 de junio de 1842. “Oh Mi Padre” fué escrito en 1843. Así es que la poetisa lo es­cribió cuando era esposa del Profeta. También era nodriza de la familia de él. Esta asociación tan íntima le dió la oportunidad abundante para discutir con el Profeta muchos e im­portantes asuntos “pertenecientes al Reino de los Cielos”.

Fué durante este período cuando Zina D. Huntington (después Zina Young) estaba afligida por circunstancias peculiares; su madre, quien había muerto algún tiempo an­tes, y había sido sepultada temporal­mente en una tumba, fué necesario ex­traer su cuerpo para ponerlo en un lugar para su permanente descanso. Cuando los restos fueron exhumados, se describió que parte de ellos esta­ban petrificados. Le pareció a Zina que el fundamento de la doctrina de la resurrección se desmoronaba ante ella. A su pregunta ¿“Conoceré a mi madre cuando la vea en el mundo del más allá”? el Profeta respondió en­fáticamente, “Sí, allá conocerá a su madre”. Como era una creyente fir­me en la misión divina del Profeta, Zina D. Huntington se conformó con la promesa. De la discusión sobre la resurrección y la relación ante el hombre y la Deidad, sin duda vino la inspiración a Elisa R. Snow para escribir “Oh Mi Padre”. La poesía fué escrita en la casa de Stephen Markham, sobre un baúl de madera, la única cosa que hacía las veces de mesa en la mal amueblada casa.

El himno consta de cuatro estrofas y es un epítome del gran drama de la vida eterna como es revelado por el Evangelio Restaurado de Nuestro Señor Jesucristo.

El prólogo: La primera estrofa proclama la verdadera potestad pa­tria de Dios; que fuimos educados a su lado en nuestra pre-existencia mortal, connotando la verdad que fuimos instruidos en su gran plan, la obediencia al tal, nos permitirá re­gresar a Él y su “Santa faz mirar”.

La segunda estrofa cambia la es­cena a nuestra vida terrenal, donde somos puestos en una escuela para ver si hacemos las cosas requeridas de nosotros y afianzar nuestro dere­cho a la restauración en la presencia del Padre. Los recuerdos de nuestra vida ante-mortal, nos son quitados, para que podamos andar por la fe; sin embargo no somos dejados com­pletamente en las tinieblas, un “algo a menudo” es la llave que abre la puerta de la sabiduría que nos es dada, por medio de la cual nos es revelada una nueva y gloriosa doc­trina (tercera estrofa) que tenemos una Madre en los Cielos.

El epílogo: Una vez más nuestros pensamientos se proyectan a la pre­sencia del Eterno. Por medio de la obediencia, y por haber cumplido con todo lo mandado, y con su “Santa venia”, nosotros reclamamos que nuestro Padre Celestial nos permitirá vivir en su presencia.

Verdaderamente, “Oh Mi Padre” es el drama de la vida eterna, no sólo un himno, sino una profecía y una re­velación.


El ser padre, un llamamiento eterno

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”

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