Citas para Compartir

•  Seguir el ejemplo de Jesucristo

Una de las preguntas más importantes que se haya hecho al hombre mortal fue la que hizo el mismo Hijo de Dios, el Salvador del mundo, al dirigirse a un grupo de Sus discípulos en el Nuevo Mundo, un grupo que estaba ansioso de recibir Sus enseñanzas y más ansioso aún porque ellos sabían que muy pronto los iba a dejar. Él preguntó: “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”. Y entonces, sin esperar que le contestaran, Él mismo dio la respuesta: “Aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).

¡Qué invitación y qué llamado tan claros y tan resonantes! ¡Qué certeza y qué ejemplo en estos días de incertidumbre y ausencia de ejemplos!…

Cuán agradecidos debemos estar a nuestro Padre Celestial por haber enviado a Su Hijo Unigénito a la tierra para… establecer el ejemplo perfecto de rectitud, de bondad, de misericordia y de compasión, a fin de que el resto del mundo sepa cómo vivir, cómo progresar y cómo llegar a ser más semejantes a Dios.

Sigamos al Hijo de Dios en todo lo que hagamos y en todos los ámbitos de la vida; hagamos de Él nuestro ejemplo y nuestro guía. En todo momento debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué haría Jesús?”. Y entonces ser más valientes para obrar de acuerdo con la respuesta. Debemos seguir a Jesucristo en todo el sentido de la palabra; debemos dedicarnos a Su obra como Él lo hizo con los asuntos de Su Padre; debemos esforzarnos por ser como Él es y ser constantes en eso, una y otra vez. (Canciones para los niños, pág. 34). Al grado que el poder mortal que poseemos nos lo permita, debemos hacer todo lo posible por llegar a ser como Cristo, el único ejemplo perfecto e inmaculado que haya pasado por este mundo1.

Leere más y Compartir


•  La influencia de las madres

Una gran responsabilidad descansa sobre ustedes. De ustedes depende la enseñanza, la dirección de los pensamientos y la inspiración del corazón de sus hijos, porque ellos son bendecidos por el espíritu de su madre, y la influencia que ejerce la madre sobre los hijos es la impresión más perdurablemente indeleble que queda en ellos. No hay nada tan imperecedero como la influencia de la madre; eso es si ella es buena y tiene el espíritu del Evangelio en el corazón, y si instruye a sus hijos en la senda que deben seguir 1.

Nuestras madres, y las madres de nuestros hijos, cuyos corazones están llenos de solicitud por el bienestar de sus hijos, habiendo recibido el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, pueden ir a sus cámaras secretas e inclinarse ante Dios y estar en íntima comunión con Él como ninguna otra madre sobre la tierra puede hacerlo, si observan los principios que han aceptado y viven dignas de sus privilegios. Por medio de la influencia que de ese modo ejercerán en el corazón de sus hijos, guiarán a éstos por la senda de la rectitud y de la verdad, y los criarán en disciplina y amonestación del Señor, en el amor a la verdad, en la obediencia a los mandamientos del Señor, de una forma en la que otras personas, que no poseen estos privilegios, bendiciones e investiduras que se otorgan tan abundantemente a la madres de Israel, no pueden hacerlo 2.


Levanta la cabeza y regocíjate

…A veces tenemos que afrontar cosas difíciles.

A menudo, la primera reacción ante las cosas difíciles es: “¿Por qué a mí?”. Sin embargo, al preguntar eso, la cosa difícil nunca desaparece. El Señor requiere que superemos los retos, y ha indicado “que todas estas cosas [nos] servirán de experiencia, y serán para [nuestro] bien”.

En ocasiones, el Señor nos pide hacer una cosa difícil, y a veces nuestros retos provienen del uso que nosotros u otras personas hacemos del albedrío.

Para ayudarnos a avanzar y a triunfar en épocas de dificultad con esos vistazos de la eternidad, sugeriré dos cosas: Debemos afrontar cosas difíciles: primero, perdonando a los demás, y, segundo, entregándonos al Padre Celestial.

Perdonar a los que podrían habernos causado una cosa difícil y “[reconciliarnos] con la voluntad de Dios” puede ser muy difícil. Es más doloroso si la dificultad la causa un familiar, un amigo cercano o hasta nosotros mismos.

Podemos y debemos hallar gozo al afrontar cosas difíciles.

El Salvador afrontó cosas difíciles: “Y el mundo… lo juzgará como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres”.

Al afrontar cosas difíciles a la manera del Señor, levantemos la cabeza y regocijémonos.
Leer discurso completo: https://wp.me/p5Kxxp-5Ga


Un refugio contra el mundo

No hay visión más bella en el mundo que la de una familia orando. El Señor mandó que hiciéramos la oración familiar cuando dijo: “Orad al Padre en vuestras familias, siempre en mi nombre, para que sean bendeci­dos vuestras esposas y vuestros hijos” (3 Nefi 18:21).

A medida que oramos con nuestra familia diariamente, estamos ayu­dando a brindar la protección que con tanta urgencia necesitamos en el mundo actual.


“Un camino más excelente”


Te damos Señor, nuestras Gracias


Oh mi Padre

“Oh Mi Padre” está considerado por los Santos de los Últimos Días, como uno de los himnos más gran­des, a causa del insólito contenido doctrinal, especialmente la tercera estrofa que proyecta un pensamien­to nuevo en la filosofía religiosa; es decir, que tenemos una Madre en las cortes Celestiales.

El himno fué escrito durante un período de condiciones excitantes de conclusión trágica, con la muerte del Profeta y el Patriarca. Según Orson F. Whitney, el matrimonio de Elisa y el Profeta tuvo lugar el 29 de junio de 1842. “Oh Mi Padre” fué escrito en 1843. Así es que la poetisa lo es­cribió cuando era esposa del Profeta. También era nodriza de la familia de él. Esta asociación tan íntima le dió la oportunidad abundante para discutir con el Profeta muchos e im­portantes asuntos “pertenecientes al Reino de los Cielos”.

Fué durante este período cuando Zina D. Huntington (después Zina Young) estaba afligida por circunstancias peculiares; su madre, quien había muerto algún tiempo an­tes, y había sido sepultada temporal­mente en una tumba, fué necesario ex­traer su cuerpo para ponerlo en un lugar para su permanente descanso. Cuando los restos fueron exhumados, se describió que parte de ellos esta­ban petrificados. Le pareció a Zina que el fundamento de la doctrina de la resurrección se desmoronaba ante ella. A su pregunta ¿“Conoceré a mi madre cuando la vea en el mundo del más allá”? el Profeta respondió en­fáticamente, “Sí, allá conocerá a su madre”. Como era una creyente fir­me en la misión divina del Profeta, Zina D. Huntington se conformó con la promesa. De la discusión sobre la resurrección y la relación ante el hombre y la Deidad, sin duda vino la inspiración a Elisa R. Snow para escribir “Oh Mi Padre”. La poesía fué escrita en la casa de Stephen Markham, sobre un baúl de madera, la única cosa que hacía las veces de mesa en la mal amueblada casa.

El himno consta de cuatro estrofas y es un epítome del gran drama de la vida eterna como es revelado por el Evangelio Restaurado de Nuestro Señor Jesucristo.

El prólogo: La primera estrofa proclama la verdadera potestad pa­tria de Dios; que fuimos educados a su lado en nuestra pre-existencia mortal, connotando la verdad que fuimos instruidos en su gran plan, la obediencia al tal, nos permitirá re­gresar a Él y su “Santa faz mirar”.

La segunda estrofa cambia la es­cena a nuestra vida terrenal, donde somos puestos en una escuela para ver si hacemos las cosas requeridas de nosotros y afianzar nuestro dere­cho a la restauración en la presencia del Padre. Los recuerdos de nuestra vida ante-mortal, nos son quitados, para que podamos andar por la fe; sin embargo no somos dejados com­pletamente en las tinieblas, un “algo a menudo” es la llave que abre la puerta de la sabiduría que nos es dada, por medio de la cual nos es revelada una nueva y gloriosa doc­trina (tercera estrofa) que tenemos una Madre en los Cielos.

El epílogo: Una vez más nuestros pensamientos se proyectan a la pre­sencia del Eterno. Por medio de la obediencia, y por haber cumplido con todo lo mandado, y con su “Santa venia”, nosotros reclamamos que nuestro Padre Celestial nos permitirá vivir en su presencia.

Verdaderamente, “Oh Mi Padre” es el drama de la vida eterna, no sólo un himno, sino una profecía y una re­velación.


El ser padre, un llamamiento eterno

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”

Leer discurso completo: El ser padre, un llamamiento eterno

Anuncios