Para trazar el derrotero de tu vida

Para trazar el derrotero de tu vida

por el élder Richard P. Lindsay
de los Setenta

Puedes emplear tu bendición patriarcal para guiarte durante toda tu vida.

Cuando mi padre murió de pulmonía, yo era un niño; a los pocos días, murió también mi hermano, que tenía catorce años. Era en los primeros años de la década de 1930, y los Estados Unidos se encontraban en medio de la Gran Depresión económica; era difícil encontrar trabajo y el dinero escaseaba. Mi madre era enfermera y tuvo que luchar duramente para poder mantenemos a los cinco hijos que le quedaban. La vida no era fácil para ninguno de nosotros, y muchas veces yo pensaba cómo iríamos a salir del paso.

No obstante, en esa época tan penosa sucedió algo que recuerdo tan claramente como si hubiera ocurrido ayer, algo que me hizo mirar hacia el futuro con valor y esperanza.

Aproximadamente un año después de la muerte de papá, vino a visitarnos uno de sus primos, de nombre Israel Bennion; pero aquélla no era la visita corriente de un familiar, sino que había venido en su calidad de patriarca de la estaca. Cada uno de los niños, bien lavado y vestido como si fuera a la Iglesia, esperó su turno para que aquel hombre de digna presencia le pusiera las manos sobre la cabeza y le diera su bendición patriarcal.

Yo no tenía más que siete años, una edad en la que no se comprende todo el significado de aquel acontecimiento. (Actualmente, la Iglesia aconseja a los jovencitos que esperen a ser un poco mayores para recibir la bendición patriarcal.) Sin embargo, tuve un profundo sentido de reverencia, la misma reverencia que sentía durante la reunión de ayuno y testimonios. Recuerdo que en sus instrucciones, aunque breves, me dijo que la bendición debía ser una guía para mí, un medio que me sirviera para trazar mi derrotero en la vida.

A pesar de mi edad tan tierna, me impresionaron algunas cosas que me dijo el hermano Bennion al darme la bendición. Afirmó que el Espíritu del Señor estaría conmigo durante mis años de crecimiento, que llevaría el evangelio en el corazón, que sentiría amor por la obra del Señor y que El me bendeciría.

Me habló del futuro, de que algún día sería juez en Israel (véase D. y C. 107:73-74, 76), de que tendría hijos, de que disfrutaría de salud y de una mente clara. Pero, sobre todo, sus palabras despertaron dentro de mí una incipiente comprensión de mi condición literal de hijo de Dios; me di cuenta de que el Señor me conocía personalmente y sabía lo que yo hacía. Y supe que si vivía dignamente, El me ayudaría.

Mi bendición patriarcal sólo contiene doscientas sesenta y tres palabras, pero el leerla siempre me ha causado una impresión profunda. Y, a través de los años, todas las veces que la he leído y he meditado sobre su contenido, esa impresión es siempre la misma.

Para un niño de siete años, la frase “juez en Israel” era demasiado complicada para entender; no fue sino hasta los años de la adolescencia que me enteré de que se refería al oficio de obispo. Aunque no podía imaginarme que algún día llegaría a ser obispo, sabía que si iba a serlo tendría que vivir con dignidad; por lo tanto, me tracé un derrotero en el que di un lugar a la honradez, las normas elevadas y la pureza moral. (Y con el tiempo, líderes que no tenían la menor idea de la promesa que había recibido en mi bendición patriarcal me dieron el llamamiento de obispo.)

Cuando hice el servicio militar, en la Marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, llevé conmigo esa bendición. Había crecido en Taylorsville, Utah, protegido y tímido, y era el producto de una comunidad tranquila que se había originado en la época de los pioneros; pero estaba entonces en un ambiente turbulento, donde era común el lenguaje grosero y profano y donde el jactarse de las aventuras sexuales era para algunos hombres parte de su conversación diaria. Allí también, la bendición patriarcal fue para mí como un faro, y las promesas que contenía me dieron la esperanza de que podría mantenerme limpio, que sobreviviría el conflicto bélico y tendría muchos años de vida para servir en el Reino de nuestro Padre Celestial.

Durante la misión que cumplí en Europa, la frase de la bendición que hablaba de predicar el evangelio con poder me sirvió para recordar que estaba cumpliendo un mandato que había recibido del Señor y que, por lo tanto, debía hablar con autoridad. Cuando regresé a casa y empecé a buscar esposa, sabía que debía elegir una mujer que me ayudara a mantenerme digno, puesto que mi bendición patriarcal mencionaba el gozo de tener una posteridad justa. Hoy en día, me emociona ir al templo con mis seis hijos y sus cónyuges, y encuentro gozo y dicha en mi posteridad.

Mi bendición contiene una cláusula que siempre me ha intrigado, y que dice: “Verás un gran progreso en la obra del Señor, porque Sión será la cabeza y no los pies”. Estas palabras me han venido a la memoria repetidamente en estos últimos tiempos en que hemos observado el crecimiento y el progreso de la Iglesia del Señor en todo el mundo.

Puedo decir con certeza que mi bendición patriarcal, aunque es corta, ha sido una guía para mí durante toda mi vida. Tú puedes encontrar esa misma guía en la tuya si la lees a menudo y te trazas un derrotero de acuerdo con lo que se te diga en ella. En estos tiempos tan difíciles en que te enfrentas con tentaciones y presiones para que transijas con tus creencias, la bendición patriarcal puede ser una fuente de gran fortaleza que te inspire fe en nuestro amoroso Padre Celestial. □

  • ¿Cómo se consigue una bendi­ción patriarcal? Empieza el trámite hablando con el obispo, él te contestará las preguntas o aclarará las dudas que tengas y te ayudará a prepararte. Cuando estés listo, te dará la recomen­dación.
  • El obispo recibe instrucciones de dar recomendación para la bendición patriarcal sólo a los que tengan la edad apropiada y hayan sido miembros de la Iglesia bastante tiempo para apreciar la naturaleza sagrada de esta bendición.
  • La bendición se da en privado, aunque algunos miembros de la familia pueden estar presentes. Ve a recibirla con una actitud de humildad y una oración en el corazón; si quieres, también puedes ayunar.
  • No compares tu bendición con la de nadie ni hables con otras personas de su contenido, excepto con miembros de la familia muy allegados. Tampoco se debe leer la bendición en reuniones de la Iglesia ni en ninguna reunión pública.
  • Recibir una bendición patriar­cal no es como si te adivinaran la suerte, sino que es una guía que tendrás al progresar en madurez y espiritualidad. Como sucede con cualquier otra bendi­ción, el cumplimiento de la ben­dición patriarcal depende de la fidelidad y dignidad de la per­sona y de que ésta se mantenga en armonía con el Espíritu.

Bendiciones dentro de las bendiciones

La bendición patriarcal no es sólo para el futuro; la experiencia de recibirla es una bendición en sí, una oportunidad de saber directamente lo importante y único que eres ante la vista del Señor. A pesar de eso, quizás te hagas algunas preguntas.

  1. No estoy seguro de estar preparado, a mi edad, para recibir la bendición patriarcal.

Habla del asunto con tus padres o con el obispo y pídeles que te digan qué piensan en cuanto a tu edad y tu preparación espiritual para recibirla.

  1. ¿Pueden mis padres revelarme lo que dicen sus respectivas bendiciones patriarcales?

Si tus padres la han recibido, pregúntales si están dispuestos a leerte algunas partes o a hablarte de lo que dicen. Si lo hacen, probablemente te enteres de que eres una de las bendiciones que se les prometieron; por ejemplo, si se les prometió una posteridad justa, eres un eslabón sumamente importante de esa promesa.

  1. ¿Qué debo hacer si mis padres no son miembros de la Iglesia o son inactivos y no me apoyan en mi condición de miembro activo?

Habla con el obispo o con el patriarca; tal vez ellos puedan indicarte la forma de darles alguna participación en este importante acontecimiento de tu vida.

  1. No me siento digno de recibir la bendición patriarcal.

Si piensas que eres indigno, hazte digno; pon tu vida en orden. Habla con tus padres y, si es necesario, con el obispo. Y ten en cuenta que todos estamos en un proceso de aprender y progresar, y que una de las razones por las cuales debes obtener la bendición patriarcal es recibir de ella guía y fortaleza.

  1. Tengo temor de saber lo que el Señor espera de mí y, por saberlo, estar obligado a hacer lo que El espera que haga.

En realidad, el Señor ya ha revelado mucho de lo que espera de ti: rectitud, obediencia, compasión, integridad; toda tu vida te han estado enseñando eso. Y ya has hecho convenios con el Señor: en el momento de bautizarte; todos los domingos al tomar la Santa Cena; y, si eres varón, al recibir el sacerdocio. Recuerda que la bendición patriarcal es una manera que Él tiene de expresarte personalmente Su amor. Y, sobre todo, que te ayudará a comprender, por medio del Espíritu, tu propio potencial maravilloso y algunas de las grandiosas bendiciones que el Señor te tiene reservadas si obedeces Sus mandamientos. □

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Una respuesta a Para trazar el derrotero de tu vida

  1. Martin dijo:

    Uno de los mejores mensajes con respecto a la bendicion patriarcal que he leido gracias .

    Me gusta

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