La Influencia de una Madre

La Influencia de una Madre

por Joseph L. Wirthlin
del Obispado General
Liahona Mayo 1951

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
por qué su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado. . .
Se levantan sus hijos y  la llaman bienaventurada;
y su marido también la alaba. —Proverbios 31:10-11, 28.

Cada hombre que ha hecho un logro meritorio en la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo o en cualquier otra cosa, ha sido incitado a hacer lo bueno, a ser enérgico, y lograr su ambición por su madre o esposa.

Presidenta Spafford y hermanas, estimo ser un gran honor participar con ustedes en esta sesión de su gran conferencia.

Veo sus caras y ¿qué es lo que veo? Veo lo mejor de la maternidad. Ustedes representan lo mejor en la vida, porque viven el evangelio del Señor Jesucristo, y en esta gran Sociedad de Socorro de la cual son miembros, dan servicio semejante al de Cristo, cuidando a los que están en dolor o angustia. También son responsables por el desarrollo cultural y espiritual de las madres de Israel, y no sé de ninguna otra obra que es más importante.

Al pensar de ustedes esta mañana, las palabras del antiguo autor de los Proverbios vinieron a mi mente. El escribió:

Mujer fuerte, ¿Quién la hallará?
Porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida.
Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como nave de mercader trae su pan de lejos.
Se levanta siendo aun de noche y da comida a su familia, y tarea a sus criadas.
Considera un campo y lo compra;  y planta viña del fruto de sus manos. . .
Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua.
Considera la marcha de su casa, y no come el pan de balde.
Se levantan sus hijos y llama bienaventurada; y su marido también la alaba. (Proverbios 31:10-16, 26-28).

Estoy seguro que estas palabras son muy aplicables a todas ustedes. La unidad de más importancia en la Iglesia y en la nación es el hogar, y ustedes son las que velan sobre el hogar.

Las madres son bendecidas con algo divino del cual no gozan los hombres. Diseminan un sentimiento de tranquilidad, de paz, de buena voluntad y amor. La chispa divina en sus corazones es uno de los atributos que implica compañía con nuestro Padre Celestial.

Es claro porqué el Profeta José declaró que uno de los deberes de las hermanas era incitar a los hermanos a hacer obras buenas. Yo, y cada hombre que ha hecho un logro meritorio en la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo o en cualquier otra cosa, ha sido incitado a hacer lo bueno, a ser enérgico, y lograr su ambición por su madre o esposa.

Si no fuera por ustedes las madres, en muchos casos, nuestros hijos que constituyen el Sacerdocio de Aarón de la Iglesia posiblemente no estarían tan intensamente interesados como lo son. Y como miembro de la Presidencia del Sacerdocio de Aarón de la Iglesia, les ruego que inciten a sus hijos a trabajar diligentemente en el Sacerdocio del Dios Todopoderoso, porque en hacerlo encontrarán seguridad espiritual. Estoy seguro de que cuando el Señor dijo a los oficiales de esta gran organización que habían de incitar a los hermanos a hacer buenas obras, se refería a sus esposas y sus os. Nadie puede hacer más para un hombre, ya sea joven o anciano, que su esposa o su madre.

Es su grande misión, en este día cuando la verdad ha de ser declarada a toda nación y tribu y lengua y pueblo, de infundir en los corazones de sus hijos el deseo de salir y servir al Señor predicando el evangelio restaurado del Señor Jesucristo a todo el mundo.

Ustedes las madres, enseñen a sus hijos a orar. Es a su rodilla que primeramente conocerán a Dios. En la rodilla de ustedes ellos llegan a conocer al Dios en cuya imagen fueron creados, un Dios que tiene cuerpo, partes y pasiones. Parece que nuestro concepto de Dios enseña las lecciones más sencillas a los niños, algo tangible y comprensible.

Recuerdo de: una madre que estaba gravemente enferma. Se enfermó tanto que se había perdido toda esperanza de que viviera, y por la inquietud que existía los familiares y amigos llenaron la casa. Dos niños tuvieron que quedarse afuera —un niño de trece años de edad y una niña de once años. Oían los gritos de dolor, y el uno dijo: “Oremos por mamacita”.

No pudieron entrar a la casa. El único lugar donde podrían ir era a el cuarto donde se guardaba el carbón. Arrodillándose entre los pedazos de carbón, el niño de trece años y la niña de once años pidieron a Dios que restaurara la salud de su madre.

Antes de meterse el sol ese día, el dolor dejó a la mamá y ella fué restaurada a sus hijos. El Señor contestó la oración de los niños. Pero este ejemplo nos enseña más que esto. Esa madre había enseñado a sus hijos a orar desde que apenas podían decir una palabra, y por sus enseñanzas ellos desarrollaron una fe implícita en su Padre Celestial; y la madre recibió una bendición que necesitaba mucho, la recompensa por enseñar la oración en el hogar.

Las líderes de la Sociedad de Socorro tienen mucho que ver en la cuestión de instruir a nuestras madres tocante a qué clase de material para leer debe haber en el hogar. Sin duda han observado las varias clases de libros y revistas etc., que ahora se pueden obtener. Mucho de este material trata del sensualismo, tal como el crimen y problemas sexuales, y, desafortunadamente, mucha de esta “basura” es leída por nuestros jóvenes y por los adultos también.

He pensado que sería una cosa buena si en cada rama de esta Iglesia la Sociedad de Socorro hiciera una investigación para determinar qué clase de material para leer es disponible a la juventud en los bogares de los Santos de los Últimos Días. Espero que tal investigación no nos sorprendería; pero, por otro lado, no me sorprendería si encontraran algo de esta literatura mundana y obscena.

Tienen una grande responsabilidad de aconsejar a las madres de Israel a que provean el material propio para leer. Porque las cosas que leemos llegan a ser los pensamientos que tenemos, y los pensamientos que tenemos, en algún tiempo futuro, son expresados en obras buenas o malas.

Es glorioso enseñar a nuestros hijos a usar palabras buenas. Estoy pensando de el tomar el nombre del Señor en vano y el uso de la profanidad. Y la profanidad se use ahora comúnmente entre las mujeres así como entre los hombres. Cuando un niño oye a una madre usar una palabra que no es expresiva de cultura, es posible que la recordará y usará.

Algunas personas que tienen buena educación y parecen haber tenido buena instrucción cultural, fracasan en esta cuestión de escoger las palabras debidas.

Recuerdo de una experiencia que tuve mientras viajaba a la Estaca de Seattle de conocer a una señorita que se sentaba en el asiento al otro lado del mío en el tren.

Después de conversar con ella decidí que era inteligente, tenía cultura, y una buena mente. Me informó que se había graduado en una de las universidades de Montana. Después fué a la otra orilla del coche y comenzó a jugar a la baraja con unos soldados. En el curso del juego ha de haber hecho un error, y cuando se le llamó la atención a ello gritó unas malas palabras, unas palabras que no había oído desde mi juventud cuando teníamos mulas. En verdad, había olvidado de esas malas palabras hasta que esta señorita que se suponía tener cultura y educación usó el lenguaje de lo más bajo.

Un poco después vino a donde yo estaba. Tomando su asiento, me dijo con mucha timidez: “Creo que estoy en la perrera”.

Le respondí: “No, de ninguna manera”, pero pensaba a mí mismo, ningún perro respetable le admitiría en su casa.

Así que esta cuestión de escoger palabras buenas en nuestra niñez y adolescencia es de mucha importancia.

Las madres de Israel deben ser bondadosas. La bondad es la esencia del espíritu de Dios, y en cualquier hogar donde no abunda la bondad encontramos al espíritu negativo, el espíritu que produce desprecio, ira, y críticas. Sin embargo estoy seguro que en el hogar de cada verdadera madre de los Santos de los Últimos Días, la influencia que predomina es la de bondad.

Madres de los Santos de los Últimos Días deben ver que sus hijos siempre estén ocupados. Si hay una maldición en el mundo en la actualidad es la de la ociosidad. Tenemos demasiado tiempo libre. El tiempo libre produce la ociosidad, y la ociosidad conduce a personas, ambos jóvenes y ancianos, por caminos que causan dificultades. El recreo—sí, en el lugar debido y en el hogar bajo la dirección del padre y la madre, donde los padres participan. Llega el tiempo cuando la juventud crece y busca recreo fuera del hogar. Cuando esto sucede, deben encontrar recreo primeramente en el barrio o la rama, donde los ideales de los Santos de los Últimos Días son apoyados bajo la supervisión del Sacerdocio de Dios.

Desafortunadamente hay entre nosotros centros de diversión, que no son fomentados por la Iglesia, donde se les dice a los jóvenes, “Aquí está el basquetbol y aquí está el equipo que se necesita para cualquier otro juego que les gustaría jugar, y aquí encontrarán cigarrillos”.

Espero que las madres de Israel vigilen hasta tal grado que cuando salen sus hijos e hijas sabrán a qué lugar van, y que hagan todo lo posible para persuadirles a que no vayan a lugares donde se usa el tabaco o el alcohol.

Madres en Israel, enseñen a sus hijos la ley de virtud tal como es ensenada por la Iglesia Restaurada de Jesucristo. Hay sólo una norma para hombres y mujeres, y antes de perder uno su virtud, sería mejor perder la vida, porque así morirá limpio a la vista de Dios.

Ninguna nación puede perdurar cuando sus ciudadanos llegan a ser inmorales, porque la inmoralidad lleva consigo todas las debilidades que destruyen la fuerza espiritual, física, y mental. El Señor declaró al Profeta José Smith, “Tendré un pueblo limpio, y los castigaré hasta que se purifiquen ante mí”.

Espero que Israel nunca será castigado por el Señor por causa de impureza, sino que por vivir la ley de castidad tal como Dios nos lo ha mandado se podrá decir de nosotros que somos un pueblo peculiar. Cualquier Pueblo qué es amable, limpio, y tiene los más altos ideales de virtud es un pueblo peculiar. Podemos ser un pueblo peculiar si vivimos de acuerdo con nuestros convenios con el Señor. Seremos limpios y leales a nuestros esposos o esposas; no solamente seremos compañeros en esta vida, sino por todas las eternidades venideras.

Madres en Israel, consideren la fe en Dios, la obediencia a sus mandamientos, la virtud, la industria, la frugalidad, el cuidado de la familia, palabras de sabiduría dadas en el espíritu de bondad, enseñanzas del evangelio, y si hacen todo esto vigilarán sobre los hogares de los Santos de los Últimos Días la clase de madres que Dios quiere que sean las madres de Israel, la clase de madres que se pueden describir mejor en las palabras de Elbert Hubbard:

Para hacer un hogar se requieren dos. El primer hogar se hizo cuando una mujer meciendo un nene en sus brazos cariñosos, cantaba arrullos. Toda la tierna sentimentalidad que damos al hogar es por causa del pensamiento sagrado de que vivimos allí con otra persona. Es nuestro hogar. Los amantes hacen un hogar así como los pájaros hacen un nido, y a menos que el hombre conozca el encanto de este divino don, es difícil comprender cómo puede conocer lo que es un hogar, porque, de todas las bendiciones, ningún don se iguala a el compañerismo benévolo, confiable y cariñoso de una buena mujer.

Que Dios les bendiga y les apoye siempre, ruego humildemente en el nombre de Jesucristo, Amén.

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