Naturaleza Sagrada del Convenio del Matrimonio Eterno

Conferencia General, Octubre 1949

Naturaleza Sagrada del Convenio
del Matrimonio Eterno

Por Joseph Fielding Smith
del Consejo de los Doce
Liahona Febrero 1950

“Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.

“Entonces se llegaron a él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

“Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo.

“Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne.

“Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparta el hombre”. (Mateo 19:2-6)

Deseo llamar vuestra atención, en primer lugar, al hecho de que el Señor ha declarado que cuando se unen en matrimonio un hombre y una mujer, conforme con el plan del Señor, y por autoridad de él, se convierten en uno, una carne; y nada hay en este mandamiento que indique en lo mínimo que es válido únicamente hasta que la muerte los separe. En estas palabras el Señor está enseñando que el matrimonio es eterno, pues dice:

“. . .No son ya más dos, sino una carne’’. Debemos tener esto presente.

Deseo ahora leer más de estas instrucciones que dió a los Fariseos:

“Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?

“Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: más al principio no fué así”. (Mateo 19:7, 8)

Quisiera que ahora observaseis los convenios que hacen un hombre y una mujer cuando los casa el Señor, o un siervo del Señor, oficiando por medio de su autoridad. El Señor nos lo ha revelado, y lo hallaréis en las Escrituras. Deseo leer de la Sección 76 de las Doctrinas y Convenios, versículos 54 a 60. El Señor, refiriéndose a los que guardan sus convenios y son fieles y verdaderos y sellados por el Santo Espíritu de la Promesa, dijo: “Ellos son la Iglesia del Primogénito.

“Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas.

“Son sacerdotes y reyes, quienes han recibido de su plenitud y de su gloria,

“Y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fué según el orden de Enoc, que fué según el orden del Hijo Unigénito. “De modo que, como está escrito, ellos son dioses, aun los hijos de Dios” “Por” consiguiente, todas las cosas son suyas, sea vida o muerte, cosas presentes o cosas futuras, todas son suyas, y ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios.

“Y vencerán todas las cosas”. (D. y C. 76:54-60)

Esta es la doctrina que el Señor enseñó a estos Fariseos críticos. Es la doctrina que enseñaron sus siervos los profetas. Y Pablo dice, en su epístola a los santos romanos:

“Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; más si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.

“Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; más habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.

“Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

“Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

“Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios”. (Romanos 8:13-19)

Quisiera que todos mis buenos hermanos y hermanas que se han casado en el templo jamás se olvidaran de las grandes bendiciones que les fueron conferidas: que el Señor les ha dado, mediante su fidelidad, el derecho de llegar a ser sus hijos e hijas, coherederos con Jesucristo, pues, como se dice aquí, todo lo que el Padre tiene.

Y sin embargo, hay miembros de la Iglesia que no comprenden esto; y después de haberse casado por tiempo y por todas las eternidades, luego que se hacen miembros de la Iglesia del Primogénito, recibiendo la promesa de la plenitud del reino del Padre, permiten que entren cosas en sus vidas que provocan la disensión y la separación. Y se olvidan que han hecho convenio, el uno con el otro, por tiempo y por todas las eternidades; y no sólo eso, sino que también han hecho un convenio con su Padre Celestial; y quiero deciros, mis hermanos y hermanas, no es fácil violar un convenio que hemos hecho con nuestro Padre Celestial. Sin embargo, esto es lo que hacen.

Esto me ha impresionado en esta ocasión particular, porque se me han presentado tantos casos. No tengo tiempo para entrar en los detalles de estos asuntos, más deseo llamar vuestra atención a dos casos que recientemente se me han presentado.

En una ocasión, al concluir una conferencia en una de las estacas, vino a mí un hermano para pedirme consejo que no quiso aceptar cuando se le dió. Lo que quería no era un consejo, sino confirmación. Dijo que él y su esposa se habían cansado el uno del otro. Ella era una mujer buena. Está cumpliendo con sus deberes religiosos. El afirmaba ser un hombre bueno; y el presidente de su estaca, cuando hablé con él más tarde, me dijo que era un buen hombre. Pero, ¿cómo pueden ser buenos si quieren separarse y despreciar todas estas bendiciones gloriosas que les darían glorias divinas, cual se aclaran en las revelaciones que les he leído? ¿Cómo podrían ser buenos? Mis hermanos y hermanas, quiero deciros que jamás habría un solo divorcio en esta Iglesia, si el esposo y la esposa estuviesen guardando los mandamientos de Dios.

Antes que pasara esa semana, se me presentó otro caso parecido a este, en que un hombre y una mujer que se habían casado en el templo por tiempo y por todas las eternidades, estaban cansados el uno del otro. Han criado una familia. Ahora él quiere irse por su camino, y ella por el suyo. Pero quieren ser amigos, no hay sentimientos ni rencor entre ellos. Simplemente se han cansado. Quieren un cambio. ¿Tienen el espíritu del evangelio en sus corazones? Os digo que no, o no estarían cansados el uno del otro. No puede ser así. Se  cansaron de vivir los principios de vida eterna. Un hombre no se cansaría de su esposa si tuviese el amor de Dios en su corazón. Una mujer no se cansaría de su esposo si tuviera en su corazón el amor de Dios, el primero de todos los mandamientos. Jamás lo haría. Luego hay que considerar los niños. El hogar se desbarata. Los padres se divorcian y entonces quieren tal vez que sea cancelado su matrimonio en el templo. Desean casarse con algún otro. En este hogar desbaratado, ¿qué va a ser de los padres? ¿Qué va a ser de los hijos? ¿Acaso los hijos no tienen derechos? Si los padres se separan, cada cual sigue su propio camino, pero quieren seguid siendo amigos. Y luego esperan casarse otra vez por tiempo y todas las eternidades, y entrar en el reino celestial de Dios para recibir todas las bendiciones de la exaltación. ¿Lo merecen? Si entiendo bien estas escrituras, no lo merecen. Por supuesto, hay casos peores que estos. Hay algunos, quizá, donde se puede justificar a una mujer que busca alivio separándose de su esposo brutal que vive según la carne, cuya incontinencia es tal que amarga la vida de ella; y no está guardando los mandamientos que le fueron dados cuando se casaron en el templo por tiempo y todas las eternidades, porque debe amar, respetar y cuidar de su esposa con toda la humildad, toda la fe y entendimiento del evangelio de Cristo. Y el evangelio de Jesucristo no es carnal.

Tengo aquí unas palabras del presidente Brigham Young que quisiera leeros:

“Sé que ustedes, buenas hermanas, se incomodan, se disgustan y muchas veces pierden la paciencia con sus esposos, y a veces con razón. No siempre son tan considerados con vosotras como deberían serlo; pero si os están manteniendo, son buenos con vosotras y os tratan bien, permaneced con ellos.”

Esto es lo que el presidente Young dijo, y también añadió:

“Me parece que algunos han enseñado que así como entra en su descanso el cuerpo, en igual manera se levantará en la resurrección, con todos los impedimentos e imperfecciones que tiene aquí; y si un esposo no ama a su esposa en este mundo, no podrá amarla en el venidero. Esto no es cierto. Aquellos que alcanzan las bendiciones de la primera resurrección, o sea la celestial, serán puros y santos y perfectos en cuanto al cuerpo. Todo hombre y mujer que llega a este inefable estado será tan hermoso como los santos que rodean el trono de Dios. Si por medio de vuestra fidelidad en esta vida podéis lograr el derecho de levantaros en la mañana de la primera resurrección, no habéis de temer que la esposa estará desconforme con su esposo o el esposo con la esposa, porque los de la primera resurrección se hallarán libres del pecado y de las consecuencias y poder del pecado. Este cuerpo “se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen celestial”.

“Dios ha cumplido con su parte de poner a nuestro alcance la gloria y felicidad celestiales, dándonos los medios por los cuales podemos lograrla; y si llegamos a poseerla, tendrá que ser por sujetarnos a los medios que se han proveído. Dios ha dado a los hijos de los hombres dominio sobre la tierra y sobre todas las cosas que son de la tierra, y les ha mandado que las ajusten y se santifiquen delante de él, y que también santifiquen y embellezcan la tierra por medio de su industria, y por su prudencia y habilidad que viene de Dios. Recibir el evangelio, y creer, y disfrutar de él en el espíritu es la parte más sencilla de la obra que los santos de los últimos días tienen que aprender a efectuar.

“Dios ha hecho al hombre señor de todas las cosas aquí abajo, y es la misión del hombre hacer que todas las cosas se sujeten a Dios, sujetándose él primeramente a la voluntad de Dios, y entonces sujetando todas las cosas que él domina en su tiempo y orden. La voluntad de Dios es la vida eterna para sus hijos y todo lo que ellos dominan”. (Journal of Discourses, tomo 10, págs. 24-25)

Que el Señor os bendiga, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Naturaleza Sagrada del Convenio del Matrimonio Eterno

  1. Martin dijo:

    Que potente y claro mensaje me da verguenza el ser tan finito de entendimiento gracias doy al Señor por sus lideres inspirados que dan luz a todos los que con verdadero propocito la buscan .

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s