Escogeos hoy a Quien Sirváis

Conferencia General, 3 de abril de 1949

Escogeos hoy a Quien Sirváis

Por Presidente David O. McKay
de la Primera Presidencia.
Liahona Febrero 1950

“Escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esa otra parte del río, o a los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis; que yo y mi casa serviremos a Jehovᔑ. (Josué 24:15).

Aprecio profundamente, hermanos, la responsabilidad de este momento, al dirijirme a este gran auditorio presente aquí y al que escucha a través del aire. Ruego que me extiendan vuestras oraciones y simpatías.

Me regocijo con vosotros en presencia del Pte. Smith en esta conferencia. Estoy agradecido como vosotros por el progreso de la Iglesia. Su crecimiento en las estacas y misiones es muy satisfactorio. Como el presidente Smith ha indicado, entre los hombres y mujeres del mundo que saben reflexionar, los propósitos de la Iglesia son mejor entendidos, resultando en una disminución del prejuicio. Son más adecuados los medios de la Iglesia para promulgar el evangelio restaurado de paz, amor y hermandad universal por el mundo entero.

Sin embargo, el enemigo está obrando también. Es astuto y sutil y busca cada oportunidad para socavar los cimientos de esta Iglesia atacando en cualquier parte donde puede debilitar o destruir.

La Escritura que leí a manera de introducción la reconoceréis como la resolución inalterable de Josué cuya nobleza de carácter y dirección sobresaliente le resultaron en el título de “el siervo de Jehová”. Poco antes de su muerte, hizo una llamada a Israel “que se apartasen de los dioses falsos” que estaban entre ellos a fin de ser fieles y obedientes al Dios de Israel. Evidentemente el pueblo de la época de Josué, eligió sabiamente, porque, se nos relata, que Israel

…sirvió a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué.

A cada persona normal Dios ha dado “la libertad de elección”. Nuestro progreso moral y espiritual depende del uso que hacemos de esa libertad.

La verdadera prueba para cualquier Iglesia o religión está en la clase de hombres que produce. Estoy muy gozoso y profundamente agradecido por la alta calidad de la juventud que se encuentra en la Iglesia hoy en día como ha sido indicado recientemente por un informe de los exámenes médicos de 6.556 futuros misioneros, previo a su partida hacia las misiones.

En 1946 se examinaron 2.263. En 1947, 2.134; igualmente en 1948, 2,159, o un total, como he mencionado, de 6.556. De estos, 6.554 mostraron reacciones negativas, sólo en uno, en 1946 y en otro en 1947 fueron positivas — uno en más de tres mil.

Pero como dije, hay otros informes más inquietantes — informes de las influencias de ideales falsos. Me parece que es eso lo que Josué tuvo realmente presente, cuando habló de los dioses falsos, si se aceptan, son aún más destructivos de la espiritualidad que lo que era la adoración de los dioses de los amorreos.

Estos informes se refieren a “farras” de la juventud de la Iglesia, clubes censurables, para no decir lascivos, que han sido organizados entre cierto grupo: las acciones de señoritas cuyos padres les permiten venir a la ciudad para presenciar deportes sin ser acompañadas. Estos informes nos hacen creer que algunos de los padres y los jóvenes merecen ser amonestados contra las prácticas malas, por seductoras que parezcan; indulgencias que terminan solamente en desilusión y tristeza.

No hay duda que la guerra y la ciencia materialista han tenido una influencia desvirtuadora sobre nuestra juventud. Un crítico ha dicho: “El interés en sí mismo queda como único motivo y placer, como el único fin de la vida”.

Es el deber de los padres y de la iglesia no sólo enseñar sino también demostrar a la juventud que el vivir una vida de verdad y pureza moral trae gozo y felicidad, mientras que de la violación de las leyes morales y sociales resulta solamente descontento, tristeza y, en casos extremos, degradación.

Hay un relato, que muchos conocerán, de un pintor que fué ocupado para pintar un mural en una catedral de un pueblo de Sicilia. Por muchos años el pintor trabajó esmeradamente, hasta que finalmente el cuadro quedaba terminado menos las dos figuras más importantes, el niño Jesús y Judas Iscariote. Buscó en todos lados los modelos para estas dos figuras.

Un día mientras caminaba por una parte vieja de la ciudad encontró unos niños jugando en la calle. Entre estos había un niño de doce años cuya cara tocaba el corazón del pintor. Era la cara de un ángel — muy sucia, indudablemente, pero la cara que precisaba.

El pintor le llevó consigo a su casa, y día tras día el chico se quedaba pacientemente sentado hasta que la cara del niño Jesús estuvo terminada.

Pero el pintor no podía encontrar un modelo para Judas. Por años — obsesionado por la triste idea de que su obra maestra quedaría sin terminar — continuó su búsqueda.

Una tarde, en una taberna, el pintor vió entrar por la puerta y caer luego al suelo, pidiendo un vaso de vino, la figura de un hombre flaco y mal vestido. El pintor lo incorporó y miró una cara que le dió sorpresa; parecía llevar las marcas de todos los pecados de la humanidad.

“Ven conmigo”, le dijo el pintor, “te daré vino, alimento y vestidos”.

Al fin había encontrado un modelo para Judas. Por muchos días y partes de muchas noches el pintor trabajó apuradamente para completar su obra maestra.

En el curso del trabajo un cambio sobrevino al modelo. Una extraña tensión reemplazaba el estupor y languidez y sus ojos ensangrentados se clavaban con horror sobre su retrato pintado. Un día, percibiendo la agitación del sujeto, el pintor hizo una pausa en su obra para decir: — “Mi hijo, me gustaría ayudarte. ¿Qué es lo que te molesta tanto ?’’

El modelo sollozó y escondió la cara en las manos. Después de un rato’ alzó los ojos suplicantes a la cara del pintor.

—“¿No me recuerdas entonces?

¡Años atrás fui tu modelo para el niño Jesús!”

En realidad, el relato puede ser cierto o puede ser ficción, pero la lección que enseña es realmente de la vida.

El hombre disipado había elegido mal en su juventud, y buscando gratificación por la indulgencia se hundía más y más hasta que se perdió por completo.

Mis hermanos, recientemente me encontré con un individuo similar a este desafortunado — un hombre con ojos vidriosos y rasgos disipados que conocí años atrás como un joven inteligente de mirada franca, un provenir promisor.

El hombre tiene una doble naturaleza; una relacionada con las cosas terrenales o animales de la vida. Sea que un hombre quede satisfecho dentro de lo que designamos como el mundo animal, satisfecho con lo que el mundo animal le puede proporcionar, cediendo sin esfuerzo al capricho de sus apetitos y pasiones y penetrando más y más en el ámbito de la indulgencia, o sea que, por voluntad, se eleve hacia los goces espirituales, morales e intelectuales depende de lo que elija diariamente, hasta de lo que elija cada hora de su vida.

“El hombre tiene dos creadores”, dice Willianl Gerge Jordán, “su Dios y sí mismo. El primer creador le provee con la materia prima de su vida — las leyes y el consentimiento, de los cuales forjará esa vida deseada. El segundo creador — el hombre mismo — tiene poderes maravillosos que raras veces comprende. Es lo que un hombre hace de sí mismo lo que es importante”.

No hemos de cerrar nuestros ojos al hecho de que demasiados de nuestros jóvenes responden al llamado de lo físico, porque aparenta ser la cosa natural y fácil de hacer. Demasiados están buscando en vano el atajo a la felicidad. Se debe tener en mente siempre que lo que es más provechoso en esta vida requiere esfuerzo, esfuerzo tenaz.

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hallan.

Tanto como en la antigüedad, hoy también hay los que prefieren jaranear en lo que el Pte. Jorge Alberto Smith ha designado como “el territorio del diablo” en vez de procurar obtener las mejores y más altas cosas de la vida. Las personas que condenan su voluntad al servicio de sus apetitos sufrirán los castigos. En las palabras de Charles Wagner:

“Deje que sus necesidades le gobiernen, mímeles — las verá multiplicarse como insectos en el sol. Mientras más se les da, más piden. Carece de sentido común el que busca la felicidad sólo en la prosperidad material”.

Se dice que un emperador romano ofreció una recompensa al que inventara un nuevo placer. Nerón prendió fuego a Roma por el mero placer de encontrar una nueva forma de diversión. Roma decayó a causa de la extravagancia, el lujo y la disipación. En la vida personal, tanto como en la vida nacional, éstas son señales seguras de declinación y decadencia. Verdaderamente.

…el que siembra para su carne, de la carne segará su corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gal. 6:8).

En sus deseos de divertirse, muchas veces es una tentación para la juventud participar de aquellas cosas que sólo excitan la vileza de la humanidad, siendo cinco de las más comunes: Primero, la vulgaridad y la obscenidad; segundo, el beber de licores y la intimidad exagerada entre los sexos; tercero, la incontinencia; cuarto, la deslealtad; y quinto, la irreverencia.

La vulgaridad es a menudo el primer paso en el camino hacia la indulgencia. Ser vulgar es ofender el buen gusto los sentimientos refinados. Un joven que en la presencia de damas relata un chiste vulgar descubre una naturaleza que tiende hacia lo que es bajo y grosero. Una señorita que lo tolera riéndose de él, está dando un paso hacia lo que es rudo e inculto.

La mayoría habrá leído la denuncia a este vicio hecha por David Starr Jordán. Concluye diciendo:

Encontramos la contaminación de la vulgaridad en todas partes, y su ponzoña entra en cada hogar. Las carteleras de nuestras ciudades están cubiertas con su evidencia; nuestros diarios están impregnados con su vileza; los libros de cuentos están ennegrecidos por ella; y no la podemos eliminar de nuestros hogares, de las iglesias, o de los colegios.

Hay sólo un paso de la vulgaridad a la obscenidad. La secretaria ejecutiva de un comité nombrado para restringir la distribución de literatura indecente dejó sobre mi escritorio, hace pocos días, un cuadro de los más obscenos, hecho secretamente aquí, en la ciudad, y vendido a nuestros jóvenes a un precio nominal. La mejor manera de librar la sociedad de semejante grosería consiste en que los padres, los negociantes y especialmente todos los jóvenes, decentes rehúsen tolerarla y en que denuncien los vendedores a los oficiales de la ley.

Es justo, y hasta esencial, para la felicidad de nuestra juventud, que se reúna en fiestas sociales, pero es un índice de una baja moralidad cuando para lograr el entretenimiento debe recurrirse al estímulo físico y a la degradación. Tal indulgencia debilita el carácter, deshonra el nombre de la familia; priva a su futuro marido o esposa de un tesoro sin precio, y siembra simiente que puede madurar en la fruta amarga de los celos maritales, la infelicidad y el divorcio. Una señorita que sacrifica el respeto a sí misma por la popularidad social, degrada el verdadero carácter de la mujer.

Un carácter intachable, fundado sobre la habilidad de decir no en presencia de los que se mofan y se burlan, gana el respeto y el amor de las personas cuya opinión es de más valor. Las “farras” forman un ambiente donde el sentido moral se pone insensible y las pasiones desenfrenadas dominan. Es entonces fácil dar el paso más bajó en la desgracia moral.

La prueba para la verdadera mujer es cuando se enfrenta inocente ante la corte de la castidad. Todas las cualidades son coronadas por esta virtud de las más preciosas que pertenecen a la verdadera mujer. Es la parte más vital de los cimientos de un matrimonio feliz. Existe una idea general en todo el mundo que los varones pueden satisfacer sus apetitos, pero que las jóvenes deben ser acompañadas y protegidas. Pero hasta en este asunto de escolta hay demasiado descuido de parte de los padres, de confiar en informes recientes.

En la Iglesia de Jesucristo hay sólo una norma de moralidad. Ningún joven tiene más derecho de satisfacer sus apetitos que una señorita. Se espera que el que viene al obispo por una recomendación para que pueda llevar una señorita pura al altar del matrimonio extienda esa misma pureza que desea recibir.

Una mujer coronada de la virtud es la “dádiva más alta, más sagrada y más preciosa al hombre”, exceptuando la salvación ofrecida en el evangelio, de la cual forma parte. Pero una mujer que vende su virtud “es una de las vergüenzas grandes para el hombre”.

Cuando, en lugar de altos principios morales, se elige una vida de indulgencia inmoral, y un hombre o una mujer desciende a un nivel bajo en la escala de la degeneración, la deslealtad ser una parte inevitable de su naturaleza. La lealtad a los padres se extingue; se abandona la obediencia a sus enseñanzas e ideales; la lealtad hacia la esposa y los hijos queda tapada por la gratificación degradante; la lealtad a la Iglesia es imposible, y a menudo se reemplaza por mofas para con sus enseñanzas, lo que significa que el mofador “queda para dar coces contra el aguijón y para combatir contra Dios”.

En esta etapa, la irreverencia es una consecuencia inevitable, una señal segura de la debilidad moral. Ningún hombre irá lejos si se mofa de cosas sagradas.

Dije en el comienzo que el hombre es un ser de doble entidad — una física y otra espiritual, pero su naturaleza espiritual es la parte de mayor importancia. La tragedia real de seguir los ideales falsos en que estos se asfixian y a veces suprimen la espiritualidad por completo.

El cuerpo con sus cinco o más sentidos, con sus apetitos y pasiones, es esencial para la vida y la felicidad, pero en el último análisis es solo el medio hacia un fin más alto. Cuando el hombre hace de la propia regalía su único fin, frustra el propósito mayor y desciende a la sensualidad. “Escogeos hoy a quien sirváis’’.

Hermanos y hermanas, la espiritualidad es la conciencia de la victoria sobre uno mismo, y la comunión con el Infinito. La espiritualidad impulsa a uno a conquistar dificultades y adquirir más y más fuerza. Una de las experiencias más sublimes de la vida es sentir el desarrollo de las facultades y el ensanchamiento del alma por medio de la verdad.

El ser “honrados, “verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y el hacer bien a todos los hombres”, son atributos que contribuyen a la espiritualidad, el desarrollo más alto del alma. Es “lo divino del hombre, la dádiva suprema que le hace rey de todas las cosas creadas, que le alza por sobre los otros animales”.

Es divina esa admonición y promesa dada a José Smith: “. . .deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente”; — una declaración maravillosa—

…entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

El Espíritu Santo será tu compañero constante; tu cetro será un cetro inmutable de justicia y de verdad; tu dominio, un dominio eterno, y sin ser obligado correrá hacia ti para siempre jamás. (Doc. y Con. 121:45-46).

Que Dios nos ayude a cumplir con esa admonición y a seguir los ideales de la Iglesia de Jesucristo, establecida por revelación directa en este día, lo ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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2 respuestas a Escogeos hoy a Quien Sirváis

  1. Martin dijo:

    Caramba gracias Señor.

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  2. Martin dijo:

    Gracias por la claridad.

    Me gusta

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