Atacando Desde Adentro

Atacando Desde Adentro

por Élder Alberto E. Bowen
del Concilio de los Doce.
(Sermón que pronunció en la despedida de los graduados de la Universidad, de Brighani Young el día 12 de junio de 1950).

El Cristianismo nunca ha sido tratado con facilidad. Fué rechazado por los judíos. Fué proscrito por el imperio el cual le dió su origen. Fué resistido por el devoto de los Griegos y las filosofías de los romanos. Ha tenido que combatir los discípulos de la Edad de las Razones, los romanceros, los científicos. Hoy ha sido empeñado en las listas con otros, aquellos ordenados al servicio.

Una docena de años pasados un divino eminente deploró lo que él describió como un alejamiento de la religión cristiana. El hizo una petición elocuente por el regreso de aquéllos desviados. El hizo esto porque fué movido de tristeza al descubrir que no estaban contentos en su ateísmo porque ellos estaban hallando que habiendo renunciado su fe, eran cortados de las amarraduras que les habían dado significado y propósito a sus vidas. Ellos habían rechazado su religión pero no habían rechazado la importancia de ella y andaban buscando algo para que el universo y sus vidas fueran de significación.

El atribuye el alejamiento de su fe a lo que él dice que es una falta de religión de no estar en paso con el avanzamiento del conocimiento, y él los invita que vuelvan con la seguridad de que ellos pueden volver a la iglesia sin aceptar lo que él llama las antiguas creencias increíbles la causa de su descarrilamiento.

El desea ignorar las doctrinas básicas en la cual la Iglesia cristiana fué fundada. En este sentido los hombres pueden ser buenos cristianos sin tener una creencia en Jesucristo como el Hijo de Dios ni en su resurrección de los muertos. Esto quiere decir que uno puede colgar su fe cristiana en el progresa de la obra de la humanidad.

En vez de que la religión nos sea una guía para conducir y una medida de valor, debe ser empleada al vivir de la sabiduría de la humanidad.

Hace un año que otro que fué ordenado al ministerio del cristianismo y que había ocupado algunos puestos de pastor, abiertamente repudió la noción de que el cristianismo hace alguna pretensión o supremacía como religión. El desecha completamente a Dios y no hace mención alguna de Jesucristo. Estos hombres son típicos de un número grande que varían desde el que reclama la completa renunciación, hasta la adhesión al nombre mientras repudian la substancia vital de la fe cristiana. Ambos son partidarios del credo humanístico, un credo que hace hombre, en lugar de Dios, el creador de todo entendimiento y el mediador de todo valor.

Dios es el creador de los hombres. Uno todavía quiere unirse al cristianismo. El otro desea arrojarlo. El último parece ser más consistente. Él nos dice claramente que “todas las ideas pertenecientes a Dios son hechas de hombres. Todas las instituciones de religión son creaciones humanas”.

“No son eternas”. Crecen en un tiempo o período particular en la historia de la humanidad, “cuando el hombre sintió su desamparo, su futilidad, y dió la tarea de realizar su ideal al poder sobrenatural”.

No hay nada particularmente nuevo en esto. Durante el curso de la historia del cristianismo, la iglesia cristiana ha tenido que afrontarse al conflicto entre sus enseñanzas de la autoridad suprema de Dios y su propósito concerniente al hombre y la noción de que al hombre es suficiente en sí. La oposición ha venido en diferentes formas y en diferentes designaciones, como por ejemplo, la última autoridad de razonar, o el naturalismo materialístico. Pero todo el tiempo se han descansado en la suficiencia del hombre sin la intervención de Dios.

Vez tras vez cuando era supuesto que un descubrimiento del hombre, o la conquista de una manifestación de la naturaleza, pudiera destruir la raíz y rama de la religión cristiana, demostrando al hombre como el maestro de cosas, algo ha intervenido para apagar tales ideas. En todo y toda la historia del humanismo no ha sido muy imprevisa. Pero se ha mantenido por los descubrimientos de los hombres, cada uno prometiendo lo que los otros no pudieron producir.

Ha sido una historia de fracasos en su búsqueda de cosas para satisfacer las aspiraciones de los hombres. Su curso ha sido una falta de cumplir sus promesas.

Algunos, por ejemplo, han creído que la curación de las enfermedades de la humanidad estaba en la emancipación política. Esto iba a ser la Revolución Francesa, con el poder político por fin, en las manos del pueblo, un cielo en la tierra fué asegurado en la edad de la razón.

Abbie Sieyes anunció con júbilo que podía ser hecho en quince días. “Como ya es asunto político, una ciencia a la cual me lisonjeo he dominado”. Ustedes ya saben el desilusionamiento trágico.

Lo que la Revolución Política no logró hacer se creyó que la Revolución Industrial la llevaría a cabo. La invención de la locomotora fué esperada para abolir la pobreza.

Cada invención nueva, revelando dominio sobre las fuerzas naturales aumentaron el orgullo del hombre de su propia capacidad. Por haber ganado su independencia de la naturaleza en el Renacimiento hace varios siglos el hombre progresó hasta asumir dominio lo que hallo expresión en la jactancia impía de Swinbaurn; “¡Gloria al hombre en las alturas! ¡Porque el hombre es el maestro de todas las cosas”. Esto ha sido el curso del extremo humanismo.

Instrumentos de producción, comunicaciones, comercio extranjero, los cuales (según pensaban) iban a hacer desaparecer la guerra; todos estallaron ante los pensamientos humanísticos. En los tiempos de la Reina Victoria, fué dicho que “la ciencia ha hecho a Dios innecesario”. Sin embargo, hace apenas unos años Millkan escribió: “el día se ha ido cuando cualquier físico piensa que entiende los fundamentos del universo físico como habíamos pensado que los entendíamos en el siglo diecinueve. Los descubrimientos de nuestra generación nos han enseñado una lección sana de humildad, maravilla y gozo en el universo hasta ahora incomprensible”. ¿Cuánto más profesaría él ahora humildad en vista del conocimiento actual concerniente al organismo asombrosamente complicado?

Curtís, después de hablar del día cuando los científicos miraban con confianza hacia una teoría (ahora abandonada) de mecanismo absoluto, con la mente, el cuerpo y el alma el resultado de una acción química y física, dice: “el fenómeno más maravilloso es la mente y la personalidad dirigiendo, controlando, creando …personalmente no puedo concebir de una hipótesis que parece tan sencilla y satisfactoria, tan adecuada, tan de acuerdo con los métodos de experiencia científica, como estas conclusiones las cuales comunmente llamamos religión”.

Ahora si la personalidad y la mente están dirigiendo y controlando y creando en este universo, debe ser una mente más allá y más arriba del hombre. Esto indica propósito, porque no puede haber una mente creando ni dirigiendo sin que tenga propósito.

A pesar de esto y de la desilusión de las dos guerras que pulverizaron la noción de lo bueno que es la humanidad y la confianza en el progreso automático, el autor al cual ha hecho referencia arriba, atribuyendo las faltas pasadas y asombrosa presunción afirma “que el hombre ahora tiene el conocimiento, los medios, la herramienta, clase de sociedad de la cual sueña; y hacer un mundo de armonía en las relaciones humanas, para que cada individuo pueda tener la oportunidad de tener una vida abundante.

De manera que éste propone una religión nueva para la edad nueva. Esto sería un gran mundo democrático que se compone de un gran mosaico hecho de todas las culturas del mundo en todas las edades, unidas con un solo propósito, un fin, un programa y una sola vista mundial. Fué intencionado ser un cuerpo “secular” sin el clero ordenado, pero guiado por hombres profesionales, abogados, hombres de negocio, científicos, labradores, y artistas — hombres quienes saben cómo tratar los problemas en la luz del método científico. Fué pensado que la teología fuera quitada de ella y todas las instituciones tradicionales de la religión y todas las esperanzas que éstas ofrecen fueran terminadas porque “estas cosas”, dice, “pertenecen a una edad que es muerta”.

Él se llena de gozo al contemplar las glorias infinitas de este nuevo mundo que nacería de la sabiduría madura del hombre. Los líderes seculares de ella “edificarán el ideal para la humanidad hacia la dirección de la vieja meta del mundo componiéndose de amor, justicia, hermandad y paz” Quiere decir que “seremos participantes de una paz magnífica de la cual jamás hemos soñado”.

Todo esto es muy bonito. Maravilloso. Pero vamos a fijarnos en esto:

No hay Dios en tal religión para este nuevo mundo. No existe. En segundo lugar, fue la intención quitar de ella la teología y todas las instituciones tradicionales de la religión.”

Ahora, ¿cuáles son las esperanzas que éstas cosas han ofrecido? Más importante de todo es la esperanza en la resurrección de los muertos, una eternidad de vida más allá de la muerte. ¿Estará satisfecha la humanidad con el derrumbamiento de estas esperanzas? El humanismo no puede ayudar aquí. No tiene nada que ofrecer. Según el humanismo el hombre tiene su fin cuando su corazón deja de trabajar.

Déjenme leer unas deducciones de un hombre muy famoso en el mundo de ciencia, el Doctor, Arthur H. Compton, profesor de medicina, (la ciencia que enseña a evitar y curar las enfermedades del cuerpo humano), de la Universidad de Chicago y el ganador del Premio Nobel de medicina en. . . 1928: “No hay ninguna razón para suponer que el alma muere con el cuerpos. . . Nosotros (científicos) hallamos razones firmes para creer que el hombre tiene importancia extraordinaria en el plan del universo… el desarrollo y la disciplina de la juventud, los esfuerzos y fracasos de la madurez, la soledad y tranquilidad de la vejez. . . de estos se compone el fuego por el cual el hombre tiene que pasar para descubrir el oro puro de su alma. Habiendo sido perfeccionado, ¿qué es lo que la naturaleza puede hacer con él, aniquilarlo? ¡Que desperdicio tan infinito! Mientras hay en los cielos un Dios de amor, debe haber para los hijos de Dios, VIDA ETERNA”.

Pero esto no es todo. En este mundo nuevo, más glorioso que los sueños, el desarrollo completo tan bendito, viene mediante la economía, la sociedad y los procedimientos políticos y se espera de todos los que tienen un talento que los usen para crear valores para todos los hombres, quienes tendrán garantizadas todas las esperanzas de sus corazones. Pero, suponga que haya algunos que faltan en sus obligaciones, ¿entonces qué?

Los economistas, los políticos, los sociólogos y los científicos tienen que tener el poder compulsivo para ver que todos los miembros de la sociedad hagan conforme el programa. Pero, supongamos que los políticos, los sociólogos y los científicos fallarían en cuanto a sabiduría, o llegarían a ser venenosos, corrompidos, o ambiciosos; ¿Entonces qué? me pregunto si no haríamos bien antes de destronar’ a Dios y desterrar a Jesucristo ver las posibilidades de estas consecuencias’.

Es digno de notarse que el propósito de esta nueva religión es de “edificar el ideal para la humanidad hacia la dirección de la vieja meta del mundo componiéndose de amor, justicia, hermandad y paz”. Pero todos estos ideales juntamente con todas las demás virtudes deseables reclamadas por la nueva religión son incluidas en las enseñanzas de Jesús, las cuales han existido en el mundo por 1900 años.

Recuerdo las palabras de Enrique George, cuyos pensamientos económicos, sociales, y políticos son favorecidos hoy día más que cuando por primera vez los propuso: “La ciencia económica política y social”, dice George, “no pueden enseñar ninguna lección que no esté dentro de las sencillas verdades que fueron enseñadas a unos pobres pescadores y labriegos judíos por uno que hace 1900 años fué crucificado”.

El autor se queja de que estos preceptos no han sido desarrollados. Como otras almas impacientes, él piensa que lo que es necesario para hacer trabajar un principio es hacer o crear un mecanismo nuevo en el cual pueda ser utilizado. Pero la naturaleza no obra de esta manera. Esta no es la primera vez, como ya hemos visto, que hombres se han puesto o han querido tener dominio sobre todas las cosas.

No quiero dar la idea de que todo lo que dice el autor debe ser ignorado. Es posible estar de acuerdo con lo que él dice tocante a la falta de la iglesia cristiana de crear las condiciones deseables de paz y buen orden en el mundo y el vivir en armonía de los hombres, pero no nos da razón para estar de acuerdo con sus conclusiones. Hoy día hay un coro de voces de hombres, estudiantes, políticos, hombres de bastante conocimiento, clamando que nuestros problemas de hoy son problemas morales, no económicos ni políticos y que no pueden resolverse sino a base de religión, y sobre todo no se resuelven sobre una base que reduce la religión a solamente un instrumento del estado.

Yo digo que unas de las razones por las cuales los hombres han resistido la creencia cristiana es porque ella no está conforme a sus nociones en cuanto a lo que se debe esperar razonablemente. Por ejemplo, la resurrección de Jesús. Esto es un acontecimiento fuera del alcance de las experiencias del hombre. No es entendido sobre la base de cualquiera cosa que saben. No se puede decir que contradice a ningún principio establecido por el estudio, ni es contrario a ninguna otra ley. Está fuera de la operación de las leyes conocidas.

Quizás no hay una razón más débil para rechazar una cosa que porque solamente no podemos entenderla o probar que es verdad por experimentación. Todos nosotros aceptamos muchas cosas que no podemos entender ni podemos explicar. Muchos de los hechos de nuestras vidas proceden en la asunción de cosas que no podemos entender.

Tal vez la razón por la cual la verdad de la resurrección es rechazada es porque estando fuera de los principios que se pueden entender, está en el reino de lo milagroso o sobrenatural. Y la gente no cree en milagros. Hay, sin embargo, una evidencia abundante de que milagros en ese sentido sí ocurren.

La base de la dificultad es sin duda el concepto que el universo es un sistema mecanístico, con el fenómeno físico ya puesto y pre-determinado con las ocurrencias dentro de esa pre-de-terminación. Pero la teoría mecanística del universo ya no es aceptada. Nos dicen que el “orden del universo es el descubrimiento supremo de la ciencia” y que el fenómeno más maravilloso en él “es la mente y la personalidad creando, dirigiendo y controlando”.

Si la mente está dirigiendo, controlando y creando, entonces, ¿Quién puede decir cuáles serán los límites de esta menté creadora? Parece ser algo vano decir que hay una inteligencia creadora, que dirige y luego decir lo que puede hacer o lo que no puede hacer. Si decimos que hay un Dios, entonces no podemos decir lógicamente que su mano no se mete en los asuntos de este mundo, su misma creación. Es imposible asumir que él creó este sistema gigante y lo puso en operación bajo sus leyes y luego decir que él es guardado prisionero por estas mismas leyes fuera de su propia creación, rindiéndole sin potencia ante el trabajo de sus propias manos.

Si él es el creador de este mundo y del hombre, por cualquier proceso, tendrá un propósito y se puede asumir que él puede hacer todo lo necesario para llevar a cabo ese propósito. Su propósito es constante, y no para ser contradicho. A menos que una exigencia demandando variación de un curso regular se levante entonces, ningún cambio debe esperarse; pero si un acontecimiento afectando el bienestar de la raza demandare un alejamiento de la continuación, entonces no hay ninguna razón lógica porqué no puede suceder. Entonces no habría ningún milagro, sino la operación ordenada de las leyes designadas para efectuar la continuación del propósito.

Parece ser presumido que la aceptación de la noción de un plan divino ordenado prescribiendo el curso de la conducta de la humanidad estorba la libertad de la mente humana y cierra las puertas para la búsqueda de la verdad. Esto parece ser algo extraño venir de alguien que propone ajustar el individuo a una sociedad de humanidad, aunque esté bajo pretensión de una religión para la edad nueva donde las leyes o reglas prescritas deben ser obedecidas bajo compulsión.

Si uno debe por la fuerza conformarse a las leyes humanas con todas sus imperfecciones de administración, ¿por qué se rebela en contra de la ley divina, un medio por el cual podría entrar en el reino celestial? Es error suponer que no hay lugar para el talento de un individuo. La base de la doctrina de Jesús es que los hombres deben ganar por sí mismos en este mundo su propia salvación eterna.

De acuerdo con las enseñanzas de Jesús como las entendemos, la exaltación y la vida eterna del hombre es una empresa en común en la cual Jesucristo, trabajando bajo la autoridad del Padre, y los hombres son los participantes, el Redentor haciendo para el hombre lo que el hombre no puede hacer para sí mismo, y el hombre en seguida, mediante la observancia de las leyes y principios gobernantes y fortificado y sostenido por la comunión de los cielos, obra su propio destino. En ese sentido somos todos humanistas. Jesús también era. En lugar de estar condenado, el hombre es exaltado y la reverencia a Dios y su Hijo es elevada a un plano alto.

Es cierto que al hombre es dado el plan para vivir correctamente, que conduce a su destino si lo sigue; pero dentro de la obra hay trabajo para hacer él mismo. Nada más es un asunto de escojimiento, y hay mucho que él tiene que hacer. Él tiene que aprender a reemplazar lo malo con lo bueno, el miedo con la confianza, substituir amor por odio, hacer a otros lo que quisiera que hicieran con él, ser caritativo y sin egoísmo, noble, y bondadoso en lugar de cruel, lleno de venganza y orgullo. Jesús glorificó al pacificador, y al misericordioso y a aquél que es puro de corazón, y a aquél que es manso heredarán la tierra. Estas son virtudes que probarán la capacidad del hombre para mejorar su propia vida.

El amonestó a los hombres en contra de juzgar el uno al otro, amonestándoles que con el juicio que ellos juzgaren serían juzgados. Propuso una parábola para reprender aquel que mirara una mota en el ojo de su hermano mientras que él tenía una viga en su propio ojo.

El enseñó que los hombres deben cultivar un espíritu de perdón, diciendo: “Más si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. El aborreció la insinceridad y los hipócritas. Reforzó esto con una parábola de dos hombres que subieron al templo para orar, uno era fariseo y el otro publicano. El último inclinando la cabeza dijo, “Dios sea propicio conmigo, un pecador”. El otro, dió gracias a Dios que no era como otros hombres y recitó sus virtudes. Pero el Señor dijo que el primero era el que volvió a su casa justificado. Dirá alguno que no hay nada que hacer para desarrollar sus poderes.

Además de esto, todo el reino de conocimiento está abierto para que el hombre lo explore. Dios mismo ha dicho:

“Enseñaos diligentemente, y mi gracia os atenderá, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os es conveniente comprender.

“De cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son, y que pronto tendrán que verificarse; cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también, el conocimiento de los países y los reinos…”. (Doctrinas y Convenios 88:78, 79).

El hombre puede, por el mandamiento divino, buscar en todo el universo la verdad. Para su seguridad se le ha dado la llave como guía. Dios ha revelado para su ayuda las palabras de la verdad en asuntos de importancia. Donde Dios ha hablado esto puede ser la norma por la cual el conocimiento puede medirse. Las cosas no son siempre como se ven, ni tampoco su significado muy claro ante la sabiduría de la humanidad, pero por tanto que la revelación ha sido dada, no hay necesidad de desviarnos. El evangelio de Jesucristo es una religión revelada, no una creación, ni sujeta a cambiarse por disposición de los tiempos cambiables.

Es necesario aprender a leer con discreción. No nada más porque una conclusión u opinión está escrita en un libro, necesariamente quiere decir que es la verdad. Todas las opiniones de importancia vital deben ser aprobadas por la comparación de cosa que ya se saben. Ni tampoco se puede decir que las teorías nuevas son de más valor que las viejas, especialmente si los frutos de la teoría vieja son buenos, ni tampoco la teoría nueva debe ser rechazada nada más porque es nueva.

El asalto actual contra la fe cristiana no viene del campo de la ciencia. Esto ha tenido su día y la religión todavía existe. El ataque hoy es en la validez de los dos textos de ambos el Viejo y Nuevo Testamento. No se debe olvidar que también los críticos tienen sus debilidades y que otros han encontrado errores en sus conclusiones y faltas en sus evidencias. Es sabio leer lo que dicen los críticos y lo que es dicho en contra de ellos.

Debe ser recordado que los historiadores no hacen mención de todos los acontecimientos. Eso sería imposible. La selección debe ser empleada, pero esto es juicio de la humanidad, sujeto a la influencia inclinada y la persuasión. También la interpretación tiene que ver con el conocimiento y la sabiduría que uno tiene. Un conocimiento más amplio lo ha hecho necesario escribir de nuevo la historia.

Por fin, lo que reclama ser la palabra de Dios no puede ser ignorado nada más porque uno no cree que Dios habla con el hombre. Ni tampoco todos los cumplimientos que han sido notados por la religión cristiana pueden ser ignorados ni los testimonios de las experiencias de muchos individuos ser despreciados.

Cuando un crítico empieza con la aserción: “Es imposible para nosotros concebir a un creador incorporado en un solo ser creado. Que la deidad se revela en todas las cosas formadas, conjunto que tenemos que admitir pero que desciende con toda su majestad en un solo ser, — esto nos parece absurdo. Tenemos razón de no estar en conformidad con él y cuestionar su juicio.

Todavía es posible creer en las enseñanzas de Jesús y en sus apóstoles como están en el Nuevo Testamento y al mismo tiempo ser respetadamente intelectuales y hallar compañerismo con la gente inteligente’.

Hay muchos que regresan de lo que se llama ortodoxo o fundamentalismo. Todo esto depende en las definiciones. Nadie puede negar que las enseñanzas de Jesús y sus apóstoles han sido pisoteadas, adulteradas y corrompidas por su asociación con las filosofías griegas y romanas y otras, y también por las vanas glorias y fanatismo del hombre. Si es la intención cortar estos casos y volver a la doctrina de Cristo y la iglesia primitiva entonces es otra cosa.

Debemos ser los últimos en apoyar la pretensión de que la iglesia estaba sin error por la razón de que la existencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días descansa sobre la presunción de que la iglesia antigua había corrompido las doctrinas y había perdido sus poderes y autoridad.

Pero si fundamentalismo quiere decir adhesión a la enseñanza de que Jesús es el Hijo de Dios, el Redentor del mundo y que él fué resucitado de los muertos, entonces somos fundamentalistas y no ofrecemos ninguna disculpa. Sin Cristo no puede haber cristianismo. Pueden tener una religión pero no será la religión cristiana.

Después de todo era el mensaje de Jesucristo y éste crucificado y levantado de los muertos, llevado por un pequeño grupo de pescadores sin riqueza ni poder mundial, mediante el bautismo por fuego de Pentecostés que convirtió a Roma y selló el nombre de Cristo en el mundo occidental. Esta acción no debe ser ingnorada. Lleva más poder persuasivo que todas las exanimaciones metafísicas a las cuales ha sido sujeta la validez de la doctrina.

Mediante la influencia de sus principios básicos el cristianismo ha formado el curso de las naciones occidentales, dándoles sus nobles ideales, sus mejores normas para evaluar la conducta si fuere elevada como buena o condenada como mala, presentando el concepto de la hermandad y el valor y la dignidad del hombre, distinguiéndolo como un ser eterno, así relacionándole directamente con el Padre y el Hijo. Nada puede estabilizar al hombre en su conducta más que tener una vez esa convicción.

La religión cristiana, formó los pensamientos de los hombres y halló expresión en sus modos de adoración y también en los asuntos seculares de sus vidas y en las formaciones de sus propios gobiernos. Es la base de la civilización distintiva y la cultura de las naciones cristianas del mundo.

Alcanzó su cumbre política en los Estados Unidos de América cuyo dogma básico es la santidad y dignidad del individuo y su derecho dado por Dios de ser libre, no recibido como un poder extraordinario de algún potentado o poder sino surgiendo del hecho de que él es un hombre de pensamiento libre, junto con sus semejantes, de los cuales el gobierno derive todos sus poderes justos. Enseñó las doctrinas que hicieron la fe cristiana dar sombra a todas las filosofías extranjeras y hacerse el poder dominante espiritual en el mundo occidental e hizo al hombre occidental dominante en este planeta por 1500 años.

Antes que Musolini o Hitler pudieran corromper a la juventud Italiana o Alemana ellos tuvieron que destruir la creencia en las enseñanzas de Cristo, que por siglos sus países habían enseñado que lo reverenciaran.

Hoy día hay un concierto de voces en América, comenzando desde el Presidente de los Estados Unidos, renunciando a Rusia por su irreligión y su ateísmo. Se atribuye a esta circunstancia el mal que Stalin está infligiendo sobre el mundo. Pero aquí en nuestra propia tierra hombres en lugares altos y en posiciones de mucha influencia, donde ellos pueden formar los pensamientos de nuestra gente, les son dadas alta distinción y aclamados públicamente mientras ellos están ocupándose en denunciar el cristianismo como siendo culpable de arrogancia espiritual e imperialismo religioso. No nada más repudian a Cristo, algunos de ellos siendo ministros del evangelio y profesores de religión, sino niegan a Dios, haciendo a Dios mentira y una creación falsa del hombre. Y así es que la Iglesia cristiana es atacada dentro de su propia casa.

¿Y cuáles son sus frutos? El fiscal de los Estados Unidos ha citado a todos los abogados de todos los distritos judiciales en la nación a organizar una cruzada en contra del crimen sindicado en América; comisiones del Congreso están conduciendo investigaciones para una base para la legislación para la maldad creciente; la prensa diaria nos dice tocante la juventud en Los Angeles, California quienes por capricho o antojo descienden en contra de la gente y las golpean y las abuzan, como el impulso les dice; asesinatos brutales son cosas que ocurren diariamente, niños matan a sus amiguitos nada más por chiste.

J. Edgar Hoover desenvuelve tristes cuentos de disolución, rapiña y robo sin respeto a la ley o a la vida. Y los pastores predican lo crudo y lo primitivo que es la fe en Cristo como el Redentor del mundo. El hado del hombre es sostenido en balance mientras ellos averiguan las glorias de un mundo sin Dios.

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Una respuesta a Atacando Desde Adentro

  1. Martin dijo:

    Interesante.

    Me gusta

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