El Libre Albedrío y sus Implicaciones

Conferencia General, 6 abril de 1950

El Libre Albedrío y sus Implicaciones

por el Presidente David O. McKay
Liahona Abril/Mayo 1950

Con la mayor sinceridad añado mi apreciación con el del Pres. Jorge Alberto Smith por los himnos inspirativos cantados por los estudiantes de la Universidad de Brigham Young, y tan inspirativo como sus cantos es su’ presencia aquí — 320 jóvenes y señoritas dando sus servicios gratuitamente, para la inspiración y edificación de los miembros de la Iglesia quienes están asistiendo a estas conferencias, y de aquellos quienes nos están oyendo por radio.

Me siento inspirado para decir a vosotros, jóvenes y señoritas que no conozco una bendición más grande de la de estar anclados a la verdad, y con esto tengo tres cosas en mente. Primeramente, siempre sentir de seguro que la Iglesia está dirigida divinamente. Segundó, que el Señor ha autorizado a sus siervos y ha puesto sobre ellos el deber de proclamar al mundo la restauración del Evangelio de Jesucristo. Tercero, y más aplicable a todos nosotros, que la inspiración del Señor es una realidad, tan real como el amor que tenemos cada uno de nosotros para nuestros queridos. Jóvenes y señoritas, ¡que Dios os bendiga, que este testimonio sea vuestro tal como es mío este día!

“Recordad, hermanos míos. . ., sois libres; sois permitidos a obrar para sí mismos; porque he aquí, Dios os ha dado un entendimiento y os ha hecho libres”.

Estas palabras tomadas del Libro de Helamán indican apoyo a lo que deseo hablarles esta tarde. Suplico por Su inspiración y vuestra simpatía que pueda yo daros este mensaje según Su voluntad divina.

Segundo al don de vida, el derecho de dirigir esa vida es el don más grande que Dios ha dado al hombre. Entre los deberes inmediatos que descansan sobre los miembros de la Iglesia hoy día, y uno de los más urgentes e importantes para los amantes de la libertad, es la preservación de la libertad individual. El derecho de escoger es de anhelarse más que cualquier posesión que el mundo puede dar. Es inherente en el espíritu del hombre. Es un don divino a cada hombre. Aunque nacido en pobreza, o dotado al nacer con grandes riquezas, todos tienen este don de la vida que es más precioso que los demás — el don del libre albedrío; el derecho inherente de cada hombre.

El libre albedrío es la fuerza motora del progreso del alma. Es el propósito de Dios que el hombre sea como El. Para lograr esto era necesario antes hacerles libres. “La libertad personal”, dice Bulwer Lytton, “es el primer atributo para la dignidad y felicidad humana”.

El poeta habla del valor de este principio como sigue:

“Sabed que el hombre libre está
De escoger lo que será,
Mas Dios la ley eterna da,
Que él a nadie forzará.
El con cariño llamará,
Y luz en abundancia da;
Diversos dones mostrará,
Mas fuerza nunca usará.
La libertad de razonar
Permite al hombre superar!
Quitándole esta libertad,
Ya no es mejor que un animal.”

Con el libre albedrío, viene una responsabilidad. Si el hombre será recompensado por su justicia y castigo por sus iniquidades, entonces la justicia demanda que sea dado el poder para actuar independientemente. Un conocimiento del bien y el mal es esencial para actuar independientemente. Un conocimiento del bien y el mal es esencial para el progreso del hombre en el mundo. Si fuera forzado a hacer el bien siempre, o inducido desesperadamente a pecar, no merecería ni una bendición por el primero ni una maldición por el segundo.

“Por lo tanto”, dijo el Profeta Lehi, “el Señor dejó al hombre en libertad de obrar por sí mismo. De modo que el hombre no podía actuar de por sí, a menos que no fuera atraído por una u otra causa.

“…Así pues, los hombres son libres según la carne: y se les han dado todas las cosas que sean prudentes al hombre. Y son libres de escoger la libertad y la vida eterna por medio de la gran mediación para todos los hombres, o de escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y poder del diablo, quien constantemente trabaja para hacer desgraciados a los hijos de los hombres, tal como lo es él mismo”. (II Nefi 2:16-27) Hay más de eso en II Nefi y a eso les llamo la atención.

De esta manera vemos que las responsabilidades de los hombres corresponden a su libre albedrío. Las acciones que están en armonía con la ley divina, y las leyes de la naturaleza traerán felicidad, y los que van en oposición a la verdad divina, la miseria.

El hombre no solamente es responsable por cada hecho, sino también es responsable por cada palabra y pensamiento ocioso. Dijo el Salvador: “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. (Mat. 12:36)

Cuando era yo joven no quise aceptar esta verdad cuando la oí de mi padre. Recuerdo de haber pensado, “Ni siquiera el Señor sabe de lo que estoy pensando ahorita”. Me quedé sumamente sorprendido entonces, cuando en la universidad leí lo siguiente en la psicología de Santiago con respecto al efecto del pensamiento y la acción sobre el resultado de los humanos en el día de la madurez de sus caracteres. Lo estoy dando para los jóvenes y señoritas en particular:

Estamos tejiendo nuestros propios hados buenos o malos, y jamás para ser desechos. Cada rasgo pequeñísimo de virtud o de vicio deja una pequeñísima huella. Rip Van Winkle, el borracho en la comedia de Jefferson, se excusa repetidamente por sus flaquezas diciendo, “No la tomaré en cuenta esta vez”. Muy bien, él no la tomará en cuenta y un Dios bondadoso quizá no la tomará en cuenta; pero algo la está tomando en cuenta de todas maneras. Entre sus celdas y fibras nerviosas las moléculas la están tomando en cuenta, registrándola y guardándola para usarla en su contra cuando se presenta la próxima tentación científicamente no hay ninguna cosa que hagamos que sea literalmente borrada. Por supuesto esto tiene su lado bueno, tanto como el lado malo.

“Así como llegamos a ser borra-chentos por muchas copas separadas, llegamos a ser santos en el sentido moral, y autoridades y expertos en cuestiones de ciencia etc., por tantos hechos y horas de trabajo. Que ningún joven tenga demasiada ansiedad en la terminación de su educación, en cualquiera línea que sea: si se mantiene trabajando diligentemente cada hora del día, puede con seguridad dejar el resultado a sí. Puede con toda seguridad despertarse alguna mañana para encontrar que es uno de los hombres más competentes de su generación, en cualquier trabajo que haya estudiado.

Silenciosamente, entre todos los detalles de su negocio, el poder de juzgar todas las cosas tendrá que desarrollarse en él como una posesión que nunca se perderá. Los jóvenes deben saber esta verdad de antemano La ignorancia de ella sin duda ha sido la causa de más desesperación en la busca de carreras difíciles que cualquiera otra causa”.

Hay aun otra responsabilidad relacionada con el libre albedrío, la cual no es mencionada bastante a menudo, y esta es no solamente los efectos de las acciones de una persona, sino también el efecto de sus pensamientos sobre otros. El hombre radia lo que es, y esa radiación afecta en cierto grado a cada persona que esté dentro de su alcance.

Del poder de esta influencia personal escribe William George. Jordán:

“En las manos de cada individuo es puesto un poder para el bien o el mal la influencia silenciosa, inconsciente en su vida. Esto es sencillamente la radiación constante de lo que el hombre es en realidad, y no lo que pretende ser. Cada hombre, solamente por vivir, está radiando simpatía, tristeza, gozo, esperanza o cualquiera de centenares de otras cualidades. La vida es un estado de radiación y absorción continua; el existir es radiar; el existir es ser el receptor de una radiación.

“El hombre no puede escaparse de esta radiación de su carácter ni siquiera por un momento, este fortalecimiento o derribamiento de otros. No puede pasar por alto la responsabilidad con el dicho de que es una influencia inconsciente. Puede escoger las cualidades que permitirán ser radiadas. Puede cultivar la dulzura, confianza, caridad, verdad, justicia, lealtad, nobleza — hacerlas activas en su carácter — y con estas cualidades siempre afectará al mundo”.

La libertad del albedrío y la responsabilidad asociada con ella son aspectos de las enseñanzas de Jesús. Durante todo su ministerio hizo hincapié en el valor del individuo, y ejemplificó lo que ahora es expresado en la revelación moderna como la obra y gloria de Dios — “Llevar a cabo la inmortalidad y vida eterna del hombre”. Solamente por medio del don divino de libertad del alma es posible tal progreso.

La fuerza, en la otra mano, viene del mismo Lucifer. Aun en el estado pre-existente del hombre, Satanás buscó el poder de forzar a la familia humana a hacer su voluntad con la sugestión de que el libre albedrío del hombre fuera inoperativo. Si hubiera efectuado su plan, los seres humanos habrían llegado a ser solamente muñecos en las manos de un dictador, y el propósito de la venida del hombre a este mundo se hubiera frustrado. El sistema propuesto por Satanás fué entonces rechazado y se estableció en su lugar el principio del libre albedrío.

La fuerza manda en el mundo hoy día; por lo tanto nuestro gobierno tiene que mantener ejércitos en el extranjero, construir marinas y una fuerza aérea, crear bombas atómicas para protegerse de una nación que parece no escuchar a ninguna otra súplica sino a la fuerza.

La libertad individual es amenazada por condiciones internacionales, animosidad entre las razas y falsas ideas políticas. Legislación imprudente, muy a menudo promovida por la conveniencia política, se está efectuando periódicamente que le roba al hombre su libre albedrío, le quita sus derechos, y le reduce a un engrane de la grande rueda machucadora de regimentación, lo cual, si es continuado, tendrá su fin en una dictadura.

La Carta Magna, firmada por el Rey Juan en Runnymeade el 15 de junio de 1215, era una expresión de una gente amante de la libertad en contra de un rey usurpador. Era una garantía de la libertad personal y civil. Estas garantías llamaron lugar para más uso más tarde en la Constitución de los Estados Unidos, ¡Hoy día, 700 años más tarde, considere lo que está pasando en la Gran Bretaña! Con la nacionalización de las industrias, economía planeada, control de todos los poderes productivos, inclusive las personas y sus propiedades, esa nación de gente amante de la libertad está próxima a llegar a ser un estado totalitario tan dictatorial como al que le quitaron de él los sujetos del Rey Juan. La gente está cambiando su libertad por una igualdad y seguridad vanamente esperada, faltando de realizar que lo más poder que le da al gobierno central, a tal grado se reduce su propia libertad.

Los gobiernos son los siervos, no los amos de la gente. Todos los que aman la constitución de los Estados Unidos pueden jurar con Thomas Jefferson, quien, cuando era presidente, dijo: “He jurado sobre el altar de Dios mantener hostilidad eterna en contra de toda forma de tiranía sobre las mentes de los hombres”. Dijo además: “Para preservar nuestra independencia debemos evitar a nuestros gobernadores cargarnos con una deuda perpetua. Debemos escoger entre la economía y la libertad, o profusión y servidumbre. Si acumulamos tales deudas, debemos pagar contribuciones de lo que comemos y bebemos, de nuestras necesidades y de nuestras comodidades, de nuestros trabajos y nuestros recreos”.

“Si podemos impedir al gobierno de malgastar los trabajos de la gente bajo el pretexto de cuidarles a ellos, seremos felices. El mismo principio que nos impide en nuestras vidas privadas el gastar nuestro dinero por objetos inexplicados, lo prohíbe también en la distribución del dinero público. Estamos tratando de reducir al gobierno a la práctica de economía rígida para evitar el cargar al pueblo y el armar al magistrado con mucho dinero que podrá usarse para corromper a los principios del gobierno”.

Este principio del libre albedrío y el derecho de cada individuo de ser libre no solamente para pensar sino también para actuar dentro de límites que dan a todos el mismo privilegio, es a menudo violado aun por muchas iglesias que reclaman enseñar las doctrinas de Jesucristo. La actitud de cualquiera organización hacia este principio de libertad es un índice a la proximidad que llega uno a las enseñanzas de Cristo o aquellas del maligno.

Por ejemplo, leí recientemente el dicho de un clérigo que reclamó el derecho divino para su iglesia, dondequiera que estuviese el poder, de prohibir a cualquiera otra iglesia de promulgar sus doctrinas… Y, “si realmente existen minorías religiosas, tendrán solamente una existencia sin el privilegio de predicar sus creencias”.

El que pisotea a uno de los dones más grandes de Dios al hombre, que niega al otro el derecho de pensar y adorar tal como desea, está en error, y hace a su propia iglesia en este sentido una propaganda del error.

Contrasta esta posición con el dicho de José Smith:

“Reclamamos el privilegio de adorar a Dios Todopoderoso según los dictámenes de nuestra propia conciencia y concedemos a todos los hombres el mismo derecho, que adoren cómo, en dónde y lo que desean”. Y otra vez, en una de las revelaciones más grandes que han sido dadas en cuanto al gobierno, leemos lo siguiente: “Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia.

Cierto es que se nos confieren; pero cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo nuestra vana ambición o de ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, ¡se acabó el sacerdocio o autoridad de aquel hombre!

Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, longanimidad, benignidad y mansedumbre, y por amor sincero;

Por bondad y conocimiento puro, lo que ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia:

Reprendiendo a veces con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo, y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo:

Y para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que el vínculo de la muerte.

Deja que tus entrañas se hinchen de caridad hacia todos los hombres y hacia la casa de fe, y que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

El Espíritu Santo será tu compañero constante; tu cetro será un cetro inmutable de justicia y de verdad; tu dominio, un dominio eterno, y sin ser obligado correrá hacia tí para siempre jamás”. (Doc. y Con. 121:36, 37, 41-46). Si podéis encontrar pensamientos más sublimes en la literatura que éstos, expresados en esta grande revelación, favor de hacérmelo saber.

En conclusión, repito que no hay más grande responsabilidad que descansa sobre los miembros de la Iglesia, sobre todos los ciudadanos de esta república v las repúblicas vecinas que proteger la libertad encomendada a la Constitución de los Estados Unidos.

Déjenos pues, por medio del ejercicio de nuestros privilegios bajo la Constitución —

(1) Preservar nuestro derecho de adoración a Dios según los dictámenes de nuestra conciencia,

(2) Preservar el derecho de trabajar cuándo y dónde nos plazca. Ningún hombre libre debe tener que pagar contribuciones para realizar este privilegio dado de Dios. Leed en las Doc. y Con esta declaración: “No es justo que un hombre sea esclavo de otro”.

(3) Sentirse libre para segar y cosechar sin el impedimento del gobierno.

(4) Dar nuestro tiempo, substancia, y vida, si se requiere, para mantener invioladas esas leyes las cuales aseguran a cada individuo el ejercicio libre de su conciencia, el derecho y control de su propiedad, y la protección de su vida.

Para sumar esta cuestión: En estos días de incertidumbre, la responsabilidad mayor de la gente que ama la libertad es preservar y proclamar la libertad del individuo, su parentesco con Dios, y la necesidad de la obediencia a los principios del Evangelio de Jesucristo — solamente así podrá el género humano encontrar la paz y felicidad, repitiendo casi palabra por palabra el mensaje de nuestro Presidente esta mañana, al cual subscribo con toda mi alma.

“Si permanecéis en mi palabra, entonces a la verdad sois mis discípulos:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertara”.

Que Dios nos alumbre las mentes para comprender nuestra responsabilidad de proclamar la verdad y libertad al mundo, suplico en el nombre de Jesucristo, Amén.

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Una respuesta a El Libre Albedrío y sus Implicaciones

  1. Martin dijo:

    Que hermoso mensaje tan claro suscribo . Deberian muchos lideres recordar continuamente esto para que no piensen que somos sus empleados en el reino de Dios. Que servimos por propia decicion.

    Me gusta

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