El divino destino de las américas

El divino destino de las Américas

Por Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 1955

Sermón pronunciado por el hermano Ezra Taft Benson del Consejo de los Doce Apóstoles de la  Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el día 6 de marzo de 1955 en una conferencia especial celebrada en la Rama de Ermita, México, D. F., con motivo de la visita del hermano Benson a la República de México, en su carácter oficial de Secretario de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamérica.

Mis queridos hermanos y hermanas, mi corazón se siente henchido de gratitud esta mañana dominical, y mi corazón se une al vuestro en el amor puro del evangelio. Estoy agradecido por este privilegio y honor que tengo de conocer vuestras caras y participar del espíritu de estos servicios.

Felicito a los que han tomado parte en la reunión. Quedé muy impresionado con la manera en que cantó la congregación y el coro, y con la dirección de nuestro joven hermano en los himnos. También he quedado impresionado con los bellos niños que he visto esta mañana, y con especialidad los que se hallan aquí al frente. Han estado muy quietos y han sido considerados, unos con otros. Indica que los han educado bien en sus casas.

También me complace ver estas hermosas flores. En 1946, al terminar la Segunda Guerra Mundial, me envió la Primera Presidencia de la Iglesia a Europa, a fin de restablecer las misiones en ese lugar y distribuir alimento, ropa y otros artículos a los Santos de los Últimos Días. Un domingo en la mañana nos habíamos reunido en la ciudad de Hamburgo, Alemania, en un edificio parcialmente destruido. No había ni luces ni calefacción. Las bombas habían hecho pedazos todos los cristales de las ventanas, y parte del edificio se había derrumbado, de modo que podíamos ver la calle desde adentro. Era una tarde muy fría y estaba lloviendo. El hermano alemán que estaba dirigiendo, dijo:

“Además del evangelio, tenemos con nosotros tres cosas muy bellas esta mañana. Los miembros han salido al campo a recoger flores, hay muchos niños muy lindos en las bancas de adelante y hemos escuchado música hermosa”. Y añadió que tres de las cosas más bellas de todo el mundo eran flores, niños y música. Esta mañana tenemos con nosotros estas tres bellas cosas, además del evangelio.

Quisiera decir a nuestros músicos que sus servicios son muy importantes a los ojos del Señor. En los primeros días de la Iglesia, el Señor designó a Ema Smith, por revelación dada al profeta José Smith, para que hiciera la primera selección de himnos en esta dispensación. En la sección 25 de Doctrinas y Convenios leemos: “Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una oración sobre su cabeza”. De manera que espero que vosotros, los cantores, comprendáis que vuestra parte es de mucha importancia.

Me he deleitado con los testimonios de estos jóvenes. El Señor ama a la juventud de Sión. Estoy agradecido al Presidente Bowman que me interpretó sus palabras. De hecho, me siento muy agradecido por estar aquí con el presidente Bowman. Viví en el barrio de Yale con su hermano en Salt Lake City. Se parecen tanto que no puedo distinguirlos, a menos que los vea a los dos juntos. Me ha dado mucho gusto hallar aquí al hermano Balderas. También veo en la congregación a otros que en ocasiones pasadas he conocido. Los amo a todos. De hecho, amo a todos los hijos de Dios y con especialidad a aquellos que aman la verdad, y no conoto ningún otro pueblo que ame más la verdad que los hijos de nuestro padre Lehi.

Me ha dado mucho gozo poder viajar por algunos países de la América Latina. He tenido el privilegio de conocer a muchos de los Presidentes de estos países, así como a otros funcionarios. Ha sido para mí un placer y honor hablarles acerca de la Iglesia. Ojalá aceptasen el evangelio y viviesen de acuerdo con él. Mañana espero tener el privilegio de conocer al Presidente de esta gran nación, y de hablar con él y con otros funcionarios del gobierno mexicano.

Nosotros, que tenemos el evangelio en su pureza, tenemos mucho por que estar agradecidos. Para mí el evangelio es lo más inestimable de todo el mundo; y esta mañana mientras escuchaba los testimonios de estos jóvenes, me dije a mí mismo que tienen aquello que es de mayor valor que cualquier otra cosa, porque para mí la cosa de más valía es un testimonio del evangelio y el ser miembro de la verdadera Iglesia de Cristo. Nosotros poseemos estos dos tesoros inestimables.

A veces me parece que nos llega el evangelio de una manera tan fácil, que dejamos de apreciar su verdadero valor. Sinceramente espero que todos nosotros, y particularmente la juventud de la Iglesia, nos conservemos cerca de la Iglesia, estimemos sus principios y llevemos vidas dignas de ser emuladas. Espero que no desatendamos nuestras reuniones y otros deberes. Yo creo que nuestra esperanza de lo futuro queda principalmente en manos de nuestra juventud. Estoy deseoso de que vivan de conformidad con el evangelio, que guarden los mandamientos y observen las normas de la Iglesia. Las oportunidades que tiene la juventud en la Iglesia son ilimitadas, y me causa gran satisfacción verlos en todas las profesiones. Cuando los conozco y me entero de que están obedeciendo el evangelio, veo también que han prosperado; y serán una potente influencia benéfica, porque el mundo admira al Santo de los Últimos Días que vive de acuerdo con las enseñanzas del evangelio. Todo lo podemos ganar, y nada perdemos por guardar los mandamientos.

Hace algunos años, hubo entre aquellos que critican nuestra Iglesia, quienes dijeron que el “Mormonismo” se acabaña con la tercera o la cuarta generación. Cuando oigo testimonios como los que se han dado esta mañana, los acontecimientos antes que sucedan, mientras que la historia es un registro de los acontecimientos que ya han sucedido. De estas dos, tal vez la profecía es la más fiel. Pues bien, le fue permitido a Lehi ver los acontecimientos que se verificarían respecto de estos países, y él profetizó concerniente al futuro destino de la tierra de Sión. En el primer capítulo del Segundo Libro de Nefi, leemos en los versículos 6 y 7:

“Y yo, Lehi, profetizo según el Espíritu que obra en mí, que nadie vendrá a esta tierra, si no fuere traído por la mano del Señor. “Por lo tanto, esta tierra está consagrada a los que él conduzca aquí. Y si le sirvieren según los mandamientos que ha dado, será para ellos una tierra de libertad; por lo que nunca serán cautivos; y si lo fueren, será por causa de la iniquidad; porque si abundare la iniquidad, maldito será el país por causa de ellos; pero para los justos será siempre una tierra bendita.”

Opino yo que para los Santos de los Últimos Días particularmente, estas últimas palabras son de consuelo especial, que de todas las naciones, esta tierra sería bendita para siempre. De manera que es importante que continuemos siendo un pueblo justo y aumentemos en justicia con el transcurso de los años. También a Jacob, hijo de Lehi, le fué permitido ver a través de las edades y profetizar sobre el futuro destino de este gran país. También él dijo que sería un país bendito. Habló de la parte que tomarían los gentiles en traer a otra gente a esta tierra, y también indicó que sería fortificada contra todas las demás naciones. Vamos a leer los versículos 10 a 14 del décimo capítulo del Segundo Libro de Nefi:

“Más he aquí, este país, dice Dios, será la tierra de su herencia, y sobre él serán bendecidos los gentiles.

“Y esta tierra será un país de libertad para los gentiles; y no habrá reyes sobre ellos en la tierra.

“Y fortificaré esta tierra contra todas las otras naciones.

“Y el que luche contra Sión perecerá, dice Dios.

“Porque quien levantare rey contra mí, perecerá; pues yo, el Señor, el rey de los cielos, seré su rey, y eternamente seré una luz para aquellos que escuchen mis palabras.”

Aquí también hallamos palabras de consuelo, mis hermanos y hermanas, que deben tener mucho significado para los Santos de los Últimos Días, y deben animarnos no sólo a obedecer el evangelio nosotros mismos, sino hacer cuanto podamos para ayudar a otros a llevar mejores vidas.

También hay otras profecías, con las cuales estoy seguro que os halláis familiarizados. Como vosotros sabéis, los descendientes de Lehi vieron el cumplimiento de la misión de Colón cuando descubrió este hemisferio occidental, y digo misión porque creo que lo fué. El Libro de Mormón da a entender que el Espíritu le indicó que había llegado el tiempo en que los gentiles deberían ser conducidos a esta tierra para edificarla, a fin de que se estableciera en ella una nación en la cual el evangelio pudiese ser restablecido en su plenitud y la Iglesia organizada en su pureza. Por medio de la profecía se anunció la guerra de independencia en mi propio país, y que las colonias tomarían las armas contra su madre patria y que el Dios de los cielos ayudaría a las colonias y triunfarían. Estoy cierto que a ningún hombre se le habría ocurrido decir que iban a lograr la victoria, y tengo la seguridad, según mi propio pensamiento, que de no haber sido por la voluntad de Dios, las colonias no habrían ganado la guerra. Y casi lo mismo se puede decir de las grandes guerras y batallas que en los demás países de la América Latina se han librado por la libertad. Es la voluntad de Dios que no haya reyes en este país, que la gente sea libre y pueda ejercer su libre albedrío, y tener una posteridad digna de recibir al Maestro cuando venga en su gloria para bendecir a los justos para siempre.

Estoy muy agradecido, hermanos y hermanas, por el conocimiento que ha sido revelado a los Santos de los Últimos Días. Pero no se tiene por objeto que este conocimiento sea únicamente para un puñado de Santos de los Últimos Días, sino para todos los hijos de Dios en todas partes. Por tanto, nuestro mensaje es para todo el mundo, y es un mensaje de la mayor importancia. El Señor lo explica claramente en la primera sección de Doctrinas y Convenios. Esta sección particular, como recordaréis, no fué la primera revelación dada al Profeta. Se recibió en noviembre de 1831, cuando los élderes estaban haciendo los preparativos necesarios para publicar las revelaciones. Vamos a referirnos a los versículos 1, 2 y 6, donde veréis que el Señor claramente dice que la revelación es para todos sus hijos en todas partes:

“Escuchad, oh pueblo de mi Iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas, cuyos ojos ven a todos los hombres; sí, de cierto os digo: Escuchad, vosotros, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del mar, escuchad juntamente.

“Porque de cierto, la voz del Señor se dirige a todo hombre y no hay quien escape; y no hay ojo que no verá, ni oído que no oirá, ni corazón que no será penetrado. “He aquí, ésta es mi autoridad, y la autoridad de mis siervos, y mi prefacio para el libro de mis mandamientos que les he dado para publicares, oh habitantes de la tierra.”

Estoy seguro, mis hermanos y hermanas, que esto destaca el hecho de que nuestra responsabilidad se extiende a todo el mundo, y yo creo que nuestra responsabilidad particular tiene que ver con este hemisferio, y ciertamente esperamos grande desarrollo en estos países en los años venideros. De modo que estoy sumamente agradecido por tener la oportunidad de viajar en estas naciones, y espero visitar a las demás en meses futuros y de volver a visitarlas más adelante.

Estoy agradecido al Señor por la verdad que ha sido revelada, por el testimonio que tengo del evangelio. Es para mí de mayor valor que todas las demás cosas. Los honores de los hombres y la riqueza del mundo son como nada cuando se les compara con las bendiciones del evangelio. Se ha dicho aquí esta mañana que ésta es la única Iglesia verdadera sobre la faz de la tierra. No decimos esto con jactancia. Lo decimos con humildad y gratitud, con el cabal conocimiento de nuestra responsabilidad para con el mundo, de llevar este mensaje a toda criatura.

En la misma revelación que acabamos de citar, el Señor claramente dice que esta Iglesia es la única con la cual está complacido, y también da a entender que es su voluntad que su Iglesia salga de la obscuridad y de las tinieblas, la única Iglesia verdadera y viviente sobre la paz de la tierra, con la cual yo, el Señor, estoy bien complacido, hablando a la Iglesia colectiva y no individualmente”. En otras palabras, está bien complacido con su Iglesia, como conjunto, pero con algunos de nosotros, como individuos, no está complacido, sino únicamente cuando guardamos los mandamientos y cumplimos con nuestras obligaciones y hacemos todo lo que podemos por edificar el reino de Dios.

Dios os bendiga en vuestro trabajo, y en vuestras casas y familias a fin de que tengáis el poder para dirigirlas con justicia, y la paz y el gozo moren en vuestros hogares. Pido que crezcan y aumenten vuestras ramas, y que el evangelio llegue a todo el que vive en el centro de este país. Sean las bendiciones del Señor con el presidente Bowman y su esposa. Ruego que El bendiga a los presidentes de ramas y a los que trabajan en los grupos del Sacerdocio y en las organizaciones auxiliares, y sobre todo, que individualmente podamos obrar unidos para lograr el gran propósito que el Dios de los cielos ha decretado para este pueblo, el de edificar el reino y llevar el evangelio a todos sus hijos. Testifico esta mañana que ésta es la obra de Dios, en la que estamos trabajando.

Tenemos la verdad. José Smith fué y es un profeta de Dios, autorizado y ordenado para iniciar esta dispensación; y algún día será reconocido en general como uno de los hombres más grandes que han vivido sobre la faz de la tierra, porque la obra que él hizo y los acontecimientos que se verificaron en torno de su misión son los sucesos más grandes que han ocurrido en este mundo desde la resurrección del Maestro. Dios vive y Jesús es el Cristo, y nosotros somos hijos de nuestro Padre Celestial. Dios nos ayude a aceptar estas grandes verdades y a vivir de tal manera que seamos dignos de ellas, humildemente pido dejando mi bendición con vosotros como siervo de Dios, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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