Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

El primer domingo del mes, la presidencia de la Sociedad de Socorro nos dirige en análisis sobre lo que debemos hacer para cumplir nuestras responsabilidades sagradas como hermanas que somos.

Cuando nuestra presidencia recibió el llamamiento, nos dieron materiales sobre la historia de la Sociedad de Socorro, datos que se habían reunido a través de los años; los estudiamos, orando al respecto, para saber el propósito de la Sociedad de Socorro y qué esperaba el Señor de nosotros durante nuestra administración.

Al estudiar esa historia con detenimiento, aprendimos que el propósito de la Sociedad de Socorro establecida por el Señor es organizar, enseñar e inspirar a Sus hijas a fin de prepararlas para las bendiciones de la vida eterna. Esta Sociedad se aplica a todos los aspectos de la vida de una mujer Santo de los Últimos Días; se enseña y se inspira a las hermanas por medio de las maestras visitantes, del servicio y de las reuniones de la Sociedad de Socorro. Cada domingo, la meta de la Sociedad de Socorro es estudiar la doctrina y los principios que nos ayudarán a lograr nuestros propósitos. Como resultado de nuestras lecciones dominicales, las hermanas deben ser capaces de vivir el Evangelio con mayor convicción en familia y en su hogar.

El primer domingo es diferente

El segundo, tercero y cuarto domingos del mes estudiamos Principios del Evangelio y enseñanzas de la conferencia general, respectivamente, como forma de guiarnos hacia las bendiciones de la vida eterna. Pero el primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro nos instruye y dirige los análisis para enseñarnos a cumplir nuestras responsabilidades sagradas como miembros de la Sociedad de Socorro.

Por ser mujeres Santos de los Últimos Días, tenemos el evangelio restaurado de Jesucristo y un testimonio del plan de salvación, y somos responsables de la mitad de ese plan que corresponde a la mujer; no podemos delegar nuestra parte a otras personas, pues tenemos ante el Señor la responsabilidad de atender a nuestros deberes. Y el primer domingo del mes es el tiempo que el Señor nos otorga a las hermanas de la Sociedad de Socorro para que aprendamos a cumplir nuestras responsabilidades.

Espero que utilicemos ese regalo de tiempo para cumplir las tres responsabilidades que tenemos de por vida como miembros de la Sociedad de Socorro: (1) aumentar la fe y la rectitud, (2) fortalecer a las familias y los hogares, y (3) ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda.

Espero que recurramos a las Escrituras y a las fuentes de recursos aprobadas por la Iglesia para buscar ejemplos, principios y doctrinas que nos ayuden a cumplir esas responsabilidades y a aprender cómo enfrentar las dificultades de los últimos días. A Emma Hale Smith, la primera presidenta de la Sociedad de Socorro, se le dijo que debía “explicar las Escrituras y… exhortar a la iglesia, de acuerdo con lo que te indique mi Espíritu” (D. y C. 25:7). Y nosotras podemos seguir su ejemplo.

Si yo fuera a hacer eso en una reunión de la Sociedad de Socorro del primer domingo, empezaría por orar para decidir qué deberíamos aprender, y después escudriñaría las Escrituras para descubrir qué se enseña en ellas sobre ese tema. Aprendería también lo que los profetas y otros líderes de la Iglesia hayan enseñado al respecto. Luego suplicaría la guía del Espíritu y escribiría algunas preguntas para analizar mientras estudiamos juntas ese domingo. Lo haría con la esperanza de que las hermanas volvieran a casa fortalecidas y emplearan ese modelo para estudiar en el hogar y para enseñar a su familia.

El aumento de la fe y de la rectitud

Mi abuela Isabelle Bawden Bangerter tenía la reputación de ser una mujer de gran fe; la había adquirido de niña y se había esforzado por aumentarla durante toda su vida. Había enseñado muchos años en la Sociedad de Socorro y las hermanas la consideraban una teóloga, una mujer que conocía bien el Evangelio y que podía enseñarlo con las Escrituras. Cuando murió, a los noventa y siete años, todavía estaba estudiándolas. La abuela Bangerter tenía confianza en sus funciones y responsabilidades eternas. Un día, siendo yo una joven madre, le pregunté si sería posible criar a una posteridad con rectitud en medio de un mundo lleno de iniquidad. Ella se irguió y, señalándome con el dedo, me dijo enfáticamente: “¡Sí! ¡Debes hacerlo! ¡Esa es la razón por la que estás aquí!”. Esa enseñanza me inspiró a tener mayor determinación en cuanto a mis responsabilidades y a enfrentar la vida con más fe. Es posible tener todas las semanas en la Sociedad de Socorro ese tipo de enseñanza directa e inspirada.

Con frecuencia, las hermanas se preguntan cómo vivir llenas de fe a través de las experiencias de esta vida terrenal. El primer domingo del mes nos da la oportunidad de combinar esa fe que existe en toda Sociedad de Socorro. La sabiduría de todas las presentes puede contribuir a contestar las preguntas o dudas que se expresen y proporcionar respuestas inspiradas.

A continuación hay otros ejemplos de lo que podríamos estudiar ese primer domingo para ayudarnos a aumentar nuestra fe y rectitud:

  • Cómo hacer convenios y guardarlos.
  • Cómo hacerse digna de una recomendación para el templo y la adoración en los templos.
  • Cómo ser merecedora de recibir la influencia del Espíritu Santo; cómo reconocerla y seguirla.
  • Cómo enseñar y defender el evangelio de Jesucristo.
  • Debemos orar con sinceridad, tanto a solas como en familia.
  • La importancia de efectuar la noche de hogar.
  • Cómo implementar los principios de autosuficiencia y vida providente.

El fortalecimiento de las familias y los hogares

Cuando yo era joven, teníamos en la Sociedad de Socorro una clase de educación para madres una vez por mes. A pesar de haber tenido una madre maravillosa y capaz, todavía aprendí a ser una mejor madre y a mejorar mi hogar con las maestras de la Sociedad de Socorro. Aprendimos principios y habilidades del ser ama de casa y aprendimos a ser mejores madres y a fortalecer nuestro matrimonio.

Muchas veces las madres jóvenes me preguntan si podríamos tener de nuevo una clase de educación para las madres en la Sociedad de Socorro. Mi respuesta es sí. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

A continuación hay ejemplos de lo que podríamos estudiar el primer domingo para ayudarnos a fortalecer a la familia y el hogar:

  • Cómo llegar a entender y defender las funciones divinas de la mujer.
  • Cómo acoger las bendiciones del sacerdocio.
  • La formación de una familia eterna.
  • Cómo mantener fuerte nuestro matrimonio.
  • El dar a luz y criar a los hijos.
  • Expresar amor por los miembros de la familia y enseñarles.
  • El aceptar la responsabilidad de preparar a una nueva generación justa de Santos de los Últimos Días.
  • Cómo se conoce, se vive y se defiende la doctrina de la familia.
  • Cómo se busca a los familiares que han muerto y llevar a cabo por ellos las ordenanzas del templo.

Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda

Las lecciones del primer domingo nos dan la oportunidad de fortalecernos mutuamente y de encontrar respuesta a las dificultades de la vida. En todo momento, hay muchas de las hermanas de la Sociedad de Socorro que están pasando por pruebas y desilusiones. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho que toda Sociedad de Socorro de barrio es “una hermandad sin fronteras”. Y agregó:

“Toda hermana, sea cual sea el grupo al que pertenezca, puede mirar a su alrededor y percibir el espíritu de inspiración que vuelve a ella mientras extiende una mano gentil de caridad hacia aquellas que la rodean…

“Ustedes prestarán servicio a su organización, a su causa —la Sociedad de Socorro—, este gran grupo de hermanas. Todas sus necesidades se verán satisfechas, ahora y en la eternidad; toda negligencia quedará borrada, todo abuso se corregirá. Pueden recibir todo eso, y recibirlo pronto, si se dedican a la Sociedad de Socorro”1.

He comprobado que las hermanas de toda Sociedad de Socorro de barrio tienen la capacidad de darse unas a otras el apoyo que les haga falta. Si buscamos y recibimos la ayuda del Espíritu Santo, esos círculos de hermanas pueden proporcionarnos todas las respuestas.

Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer. La Sociedad de Socorro siempre se ha ocupado de brindar auxilio a los demás.

Sabemos que, por vivir en los últimos días, como personas y familias enfrentamos muchas dificultades, entre ellas abuso, adicciones, apatía, deudas, depresión, desobediencia, desempleo, desintegración de la familia, enfermedades, persecución, pobreza y violencia. Nos hace pensar en lo que el apóstol Pablo profetizó en 2 Timoteo 3:1–7, 13. No obstante, no debemos temer: tenemos el evangelio de Jesucristo. El apóstol Pablo también nos dio la solución:

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:14–16).

El primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro tiene la oportunidad de personalizar la obra de esta Sociedad; puede concentrarse en las obras de caridad como solución para determinadas necesidades del barrio o de la rama; o capacitar a las hermanas para ser maestras visitantes que se ocupen de prestar ayuda a los demás cuando vean que hace falta. Y, cuando sea necesario, puede dar asignaciones para ayudar a determinadas personas.

La forma de utilizar el primer domingo

Creo que si las líderes de la Sociedad de Socorro buscan la ayuda del Espíritu Santo, recibirán la inspiración para saber qué deben estudiar y enseñar en su reunión del primer domingo. Sé que la obra del Señor seguirá avanzando por la tierra y que prosperará, en gran parte, debido a que las buenas hermanas de la Iglesia harán todo lo posible por adelantarla, primero en su propio hogar y con su familia y luego en los demás círculos de amistades y conocidos que frecuenten.

Las bendiciones del templo

Debemos “hacer todo lo que sea necesario para recibirlas [las bendiciones del templo] …

“… vayamos al templo a sellar eternamente a nuestra familia; regresemos al templo con la frecuencia que las circunstancias nos lo permitan; demos a nuestros antepasados fallecidos la oportunidad de recibir las ordenanzas de la exaltación; disfrutemos de la fortaleza espiritual y de la revelación que recibimos al asistir al templo con regularidad; seamos fieles y hagamos convenios en el templo y cumplamos con ellos para recibir todas las bendiciones de la Expiación”.

Silvia H. Allred, Primera Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Templos santos, convenios sagrados”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 114.

Acepten responsabilidades y sean firmes

“Algunas mujeres han dicho que da miedo enseñar una clase o hablar frente a un grupo. Les aseguro que sé por experiencia que puede ser atemorizante. Recordemos lo que Eliza R. Snow le dijo a su sobrina, a quien llamaron para que hablara frente a un grupo. Cuando su sobrina se puso de pie, no pudo decir nada porque la dominó el temor; finalmente, se sentó. Eliza, con bondad y gentileza, le aconsejó: ‘No te preocupes, pero cuando se te pida hablar otra vez, trata de tener algo que decir’…

“En una hermosa reunión de la Sociedad de Socorro, Eliza R. Snow registró en las actas que ‘casi todas las presentes se levantaron y hablaron, y el Espíritu del Señor, como riachuelo purificador, alentó todo corazón’. Esperamos que hoy nuestras hermanas se sientan nutridas, edificadas y fortalecidas cada vez que asistan a una lección del día domingo…

“Hermanas, ahora más que nunca necesitamos que las mujeres acepten responsabilidades y sean firmes; necesitamos mujeres que declaren la verdad con fuerza, fe y vigor; necesitamos mujeres que sean un ejemplo de rectitud; necesitamos mujeres que estén ‘anhelosamente consagrad[as] a una causa buena’ [D. y C. 58:27]. Tenemos que vivir de manera que nuestra vida testifique que amamos a nuestro Padre Celestial y al Salvador Jesucristo y que haremos lo que Ellos nos han pedido que hagamos. Tenemos que rescatar ‘desde lo más profundo de [nuestro] ser todo aquello que sea de valor’ para que, como hijas de Dios, hagamos nuestra parte para edificar el reino de Dios. Tendremos ayuda para hacerlo. Como lo declaró José: ‘Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen’”.

Barbara Thompson, Segunda Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Ya regocijemos”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 115, 116.

1 Cómo aumentar la fe y la rectitud. La lección del primer domingo nos da la oportunidad de buscar en las Escrituras las doctrinas que nos ayudarán a enfrentar las dificultades de los últimos días.

2 El fortalecimiento de la familia y del hogar. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

3 Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda. Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer.

Nota

  1. Boyd K. Packer, véase “Una hermandad sin fronteras”, Liahona, marzo de 1981, pág. 68.

 

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