El Salvador y Santa Claus

El Salvador y Santa Claus

por Reed H. Bradford
(Tomado de the Instructor.)

La víspera de Navidad una nenita le preguntaba a su papá — ¿A qué hora nos podemos levantar mañana para ver los regalos que nos va a traer Santa Claus?

—No quiero que se levanten ni un minuto antes de las siete de la mañana—le dijo el padre—entonces nos levantaremos a abrir los regalos juntos.

Pero a eso de las seis de la mañana el día de Navidad, todos los chicos estaban ya levantados y el alboroto que hacían despertó a sus padres. Poco después éstos también formaban parte del acontecimiento anual rodeado de tanto suspenso y entusiasmo. Era un verdadero gozo poder ver la alegría de los niños al ir desenvolviendo los paquetes.

A media mañana, la alegría de los niños estaba salpicada de tristeza, ya que los chicos de las familias vecinas vinieron y todos comenzaron a comparar los juguetes que habían recibido.

— ¿Por qué Santa Claus le trajo un camioncito a él y a mí no?—preguntó Daniel.

Danielito sólo tenía cuatro años, lo que hizo difícil para su padre darle una explicación satisfactoria.

—No entiendo—dijo otro de los niños—le escribí a Santa Claus diciéndole que quería un triciclo y no me lo trajo. Me esforcé tanto en portarme bien. Papá, ¿crees que Santa Claus no recibió mi carta?

Algo irritado por verse obligado a dar respuesta a estas complicadas preguntas, el padre comenzó a observar el comportamiento de sus hijos. Los más pequeños mostraban claramente su egoísmo, no permitían que nadie tocara siquiera sus juguetes. Los mayorcitos, fastidiados por el griterío se habían ido a las casas de los demás chicos del barrio para mostrarles sus juguetes.

El día anterior los padres habían tenido cierta desavenencia en cuanto a las tarjetas de Navidad. El correo les había traído una gran cantidad de tarjetas postales. Era un placer leer los calurosos mensajes navideños enviados por sus amigos. Repentinamente la madre exclamó: — ¡Ay, no, Rafael y Teresa nos enviaron una postal! ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Olvidé enviarles tarjeta a ellos!

— ¿Por qué te preocupas tanto al respecto?— preguntó el esposo—después de todo no somos más que conocidos.

—Sí, pero tengo interés en ser miembro del club que ella dirige. . . ¿Cómo pude haber cometido tal torpeza?

Apresuradamente buscó una postal de las más caras que había guardado para una ocasión así, la escribió y le pidió al esposo que fuera hasta el correo y la enviara enseguida. Pero en esos momentos, él estaba pensando en la Navidad y su significado, ¿Realmente qué significaba Santa Claus en su hogar?

Una de las características más destacadas del género humano es la de aceptar las tradiciones y costumbres de la sociedad en que viven sin siquiera pensar en ellas. El individuo que camine rectamente delante del Señor, debe examinar continuamente sus metas y comportamiento, porque muchos de “los caminos del hombre” no son los del Señor. No contribuyen al eterno gozo del individuo y no le permiten heredarla salvación y exaltación que el Padre Celestial ha previsto para él. Uno de los propósitos de esta vida es poner a prueba al individuo para ver si es leal a los principios enseñados por el Salvador: “. . . Porque yo he decretado en mi corazón probarnos en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio, aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.” (Doc. y Con. 98:14.)

Una de las costumbres más generalizadas en todos los países es la celebración de la Navidad, y el personaje central de esta fiesta es un individuo conocido como Santa Claus o Papá Noel.

Santa Claus es un personaje mitológico y anciano que trae regalos a los niños durante la Navidad. El Santa Claus de hoy día se originó en una persona realSan Nicolásquien vivió en el año 300 A.C. Era muy amble y a menudo salía por las noches a llevar regalos a los necesitados. . .

Los niños se encariñaron tanto con San Nicolás y su práctica de traer regalos, que la costumbre de celebrar su festividad se siguió practicando.

En la mayoría de los países, Santa Claus se celebra coincidiendo con la Navidad. (The World Book Encyclopedia, vol. 17, 1964, pág. 102.)

La Navidad también es el día del año en que debemos prestar especial consideración al Salvador y a su significado en nuestras vidas. Consideremos tres de sus muchos regalos a la humanidad:

1.  Voluntariamente dio su vida para que podamos vivir más allá de los pocos años que pasamos aquí en la tierra—y vivir en un estado de exaltación y gozo eterno. “Pongo mi vida por las ovejas. . . . Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.” (Juan 10:15, 18.) Si alguno de nosotros se inclinara a pensar que su expiación no fue muy difícil debido a su naturaleza divina, permítanme citar estas palabras: “Porque, he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan si se arrepienten.

“Más si no se arrepienten, tendrán que padecer aun como yo he padecido;

“Padecimiento que hizo que yo, aun Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor, y echara sangre por cada poro, y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.

“Sin embargo, gloria sea al Padre, participé, y acabé mis preparaciones para con los hijos de los hombres.” (Doc. y Con. 19:16-19.)

2. Reveló los principios que nos permitirán convertirnos en hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. “Más de cierto, de cierto te digo, que a todos los que me reciban daré el poder de llegar a ser hijos de Dios. . .” (Doc. y Con. 11:30.) Lo más importante de todo su mensaje es que practiquemos sus enseñanzas y las incorporemos a. nuestro carácter después de orar, pensar y reflexionar acerca de ellas. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21.) Deberíamos llevar a cabo su voluntad, no por temor, compulsión o presión de ninguna clase, sino por amor al evangelio, sabiendo que es lo que debemos hacer, y reconociendo que nos traerá el gozo más grande que podemos conocer.

3. Organizó su Iglesia, incorporando en ella su Sacerdocio para que, entre otras cosas, podamos participar de las ordenanzas divinas; para que juntos, dominados por un espíritu de amor y hermandad, podamos lograr cosas que solos nunca alcanzaríamos.

En vista de los dones de Cristo para cada uno de nosotros, ¿podemos dedicar la Navidad a otras actividades, en vez de dedicarla a mostrarle nuestra gratitud?

Algunas familias consideran que las actividades navideñas deben destacar el significado de Cristo para cada miembro de la familia. Cantan juntos alegres canciones, leen escrituras que explican su misión y propósitos, y en la Nochebuena leen la historia de su nacimiento tal como la relata Lucas. En la mañana de la Navidad se entregan regalos y su propósito es mostrar el amor que se tienen. Como dijo Emerson, estos regalos no son un substituto del amor que sólo puede mostrarse con hechos y demostraciones de respeto, cariño, paciencia, abnegación y amabilidad. Se enseña a los niños que si realmente se quieren, no pelearán por los juguetes que se les regalen, sino que los compartirán. Estas familias tratan de expresar el espíritu de San Nicolás a la luz del espíritu de Cristo.

De este modo, estas familias evitan hacer de San Nicolás un símbolo comercial. Evitan que los hijos hagan preguntas como las mencionadas al principio de este artículo. Evitan también el problema implícito que crea la pregunta del hijo: “Papá, Santa Claus me trajo todos estos regalos, ¿por qué tú no me trajiste alguno?”

Una alegría muy grande reina en el seno de estas familias. Comprenden el significado de las palabras del Salvador: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre.” (Juan 14:18, 21.)

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