¡Agárrense bien!

¡Agárrense bien!

por el élder James M. Paramore
De los Setenta

El Señor ha establecido normas y límites para nuestra salvación, “…sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel” (2 Nefi 9:41).

Cuando en mi juventud presté servicio misional en París, Francia, tuve, varias oportunidades de subir a la Torré Eiffel, que llega a una altura de 102 pisos.

La construcción de la torre se terminó en 1889, como parte de una exposición internacional. En aquellos pri­meros días, varias personas perdieron la vida porque la valla protectora que cercaba el piso superior no era lo suficientemente alta. Desde aquel entonces, se ha insta­lado otra de vidrio y metal mucho más alta, lo cual hace que sea imposible caerse. Cuando hay viento, la torre puede: oscilar hasta unos sesenta centímetros, y es espe­luznante estar ahí en esos momentos. Sin embargo, ahora los visitantes pueden caminar por la plataforma, mirar hacia el horizonte y tomar fotografías en cualquier direc­ción, sintiéndose seguros gracias a esa valla protectora.

Al igual que esa valla, las reglas establecen límites que nos protegen del daño espiritual y muchas veces del físico. Hay reglas por doquier; las tenemos en todos los aspectos de nuestra vida, desde el momento preciso en que arriba­mos a la tierra; las necesitamos para sentimos seguros, para progresar, para desarrollarnos y para ser felices.

Cuando no hay Barreras

En una ocasión, nuestra hija mayor no recibió el cui­dado apropiado de la persona que estaba encargada de hacerlo y la dejaba gatear por dondequiera. Una día, nuestra hija recibió quemaduras muy graves cuando se fue gateando hasta la parrilla de la chimenea. Aún lleva en la pierna las cicatrices de aquel accidente, y todo a causa de que no había una valla que la protegiera.

Hace un tiempo, vivíamos en una pequeña casa. Cuando la edificaron, se pasaron por alto todas las nor­mas de la construcción de cimientos. Con el tiempo, los pisos se empezaron a cuartear. Cuando mis hijos, que se dedican a la construcción, van a construir una casa, se ajustan estrictamente a las reglas, empezando con la pre­paración y la compresión del terreno antes de dar comienzo a la construcción, lo cual asegura que una vez que la casa esté terminada, resistirá las pruebas del peso y del tiempo.

Libres para Escoger

Mis amigos, el cuerpo espiritual y la mente, al igual que el cuerpo físico, se componen de los elementos con los que se le alimenten. En un viaje que mi esposa y yo hicimos recientemente, tomamos agua a la que no está­bamos acostumbrados y estuvimos enfermos durante varias semanas. La mente también está constituida de aquello con lo que se le alimente, y el espíritu recibe la influencia de las cosas que pongamos en el cuerpo y en la mente.

Recuerden que el cuerpo espiritual del hombre es eterno. Cuando una persona muere, el espíritu se separa del cuerpo físico. Este último queda sin vida, pero el espíritu continúa viviendo, con la esperanza de recibir todas las bendiciones prometidas a aquellos que utilizan su albedrío en esta vida para elegir las normas que nues­tro Padre Celestial ha establecido.

Imaginen el gozo que todos sentimos cuando nos enteramos de que se había creado una tierra muy her­mosa a la cual habríamos de venir. Imaginen también la satisfacción que sentimos al saber que no se nos dejaría sin ninguna regla ni protección mediante las cuales pudiésemos sentimos seguros y protegidos, normas que nuestro Padre Celestial nos daría y que serían pertinen­tes para todos nosotros. Él no nos despojaría de esa pro­tección, aunque sí nos brindaría nuestro albedrío para aceptarla o rechazarla. Él nos proporcionaría Sus sende­ros, Sus normas, Su protección, Su inspiración y direc­ción, y luego nos permitiría ejercer nuestro albedrío para aceptarlos o rechazarlos. El dejaría bien en claro que Sus normas son eternas, inmutables, en las que podemos confiar y sentirnos verdaderamente seguros, al igual que la valla protectora de la Torre Eiffel.

Si permanecemos dentro de los límites prescritos, nos sentiremos seguros, e incluso tendremos paz. Sin embargo, aun así, no se nos obliga a seguirlas. Poseemos nuestro albedrío, ya que como dijo el antiguo profeta Jacob: “…sois libres para obrar por vosotros mismos, para escoger la vía de la muerte interminable o la vía de la vida eterna” (2 Nefí 10:23).

Una Tecnología Asombrosa

Todo esto me lleva ahora a un punto muy importante. El mundo tecnológico de la actualidad se compone de los adelantos más extraordinarios que jamás se hayan conocido; realzan el conocimiento, el entendimiento y el progreso. Los adelantos en los medios de comunica­ción, por ejemplo, son increíbles, y nos quedamos pas­mados al ver la rapidez con la que surgen estas innovaciones. Yo fui misionero hace cuarenta y cuatro años, y en ese entonces la televisión casi no se conocía. No pasará mucho tiempo hasta que todo tipo de infor­mación relacionada con la televisión, el sonido, el telé­fono y la computadora estarán a nuestro alcance en nuestro propio hogar mediante un sistema especial que consiste de una fibra transparente por la que se transmi­ten imágenes, ¡Qué invento maravilloso para fomentar la educación y la diversión sana!

Pero, a la vez, abrirá las puertas al entretenimiento depravado a través de los videos, de la música y de otras cosas que influirán en nuestra forma de pensar y en las cosas con que alimentemos la mente. Por último, influirá en nuestro espíritu, que es eterno, todo ello en la intimi­dad de nuestro propio hogar. ¿Servirá esto para fortale­cer nuestras normas o para debilitarlas?

Estos adelantos pondrán a prueba nuestro albedrío. ¿Elegiremos las normas de la Iglesia y nos apegaremos a ellas, aun cuando nadie sepa si lo hacemos o no? ¿Lo estamos haciendo hoy día, cuando de un sesenta a un setenta por ciento de las películas y de otro tipo de entretenimiento que se producen contienen materiales adversos a nuestro desarrollo espiritual? Si guardamos las normas del Señor en la actualidad, se nos hará más fácil hacerlo siempre.

Una Norma Clara

En el folleto La fortaleza de la juventud, la Primera Presidencia ha establecido las normas en lo que respecta a los medios de comunicación:

“Nuestro Padre Celestial nos ha aconsejado que como Santos de los Últimos Días busquemos todo lo vir­tuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de ala­banza” (Artículo de Fe 13). Todo lo que lees, escuchas o miras produce una impresión en ti. El entretenimiento público y los medios de comunicación te pueden brindar muchas experiencias positivas: te pueden elevar, inspirar, enseñar principios buenos y morales, y acercarte más a la belleza que ofrece este mundo. Pero también pueden hacer que parezca normal, emocionante y aceptable lo que en realidad es malo e inicuo.

“La pornografía es especialmente peligrosa y adictiva. La exploración curiosa de la pornografía puede conver­tirse en un hábito que te domine y te lleve a buscar material más gráfico y a cometer pecados sexuales. Si continúas viendo pornografía, tu espíritu se volverá insensible y tu conciencia ya no te señalará la diferencia entre el bien y el mal. Causa mucho daño el leer o ver la pornografía, ya que produce pensamientos en tu interior que debilitan la autodisciplina.

“No asistas a ningún tipo de entretenimiento (incluso conciertos, películas y videocasetes) que en algún sentido sean vulgares, inmorales, inapropiados, sugestivos o pornográficos, ni tampoco participes en ellos. La clasifi­cación de las películas y programas de televisión no siempre reflejan correctamente el contenido ofensivo de éstos. No tengas miedo de salir del cine, de apagar las televisión o de cambiar la estación de radio si lo que se está presentando no concuerda con las normas de tu Padre Celestial. Y no leas libros ni revistas ni veas foto­grafías pornográficas o que representen la inmoralidad como algo aceptable.

“En suma, si tienes dudas en cuanto al contenido de alguna película, libro u otra forma de entretenimiento, no la veas, no lo leas, no participes en él” (La fortaleza de la juventud, págs. 11-13).

Mis jóvenes amigos, y todos los miembros, por doquier, a quienes amamos tanto: si nos adherimos a las normas y a los límites ya prescritos, especialmente a los que el Señor ha establecido, éstos serán para nuestra salvación, nuestro gozo y. paz. Son la clave para que realmente lleguemos a conocer a nuestro Padre Celestial y al Salvador, ya que Él es “…el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). De modo que aprendamos en cuanto a Sus normas y límites, y observémoslos, “…venid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es; el Señor Dios” (2 Nefi 9:41). □

Liahona Noviembre 1996

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