Un eslabón conexivo

Devocional mundial para jóvenes adultos • 10 de septiembre de 2017 • Centro de la Estaca Apex, Carolina del Norte

Un eslabón conexivo

Élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Una velada con el élder David A. Bednar

La cadena de las generaciones

Mi mensaje se origina en una experiencia que Susan y yo tuvimos en septiembre de 1999. El presidente Gordon B. Hinckley fue al Colegio Ricks, actualmente BYU–Idaho, para dedicar el recién terminado edificio Spencer W. Kimball. Susan y yo tuvimos el honor de ser los anfitriones del presidente y de la hermana Hinckley durante un día muy espiritual e inolvidable.

Mientras estuvo allí, el presidente Hinckley se dirigió en un devocional al alumnado, al personal y al profesorado. Yo me encontraba sentado en el estrado, a pocos metros del Presidente de la Iglesia restaurada del Señor cuando este pronunció su mensaje. Incluso hoy en día, en este mismo momento al ver sus rostros y dirigirme a ustedes, tengo un vívido recuerdo del presidente Hinckley ante este púlpito en el Auditorio Hart. Recuerdo los principios que enseñó, su tono de voz y expresiones faciales, y las cosas que aprendí por el poder del Espíritu Santo mientras lo escuchaba.

Los invito a participar ahora en una porción de aquel devocional.

“El sábado y el domingo pasados estábamos en Columbus, Ohio, dedicando un templo nuevo y hermoso. El templo y la capilla adyacentes estuvieron llenos durante las seis sesiones. El Espíritu del Señor estuvo presente y fue una ocasión grandiosa y significativa dedicar el segundo templo en la historia de la Iglesia en el gran estado de Ohio.

“Me acompañaron mi esposa y mi hija, quien estaba allí para ayudar a su madre. Para nuestro deleite, una nieta y dos de sus hijos, nuestros bisnietos, llegaron de St. Louis, donde residen…

“Cuando el otro día me encontraba en el templo en Columbus, Ohio, mirando a mis bisnietos, me pasó algo muy peculiar. De repente me di cuenta que me encontraba en medio, con tres generaciones con las que estoy familiarizado detrás de mí y tres generaciones por delante. Mi corazón literalmente se volvió a mis padres, y también se volvió a mi posteridad. Me imaginé una cadena de generaciones, la que se remonta a un lejano pasado del que sabemos muy poco. Ahora me sobrepasan tres generaciones. Imaginé esa cadena en mi mente, hasta la fecha intacta, brillante y fuerte…

“Después pensé, al estar sentado en el templo, que yo soy un eslabón que une a todas las generaciones del pasado y todas las generaciones del futuro. Todo lo que poseo de mente y cuerpo, de tejido y extremidad, de articulación y de cerebro, lo he recibido como herencia de los que me precedieron. Y todo lo de mi posteridad ha pasado a ellos a través de mí. No puedo darme el lujo de romper esa cadena. Mi posteridad no se puede dar el lujo de romper esa cadena…

“Ojalá tuviera la elocuencia de palabra para transmitirles a ustedes, los jóvenes aquí presentes, el sentimiento que tuve en el templo, el enorme deseo de que ni yo ni mi posteridad rompiésemos jamás la cadena de las generaciones de nuestra familia.

“A ustedes les digo, con toda la energía de que soy capaz, no se conviertan en un eslabón débil en la cadena de sus generaciones. Ustedes vienen a este mundo con un maravilloso legado; descienden de hombres y mujeres grandes, de hombres de arrojo y valor, de mujeres de logro y de fe extraordinaria. Nunca los defrauden. Nunca hagan nada que debilite la cadena de la cual forman una parte fundamental”1.

Las imágenes de una cadena de generaciones me quedaron claras en la mente. La advertencia de no convertirme en un eslabón débil en la cadena de generaciones me impactó el corazón, y la exhortación de nunca hacer nada que debilitara la cadena de las generaciones penetró mi alma. Para Susan y para mí, las lecciones simples y potentes que aprendimos aquella tarde de septiembre han influido para bien nuestro matrimonio, nuestra familia y todos los aspectos de nuestra vida.

Siendo una jovencita que crecía en su ciudad natal de Afton, Susan conocía y admiraba a una familia de su barrio que es un ejemplo maravilloso de la cadena de generaciones.

[Palabras de la hermana Susan K. Bednar]

En el barrio donde crecí había una familia increíble que tenía catorce hijos. La madre y el padre, Bessie y Evan Call, se habían casado en el templo y eran leales y fieles a sus convenios. Enseñaron a sus hijos la doctrina del Evangelio restaurado y fueron bendecidos para criar una familia recta.

Hace varios años, conocí a una hermosa jovencita en una reunión sacramental a la que asistía. Cuando se presentó, mencionó que yo conocía a su madre. Su madre era hija del hermano y de la hermana Call, y una preciada amiga de mi juventud. Esa joven a la que conocí en la reunión sacramental era nieta de los Call. Después de preguntar, me enteré que era la nieta número 44 de 96 nietos, y que su nuevo bebé era el bisnieto número 230 de Bessie y Evan Call. Esas cifras me dejaron pasmada; ¡qué posteridad tan enorme!

He pensado muchas veces desde entonces: ¿Qué habría pasado si los hermanos Call no se hubieran casado en el templo o guardado sus convenios? ¿Qué habría pasado si no hubieran permanecido fieles a la “tremenda fe” de las generaciones anteriores? ¿Qué habría pasado si no hubiesen enseñado el Evangelio a sus hijos por medio del ejemplo y del precepto? ¿Qué habría pasado si hubiesen sido un eslabón débil en la cadena de sus generaciones? ¿Cuántas personas se habrían visto afectadas? La respuesta es clara. Las decisiones que ese matrimonio tomó ya han influido en más de 300 miembros de la familia, y el número sigue creciendo a medida que llegan a esa familia más bisnietos y tataranietos.

Comparen eso a una experiencia diferente que tuve con una querida amiga que no era miembro de la Iglesia a quien había conocido durante mucho tiempo. Imaginen mi sorpresa cuando un día me mencionó casualmente que tenía una abuela mormona. Me sorprendí, ya que ella no sabía nada con respecto a la doctrina y los principios del Evangelio y nunca se había interesado en conocerlos. Aunque no sé la respuesta, a menudo me he preguntado: “¿Dónde ocurrió la ruptura en la cadena de sus generaciones?”. La conclusión cierta es que mi amiga nunca había disfrutado de las bendiciones del evangelio de Jesucristo en su vida por las decisiones que tomaron quienes la precedieron.

Como un eslabón en la cadena de sus generaciones, ustedes deben reconocer que las decisiones que tomen ahora y en el futuro no tienen que ver solo con ustedes. Sus decisiones afectan tanto a los que les han precedido como a quienes vendrán después de ustedes. El ejemplo y la influencia de su obediencia a los principios del Evangelio, el poder de su rectitud personal y las consecuencias de las decisiones que tomen para bien o para mal se extenderán a través de las generaciones. Por favor sean un eslabón fuerte en la cadena de sus generaciones.

Tengo un testimonio del evangelio restaurado de Jesucristo. Testifico que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

Testifico que por Su sacrificio expiatorio, Jesucristo nos redime de nuestros pecados y malas decisiones y nos da fuerza más allá de la nuestra para seguir fieles al Evangelio y a los convenios que hacemos, en especial cuando las experiencias de la vida sean difíciles.

Sé que el Espíritu Santo lleva impresiones espirituales a nuestra mente y corazón, y nos ayudará a descubrir y a poner en práctica maneras de ser un eslabón fiel en la cadena de nuestras generaciones. En el nombre de Jesucristo. Amén.

[Fin de las palabras de la hermana Susan K. Bednar]

Un eslabón conexivo

Espero centrar mis comentarios ahora en las enseñanzas del presidente Hinckley sobre nuestra “cadena de las generaciones”. Él describió clara y enfáticamente lo que no debemos hacer, o sea, llegar a ser un eslabón débil en la cadena de las generaciones. Quiero concentrarme en lo que debemos hacer, o sea, llegar a ser un eslabón conexivo en la cadena de las generaciones.

En Doctrina y Convenios 128:18 aprendemos “que la tierra será herida con una maldición, a menos que entre los padres y los hijos exista un eslabón conexivo de alguna clase, tocante a algún asunto u otro; y he aquí, ¿cuál es ese asunto? Es el bautismo por los muertos. Pues sin ellos nosotros no podemos perfeccionarnos, ni ellos pueden perfeccionarse sin nosotros. Ni tampoco podemos nosotros ni ellos perfeccionarnos sin los que han fallecido en el evangelio; porque al iniciarse la dispensación del cumplimiento de los tiempos, dispensación que ya está comenzando, es menester que una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias se realicen y sean revelados desde los días de Adán hasta el tiempo presente”2.

Los invito a considerar dos preguntas básicas que surgen de este pasaje de las Escrituras.

Primera pregunta: ¿Qué es el eslabón conexivo? El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Debe haber un nexo de unión, un lazo que una los padres a los hijos y los hijos a los padres hasta que la cadena completa de la familia de Dios quede ligada en una sola, y todos lleguen a ser la familia de Dios y de Su Cristo”3.

La restauración de la autoridad y de las llaves del sacerdocio en esta última dispensación hace posible que cada uno de nosotros reciba, recuerde y honre las ordenanzas de la salvación individual y de la exaltación familiar. Elías el Profeta ciertamente ha venido tal como se prometió para conferir las llaves del sacerdocio y la autoridad selladora que vuelven los corazones y forjan lazos conexivos a través de las generaciones. En estos últimos días hay de nuevo en la tierra siervos autorizados que pueden conferir las sagradas bendiciones que dio el Salvador, de “que lo que sellares en la tierra será sellado en los cielos; y lo que atares en la tierra, en mi nombre y por mi palabra, dice el Señor, será eternamente atado en los cielos”4.

Por tanto, “Las ordenanzas vicarias que efectuamos en los templos, comenzando por el bautismo, hacen posible el eslabón conexivo entre las generaciones que cumple el propósito de la creación de la tierra”5.

Segunda pregunta: ¿En qué forma el eslabón conexivo protege la tierra para que no sea herida con una maldición? El presidente Joseph Fielding Smith declaró: “No se trata solamente del asunto del bautismo por los muertos, sino también del sellamiento de los padres y de los hijos a los padres, de modo que haya ‘una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias’ desde el principio hasta el fin de los tiempos. Si [el] poder para sellar [que Elías el Profeta restauró] no estuviera en la tierra, entonces reinaría la confusión y el desorden ocuparía el lugar del orden el día en que el Señor venga y, por supuesto, eso no puede ser, puesto que todas las cosas son gobernadas y controladas por una ley perfecta en el reino de Dios”6.

¿Por qué sería maldecida la tierra? “Sencillamente porque si no hubiese un eslabón conexivo entre los padres y los hijos —el cual es la obra por los muertos— entonces todos seríamos rechazados; toda la obra de Dios fracasaría y se desperdiciaría por completo… La restauración de esa autoridad [del sellamiento] es la levadura que salva a la tierra de ser totalmente asolada a la venida de Jesucristo”7.

Estas verdades básicas del Evangelio nos ayudan a entender por qué “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”8.

Algunos de ustedes han experimentado gran dolor en relaciones familiares abusivas o disfuncionales. Por consiguiente, es posible que tengan poco o ningún deseo de estar vinculados a las personas que les causaron tal angustia y sufrimiento.

Por favor, escuchen: los vínculos familiares eternos solo se unen por medio de la autoridad del sacerdocio y de la rectitud personal. Cualquier cosa mala que haya ocurrido en su familia, testifico y prometo que el Señor Jesucristo es la fuente de la sanidad, renovación y restauración que ustedes necesitan.

Tal vez el llanto haya durado durante la noche de su adversidad, pero la alegría vendrá en la mañana de su nueva vida que hizo posible nuestro Redentor y Salvador9.

Y entonces, ¿qué?

Durante el análisis de asuntos importantes en el Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Boyd K. Packer solía preguntar: “¿Y entonces, qué?”. Para mí esa pregunta significaba: “Entonces, ¿qué diferencia espiritualmente importante marcará esta idea, propuesta o curso de acción en la vida de los miembros de la Iglesia? ¿Bendecirá verdaderamente a quienes servimos?”. En definitiva, nos invitaba a considerar el valor y las implicaciones continuas del tema que estábamos deliberando. La pregunta “¿Y entonces, qué?” me ha resultado de lo más útil para centrar mi consideración de un tema y determinar las cosas que son más importantes.

Quizás se pregunten: “Hermano Bednar, ¿cuál es el ‘¿y entonces, qué?’ de su mensaje?”. Creo que la respuesta a esa pregunta se puede encontrar en tres preguntas que algunos de ustedes pueden estar haciéndose ahora mismo.

En este devocional están participando muchos jóvenes y jovencitas que son miembros de primera generación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.Han escuchado y recibido el mensaje del evangelio restaurado de Jesucristo, han sido bautizados y confirmados por la debida autoridad del sacerdocio, y actualmente siguen adelante con fe firme en Cristo. Ya sean conversos recientes o de hace mucho tiempo, ustedes son el alma de la Iglesia y la salvación de sus familias presentes y futuras; son el primer eslabón en la cadena de sus generaciones.

Pero tal vez se pregunten: “Como el único miembro de la Iglesia en mi familia y a causa de que enfrento una fuerte oposición por parte de mis padres, hermanos y otros miembros de la familia, ¿cómo puedo llegar a ser un fuerte eslabón conexivo?”.

Al leer y escuchar historias sobre los primeros pioneros de esta dispensación que sufrieron persecución, que soportaron dificultades físicas y caminaron por las llanuras para establecerse en el Valle del Lago Salado, es posible que se pregunten si podrían haber hecho lo que ellos hicieron. ¡Pero muchos de ustedes están haciendo lo que ellos hicieron! La naturaleza exacta y los tipos de desafíos que ustedes enfrentan hoy pueden ser diferentes de los de aquellos pioneros, pero la oposición a la verdad restaurada es la misma hoy y cada vez se hace más intensa.

En abril de 1986 falleció el jefe de una tribu en Ghana central. Para los preparativos del funeral se contó con la ayuda del medio hermano del jefe, Fred Antwi, quien un año antes había sido bautizado y confirmado miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sin que Fred lo supiera, la hermana menor del jefe, la reina madre, estaba haciendo planes para que él se convirtiera en el nuevo jefe de la tribu.

La noche antes del entierro, un miembro de la familia habló con Fred confidencialmente y le preguntó: “¿Sabes qué planes tiene la familia para ti?”. Fred respondió: “No, no hasta que me lo digan”. Entonces el pariente le dijo: “Vas a ser el nuevo jefe”. Sorprendido, Fred dijo rotundamente: “¡No!, mi religión no me permite hacer eso”.

Servir como jefe es un honor. El jefe es el líder principal de sus aldeas, y cuando habla, la gente hace lo que se les ordena. Un jefe recibe apoyo económico, y todo lo que considera que necesita, se le brinda. Fred prestaba servicio como presidente de rama en el momento en que se enteró de la posibilidad de convertirse en jefe, y simplemente no estaba dispuesto a participar en los ritos tribales que se oponían a los principios del evangelio del Salvador.

A continuación cito la respuesta de Fred al anuncio sorprendente de su hermana. “Esa misma noche, fui en mi auto a visitar a uno de nuestros ancianos tribales de un pueblo cercano. Quería hablar con él sobre las noticias que me habían dado. Él explicó: ‘Soy consciente de los planes y no puedo hacer nada para evitar que se convierta en jefe’”.

Entonces Fred dijo: “Usted sabe que soy cristiano y que mi religión no me permite ser jefe porque hay muchas cosas que un jefe debe hacer que yo no haré”. El anciano de la tribu respondió: “Bueno, vaya y diga a sus líderes que es cristiano y que no puede ser jefe”. Fred respondió: “Regresé para informar a los líderes, pero ignoraron mi mensaje”.

Fred continuó: “Mi medio hermano [el exjefe] iba a ser sepultado a medianoche, así que iba en mi auto detrás de todos los autos donde iban los miembros de la familia. En un cruce en la carretera camino al entierro, en vez de dar vuelta a la izquierda con los demás, crucé a la derecha hacia Cabo Corso y me fui a toda velocidad”.

Durante los seis meses siguientes, Fred no tuvo contacto con los familiares. Más tarde se enteró de que si hubiera ido al entierro, lo habrían nombrado como el jefe siguiente, lo que lo ponía en una situación muy difícil. Con el tiempo se enteró de que su sobrino, un hijo de la reina madre, fue nombrado como el nuevo jefe.

A medida que Fred hacía ese cruce a la derecha y se dirigía a Cabo Corso, estaba fortaleciendo el primer eslabón de la cadena de sus generaciones. Firme en su testimonio de la doctrina y de los principios del Evangelio restaurado, el curso de la vida de Fred cambió de manera milagrosa. Él y la hermana Antwi fueron los primeros misioneros de tiempo completo de África Occidental que fueron asignados a servir en el Templo de Ghana. Hoy día, Fred y su esposa sirven como consejero en la Presidencia del Templo de Accra, Ghana, y directora auxiliar de las obreras, respectivamente.

Como nuevo converso de la Iglesia restaurada del Salvador, Fred fue bendecido y fortalecido para superar la tremenda oposición de su familia, amigos y colegas. Y el hermano y la hermana Antwi han enseñado diligentemente a sus hijos el evangelio de Jesucristo y establecido modelos de rectitud en su familia que se están extendiendo a través de las generaciones. Como comenzó con Fred y su esposa, ¡así también comienza con ustedes!

A ustedes que son miembros de la Iglesia de primera generación: ¡comienza con ustedes! Ustedes son los pioneros de sus antepasados y de su posteridad. Los familiares fallecidos que los preceden en la cadena de sus generaciones están orando por su ayuda, y los que vendrán después de ustedes contarán con su fidelidad. Ustedes, de verdad, tienen el poder de convertirse en fuertes eslabones conexivos. Recuerden, comienza con ustedes. Y con la ayuda del Señor, pueden lograrlo.

Algunos pueden preguntarse: “¿Cómo puedo esperar crear una familia eterna al nunca haber sido miembro de un hogar fuerte de Santos de los Últimos Días?”. Tal vez les sean útiles algunas observaciones de mi propia experiencia.

Mis “cadenas de generaciones” personales son muy diferentes en mis líneas maternas y paternas de antepasados. En la cadena de mi madre, soy miembro de la Iglesia de quinta generación. Sus antepasados se unieron a la Iglesia en Inglaterra y Suiza en los primeros días de la Restauración. Así que en la línea de mi madre, soy un eslabón en una larga cadena de generaciones fieles.

En la cadena de mi padre, soy miembro de la Iglesia de primera generación. Debido a que mi padre no se unió a la Iglesia hasta más tarde en su vida, mi hermano y yo fuimos los primeros Bednar en recibir el sacerdocio. Yo fui el primero en nuestra familia en servir como misionero de tiempo completo; por eso, al igual que muchos de ustedes, yo soy el primer eslabón del Evangelio en la cadena de las generaciones de los Bednar.

Mi padre era un hombre bueno, devoto y trabajador; lo amo, y aprendí grandes lecciones al trabajar con él que me han ayudado a llegar a ser la persona que soy. Mi madre me enseñó a orar y atesorar las Escrituras; la amo y agradezco la llama de fe que encendió en mí. Sin embargo, algo interesante, es que no recuerdo haber orado, estudiado las Escrituras ni haber llevado a cabo la noche de hogar como familia. Oré y leí el Libro de Mormón con mamá, pero nunca llevamos a cabo esas cosas juntos como padre, madre e hijos.

Con la ayuda del Señor, ustedes pueden crear una familia eterna, aunque no provengan del tipo de hogar Santo de los Últimos Días que a veces aparece en las portadas de las revistas Liahona o Ensign. Por favor, recuerden siempre que ¡comienza con ustedes!

El hecho de que no había experimentado modelos familiares rectos en el hogar de mi infancia creó en mí un fuerte deseo de trabajar diligentemente con Susan para asegurar que tales modelos siempre formaran parte del hogar que creamos juntos. Al deliberar en consejo y suplicar ayuda en nuestras oraciones, fuimos inspirados y bendecidos para ayudar a nuestros hijos a aprender los principios del evangelio restaurado del Salvador. Ciertamente no éramos padres perfectos, pero recibimos los dones espirituales que necesitábamos y encontramos “de [Él] la fuerza”10.

Ustedes y yo no estamos atrapados en nuestras experiencias pasadas. No somos cabal y totalmente víctimas de nuestras circunstancias actuales o cautivos de nuestro ambiente. El Espíritu Santo nos enseñará todas las cosas que debemos hacer, incluyendo modelos de rectitud familiar en los que no hemos participado previamente. ¡Comienza con ustedes! Y con la ayuda del Señor, pueden lograrlo.

A algunos de ustedes se les ha destrozado el corazón cuando familiares o líderes respetados no han honrado los sagrados convenios del matrimonio. Quizás se pregunten: “Si mis padres u otros matrimonios que he conocido fueron sellados en el templo y sus matrimonios no tuvieron éxito, ¿qué esperanza tengo de que mi matrimonio perdure para siempre?”.

A ustedes que han experimentado la angustia de un divorcio en su familia o han sentido que fueron defraudados, ¡por favor recuerden que comienza con ustedes! Quizás se haya roto un eslabón en la cadena de sus generaciones, pero los otros eslabones rectos y lo que queda de la cadena son, eternamente importantes. Ustedes pueden reforzar su cadena e incluso ayudar a restaurar los eslabones rotos. Esa labor se logrará uno por uno.

Somos hijos e hijas de Dios. Según el eterno plan de felicidad del Padre, se nos ha investido con el don del albedrío moral y somos agentes con la capacidad de actuar. No somos simplemente objetos para que se actúe sobre nosotros. Somos nuestros propios agentes y debemos estar anhelosamente consagrados en efectuar mucha justicia11.

Un matrimonio satisfactorio y feliz no se encuentra; más bien, lo crean un hombre y una mujer que guardan convenios. Me temo que algunos de ustedes estén empeñándose en una búsqueda interminable de algo que no existe. No existe un posible cónyuge perfecto que pueda protegerlos del dolor emocional y de la angustia espiritual, pero en la fuerza del Señor, el hombre y la mujer fieles que actúen como agentes pueden crear el matrimonio satisfactorio y la familia eterna que esperan y desean tener.

El servir desinteresadamente en una relación matrimonial requiere paciencia y constancia en un mundo que incansablemente estimula el egocentrismo y el egoísmo, pero comienza con ustedes, a medida que actúan y avanzan con fe en el Salvador, buscan continuamente la ayuda celestial y ejercen su albedrío moral con rectitud. Pueden lograrlo con la ayuda del Señor.

Promesas, bendición y testimonio

Mis amados hermanos y hermanas, les imploro con toda la energía de mi alma que lleguen a ser un eslabón conexivo en la cadena de sus generaciones.

El llegar a ser un eslabón conexivo comienza con ustedes al hacer las cosas sencillas que el hermano y la hermana Call hicieron para honrar convenios sagrados y enseñar a sus hijos a vivir y amar el evangelio restaurado de Jesucristo.

El llegar a ser un eslabón conexivo comienza con ustedes al tener el valor y la fe en el Salvador para dar vuelta a la derecha, tal como el hermano Antwi.

El llegar a ser un eslabón conexivo comienza con ustedes al confiar en el Espíritu Santo para que les enseñe todas las cosas e ilumine su sendero, incluso cuando no sepan con exactitud a dónde deben ir y qué deben hacer.

El llegar a ser un eslabón conexivo comienza con ustedes al desechar de manera diligente y valiente las tinieblas de entre ustedes12 y permanecer firmes contra las maldades seductoras de los últimos días.

Invoco sobre ustedes una bendición apostólica, para que por el poder del Espíritu Santo puedan entender más plenamente la importancia de su lugar en la cadena de las generaciones. Sé que serán bendecidos y fortalecidos a medida que se esfuercen por llegar a ser un fuerte eslabón conexivo. ¡Y prometo que con la ayuda del Señor pueden lograrlo!

Testifico con gozo que Jesucristo es el Hijo Viviente del Dios Viviente. Sé que Él vive, que Él ha resucitado, y que Él nos conoce y nos ama personalmente. Testifico que la autoridad y las llaves del sacerdocio que atan en la tierra y en el cielo han sido restauradas a la tierra en estos últimos días. Y sé que al seguir el plan eterno del Padre somos felices en esta vida, y nuestras familias pueden estar juntas para siempre. De ello testifico en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Gordon B. Hinckley, “Chains” (Devocional del Colegio Ricks, 7 de septiembre de 1999), video.byui.edu; véase también “Ricks College Devotional, September 7, 1999”, Discourses of President Gordon B. Hinckley, tomo 1: 1995–1999 , 2005, págs. 471–477.
  2. Doctrina y Convenios 128:18; cursiva agregada.
  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 2011, pág. 439.
  4. Doctrina y Convenios 132:46.
  5. D. Todd Christofferson, “La redención de los muertos y el testimonio de Jesús”, Liahona, enero de 2001, pág. 12.
  6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013, pág. 233.
  7. Enseñanzas: Joseph Fielding Smith, págs. 233–234.
  8. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  9. Véase Salmos 30:5.
  10. “Señor, yo te seguiré”, Himnos, nro. 138.
  11. Véase Doctrina y Convenios 58:27–28.
  12. Véase Doctrina y Convenios 50:23–25.
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