La clave de nuestra religión

Liahona Agosto 1992

La clave de nuestra religión

Por el presidente Ezra Taft Benson

Refiriéndose al Libro de Mormón, el profeta José Smith dijo que un hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro.

Hoy quisiera hablar sobre uno de los dones más importantes que se han dado al mundo en tiempos modernos. El don al que me refiero es más importante que las invenciones que han surgido de la revolución industrial o tecnológica; este es un don de mayor valor aún para el género humano que los muchos adelantos maravillosos que hemos visto en la medicina moderna; es de mayor valor para el género humano que la evolución de los vuelos y viajes espaciales. Hablo del Libro de Mormón.

Este don fue preparado por la mano del Señor durante un período de más de mil años, y permaneció escondido por El para preservarlo en su pureza para nuestra generación. Quizá no haya nada que testifique más claramente de la importancia de este libro de Escrituras que lo que el Señor mismo ha dicho sobre él.

Por su propia boca ha dado testimonio de que: (1) es verdadero (D. y C. 17:6); (2) contiene la verdad de Sus palabras (D. y C. 19:26); (3) se tradujo por el poder del cielo (D. y C. 20:8); (4) contiene la plenitud del evangelio de Jesucristo (D. y C. 20:9; 42:12); (5) fue dado por inspiración y confirmado por el ministerio de ángeles (D. y C. 20:10); (6) da evidencia de que las Sagradas Escrituras son verdaderas (D. y C. 20:11); y (7) aquellos que lo reciban con fe recibirán la vida eterna (D. y C. 20:14).

Un poderoso segundo testimonio de la importancia del Libro de Mormón es el darse cuenta del momento en que el Señor permitió que se publicara, dentro del cuadro cronológico de la restauración. Lo único que lo precedió fue la Primera Visión. En esa manifestación maravillosa, el profeta José Smith entendió la verdadera naturaleza de Dios y supo que Dios tenía una obra que encomendarle. La aparición del Libro de Mormón fue lo que le siguió.

Piensen en eso y en lo que ello implica. La aparición del Libro de Mormón precedió a la restauración del sacerdocio. Se publicó unos pocos días antes de que se organizara la Iglesia. A los santos se les dio el Libro de Mormón para que lo leyesen, antes de que se les dieran las revelaciones que detallaban enseñanzas tales como los tres grados de gloria, el matrimonio celestial y la obra vicaria. Apareció antes de la organización de los quórumes del sacerdocio y de la Iglesia. ¿No nos dice esto algo sobre cómo considera el Señor esta obra sagrada?

Una vez que nos demos cuenta de cómo se siente el Señor con respecto a este libro, ¿no debería sorprendernos que también nos dé advertencias sobre cómo recibirlo? Después de indicar que aquellos que reciban el Libro de Mormón con fe, obrando con rectitud, recibirán una corona de vida eterna (véase D. y C. 20:14), el Señor continúa con esta exhortación: “… más para quienes endurezcan sus corazones en la incredulidad y la rechacen [esta obra], se tomará para su propia condenación” (D. y C. 20:15).

En 1829, el Señor advirtió a los santos que no deberían jugar con las cosas sagradas (véase D. y C. 6:12). Ciertamente, el Libro de Mormón es sagrado y, sin embargo, muchos juegan con él, o sea, lo toman a la ligera, sin darle mucha importancia.

En 1832, cuando algunos de los primeros misioneros regresaban de su misión, el Señor les reprendió por tratar el Libro de Mormón a la ligera. Les dijo que como resultado de esa actitud, sus mentes se habían ofuscado. El tratar este libro sagrado a la ligera no solamente les había dejado a ellos en tinieblas, sino que también había traído condenación a toda la Iglesia, aun a todos los hijos de Sión. Y luego el Señor les dijo: “… y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón” (D. y C. 84:57).

¿Hay alguna razón para que hoy nos parezca el Libro de Mormón menos importante por el hecho de que lo hayamos tenido por más de un siglo y medio? ¿Recordamos el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón? En la Biblia tenemos el Antiguo y el Nuevo Testamento. La palabra testamento es el equivalente en inglés de una palabra griega que se puede traducir como convenio. ¿Es esto lo que quiso decir el Señor cuando llamó al Libro de Mormón “el nuevo convenio”? Porque es en realidad otro testamento o testigo de Jesús. Esta es una de las razones por las que recientemente hemos agregado las palabras Otro testamento de Jesucristo al título del Libro de Mormón.

Si a los primeros santos se les reprendió por tratar al Libro de Mormón a la ligera, ¿acaso estamos nosotros bajo una condenación menor si hacemos lo mismo hoy día?

Existen tres grandes razones por las cuales los Santos de los Últimos Días deberían hacer del estudio del Libro de Mormón un esfuerzo de toda la vida.

La primera es que el Libro de Mormón es la clave de nuestra religión. Así lo declaró el profeta José Smith. El testificó que “el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión” (Introducción al Libro de Mormón). La clave es la piedra central o angular de un arco. Sostiene a todas las demás en su lugar, y si se quita, el arco se derrumba.

Hay tres formas en que el Libro de Mormón es la clave de nuestra religión. Es la clave en el testimonio de Jesucristo, es la clave de nuestra doctrina, y es la clave del testimonio.

El Libro de Mormón es la clave en nuestro testimonio de Jesucristo, quien es a la vez la clave de todo lo que hacemos. Con poder y claridad testifica de Su realidad. A diferencia de la Biblia, que pasó por generaciones de copistas, traductores y religiosos corruptos que manipularon indebidamente el texto, el Libro de Mormón vino de escritor a lector en un solo paso inspirado de traducción. Por lo tanto, su testimonio del Maestro es claro, puro y poderoso. Pero es más que eso. La mayoría del mundo cristiano de hoy rechaza la divinidad del Salvador. Pone en tela de juicio su nacimiento milagroso, su vida perfecta y la realidad de su gloriosa resurrección. El Libro de Mormón enseña en términos claros e inequívocos la autenticidad de tales hechos. También proporciona la explicación más completa de la Expiación. Verdaderamente, este libro divinamente inspirado es una clave que da testimonio al mundo de que Jesús es el Cristo (véase la portada del Libro de Mormón).

El Libro de Mormón es también la clave de la doctrina de la resurrección. Como mencioné anteriormente, el Señor mismo ha declarado que el Libro de Mormón contiene “la plenitud del evangelio de Jesucristo” (D. y C. 20:9). Eso no quiere decir que contenga todas las enseñanzas, ni toda la doctrina que se ha revelado. Lo que quiere decir es que en el Libro de Mormón encontraremos la plenitud de la doctrina que se requiere para nuestra salvación. Y se enseña clara y simplemente a fin de que aun los niños puedan aprender los senderos de salvación y exaltación. El Libro de Mormón ofrece tantas cosas que ensanchan nuestro conocimiento de la doctrina de salvación que, sin él, mucho de lo que se enseña en otros-libros de escritura no sería tan claro y precioso.

Finalmente, el Libro de Mormón es la clave del testimonio. Al igual que un arco se derrumba si se le quita la piedra angular, así también toda la Iglesia se sostiene, o cae, en base a la veracidad del Libro de Mormón. Los enemigos de la Iglesia entienden esto claramente, y esa es la razón por la que luchan tan arduamente para tratar de desacreditar al Libro de Mormón, porque si lo logran, también desacreditarían al profeta José Smith. Lo mismo sucede con nuestra declaración de que poseemos las llaves del sacerdocio, y la revelación y la restauración de la Iglesia. Pero igualmente, si el Libro de Mormón es verdadero —y millones de personas han testificado ya de que han recibido la confirmación del Espíritu acerca de su veracidad— entonces debe uno aceptar que ha habido una restauración y todo lo que le acompaña.

Sí, el Libro de Mormón es la clave de nuestra religión— la clave de nuestro testimonio, la clave de nuestra doctrina y la clave en el testimonio de nuestro Señor y Salvador.

La segunda gran razón por la que debemos hacer del Libro de Mormón el centro de nuestro estudio es porque fue escrito para nuestros días. Los nefitas nunca tuvieron el libro, ni tampoco los lamanitas de la antigüedad. Fue escrito para nosotros. Mormón escribió casi al final de la civilización nefita. Bajo la inspiración de Dios, quien ve todas las cosas desde el principio, recopiló registros de siglos, escogiendo los relatos, discursos y acontecimientos que más nos serían de provecho.

Todos los escritores principales del Libro de Mormón testificaron que escribían para las generaciones futuras. Nefi dijo: “Dios el Señor me ha prometido que estas cosas que escribo serán guardadas, y preservadas y entregadas a los de mis posteridad, de generación en generación” (2 Nefi 25:21). Su hermano Jacob, quien lo sucedió, escribió palabras similares: “Porque [Nefi] dijo que la historia de su pueblo debería, grabarse sobre sus otras planchas, y que yo debía conservar estas planchas y transmitirlas a mi posteridad, de generación en generación” (Jacob 1:3). Tanto Enós como Jarom indicaron que ellos tampoco estaban escribiendo para su propia gente, sino para generaciones futuras (véase Enós 1:15-16; Jarom 1:2).

Mormón mismo dijo: “…sí, hablo a vosotros, un resto de la casa de Israel” (Mormón 7:1). Y Moroni, el último de los inspirados autores, realmente vio nuestros días y nuestra época. “He aquí”, dijo, “el Señor me ha mostrado cosas grandes y maravillosas concernientes a lo que se realizará en breve, en ese día en que aparezcan estas cosas entre vosotros.

“He aquí, os hablo como si os hallaseis presentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras” (Mormón 8:34-35).

Si ellos vieron nuestros días, y eligieron aquellas cosas que serían de máximo valor para nosotros, ¿no es esa suficiente razón para estudiar el Libro de Mormón? Constantemente deberíamos preguntarnos: “¿Por qué inspiró el Señor a Mormón [o a Moroni o a Alma] para que incluyera esto en su registro? ¿Qué lección puedo aprender de esto que me ayude a vivir en esta época?”

Hay muchos ejemplos de cómo contestar esta pregunta. Por ejemplo, en el Libro de Mormón encontramos un modelo para prepararnos para la Segunda Venida. Una gran parte del Libro se centra en las pocas décadas previas a la venida de Cristo a América. Por medio de un estudio cuidadoso de ese período, podemos determinar por qué algunos fueron destruidos en los terribles juicios que precedieron Su venida y que indujo a otros a ponerse de pie ante el templo, en la tierra de la Abundancia, y meter sus manos en las heridas de las manos y los pies del Señor.

Del Libro de Mormón aprendemos cómo viven los discípulos de Cristo en tiempos de guerra. Por el Libro de Mormón vemos las iniquidades de las combinaciones secretas expuestas en una gráfica y fría realidad. En el Libro de Mormón encontramos lecciones para enfrentarnos a la persecución y a la apostasía; aprendemos mucho sobre cómo hacer la obra misional. Y más que nada, en el Libro de Mormón vemos los peligros del materialismo y de poner nuestro corazón en las cosas del mundo. ¿Puede alguien dudar de que este Libro sea para nosotros y que en él encontremos gran poder, consuelo y protección?

La tercera razón por la cual el Libro de Mormón es de tanto valor para los Santos de los Últimos Días se da en la misma declaración del profeta José Smith, citada anteriormente. Él dijo: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que el hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Introducción al Libro de Mormón). Esta es la tercera razón para estudiar el Libro de Mormón. Nos ayuda a acercarnos a Dios. ¿No existe algo muy profundo en nuestro corazón que añora acercarse más a Dios, ser más como Él es en nuestros quehaceres diarios y sentir su presencia constantemente? Si es así, el Libro de Mormón nos ayudará a lograrlo más que ningún otro libro.

No se trata sólo de que el Libro de Mormón nos enseñe la verdad, aunque en realidad así lo hace, ni de que dé testimonio de Cristo, aunque de hecho también lo hace, sino hay algo más que eso. Hay un poder en el libro que empezará a fluir a su vida en el momento en que empiece usted a estudiarlo seriamente. Encontrará mayor poder para resistir la tentación; encontrará el poder para evitar el engaño; encontrará el poder para mantenerse en el camino angosto y estrecho. A las Escrituras se les llama “las palabras de vida” (D. y C. 84:85), y en ningún otro caso es eso más verdadero que en el caso del Libro de Mormón. Cuando empiecen a sentir hambre y sed de esas palabras, encontrarán vida en mayor abundancia.

Les imploro de todo corazón que consideren con gran solemnidad la importancia del Libro de Mormón para ustedes personalmente y para la Iglesia colectivamente.

No permanezcamos bajo condenación, con sus castigos y juicios, por el hecho de tratar ligeramente este gran y maravilloso don que nos ha concedido el Señor (véase D. y C. 84:54-58). Por el contrario, obtengamos las promesas que se reciben al atesorarlo en nuestro corazón.

He recibido muchas cartas de los santos, tanto jóvenes como adultos, de todas partes del mundo, que han aceptado el compromiso personal de estudiar el Libro de Mormón.

Me han emocionado sus relatos de cómo el libro ha cambiado su vida y cómo se han acercado más al Señor como resultado de su dedicación. Estos gloriosos testimonios le han reafirmado a mi alma las palabras del profeta José Smith de que el Libro de Mormón es verdaderamente “la clave de nuestra religión” y de que el hombre “se… acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”.

Ruego que el Libro de Mormón se convierta en la clave de nuestra vida. □

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