Las Ruinas de Meguido

Liahona Noviembre 1962
Excabaciónes Bíblicas en la Tierra Santa

Las Ruinas de Meguido

por Christine y O. Preston Robinson

Segundo de una serie de artículos escritos por el hermano Robinson y su esposa, como resultado de su última visita a la Tierra Santa. (N. del Editor)

Cuando tuvo la visión que le mostró la última gran batalla del mundo, identificando el lugar como Armagedón (Apocalipsis 16: 16), Juan el Reve­lador debe haber tenido un perfecto conocimiento en cuanto a la trágica historia de Meguido. Har-Mageddon (Armagedón) significa ‘las montañas de Meguido” donde, a través de los siglos del pasado, probablemente hayan tenido lugar las más importantes batallas pelea­das jamás en el mundo.

Meguido es realmente una fortaleza situada sobre una colina a la entrada del paso que por el Sudoeste conduce desde las llanuras de Sarón hasta las de Jezreel (Esdraelón), que es el valle más grande de Israel. En dirección hacia la costa del mar Mediterráneo, esta llanura está rodeada por una áspera zona mon­tañosa, entre cuyos picos más altos se encuentran los montes Tabor, Gilboa y Carmelo. Fué sobre el Monte Tabor, según algunas autoridades en la materia, donde Cristo se transfiguró. El Gilboa se distingue a raíz de haber sido allí donde Saúl, el primer rey de Israel, y su hijo Jonatán fueron muertos durante su batalla con los filisteos. Y el Monte Carmelo fué escenario de aquella notable ocasión en que Elías el Profeta con­fundió a los sacerdotes de Baal, quienes fueron in­capaces de conseguir que sus dioses se manifestaran mientras que el Todopoderoso hizo que una bola de fuego consumiera el sacrificio ofrecido por Elías.

Debido al hecho de que a esta altura las montañas se proyectan en forma escarpada hacia el mar Medi­terráneo, las llanuras de Jezreel y de Sarón, unidas ambas por el paso dominado por la fortaleza de Meguido, constituyen la única vía de acceso hacia el in­terior de Palestina y de Egipto.

La Biblia, en hebreo, da a esta ruta el nombre de Derekh Hay-yam, que significa “camino del mar.” Durante la dominación romana, llegó a ser una arteria de estrategia militar muy importante, conocida por el nombre de “Via Maris.” Era éste el preferido y obli­gado itinerario de todos los ejércitos provenientes de la zona mesopotámica—la comarca comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates—, que llegaban a Palestina o a Egipto con intenciones de conquista. A menos que utilizaran la ruta marítima, estos contingentes debían pasar por estos valles y por consiguiente les era nece­sario salvar primeramente el obstáculo presentado por la fortaleza de Meguido antes de poder alcanzar en­tonces sus objetivos militares.

Batalla tras batalla, Meguido fué escenario de constantes contiendas. Su historia más remota la identifica como una fortaleza canaanita. En 1478 a J.C, Meguido fué capturada por Tutmés III, rey de Egipto. Ya en aquella lejana época, sus botines de guerra eran magníficos. Fué precisamente en las proximidades de las llamadas “aguas de Meguido” que Débora y Barac vencieron a los canaanitas comandados por Sisara. En esta lucha, los hebreos estaban en inferioridad de condiciones con respecto a los canaanitas, quienes se presentaron a la batalla en carrozas armadas. Providencialmente, sin embargo, una gran tormenta tuvo lugar y la copiosa lluvia resultante hizo desbordar el río Cisón de manera tal que los carros de guerra de Sisara, al igual que el resto de sus tropas, se quedaron atascados en el lodo. Esto permitió que Débora y Barae arremetieran en contra de ellos y los derrotaran.

Es interesante destacar que también sobre esas mismas riberas del río Cisón, Elias el Profeta hizo matar, después de su demostración del poder de Dios sobro el Monto Carmelo, a los 450 inicuos sacerdotes de Baal, Esto irritó tanto a jezabel, la esposa de Acab, rey de Israel, que sentenció a Elías a morir en la misma forma. Jezabel hizo buscar minuciosamente por todas las colinas y llanuras de Juclea al gran Profeta, pero éste eludió triunfante la persecución de la irascible mujer.

Durante su reinado, también Salomón dependió grandemente de la fortificación de Meguido. El sabio monarca hizo restaurar y reforzó dicho baluarte, utili­zándolo luego para alojar sus 1.400 carros de guerra y su caballería consistente en 12.000 hombres.

Precisamente en Meguido, Jehú, “ungido de Jchova para que exterminara la familia de Acab,” mató a Ocozins, rey de Judá. También allí, en el año 610 a J.C, fué asesinado c\ amado rey Josías, cuando éste intentó interceder en una disputa surgida entre Necao, faraón de Egipto, y el rey de Asiria. Su cuerpo fué llevado entonces en una carroza a Jerusalén, donde “todo Israel lloró su muerte.”

Los ejércitos de Alejandro Magno y los de Asiría y Babilonia, cruzaron repetidas veces las llanuras de Esdraelón y sostuvieron enconadas batallas en Meguido y sus alrededores. También tuvieron lugar en esta zona los más importantes encuentros de las famosas “Cruzadas,” Aun en nuestro siglo, Meguido jugó un papel importante durante la Primera Guerra Mun­dial. En 1018, las tropas británicas invadieron el Norte de Palestina a través del paso de Meguido, a raíz de lo cual al Mariscal de Campo Allenby se le dio el título de Sir Allenby de Meguido.

Las primeras excavaciones modernas fueron efectuadas en Meguido en el año 1925, bajo la dirección del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago. Einanciada por el millonario John D. Roekefeller hijo, y con la asistencia de la propia Biblia como guía, la expedición descubrió varias fortificaciones que datan de unos 2.000 años antes de Jesucristo. Allí se en­contró el Sello de Sama, el leal siervo de Jeruboam,

Aproximadamente en el centro de las vastas ruinas de Meguido, se levanta un reacondicionado altar canaanita, cuyo origen probablemente se remonte hasta los tiempos de Abrahán, cuando éste inició su derro­tero a          través  del valle de Esdraelón hacia Siquein (Samaría), y donde el gran patriarca construyó su primer altar. Se cree que fué allí donde el Señor prometió a Abrahán que el país de Canaán iba a ser eternamente para él y sus descendientes.

En la actualidad, al pie de las amplias ruinas de Meguido yace el hermoso valle de Esdraelón (Jezreel), donde se está desarrollando un extraordinaria­mente           productivo plan de agricultura. Gracias al abundante suministro de agua provisto por el río Cisón y sus tributarios, ésta es una de las más fértiles llanuras del moderno Israel.

El hermoso valle de Esdraelón está limitado al Sud y al Oeste por el Monte Carmelo y las sierras de Samada, al Este por los Montes Tabor y Gilboa, y al Norte por las onduladas colinas de Nazaret y de Galilea, alargándose hacia la hoy pujante y moderna ciudad industrial de Haifa, a orillas del mar Medite­rráneo.

Al caminar por entre las ruinas de Meguido, teniendo a sus pies la impresionante y pacífica vista del floreciente valle, sólo por medio de un gran esfuerzo puede uno imaginar que esa zona se ha destacado en la historia como un indómito campo de batalla, y que es ése el terrible Armagedón previsto por Juan el Revelador.

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