El Pecado Contra el Espíritu Santo

Quisiera Saber…

El Pecado Contra el Espíritu Santo

Por Joseph Fielding Smith
Consejo de los Doce Apóstoles
 (Tomado de the Improvement Era)

Al leer los versícu­los 31 y 32 del ca­pítulo 12 de Mateo, he quedado confundido con la palabra “blasfemia”, dado a que el Señor dice que ella sería perdonada cuando se cometiera: contra el Hijo del Hombre, y no cuando fuera contra el Espíritu Santo. ¿Podría usted aclararme la diferencia y definir cuáles serían nuestras acciones o actitudes que consti­tuirían una blasfemia contra el Espíritu Santo?

Esta es una pregunta muy importante, y que sería difícil de contestar a una persona no miembro de la Iglesia de Jesucristo, o que, aun siéndolo, haya permanecido inactiva e in­diferente a sus enseñanzas. A fin de tener dicho problema claramente delineado, creo que será con­veniente en primer lugar transcribir el pasaje bíblico en cuestión:

…Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada.

A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce al árbol: (Mateo 12: 31-33.)

Cuando Juan el Bautista anduvo predicando por el desierto, dijo a las gentes:

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. (Ibid., 3: 11.)

En muchas ocasiones el Salvador habló a sus discípulos acerca del “don el Espíritu Santo.” Este don es mencionado muy frecuentemente en la Biblia, en especial en el Nuevo Testamento. Cuando Nicodemo se llegó hasta el Señor en busca de luz para su entendimiento, Él le dijo:

. . . De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3: 3.)

Esto no fué fácil de comprender para Nicodemo, por lo que preguntó a Jesús cómo’ podía un hombre “nacer de nuevo”. Entonces,

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Ibid., 3: 5-8.)

Por supuesto, el nacimiento de agua es el bautismo por inmersión para la remisión de pecados, y consti­tuye una ordenanza especial para entrar en el reino de Dios. El bautismo del Espíritu—o el otorgamiento del don del Espíritu Santo—es efectuado mediante la imposición de manos de uno que tenga el sacerdocio. Ningún hombre puede llevar a cabo estas ordenanzas sin poseer el sacerdocio, porque resultaría sólo una burla a la vista del Señor. Esta autoridad divina fué conferida en esta dispensación a José Smith y a Oliverio Cowdery, por mediación directa de Pedro, Santiago y Juan, quienes tenían las llaves del Sacerdocio Mayor o de Melquisedec. En una revelación concedida en octubre de 1830, el Señor declaró al profeta José Smith:

Sí, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para la remisión de sus pecados; sí, bautizaos aun en el agua, y entonces vendrá el bautismo de fuego y del Espíritu Santo.

He aquí, de cierto, de cierto os digo, éste es mi evan­gelio; y recordad que deberán tener fe en mí, o de ninguna manera podrán salvarse;

Y sobre esta roca edificaré mi iglesia; sí, sobre esta roca estáis edificados, y si perseveráis, las puertas del infierno no prevalecerán en contra de vosotros.

Y recordaréis las ordenanzas y convenios de la Iglesia para observarlos.

Y confirmaréis en mi iglesia por la imposición de manos a quienes tengan fe, y yo les daré el don del Espíritu Santo. (Doc. y Con. 33: 11-15.)

El apóstol Pablo comprendió que algo andaba mal cuando algunos convertidos en Éfeso aseguraron haber sido bautizados, por lo que les preguntó entonces si se les había conferido el don del Espíritu Santo después de la ordenanza del bautismo, a lo que ellos respondieron: “Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.” A raíz de esta declaración, Pablo dudó en cuanto a la validez del bautismo administrado a estas personas, y volvió a preguntarles: “¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.” El apóstol de los gentiles manifestó entonces: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, di­ciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.” Y la Escritura, sin más detalles, agrega: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.” (Véase Hechos 19: 1-6.)

Este don fué obtenido por todos los profetas de la antigüedad, conformo nos lo hace saber Pedro en su segunda Epístola;

. . . Entendiendo primero esto, que ninguna profecía es de interpretación privada.

Porque nunca la profecía fué traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo’ inspirados por el Espíritu Santo. (2 Pedro 1: 20-21.)

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de acuerdo a su integridad y fidelidad, están capacitados para recibir la misma guía y conocimientos divinos que se concediera a los Santos desde los días de Adán hasta la fecha. Sin embargo, ninguna persona podría obtener ni conservar este don—ni aun ejercerlo cabalmente—si no es humilde y guarda todos los mandamientos del Señor. El Es­píritu Santo no puede morar en tabernáculos inmundos ni contender con el hombre que no conserve tanto su mente como su cuerpo limpios y sea diligente ante el Señor.

Cuando el Salvador, poco antes de su enjuicia­miento, mantuvo una solemne reunión con Sus discí­pulos, les dijo:

Si me amáis, guardad mis mandamientos,

Y yo rogare al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre:

El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará con vosotros. (Juan 14: 15-17.)

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí;

De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Ei me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Ibid., 16: 7-14.)

Los que son del mundo no tienen hoy este don por causa de que se han alejado del camino del Señor y descartado Sus ordenanzas, enseñando sólo filosofías de hombres.

A todo aquel que honestamente busque la verdad, el Señor habrá de concederle una manifestación por medio del Espíritu Santo; pero no podrá pretender recibirlas repetidamente. Después de tal revelación, el individuo debe actuar por sí mismo, puesto que no se puede recurrir al Espíritu Santo y Su benéfica influen­cia sino hasta después del bautismo y la imposición de manos. Comelio fué un digno ejemplo en este particu­lar. Pedro se aferraba a la estricta tradición de Israel de que el evangelio sabía ser exclusivamente para los judíos y no para los gentiles. El Señor debió mostrarle una extraña visión para hacerle entonces comprender que el evangelio era de alcance universal.

De las inspiradas enseñanzas de Moroni, apren­demos lo siguiente:

He aquí, quisiera exhortaros, al leer estas cosas [el Libro de Mormón], si Dios juzga prudente que las leáis, a que recordaseis lo misericordioso (pie el Señor ha sido hacia los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y a que lo meditéis en vuestros corazones.

Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;

Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas, (Moroni 10: 3-5.)

Tan importante es el clon del Espíritu Santo, que toda persona que sea humilde y cumpla fielmente los mandamientos, puede tener su constante compañía e influencia. Y gracias al Espíritu Santo, dicho individuo podrá obtener el poder para discernir espíritus y para entender y aceptar todas las revelaciones del Señor. ¡Cuán glorioso es el privilegio de poder ser constante­mente guiado por el Espíritu Santo y conocer por Su intermedio los misterios del reino de Dios! ¿Cómo podemos leer las epístolas de Pablo, de Pedro o de cualquier otro profeta de la antigüedad, y no com­prender que la autoridad que les fuera conferida, y la luz y el conocimiento que poseyeran, vino a ellos a través del Espíritu Santo? Es por intermedio del Espíritu Santo que recibimos o podemos recibir el conocimiento de que Jesús es el Cristo, y que Sus profetas han declarado la verdad. Y después de obtener este testimonio, ¿puede un hombre apartarse de’ él y ser pasado por alto? Quien se aleje a sabiendas de la influencia del Espíritu Santo, dada la importancia de la verdad, se hace pasible de la sanción de no ser perdonado.

En la discutida Epístola a los Hebreos, leemos lo siguiente:

Porque es imposible que los que una vez fueron ilumina­dos y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

Y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. (Hebreros 6: 4-6.)

Pedro nos da también su testimonio de que el pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable:

Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contamina­ciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2 Pedro 2: 20-22.)

Por consiguiente, si una persona ha sido iluminada por el Espíritu, hasta el grado de saber verdaderamente que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios el Padre, se vuelve en contra de ese testimonio y lucha contra el Señor y Su obra, significa que se ha entregado conscientemente a sus propias concupiscencias y a sabiendas desafía el mismo poder—el poder de Dios— por el cual ha recibido esa luz.

El testimonio dado por el Espíritu Santo—mediador especial de Dios—es el más fuerte que el hombre puede recibir. Por eso fué que Jesucristo declaró:

.”. . Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia [es decir, toda palabra, pensamiento o actitud ofensiva] contra el Espíritu no les será perdonada… ni en este siglo ni en el veni­dero.” (Mateo 12: 31, 32.)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s