Cultivad un incansable apetito por el conocimiento

6 de Abril de 1968

Cultivad un incansable apetito por el conocimiento

Presidente Hugh B. Brown
De la Primera Presidencia

El siguiente es el texto completo de la narración ilustrada del presidente Hugh B. Brown de la Primera Presidencia, durante la Conferencia General del Sacerdocio, de la 138a. Conferencia Anual de la Iglesia, realizada la noche del sábado 6 de abril de 1968 en el Tabernáculo de la ciudad de Lago Salado.

Hermanos del Sacerdocio, nos reunimos esta noche en el famoso Tabernáculo y en cientos de capillas y otros lugares de reunión a través de los Estados Unidos y Canadá en lo que indudablemente es la reunión del sacerdocio más grande en esta dispensación, aumentada por una extensa audiencia que se ha unido a nosotros por medio de una transmisión por televisión.

Nos reunimos reverentemente en el nombre del fun­dador y principal de la Iglesia, nuestro Señor y Salva­dor, Jesucristo, de cuya divinidad humildemente damos testimonio.

Bajo la dirección de su Profeta, el presidente David O. McKay, la Primera Presidencia de la Iglesia emite una admonición y una exhortación que está dirigida hacia la juventud y los adultos igualmente—para abre­viar—a todos los miembros de la Iglesia y a nuestros semejantes de todo el mundo. Pero nuestro llamado va dirigido primeramente a vosotros, quienes estáis en ese interesante pero difícil período entre la niñez y la edad adulta llamado adolescencia, cuando ya no estáis some­tidos al estricto control de la niñez pero a su vez no estáis preparados para aceptar las totales responsabili­dades de un ser adulto.

Mantened en mente el hecho desafiante de que vues­tra meta no es simplemente exceder a otros, sino exce­deros a vosotros mismos; comenzad hoy mismo a ser la clase de persona que deseáis ser; a inmortalizar el pre­sente y el futuro que está delante para que vuestra vida pueda tener significado eterno. Cultivad un incansable apetito por el conocimiento.

Cada uno de vosotros es un heredero de las épocas. Aquellos que han ido adelante han descubierto parcial­mente y revelado un mundo de maravillas, con ilimita­dos y privilegiados campos.

A propósito, frecuentemente hemos exhortado a nues­tra juventud a que mantengan sus risas durante su edad madura. Un sano sentido del humor será una válvula de seguridad que os permitirá aplicar un toque risueño a los problemas más serios y a aprender una lección im­portante, que “el sudor y las lágrimas” fallen en resolver. Una línea tomada de Proverbios nos aconseja que “El corazón alegre produce buena disposición: más el espíritu triste seca los huesos.” (Proverbios 17:22)

Vivimos en una sociedad que cambia rápidamente y cuyos desafíos son temibles en su objetivo y frustrantes en su complejidad. Nuestra era es una era atómica don­de los movimientos, acciones y cambios revolucionarios son constantes. Un nuevo mundo está estallando sobre nosotros con repentina prontitud e irresistible fuerza— un mundo que es al mismo tiempo auspicioso y ominoso. La época requiere que nos preparemos para enfrentar las demandas del futuro, hacer los sacrificios requeridos, gozar de sus recompensas e inapreciables privilegios y acomodarnos a la ley universal del cambio.

Para tal finalidad, nuestra primera exhortación a vosotros es “estéis preparados”. Constantemente prepara­dos y continuad preparándoos para el futuro—vuestro futuro—el cual espera de vosotros importantes con­tribuciones. El paso del hombre a través de la vida es sostenido por el poder de su conocimiento.

La preparación que exhortamos no sólo es la educa­ción sino también la disciplina en ella, sea ésta impuesta o voluntaria.

Cada uno de vosotros debe enfrentar y resolver la pregunta de qué es lo que hará después que termine la enseñanza secundaria. Esta es una de las preguntas esenciales de la vida, que debe ser contestada con reso­lución y entusiasmo. Vuestra respuesta, si está afian­zada por el valor y la energía, determinará en gran manera cómo pasaréis el resto de vuestras vidas. Es, por lo tanto, de trascendental importancia.

Pero habrá tentaciones y altibajos a lo largo del camino, susurros sutiles intencionados a induciros a que abandonéis la búsqueda del conocimiento y a que seáis conducidos hacia desviaciones peligrosas. Tened cuidado de no ceder a la tentación, a veces halagadora, pero siem­pre falsa y destructora del alma de participar en cosas que Dios ha dicho no son buenas para el hombre.

Cito al autor Robert G. Ingersol, que por seguro no fue motivado por una gran razón religiosa, pero quien usó su maravillosa retórica para golpear a este enemigo común. “Creo, señores, que el alcohol, hasta cierto punto, desmoraliza a quienes lo producen, a aquellos que lo ven­den, y a aquellos que lo beben.

“Pienso que desde el momento en que sale de la plegada y envenenada serpiente de la destilería hasta que se vacía en el infierno del crimen, muerte y desho­nor, desmoraliza a todo aquel que lo toca. No creo que nadie pueda contemplar este sujeto sin convertirse en par­cial contra este crimen líquido. Todo lo que tenéis que ha­cer, señores, es pensar en la destrucción sobre cualquiera de ambas orillas de la corriente de la muerte—de los suicidios, de la insanidad, de la pobreza, de la ignoran­cia, de la angustia, de los niñitos tironeando las desco­loridas ropas de esposas sollozantes y desesperadas, pi­diendo pan; de los hombres de genio que ha destrozado, de los millones que han luchado con serpientes imagi­narias producidas por esta endiablada cosa. Y cuando se piensa en las cárceles, en los asilos, en las prisiones y en los cadalsos sobre cada orilla—no me extraña que cada hombre juicioso se defina contra esa endemoniada cosa llamada alcohol.” (Robert G. Ingersol.)

No permitáis que nadie os persuada de que el uso inapropiado de narcóticos, lo que se está volviendo co­mún en algunos centros de estudio, pueda beneficiaros en cierta manera. Algunos os dirán que ciertas drogas expanden el alma, pero como Al Capp nos dijo es una de sus historietas cómicas: “Mariguana y LDS expanden el alma de la misma forma que la bomba atómica ex­pandió a Hiroshima.” Al igual que Robert M. Hutchins de la Universidad de Chicago dijo: “No estoy preocu­pado acerca del futuro económico, estoy preocupado sobre vuestras morales. . . El más insidioso y paralizante peli­gro que enfrentaréis en la vida, es el peligro de la corrup­ción.”

De cada uno de los elevados caminos de verdades, desciende,
Por cada error que detiene el alma
Con la tristeza y la soledad del alma pagamos,
Y también con la demora en alcanzar la meta.

Recordad, la ley de la cosecha es inexorable. Lo que sembráis recogeréis. El uso de muchas substancias dañi­nas impedirá vuestro progreso hacia la meta.

La educación ha sido siempre reconocida por la Igle­sia como la obligación número uno de cada generación para con sus sucesores y de cada individuo para con­sigo mismo. Cada uno de nosotros es un ser inteligente, eterno y divinamente dotado. Nos incumbe por lo tanto, alentar y mantener vivo el espíritu inquisitivo, aprender y continuar aprendiendo todo lo que nos sea posible, acerca de nosotros, nuestros semejantes, nuestro universo y nuestro Dios, quien es nuestro Padre.

El profeta José Smith dijo: “Para ser salvo, un hom­bre debe elevarse por sobre todos sus enemigos, incluso por sobre la ignorancia.” Su profundo y constante in­terés en la educación es demostrado por el hecho de que fundó el primer programa de educación para adul­tos en América—La Escuela de los Profetas.

Aunque los Santos refugiados estaban ocupados eri­giendo un templo y predicando el evangelio reciente­mente restaurado, fueron sin embargo amonestados por el Señor a través del Profeta para que se enseñaran mutua­mente “cosas del cielo y de la tierra, y de debajo de la tierra; (conocimiento general), cosas que han sido (his­toria), cosas que son (hechos del presente), cosas que pronto sucederán (profecía), cosas de aquí, cosas de otro lado; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que están sobre la tierra, y también conocimiento de los países, y de los reinos.” En resumen, una educación general y comprensiva.

Los primeros pioneros mormones, a pesar de la cons­tante persecución, el continuo desarraigo de hogares y la tarea de sojuzgar el desierto, mantuvieron la educa­ción en primer orden en sus pensamientos y enseñanzas. Ellos trajeron consigo a través del desierto, libros, dia­gramas y textos sobre muchas materias.

Como prueba de su devoción por el conocimiento, los primeros colonizadores, poco después de arribar a Utah, fundaron la Universidad de Deseret—la que más tarde sería la Universidad de Utah. Poco después, fun­daron la academia Brigham Young, el colegio Ricks y treinta academias adicionales respaldadas por la Iglesia, cada una de ellas guiadas por la orden dada por Brigham Young al profesor Karl G. Maeser de que nada fuera enseñado, ni siquiera la tabla de multiplicar, sin el espíritu de Dios.

Recientemente la Primera Presidencia hizo una de­claración sobre la educación. En ella decía: “La Iglesia siempre ha alentado a sus miembros, y especialmente a su juventud, a obtener un título universitario o a recibir un buen entrenamiento en alguna vocación.”

En nuestra industria y sociedad tan rápidamente cre­ciente, la educación se ha convertido en una necesidad, ya que a menos que los jóvenes tengan un buen entrena­miento no podrán obtener dignos y gananciosos empleos en el futuro.

“Las posiciones que no exigen educación o entrena­miento van disminuyendo de año a año y pronto no existirán. Por lo tanto, intensamente urgimos a la juven­tud a que comiencen y continúen algún tipo de estudio formal luego de finalizar la enseñanza secundaria. De igual importancia es la selección de un programa educa­cional que considere los intereses de cada individuo, los talentos y las metas.”

En la selección del mejor programa académico para el futuro, necesitaréis ayuda y guía. Primero dirigíos a vuestros padres en busca de consejo. Ellos os han conocido por más tiempo que ninguna otra persona y tienen el conocimiento de lo que se necesita para triunfar en la vida. Ellos están profundamente interesados en vuestro futuro; os aman con devoción y sacrificio propio, que antepone vuestro bienestar al de ellos. Además, la ma­yoría de vosotros recibe su ayuda financiera.

Luego deberíais dirigiros a vuestros líderes de la Iglesia. Muchos de ellos han tenido experiencia en di­ferentes campos y estarán más que complacidos en acon­sejaros y se unirán a vosotros en busca de guía divina.

Los maestros de seminarios e institutos también po­drán ayudaros a comprender y a aplicar el programa edu­cacional de la Iglesia. Otros maestros, con entrenamien­to especializado, estarán encantados en informaros sobre sus propios campos de interés.

La decisión final, sin embargo, debe ser vuestra, po­dréis consultar con otras personas, examinar sus pruebas y calificaciones, y obtener un mejor conocimiento de vosotros mismos y de vuestras posibilidades, pero debéis evaluar todo aquello disponible, crear un apetito por lo mejor y entonces, con ambición encendida, con ánimo imposible de desalentar, hacer una decisión definitiva e irrevocable. Recordad, la cosa más importante no es lo que hacéis, sino con el grado de excelencia con que lo hacéis.

Podéis decidir asistir a una escuela industrial y pre­pararos para un oficio. Aquí también, la era de la tec­nología requiere completa preparación.

Brigham Young, él mismo, pintor y vidriero, dijo:

“Creo en la educación, pero quiero ver a los mucha­chos y muchachas obtener una educación en sus manos así como en sus mentes.”

En un colegio industrial podéis recibir entrenamien­to en dibujo, electrónica, tecnología de la granja, secre­tariado, oficinista, fotografía, programación de computa­doras, y muchas otras materias. Estos cursos varían en duración, desde algunos meses hasta varios años, con diplomas y certificados ofrecidos a su conclusión.

Otra posibilidad que debéis considerar es el entre­namiento en el campo que elijáis mientras estáis cum­pliendo el servicio militar.

Muchas escuelas especializadas ofrecen enseñanza en música, drama, baile, electrónica, negocios, y hasta en equipos pesados de operación. La mayoría de estos cur­sos son ofrecidos de buena fe, pero el alumno debe ser discriminativo y selectivo y asegurarse que lo que selecciona lo encaminará hacia su meta de llegar a ser una persona educada en el campo de su interés y aptitud.

Algunos negocios y firmas aceptan a una persona inmediatamente después de su graduación de secundaria y le proporcionan un empleo a la vez que lo entrenan con un salario inicial, pero en la mayoría de los casos esto debería ser meramente una piedra inicial.

Exhortamos a todos aquellos que tienen la aptitud, la ambición y la habilidad a que continúen su educa­ción universitaria y más allá de ella. Ningún joven de­bería ambicionar menos de lo que su capacidad lo justi­fique. El mundo del mañana abrirá camino al especialista capacitado para operar con fórmulas matemáticas, pre­sentar un caso frente a un tribunal, descubrir la cura de una temerosa enfermedad, desarrollar nuevas y me­jores técnicas agrícolas, etc.

Deseamos alentar y ayudar a los alumnos a lograr una más significante educación académica, religiosa y social.

Obviamente no todos los jóvenes Santos de los Últimos Días que desean una educación universitaria pueden registrarse en una de las instituciones de enseñanza de la Iglesia. Por eso, cerca de muchas universidades a través del mundo, han sido establecidos institutos que ofrecen un programa de educación religiosa.

“Urgimos a los alumnos a registrarse en esos insti­tutos, así podrán aumentar su aprendizaje secular con una educación religiosa y experiencias espirituales.”

En el presente poseemos 185 Institutos de Religión donde son ofrecidos cursos avanzados, adecuados al am­biente universitario.

En el instituto los alumnos pueden participar en bien dirigidos programas sociales, gozar de muchos ins­pirados programas de devoción y beneficiarse con el asesoramiento de un personal especializado.

En muchas universidades y colegios donde no existen institutos, se han formado Clubes Deseret. Su principal propósito es reunir a la juventud de la Iglesia y propor­cionarle experiencias sociales y culturales en armonía con los ideales y estratos más elevados.

La clave hacia una elección inteligente y feliz yace en elegir aquello que será mejor para vosotros como indi­viduos. De esa forma encontraréis satisfacción en con­vertiros en un miembro productivo, contribuyente e in­dependiente de la Iglesia y de la sociedad. El salmista dijo, “Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” (Proverbios 4:7)

El Presidente McKay ha dicho: “Carácter es la meta de la verdadera educación. . . La verdadera educación trata de hacer de los hombres y mujeres, no sólo buenos matemáticos, hábiles lingüistas, profundos científicos, o brillantes literatos, sino también hombres honestos, con virtud, calma y amor fraternal. Busca hacer hombres y mujeres que aprecian la verdad, sabiduría, benevolencia y control de sí mismo como las adquisiciones de más valor de una vida de éxito.

Urgimos a todos los miembros, jóvenes y mayores, a mantener siempre en mente que el verdadero propósito de la vida, aquí y en el más allá, es la búsqueda del gozo del progreso eterno. Así como la gloria de Dios es la inteligencia, el hombre sólo puede compartir esa gloria a través de una continua educación en su totalidad. Como el Señor mismo le dijo a José Smith: “Cualquier prin­cipio de inteligencia que logremos en esta vida se levan­tará con nosotros en la resurrección; Y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por motivo de su diligencia y obediencia hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero.” (Doc. y Con. 130:18-19)

Hoy os exhortamos entonces, hermanos y hermanas, a estar preparados, física, mental, espiritual, moral y es­téticamente y en toda forma; preparados para lo que el futuro glorioso encierra. La Iglesia está haciendo todo lo posible para que todos sus miembros sobresalgan.

Repetimos, podréis ser lo que deseáis ser si estáis dis­puestos a pagar el precio.

Que Dios os bendiga y os inspire a creer que a causa de que Él es vuestro Padre, hay, inevitablemente algo suyo en vosotros y por lo tanto, así como una bellota se transformará en un roble, así vosotros, cada uno po­seyendo una chispa divina podréis desarrollaros en algo similar a aquello de lo cual provenís.

Que Él os bendiga e inspire a creer en vosotros mis­mos y en la eficacia de la guía divina.

Te agradezco, Dios, porque pase lo que pase,
Puedo detenerme a lo largo del camino
A cualquier hora de la noche o del día
Y hablar contigo.

La guerra que comenzó en los cielos y ha continuado desde entonces, y en la cual está comprometida el alma inmortal del hombre, está por alcanzar su punto más elevado. Este llamado, es por lo tanto, en el verdadero sentido de la palabra, un llamado a las armas.

El llamamiento a estar preparado es enviado a cada uno de vosotros, por y desde la Presidencia de la Iglesia, y el Profeta de Dios. Es vital y de suma importancia. La preparación debe comenzar en el centro de vuestros cora­zones y extenderse hasta la punta de los dedos de vues­tras manos y pies. Cada uno de vosotros puede con­vertirse en el amo de su destino, el capitán de su alma.

Como David Sarnoff, de la Radio Corporación de América dijo a los alumnos de una clase:

“Vosotros enfrentáis los nuevos poderes conferidos por la ciencia para destruir o reconstruir el mundo, y el grado con el que mantengáis vuestra fe en Dios, en vues­tros semejantes y en vosotros mismos, juntamente con el sentido de responsabilidad y continua disciplina, será lo que determinará si estas tremendas fuerzas puestas en vuestras manos serán usadas para edificar un mundo mejor o si seréis los responsables de su destrucción.

… El mundo necesita el empuje de la vitalidad espiritual para resistir el presente cinismo y materialis­mo. La eliminación gradual de apetitos físicos profundi­zará la búsqueda de apetitos más elementales como son los de fe y salvación.

Necesitamos corazones robustos para enfrentar el fu­turo impregnado de acontecimientos innatos e inmenso en posibilidades.

Necesitamos fe para intentar, esperanza para inspirar y valor para sufrir.

“. . . Dejad que la virtud adorne vuestros pensa­mientos incesantemente; entonces vuestra confianza se fortificará en la presencia de Dios; y la doctrina del sa­cerdocio destilará sobre vuestra alma como rocío del cielo.

“El Espíritu Santo será vuestro compañero constante y vuestro cetro, un cetro incambiable de justicia y ver­dad; y vuestro dominio será eterno, y sin medios for­zados fluirá frente a tí para siempre jamás.”

Volviendo nuevamente a ese hermoso himno “Oh, Mi Padre,” y pensando en ese muchacho sobre sus rodillas, diciendo “Cuando yo me desvanezca, cuando salga del mortal, padre, madre, ¿puedo veros, en la corte celestial?”

Esa oración será progresivamente contestada sobre vuestras cabezas si os calificáis obteniendo y continuando una educación en todos los campos en los cuales sois guiados, y dondequiera que seáis guiados, recordad que Dios, vuestro Padre, está sobre vosotros implorando por vosotros, diciéndoos, ¡venid a mí!

Que su paz y bendiciones estén con vosotros. Que seamos inspirados, cada uno de nosotros, al abandonar este edificio esta noche a hacer algo de nosotros, a ser mejores de lo que somos, más llenos de conocimiento, más comprensivos, más dispuestos a concordar, más in­clinados para llegar hasta los no privilegiados y a los que necesitan ayuda. Pido por sus bendiciones y su paz para que estén con nosotros, humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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