La parábola de las manzanas

La parábola de las manzanas

Había una vez un árbol que estaba repleto de manzanas, todas las manzanas eran básicamente iguales, aunque de diferente tamaño, forma, color, pero en esencia todas manzanas.

Cierto día una manzana le dice a otra: “¡Wow! ¡Hoy te ves muy atractiva!”

Esa manzana al escuchar el comentario, empezó a sentirse superior a las demás manzanas y enfoco su vida en aquel comentario que le hicieron, en algo tan fútil y superfluo, algo que la hacía valer solo por su cascara.

Al siguiente día las membresías del gimnasio se multiplicaron, las citas con los cirujanos, las cosmetólogas, los diseñadores de imagen, etc… Todas las demás manzanas querían ser como la manzana “atractiva” y empezaron a competir entre sí.

Pronto llego el invierno y todas las manzanas comenzaron a caerse del árbol. La nieve empezó a caer y las manzanas, en el suelo, se secaron… se pudrieron, todas las manzanas pasaron por el mismo proceso y al final solo quedaron las semillitas tiradas en la fría tierra invernal…

Después llego la primavera y esas semillitas empezaron a retoñar. Pasado el tiempo, se convirtieron en arboles…

-¿Ustedes que son? ¿Árboles o Manzanas?

Por favor contesten la pregunta antes de seguir leyendo…

La moraleja es que nosotros fuimos creados para ser árboles y estamos temporalmente siendo manzanas porque esa es la cascara que está cubriendo nuestra semilla. Lo que esas manzanas no entendían, era que lo más importante no era el tipo de manzana que eran, sino el tipo de semilla que llevaban dentro de sí, porque eso es lo que determina el tipo de árbol que vamos a ser…

Dios no está esperando que nos enfoquemos en vernos como las mejores manzanas (que al final se caerán y secaran como toda manzana!!), si no que cultivemos aquellos atributos que nos hacen tener la mejor semilla, la más hermosa, la más virtuosa. Y eso no tiene nada que ver con la apariencia del fruto…

Considero que en el mundo de hoy estamos tan preocupados por el tipo de manzana que somos, que hemos dejado de valorar lo verdaderamente trascendental: nuestra semilla. En mi opinión, hay cosas en la vida que nos gustan mucho pero que no benefician en nada al crecimiento de nuestra semilla… aunque nos hacen vernos como la mejor manzana… el dilema es si realmente estamos dispuestos a dejar esas cosas que nos hacen “vernos” bien para dar lugar a las cosas que nos hacen “sentirnos” bien.

“No hay nada más bello que uno hombre o mujer joven que, como resultado de ser integro o virtuosa, resplandece con la luz del Espíritu, se siente seguro de sí mismo y es valiente. Creo que un hombre o  mujer joven integro o virtuosa, guiado por el Espíritu, puede cambiar el mundo”

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