¿Qué es Vida Eterna?

Liahona Junio 1968

¿Qué es Vida Eterna?

Por el presidente David O. McKay

En aquella gloriosa plegaria de mediación, ofre­cida por Jesús, nuestro Redentor, inmediata­mente antes de cruzar el arroyo Cedrón y recibir el beso del traidor que lo entregó a los soldados, en­contramos estas palabras:

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17:3)

Conocer a Dios y a su Hijo es la Vida Eterna. ¡Ahí está la clave! Vida Eterna es lo que yo deseo; la deseo más que cualquier otra cosa en el mundo; Vida Eterna para mí y los míos; para vosotros y para todo el mundo. Y ahí, en las palabras del Redentor mismo, tenemos el secreto.

¿Cómo podemos conocerlo?

Pero, cómo podemos conocerlo?, es la pregunta que sigue. ¿En algún momento u ocasión nos con­testa El esta pregunta? Si es así, queremos la res­puesta porque es vital. Investigando en los regis­tros que han sido dados por hombres que acompa­ñaban diariamente al Señor, encontramos que en una ocasión los hombres que lo estaban escuchando, empezaron a vociferar en contra de Él; se oponían a sus obras tal como los hombres se oponen a El actualmente. Y una voz se destacó y dijo: “¿Cómo podemos saber que lo que nos dices es cierto? ¿Cómo sabemos que tu declaración de que eres el Hijo de Dios es verdadera?” Jesús le contestó de una ma­nera muy sencilla—y poned atención al criterio:

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. (Juan 7:17)

Ese es un criterio filosófico; es el juicio más sim­ple para dar conocimiento a un individuo de lo que la mente humana puede concebir. Hacer alguna cosa introduciéndola dentro de vuestro propio ser, os con­vencerá de si es buena o mala. Podéis no ser capaces de convencerme a de lo que vosotros sabéis, pero lo sabéis porque lo habéis vivido. Esa fue la prueba que el Salvador dio a los hombres que le preguntaron cómo podían saber si la doctrina era de Dios o del hombre.

La “voluntad” ha sido revelada

Hemos contestado la pregunta de que si hace­mos su voluntad, conoceremos. Pero ahora viene otra pregunta: ¿Cuál es su voluntad? Y en ello está la esencia misma del Evangelio de Jesucristo. Tan claramente como Jesús declaró y definió lo que es Vida Eterna, o cómo la conoceremos, tan claramente como estableció la prueba, así mismo ha expresado cuál es su voluntad.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días da testimonio al mundo de que la “voluntad” de Dios se ha manifestado en esta dis­pensación; que los principios del evangelio, los prin­cipios de la vida, han sido revelados, y están en armonía con los que Cristo enseñó en el meridiano de los tiempos.

Hay un sentimiento innato que empuja al hom­bre hacia la verdad: es una responsabilidad impuesta al ser humano, y descansa sobre los miembros de la Iglesia en un grado mucho mayor que sobre sus semejantes.

En la sección 88 de Doctrinas y Convenios, se nos da esta admonición:

Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligen­temente y enseñaos el uno al otro palabras de sabi­duría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejo­res libros; buscad conocimiento.¿Cómo?—tanto por el estudio—pero no sólo por el estudio, como lo busca el mundo—como por la fe. (Doc. y Con. 88: 118)

Los miembros de la Iglesia conocen la verdad de que el evangelio sempiterno ha sido restaurado. ¿Qué es lo que este conocimiento les ha traído? A todos aquellos que honesta y sinceramente han obe­decido los principios de arrepentimiento y bautismo, les trae el don del Espíritu Santo, el cual ilumina sus mentes, aclara su entendimiento y les da un conocimiento de Cristo. Tienen un guía, una ayuda, un instrumento para asistirlos en su adquisición de la verdad, en su deseo de conocer su deber; una guía, en fin, que el mundo no posee. Y esta guía es necesaria; el hombre no puede encontrar la Ver­dad, no puede encontrar a Dios, sólo por medio de su intelecto. Se ha dicho que el hombre no puede encontrar a Dios con un microscopio; la razón sola no es una guía suficiente en la búsqueda de la ver­dad. Hay otra mucho más elevada, más segura que la razón.

Conocer y hacer

Esa guía es la Fe, ese principio que lleva nues­tros espíritus a la comunión con ese otro Espíritu, el más alto, el que trae todas las cosas a nuestra memoria, nos muestra las cosas que vendrán y nos- lo enseña todo. El obtener ese Espíritu es la res­ponsabilidad de los miembros de la Iglesia de Jesu­cristo de los Santos de los Últimos Días.

Conocer algo, o simplemente tener la certeza de la verdad, no es suficiente, “y al que sabe hacer lo bueno, no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17) El profeta José Smith dijo: “De modo que, con toda diligencia aprenda cada varón su deber, así como a obrar en el oficio al cual fuere nombrado.” (Doc. y Con. 107:99) El hombre que conoce su deber, y fracasa en cumplirlo, no es sincero consigo, ni con sus hermanos; no vive en la luz que Dios y la con­ciencia le dan. Ahí es donde la Iglesia permanece y viene a nuestros hogares, para vosotros y para mí. Cuando mi conciencia me dice que está bien seguir una determinada línea, no soy sincero conmigo mis­mo si no la sigo.

Yo sé que somos dominados por nuestras debi­lidades y por las influencias externas; pero es nues­tra obligación ir por el camino recto y estrecho en el cumplimiento de todos nuestros deberes. Y notad lo siguiente: cada vez que tenemos la oportunidad y fracasamos en vivir de acuerdo con esa Verdad que está dentro de nosotros, cada vez que dejamos de realizar una buena acción, nos hacemos más débiles y hacemos más difícil expresar aquel pensamiento o realzar aquel acto en el futuro. Pero cada vez que llevamos a cabo un hecho bueno, o expresamos un sentimiento noble, hacemos más fáciles estos de­beres para la próxima vez.

¿Cuál es “la voluntad?”

“La voluntad” de Dios es que sirvamos a nues­tros semejantes, beneficiándolos, haciendo mejor el mundo por haber vivido en él. Cristo se dio entero para enseñarnos ese principio. Y declaró: “. . . en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40) ¡Este es el mensaje que Dios nos ha dado!

Esta Iglesia es la Iglesia de Dios, y está tan perfectamente organizada, que cada hombre, mujer o niño, puede tener la oportunidad de hacer algo bueno por los demás. Es la obligación de nuestros miembros del sacerdocio, la responsabilidad de las organizaciones auxiliares y de cada uno de los miem­bros, servir a Dios y hacer su voluntad. Cuanto más hagamos esto, más convencidos estaremos de que es la obra de Dios, porque la estamos probando. Así que, haciendo la voluntad de Dios aprenderemos a conocerlo y a acercarnos a Él, y sentiremos que la Vida Eterna es nuestra.

Ciertamente, Dios ha revelado al alma humana la realidad de la resurrección del Señor, la divinidad de su gran obra, y la Verdad, ¡la eterna verdad que Él vive, no como un poder, una esencia, una fuerza, sino como nuestro Padre en los cielos!

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