Ayudar a la juventud  escoger la pureza sexual

Liahona Mayo 1984

Ayudar a la juventud  escoger la pureza sexual

Por Joy Saunders Lundberg

Los niños deben aprender que sus cuerpos son sagrados, que un amoroso Padre Celestial los creó y que es de ellos la divina responsabilidad de protegerlos y de nunca envilecer sus funciones reproductivas.

Todo lo que sucede a nuestro alrededor es una evidencia convincente de que es imperante que la pureza moral sea uno de los temas preponderantes en la enseñanza de nuestros hijos. En el pasado, podíamos contar con que la sociedad nos daría una mano al respecto; pero ya no podemos hacerlo más. En realidad, la sociedad en general, parece, en ese aspecto, haberse convertido en nuestra enemiga, al aceptar la inmoralidad como un estilo de vida deseable.

A pesar de lo que los medios de difusión y la prensa desearían que creyéramos, existen sin embargo todavía bastiones de buena moral en nuestra sociedad. Millones de padres tratan de combatir la iniquidad que nos rodea. En la Iglesia, por cierto, comprendemos la responsabilidad que tenemos de oponernos a la inmoralidad y de enseñar a los demás a hacerlo.

En los últimos años, he hablado con muchos padres, obispos y jóvenes acerca de la moralidad sexual. He descubierto que los padres que crían hijos moralmente puros siguen todos ellos un método similar, el cual comprende cinco puntos principales.

Enseñar abiertamente y con cariño

Debemos ser los primeros en enseñar a nuestros hijos acerca del sexo, ya que la primera información que ellos reciban puede tener el impacto más grande. Con mucho cuidado y oración debemos explicar la forma en la que les enseñaremos las funciones sexuales básicas de sus cuerpos.

Debemos también tener en cuenta que esa enseñanza no se limita a hablarles una sola vez. Es imposible que después de nuestra primera charla al respecto digamos: “Uf, me alegro de haber ya salido de eso”. A medida que los chicos crecen, es necesario ampliar su conocimiento en la materia. Debemos estar dispuestos a contestar preguntas, a guiarlos espiritualmente y sin vergüenza. Los niños deben aprender que sus cuerpos son sagrados, que un amoroso Padre Celestial los creó y que es de ellos la divina responsabilidad de protegerlos y no envilecer jamás sus funciones reproductivas.

Un joven que ha vivido una vida de pureza moral me dijo: “Mis padres comenzaron a enseñarme acerca del sexo desde muy joven”. Aparte de explicarle el proceso biológico, le enseñaron también la función apropiada del sexo dentro del matrimonio. “Siempre supe que podía hacerles cualquier pregunta que me viniera a la mente, y eso hizo que me dirigiera a ellos muchas veces en busca de respuestas”.

Por lo general, es muy difícil para un niño comenzar una conversación acerca de temas íntimos; por consiguiente, los padres deben facilitarles el camino para que ellos hagan preguntas. Un padre descubrió que las salidas a pescar le proporcionan la oportunidad perfecta de tener una conversación “tete a tete” sin interrupciones. Una madre preocupada proporcionaba la oportunidad para esa clase de charlas al salir a comer con cada una de sus hijas adolescentes. Pero la mayoría de las oportunidades ocurren naturalmente mientras padres e hijos hacen las tareas cotidianas, trabajan o juntos llevan a cabo diferentes actividades.

Algunos padres se preocupan tanto acerca de cómo enseñar esos conceptos, que al final no enseñan absolutamente nada. En el mundo actual, ello puede ser trágico. Si desean obtener sugerencias sobre cómo pueden enseñar a sus hijos acerca del sexo, lean el manual Una guía para los padres, preparado por la Iglesia.

Enseñen la doctrina de la iglesia concerniente a la moral

Los líderes de la Iglesia nos han proporcionado una definición clara de lo que el Señor espera de nosotros concerniente a la pureza sexual. En el folleto La fortaleza de la juventud, ellos declaran lo siguiente: “El Señor específicamente prohíbe cierto comportamiento, incluso toda relación sexual antes del matrimonio, las caricias impúdicas fuera del matrimonio, la perversión sexual (como la homosexualidad, la violación sexual y el incesto), la masturbación y el interés desmedido en el sexo, ya sea en el pensamiento, la palabra o la acción” (página 16). Debemos asegurarnos de que nuestros hijos comprendan el significado de esas palabras dentro del contexto del evangelio; si nosotros no lo hacemos, alguien más, sin la ayuda del Espíritu, les enseñará dentro de un contexto completamente diferente.

Debemos hacer que nuestros hijos adolescentes y los que estén acercándose a esa etapa de sus vidas comprendan las palabras del presidente Ezra Taft Benson: “Sí diéramos distintas categorías a los delitos, solamente el asesinato y el negar al Espíritu Santo son más graves que las relaciones sexuales ilícitas, a las cuales llamamos fornicación cuando se trata de personas que no están casadas o el pecado aún más grave del adulterio cuando está involucrado alguien que está casado… Ante los ojos de Dios, la castidad nunca está pasada de moda”. En otra ocasión, el Profeta dijo: “Los valores morales se han cambiado tanto que algunos jóvenes no se atreven a fumar un cigarrillo, pero sin ningún problema se entregan a las caricias impúdicas. Ambas cosas están mal, pero una es mucho más grave que la otra” (The Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, 1988, págs. 279, 281).

Si se hubiera impartido una buena enseñanza, es muy posible que lo que me contó un joven no habría sucedido. Una jovencita que trabajaba en el mismo lugar que este joven le confió que ella y su novio, quien esperaba salir como misionero, en algunas ocasiones cometían actos de inmoralidad. Su joven compañero de trabajo le explicó entonces que no había forma que su novio fuera entonces encontrado digno de ir a la misión. Sin embargo, la joven le contestó: “Claro que puede; nosotros pensamos arrepentimos”.

Nuestros hijos deben comprender claramente que “no le complace al Señor… que nos involucremos en transgresiones sexuales de cualquier naturaleza y luego esperemos que una confesión ya planeada y un arrepentimiento rápido puedan satisfacer al Señor” (Ezra Taft Benson, “A las mujeres jóvenes de la Iglesia”, Liahona, enero de 1987, pág. 84). En lo que se refiere al servicio misional, una grave transgresión sexual puede demorar la salida de una persona al campo misional por lo menos un año y muchas veces hasta tres.

Necesitamos enseñar el arrepentimiento, pero debemos ser honrados al hacerlo. El presidente Benson dijo: “No quisiera que persona alguna pensara que, después de haber cometido un grave error, ya no hay esperanzas, ya que el arrepentimiento y el perdón son también parte del evangelio. ¡Gracias a Dios por ello! Pero debe ser un arrepentimiento verdadero. Ese arrepentimiento es un profundo y sincero pesar por el pecado, que lleva a un cambio de vida. No es simplemente una confesión de la culpa” (God, Family, Country: Our Three Great Loyalties, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1974, pág. 196).

Enseñar la forma de hacer elecciones acertadas

Los hijos deben comprender que el deseo de estar con otra persona en forma íntima es algo natural que Dios nos ha dado, pero que ellos tienen el poder de controlar la expresión de esos sentimientos. Debemos hacerles comprender la bendición del gran don del albedrío. “Anímense, pues, vuestros corazones, y recordad que sois libres para escoger la vía de la muerte interminable, o la vía de la vida eterna” (2 Nefi 10:23).

¿Quién quisiera escoger la muerte interminable en lugar de la vida eterna? Quizás solamente quienes no tengan experiencia en el arte de escoger. De acuerdo con un obispo del estado de Texas, “muchos padres no permiten a sus hijos tomar ni siquiera las decisiones más sencillas. ¿Cómo van a tomar ellos decisiones de consecuencias eternas si no se les permite elegir ni siquiera su propia ropa, su corte de pelo, sus entretenimientos, etc.?” Los padres deben guiar a los jóvenes en la elección de algunas cosas más que en otras; sin embargo, los hijos pueden aprender a escoger apropiadamente a los amigos, la música, las películas y otras actividades si les ayudamos cariñosamente a tener en cuenta las consecuencias que esas elecciones pueden tener en su moral.

En la Conferencia. General de abril de 1991, el élder Richard G. Scott, del Quórum, de los Doce, pronunció un discurso en el cual enumeró las pautas para escoger sabiamente. Lo más importante, dijo, “es poner al Salvador, Sus enseñanzas y Su Iglesia en el centro de tu vida; haz que todas tus decisiones se ajusten a esta norma” (Liahona de julio de 1991, pág. 36).

Cuando a un padre se le preguntó qué hacía para criar hijos tan buenos, él respondió: “Yo no considero las malas decisiones de mis hijos como una tragedia para hacerlos sentir avergonzados, sino una oportunidad para enseñarles”. El hacía preguntas tales como: “¿Qué piensas al respecto? ¿Cuáles pueden ser las posibles consecuencias de tus acciones?” El resistía la tentación de resolver por ellos sus problemas; lo que hacía, en cambio, era tratar pacientemente de conservar la relación de padre e hijo mientras fortalecía en ellos su propia estimación y confianza.

Al utilizar relatos, ejemplos y analogías, y resistiendo el deseo de darles un sermón al final, podemos ayudar a nuestros hijos a aprender a pensar en las diferentes situaciones del principio al fin y a escoger con sabiduría. Por ejemplo, el presidente Benson dijo: “Proteged y cuidad vuestra virtud como protegeríais vuestra propia vida” (“A las mujeres jóvenes de la Iglesia”, Liahona, enero de 1987, pág. 84). Con el fin de ayudar a la juventud a comprender la seriedad de esta declaración, he utilizado la siguiente analogía. Si al caminar solos durante la noche por una calle obscura y desierta, perciben que alguien los está siguiendo y al darse vuelta ven a un extraño parado detrás de ustedes con un puñal en alto, ¿qué harían? La respuesta es siempre la misma: “Saldríamos corriendo con todas nuestras fuerzas”. Entonces les pregunto: “¿Quieren decir que no se detendrían a pensar que unas pocas puñaladas no van a doler mucho? Ellos por lo general ríen ante lo absurdo de la idea. Luego, yo les repito las palabras del Profeta: “Proteged y cuidad vuestra virtud como protegeríais vuestra propia vida”.

Este método de enseñanza, el de preguntarse “¿qué pasaría si?”, requiere examinar el problema antes de enfrentarse con él. Un padre cuya familia utiliza este método dijo que le da muy buen resultado. Por ejemplo, alguien dice: “¿Qué harías si tu amigo deseara intimar físicamente?” Entonces, otros mencionan qué actitud tomarían para resolver diferentes situaciones. El decidir de antemano ofrece una gran ventaja para saber escoger correctamente.

Mi esposo Gary, quien trabaja profesionalmente como consejero matrimonial y familiar, nos ofrece valiosos puntos de vista en cuanto a la comunicación entre padre e hijo. En muchas ocasiones, él aconseja a los padres: “El hacer preguntas sencillas y luego escuchar las respuestas es una manera excelente para hacer que los hijos se pongan a pensar en las varias situaciones que pueden seguir”. Lo he visto poner esa teoría en práctica en nuestra casa y yo estoy tratando de adquirir también la habilidad suficiente para hacerlo.

Por ejemplo, un día nuestro hijo parecía bastante disgustado cuando llegó de la escuela. Yo le dije: “¿Qué te pasa? Se te nota triste”. Él me contestó: “Es que Jim [no es su verdadero nombre] es un verdadero idiota”. “¿Por qué?”, le pregunté. Lo que siguió me dejó realmente asombrada. “Desde que su mamá comenzó a trabajar, él lleva a su novia a su casa todos los días después de la escuela”. Tratando de resistir la tentación de comenzar con un magnífico sermón acerca de la moral, sólo murmuré: “Hmmmmmmm”. El continuó: “Lo que está haciendo es una tontería; sólo se está buscando problemas”. Eso era sin duda lo que yo le hubiera dicho, solamente que más conciso. Entonces le pregunté: “¿Qué quieres decir?” A lo que me contestó con una cantidad de información acerca de los peligros que significaba el estar solo en una casa con la novia. Pero no paró allí, sino que continuó analizando todos los aspectos del problema, incluso las consecuencias terribles de las enfermedades venéreas y el aborto. Lo único que hice fue escuchar y asentir. Estoy convencida de que él hubiera escuchado muy poco de ese sermón si hubiera sido yo quien se lo hubiera dado.

Otra madre sugirió una forma distinta de ayudar a los hijos a pensar acerca de las opciones que tienen: “He descubierto que aceptan las amonestaciones más fácilmente si analizo un artículo de prensa sobre un tema que me preocupa. Mi esposo y yo hablamos al respecto mientras nuestros hijos absorben la información que brindamos durante nuestra conversación. De esa forma, nunca piensan que les estoy dando un sermón”. Ella no hace ningún esfuerzo especial por hacer que sus hijos participen en la conversación, simplemente “cuenta con la compulsión natural de todos los adolescentes de dar sus propias opiniones, especialmente si piensan que no se las han pedido” (Ray Guarendi, “Why Some Kids Listen”, Reader’s Digest, enero de 1991, pág. 120 [traducción libre]). Una consecuencia parece tener más credibilidad si aparece impresa en un periódico, aun cuando sea dentro de la columna de consejos personales. El conocer y comprender las consecuencias ayuda a los chicos a escoger con más sabiduría.

Ayudar a edificar fuertes testimonios del evangelio

Una y otra vez, jóvenes de ambos sexos me han dicho que el factor más importante que hizo que ellos decidieran mantener su pureza sexual se debió al testimonio que poseían de Jesucristo. Cuando le pregunté a una joven de qué forma había obtenido su testimonio, ella me contestó: “Pude ver cuán importante era la Iglesia para mis padres. Cuando ellos me contaban experiencias espirituales por las que habían pasado, yo podía ver cómo sus testimonios llenaban sus ojos de lágrimas”.

Un joven que se estaba preparando para ir a la misión me contó que él creció sintiendo el cariño que sus padres sentían por las Escrituras y la importancia que éstas tenían para ellos, sobre todo el Libro de Mormón. “En nuestra familia estudian las Escrituras juntos”, me dijo. “Mamá y papá nos enseñaron acerca del Salvador y yo pude ver cuánto lo amaban. Poco a poco, y con más regularidad, comencé a estudiar y a orar yo solo. Deseaba tener en mi vida la dicha que vi en la vida de mis padres”. Luego terminó con esta importante aseveración: “A medida que mi testimonio por el Salvador creció, supe que nunca podría fallarle”.

Otra joven me contó: “Oro continuamente pidiendo fortaleza para resistir la tentación. Me siento muy unida a mi Padre Celestial. Puedo decirle cualquier cosa y sé que puedo contar siempre con Su ayuda”. Cuando se le preguntó cómo había obtenido ese testimonio, contestó: “Crecí con el conocimiento del poder que tiene la oración al ver orar a mis padres”.

Debemos proporcionar a nuestros hijos todas las oportunidades que estén a nuestro alcance para que obtengan fuertes testimonios. Para lograrlo, debemos fortalecer continuamente nuestros propios testimonios y expresarlos en su presencia cada vez que se presente la ocasión. El ver a sus padres enfrentar los problemas de la vida con fe y determinación ayuda mucho al hijo a edificar su propio testimonio.

Crear un ambiente feliz dentro del hogar

Debemos disfrutar la vida dentro del hogar. Un padre de hijos adolescentes comentó: “El divertirnos con nuestros hijos ha sido la clave para ayudarles a elegir una buena moral. Mi esposa y yo hacemos hincapié en que es divertido ser bueno; y luego, tratamos de probar nuestro punto de vista. Nos esforzamos por divertirnos con ellos y los resultados han sido excelentes”.

Cuando nuestros hijos cometen errores, no debemos hacerles pensar que es el fin del mundo. Un padre recuerda: “Mi hijo adolescente cometió un tonto error que ocasionó un accidente que pudo haberle costado la vida. Sin embargo, en lugar de enojarme, lo abracé y le dije cuánto lo quería. Por medio del accidente, él aprendió todo lo que tenía que aprender y no fue necesario que yo dijera nada más”.

Cuando se expresa y se demuestra amor dentro del hogar, éste se convierte en un lugar en el que nos gusta estar. Yo recuerdo haber crecido con padres que acostumbraban abrazarme y decirme cumplidos continuamente. Mi padre murió hace ya algunos años, pero todavía recuerdo qué feliz me sentía cuando de adolescente él me abrazaba y me decía: “Te ves tan bonita con ese vestido”.

El tener un punto de vista positivo, a pesar de nuestros problemas, alienta a mantener una vida moralmente pura. He aprendido mucho de una amiga que ha criado sola a sus hijos, y que por medio de su fe y su actitud alegre ha sido una gran bendición para ellos. Mi amiga comenta: “Mis hijos salieron muy buenos”.

Un obispo del estado de Wisconsin, Estados Unidos, comentó: “Existe algo en común entre las buenas familias: los padres se preocupan de integrarse a la vida, de sus hijos. No solamente saben lo que está pasando con ellos, sino que forman parte de lo que está pasando.’ Saben divertirse juntos y se preocupan por su familia”.

Por medio de la oración y nuestra diligencia en guardar los mandamientos, podemos lograr la guía del Espíritu para ayudar a nuestros hijos a vivir moralmente puros. Nuestro Padre Celestial estará junto a nosotros, ya que, después de todo, nuestros hijos también son Sus hijos. □

Por lo general, es muy difícil para un niño comenzar una conversación acerca de temas íntimos; por consiguiente, los padres deben facilitarles el camino para que ellos hagan preguntas. La mayoría de las oportunidades ocurren naturalmente mientras padres e hijos hacen las tareas cotidianas, trabajan o juntos llevan a cabo diferentes actividades.

Cuando se expresa y se demuestra amor dentro del hogar, éste se convierte en un lugar en el que nos gusta estar. Al demostrarse los padres amor el uno por el otro, los hijos aprenden sobre los aspectos positivos del matrimonio y la vida familiar, y sobre las bendiciones de mantenerse moralmente puros.

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