El gárment del Templo

Liahona Septiembre 1999

El gárment del Templo

Por el élder Carlos E. Asay (1926-1999)
Miembro emérito del Primer Quórum de los Setenta y ex presidente del Templo de Salt Lake.

“Manifestación externa de un compromiso interior”

A través de sagrados convenios con el Señor, los miembros de la Iglesia reciben bendiciones de promesa y de protección, y un recordatorio tangible de esos convenios.

Hace pocos años, en un seminario para nuevos presidentes de templo y directoras de las obreras de templo, el élder James E. Faust, en aquel entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de cómo había sido llamado a servir como Autoridad General. El presidente Harold B. Lee le formuló una única pregunta: “¿Usa usted el gárment correctamente?”, a lo que el presidente Faust respondió que sí; y luego le preguntó al presidente Lee si no le iba a preguntar sobre su dignidad. El presidente Lee le contestó que no necesi­taba hacerlo, pues había aprendido por experiencia que la forma en que uno usa el gárment es una expresión de lo que la persona piensa con respecto a la Iglesia y a todo lo relacionado con ella. Es una medida de la dignidad personal y de nuestra devoción al Evangelio.

Hay personas a las que les gustaría tener un detallado código de vestir que respon­diese a toda pregunta imaginable sobre cómo usar el gárment del templo. Les gustaría que los líderes del sacerdocio esta­blecieran reglas sobre la longitud, que especificaran condiciones sobre cuándo y cómo debería o no debería usarse, y que impusieran castigos a los que no usaran el gárment al pie de la letra en el más mínimo detalle. Tales personas preferirían que los miembros “colasen el mosquito” y omitieran las cosas más importantes del Evangelio de Jesucristo (véase Mateo 23:23-26).

Sin embargo, la mayoría de los Santos de los Últimos Días se regocijan en el albe­drío moral que les ha sido otorgado por un amoroso Padre Celestial. Tienen en gran valor la confianza que les han dado el Señor y los líderes de la Iglesia, una confianza implícita en la declaración del profeta José Smith: “Les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos”1.

Samuel el Lamanita declaró:

“Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo; y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos; pues he aquí, Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres.

“Él os ha concedido que discernáis el bien del mal, y os ha concedido que esco­jáis la vida o la muerte; y podéis hacer lo bueno, y ser restaurados a lo que es bueno, es decir, que os sea restituido lo que es bueno; o podéis hacer lo malo, y hacer que lo que es malo os sea resti­tuido” (Helamán 14:30-31).

Creo que hay un conocimiento muy importante relacionado con el gárment del templo, y cuando este conocimiento se obtiene, los Santos de los Últimos Días llenos de fe lo usan debidamente, no porque alguien esté controlando sus actos, sino porque entienden las virtudes de la ropa sagrada y desean “hacer lo bueno, y ser restaurados a lo que es bueno”. Por otro lado, cuando alguien no entiende la naturaleza sagrada del gárment del templo, tiene la tendencia a tratarlo como una prenda más de ropa.

Este conocimiento importante relacionado con el gárment del santo sacerdocio puede dividirse en tres partes: la armadura de Dios, antece­dentes históricos y las enseñanzas de los profetas de la actualidad. A continuación presentaré alguna información relacionada con estas tres partes, con la esperanza de que los pensamientos que exprese inspiren un mayor aprecio por el gárment y hagan nacer en la mente de los santos una mayor resolución de usarlos en la debida forma.

LA ARMADURA DE DIOS

¡Estamos en guerra! Nuestro enemigo no es el ejército invasor de una nación limítrofe, ni la marina de una potencia allende el mar. No hay balas silbando por encima de nues­tras cabezas, ni bombas estallando dentro o cerca de nuestras casas. Sin embargo, estamos enzarzados en una guerra a vida o muerte con unas fuerzas capaces de destruirnos por completo y enviarnos a las profundi­dades de una derrota espiritual si no estamos alerta.

Me refiero, por supuesto, a la “lucha” contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas y contra las huestes espirituales de la maldad en las regiones celestes mencionados por el apóstol Pablo (Efesios 6:12). Me refiero a la arremetida de la inmora­lidad, de la delincuencia, del abuso de las drogas y de otras influencias insidiosas que amenazan nuestra sociedad. Tales influencias, junto con otros peligros inminentes, cons­tituyen “las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11) a las cuales debemos hacer frente en estos “tiempos peli­grosos” (2 Timoteo 3:1).

Pablo aconsejó: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:13). Con sus poderes proféticos, Pablo previo las condi­ciones adversas que existirían en la tierra en nuestra época; así que instó a todos los santos a tener sus lomos “ceñidos… con la verdad” (Efesios 6:14), a ponernos “la coraza de la justicia” (versículo 14), a tener calzados los “pies con el apresto del evangelio de la paz” (versículo 15), a tomar “el escudo de la fe” (versículo 16, a ponernos en la cabeza “el yelmo de la salvación” (versículo 17), a tomar “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (versículo 17) y a orar siempre (véase el ver­sículo 18), para estar protegidos. Él sabía que una armadura hecha de la verdad, de la rectitud, de la fe, del espíritu y de la oración protegería a la gente de los “dardos de fuego” (versículo 16), creados y lanzados por Satanás y sus secuaces.

Sin embargo, hay otra armadura digna de nuestra consideración. Ésta es la ropa interior especial que se conoce como el gárment del templo o gárment del santo sacerdocio, que usan los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que han recibido la investidura del templo. Este gárment, que se usa día y noche, cumple tres propósitos importantes: es un recordatorio de los convenios sagrados que se han hecho con el Señor en Su santa casa, es una protección para el cuerpo, y es un símbolo de la modestia del modo de vestir y de vivir que debe caracterizar la vida de todos los humildes segui­dores de Jesucristo.

Está escrito que “el gárment blanco simboliza la pureza y nos ayuda a confirmar la modestia, el respeto por los atributos de Dios y, hasta el grado en que se honre, es un símbolo de lo que Pablo consideró como el hecho de tomar sobre nosotros toda la armadura de Dios (Efesios 6:13; compárese con D. y C. 27:15)… El gárment tiene ciertas marcas senci­llas de orientación hacia los princi­pios del Evangelio de la obediencia, la verdad, la vida y el discipulado en Cristo”2.

Podría decirse muchísimo más sobre la guerra por las almas de los hombres y toda la armadura de Dios. La guerra sobre la tierra comenzó en los días de Adán, continuó a lo largo de los años con Moisés y los hijos de Israel, y todavía se oye su fragor en la dispensación que se conoce como la del cumplimiento de los tiempos, una dispensación que fue inaugurada por las revelaciones recibidas por conducto del profeta José Smith. Por lo tanto, el tema de ropas protectoras que nos permitan hacer frente a los dardos de fuego de Satanás conti­nuará siendo de gran importancia.

Debemos vestirnos de la arma­dura de Dios que mencionó el apóstol Pablo y que ha sido reite­rada en una revelación moderna (véase D. y C. 27:15-18). Debemos ponernos también “la armadura de la rectitud” (2 Nefi 1:23) que simbo­liza el gárment del templo. De otro modo, podríamos perder la guerra y perecer.

La pesada armadura que llevaban los soldados de la antigüedad, que incluía yelmos, escudos y corazas, determinó el resultado de algunas batallas. Sin embargo, las batallas reales de la vida de nuestra época moderna las ganarán los que lleven una armadura espiritual, la armadura compuesta por la fe en Dios, la fe en uno mismo, la fe en la causa propia y la fe en los líderes. La parte de la armadura que se llama el gárment del templo no sólo nos proporciona la comodidad y el calor de una prenda de ropa, sino que fortalece al que la lleva para resistir la tentación, rechazar las influencias malignas y permanecer firme en defensa de la verdad.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Debiera entenderse que “las cosas del Señor” (2 Nefi 4:16) han incluido ropas sagradas desde el prin­cipio de este mundo. Las Escrituras contienen muchas referencias al uso de ropas especiales de la gente de la antigüedad. Antes de su expulsión del Jardín de Edén, Adán y Eva fueron vestidos con ropa sagrada. Leemos: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:21).

Ellos recibieron esas ropas en un contexto de instrucción sobre la Expiación, el sacrificio, el arrepenti­miento y el perdón (véase Moisés 5:5-8). El gárment del templo que se ha dado a los Santos de los Últimos Días se proporciona en un contexto similar. Se da a los que lo llevan como recordatorio de la necesidad de un arrepentimiento continuo, de la necesidad de honrar los convenios obligatorios que se han hecho en la Casa del Señor, y de la necesidad de cuidar y compartir la virtud en nuestro diario vivir, para que podamos reclamar las bendiciones prometidas.

A Moisés le fue mandado poner las santas ropas y las vestiduras sacerdotales sobre Aarón y otros, a fin de prepararles así para oficiar en el tabernáculo. El Señor le dijo a Moisés: “Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel…

Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermo­sura… para que sea mi sacerdote” (Éxodo 28:1-3).

Las referencias a la ropa de Aarón y a las vestiduras del sacerdocio que llevaban líderes selectos de la época del Antiguo Testamento van acompañadas por expresiones como “ropas preciosas”, “atavíos gloriosos”, “vestidos de honor”, “tiaras de honra” y “vestiduras de salvación”3. Estas expresiones pueden aplicarse más particular­mente a los ropajes que llevaban los que oficiaban en el tabernáculo o en los ritos del templo. No obstante, estas palabras descriptivas se aplican también a la ropa sagrada que diaria­mente usan “los que llevan mi nombre y están tratando de ser mis santos” (D. y C. 125:2). El honor, la gloria y la naturaleza preciosa de la ropa sagrada, ya sea que se use sólo en el templo o en la vida cotidiana bajo la ropa de diario, trascienden el material del cual están hechos. Su valor y hermosura plenos se aprecian y se tienen como preciosos o gloriosos cuando se contemplan con el “ojo de la fe” (Alma 5:15).

“El gárment es insuficiente sin el significado que conlleva… No Ies protegerá a menos que sean verídicos y fieles al convenio que han hecho, y sólo hasta el punto en que no deshonren el gárment, éste conser­vará todo su significado. Sólo bajo la condición de que no lo deshonren, y que sean puros, leales y fieles al convenio que han concertado, el gárment les será de beneficio”, escribió Hugh Nibley, profesor emérito de Escritura Antigua de la Universidad Brigham Young4.

Sí, los profetas y otros santos rectos de todas las épocas han llevado el gárment siempre que las ordenanzas del sacerdocio y del templo han estado al alcance de los hijos de los hombres. Cuando la Iglesia fue restaurada en la tierra en nuestra época, las sagradas orde­nanzas del sacerdocio relacionadas con el santo templo fueron reveladas nuevamente al profeta José Smith. Las revelaciones que él recibió comprendían instrucciones sobre el gárment.

En las Escrituras hallamos muchas referencias relacionadas con los gárments y con la ropa. Enoc declaró: “…vi abrirse los cielos y fui revestido de gloria” (Moisés 7:3). Jacob habló de un día de juicio en el que “tendremos un conocimiento perfecto de toda nuestra culpa, y nuestra impureza, y nuestra desnudez; y los justos, hallándose vestidos de pureza, sí, con el manto de rectitud, tendrán un conoci­miento perfecto de su gozo y de su rectitud” (2 Nefi 9:14). Isaías se regocijó y dijo: “…Dios… me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10). Alma hizo referencia a “todos los santos profetas, cuyos vestidos están limpios y se hallan sin mancha, puros y blancos” (Alma 5:24). Estas y otras declaraciones proféticas no sólo dan a entender una limpieza y una pureza dentro del alma de cada persona, sino también el cubrir esa alma con una envoltura sin mancha, significando con ello una vida de virtud y de devoción a Dios.

LAS ENSEÑANZAS DE LOS PROFETAS DE LA ACTUALIDAD

Me temo que demasiados miem­bros de la Iglesia no saben valorar la promesa de protección ni las bendi­ciones asociadas con el gárment del templo. Algunos lo usan de manera impropia y otros se lo quitan para ponerse otras ropas que se acomoden a las circunstancias. En tales casos se hace caso omiso de las instrucciones de los profetas, videntes y revela­dores de la actualidad, y la protec­ción espiritual se ve amenazada.

En una carta de la Primera Presidencia, con fecha del 3 de julio de 1974, se recuerda a los miembros de la Iglesia la naturaleza sagrada del gárment: “La santidad del gárment debe estar siempre presente y tener un lugar destacado en la mente de la persona que lo lleva… las bendi­ciones que emanan de la observancia de nuestros convenios son lo sufi­cientemente grandes para recom­pensar por cualquier inconveniente. El romper nuestros convenios equi­vale a perder el derecho a la protec­ción y a las bendiciones que se nos prometen si somos obedientes a ellos”5.

En una carta a los líderes del sacerdocio fechada el 10 de octubre de 1988, la Primera Presidencia hizo las siguientes declaraciones impor­tantes relacionadas con la forma en que se debe usar el gárment:

“Los miembros de la Iglesia que han ido al templo han hecho un convenio de usar el gárment durante toda la vida. Eso significa que deben usarlo de ropa interior tanto de día como de noche. Éste es un convenio sagrado entre cada uno de los miem­bros investidos y el Señor, y aquéllos deben buscar la guía del Espíritu Santo si tienen alguna duda sobre el uso del gárment. Las bendiciones y la protección que se prometen dependen de la dignidad y de la fide­lidad con que se cumpla este convenio.

“La regla básica es que el gárment se debe usar siempre y no se deben buscar ocasiones para sacárselo. Por lo tanto, los miembros no deben sacarse el gárment, ni parte de éste, para trabajar en la tierra ni para andar dentro de casa con traje de baño o ropa indecorosa. Tampoco deben sacárselo para participar en ninguna actividad recreativa, siempre y cuando éstas se puedan realizar con el gárment puesto apro­piadamente y debajo de la ropa acos­tumbrada. Cuando haya que sacarse el gárment, por ejemplo, para nadar, uno debe volver a ponérselo en cuanto le sea posible.

“El principio de la modestia y la norma de cubrir el cuerpo de forma apropiada forman parte del convenio y deben ser una guía para toda la ropa que se use. Los miembros investidos de la Iglesia usan el gárment como un recordatorio de los sagrados convenios que han hecho con el Señor y también como una protec­ción contra las tentaciones y las fuerzas del mal. El uso del gárment es una manifestación externa de un compromiso interior de seguir a nuestro Salvador”6.

El presidente Joseph F. Smith tenía una opinión muy firme en cuanto a la manera apropiada de usar el gárment. Dijo: “El Señor nos ha dado el gárment del santo sacer­docio, y ustedes saben lo que eso quiere decir. Aun así hay entre noso­tros aquellos que los mutilan para seguir las absurdas, vanas y, si se me permite decirlo, indecentes prácticas del mundo. Para poder estar a la par con las modas, estas personas no dudan en mutilar aquello que debe ser lo más sagrado de las cosas del mundo, junto con su propia virtud, y parejo a su propia pureza de vida. Deben conservar sagradas, cons­tantes e inalterables estas cosas que han recibido de Dios, siguiendo el modelo que Dios mismo les dio. Tengamos el valor moral de hacer frente a las opiniones de la moda, y sobre todo donde la moda nos imponga romper un convenio y cometer tan horrible pecado”7.

En su libro El Santo Templo, el élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, explica sucinta­mente por qué es tan importante usar el gárment de manera apropiada.

“El gárment representa convenios sagrados; consolida la modestia y llega a ser una protección para quien lo usa.

“El uso del gárment no constituye un impedimento para vestirse con la ropa de buen tono que se usa con generalidad en los diversos países del mundo. Únicamente las prendas de ropa indecorosas o de estilo extre­mado serían incompatibles con el uso del gárment”8.

¿Qué más hay que decir sobre el gárment y la forma en que se debe usar y tratar? Los principios se han estipulado claramente y queda a discreción de los que lo usan, y de su conciencia, el vivir de acuerdo con ellos. A las personas de fe no hace falta que se les mande en todas las cosas, pues no tratan de excusarse en lo más mínimo ni por la ausencia de un código mosaico de conducta. Al contrario, ellos gobiernan su manera de vestir y su comportamiento como Dios y Sus profetas lo han decretado, permitiendo que la justicia, la miseri­cordia y la longanimidad de Dios dominen por completo su corazón (véase alma 42:29—31).

LLEVAMOS UN RECORDATORIO

Me gusta pensar en el gárment como la manera que el Señor tiene de dejamos llevar con nosotros parte del templo cuando salimos de él. Es cierto que salimos de la Casa del Señor llevando enseñanzas inspi­radas y convenios sagrados escritos en nuestra mente y en nuestro corazón. Sin embargo, el único recordatorio tangible que llevamos con nosotros de regreso al mundo es el gárment; y aunque no podemos estar siempre en el templo, una parte de él puede estar constantemente con nosotros para bendecir nuestra vida.

No olvidemos que la palabra vestidura, sinónimo de gárment, se emplea simbólicamente en las Escrituras para ampliar el significado de otras palabras como blanco, limpio, puro, recto, modestia, cubrir, ceremo­nial, santo, sacerdocio, hermoso, perfec­ción, salvación, inmaculado, digno, vestidura blanca, escudo, protección, sin mancha, sin culpa, armadura, convenios, promesas, bendiciones, respeto, vida eterna, etc. Todas estas palabras tienen un lugar especial en el vocabulario de los que sincera­mente intentan ser santos.

Se ha escrito de un grupo selecto de creyentes: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:4—5).

¡Qué maravilloso sería si todos los miembros de la Iglesia caminaran con Dios de blanco y fuesen contados con los santos de Sardis!

Recordemos siempre que nuestra salvación misma depende, simbólica­mente, del estado de pureza de nues­tros gárments. El profeta Alma dijo a los miembros de la Iglesia de su época que no podrían ser salvos a menos que sus vestidos fueran simbólicamente lavados, limpiados y emblanquecidos mediante la sangre de Jesucristo, por lo que enseñó:

“…nadie puede ser salvo a menos que sus vestidos hayan sido lavados hasta quedar blancos; sí, sus vestidos deben ser purificados hasta quedar limpios de toda mancha, mediante la sangre de aquel de quien nuestros padres han hablado, el cual habrá de venir para redimir a su pueblo de sus pecados…

“¿Habéis caminado, conserván­doos irreprensibles delante de Dios? Si os tocase morir en este momento, ¿podríais decir, dentro de vosotros, que habéis sido suficientemente humildes? ¿Qué vuestros vestidos han sido lavados y blanqueados mediante la sangre de Cristo, que vendrá para redimir a su pueblo de sus pecados?” (Alma 5:21, 27).

Es mi oración que nuestros gárments sean lavados mediante la sangre de Cristo y que reafirmemos en nuestra mente y en nuestro corazón la afirmación: “…Sión debe aumentar en belleza y santidad… y vestirse con sus ropas hermosas” (D. y C. 82:14). □

NOTAS

1.- Citado por John Taylor, “The Organization of the Church”, Millermkd Star, 15 de noviembre de 1851, pág. 339.

2.- Evelyn T. Marshall, “Gárments”, en Encyclopedia ofMormonism, editado por Daniel H. Ludlow, 5 tomos, 1992, tomo II, pág. 534; cursiva agregada.

3.- Encyclopedia of Mormonism, tomo II, págs. 534-535.

4.- “Sacred Vestments: A Preliminary Report”, Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 1986, pág. 13.

5.- Carta de la Primera Presidencia, 3 de julio de 1974-

6.- Carta de la Primera Presidencia, 10 de octubre de 1988; cursiva agregada.

7.- “Fashion and the Violation of Covenants and Duty”, Improvement Era, agosto de 1906, pág. 813.

8.- El Santo Templo, pág. 20.

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