El Libro de Mormón es la palabra de Dios

Liahona, Mayo 1988
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

El Libro de Mormón es la palabra de Dios

Por el presidente Ezra Taft Benson

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días “creemos… que el ‘Libro de Mormón es la palabra de Dios” (octa­vo Artículo de Fe). Así lo han declarado Dios, los profetas que lo escribieron, sus testigos y todos los que lo han leído y han recibido una revelación perso­nal de Dios en cuanto a la veracidad del libro.

En la sección 20 de Doctrina y Convenios, el Se­ñor dice que El dio a José Smith “poder de lo alto para traducir el Libro de Mormón… el cual contie­ne. . . la plenitud del evangelio de Jesucristo. . . el cual se dio por inspiración” (D. y C. 20:8-10).

Nefi, uno de los profetas que escribió algunos de los libros que componen el Libro de Mormón, testifi­ca que éste contiene “las palabras de Cristo” (2 Nefi 33:10), y Moroni, el que escribió el último libro, tes­tifica diciendo: “estas cosas. . . son verdaderas” (Moroni 7:35).

Ese mismo Moroni, en calidad de ser angélico y enviado de la presencia de Dios, vino a la tierra en esta época y mostró las planchas que contenían esos registros antiguos a tres testigos. El testimonio de ellos con respecto a las planchas se encuentra en la primera parte del Libro de Mormón, donde, entre otras cosas, dicen: “Y también sabemos que han sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró; por tanto, sabemos con certeza que la obra es verdadera”.

El más correcto de todos los libros

Y José Smith, el Profeta, que fue el instrumento que utilizó Dios para traducir esos anales, dio testi­monio diciendo: “Declaré a los hermanos que el Li­bro de Mormón era el más correcto de todos los li­bros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 233-234).

El Libro de Mormón fue escrito para nosotros, los que vivimos en estos tiempos. Los que escribieron los libros que lo componen fueron hombres inspirados por Dios y dirigidos por Dios en esa tarea. Es un re­gistro compilado por hombres inspirados para que fuera una bendición para nosotros. Estaba destinado para nosotros. Mormón, el profeta antiguo cuyo nombre lleva el libro, compendió siglos de anales. Dios, que conoce el fin desde el principio, le hizo saber lo que debía incluir en la recopilación porque nosotros lo necesitaríamos en nuestra época. Mormón entregó los anales a su hijo Moroni, el último que escribió en ellos; y Moroni, que al escribir, hace 1.500 años, se dirigía a nosotros, los de la actualidad, nos dice: “He aquí, os hablo como si os hallaseis pre­sentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras” (Mormón 8:35).

Para convencer al judío y al gentil

La finalidad del Libro de Mormón se expone en su portada, donde dice que es “para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios”.

Nefi, el profeta que escribió el primero de los li­bros del Libro de Mormón, dice;

“Porque toda mi intención es poder persuadir a los hombres a que vengan al Dios de Abraham, y al Dios de Isaac, y al Dios de Jacob, y sean salvos.

“De modo que no escribo las cosas que agradan al mundo, sino las que agradan a Dios y a los que no son del mundo.

“Por tanto, daré un mandamiento a mis descen­dientes de que no ocupen estas planchas con cosas que no sean de valor para los hijos de los hombres.” (1 Nefi 6:4-6.)

El Libro de Mormón lleva a los hombres a Cristo por conducto de dos medios fundamentales: Primero, habla con sencillez de Cristo y su evangelio; da testi­monio de la divinidad del Señor Jesucristo, de la ne­cesidad de que hubiera un Redentor y de la urgencia de depositar nuestra confianza en El. Da testimonio de la Caída y de la Expiación y de los primeros prin­cipios del evangelio, e incluso de nuestra obligación de tener un corazón quebrantado y un espíritu contri­to, así como de tener un renacimiento espiritual. Proclama que tenemos que perdurar hasta el fin sien­do rectos y llevando la vida moral de un santo.

Para confundir la falsa doctrina

Segundo, el Libro de Mormón pone al descubierto a los enemigos de Cristo; confunde las falsas doctri­nas y pone fin a las contenciones. (Véase 2 Nefi 3:12.) Fortalece a los humildes seguidores de Cristo contra los designios malignos, las artimañas y las doc­trinas del diablo en nuestra época. La clase de após­tatas que se describe en el Libro de Mormón es muy parecida al tipo de apóstatas que se manifiestan ac­tualmente. Dios, con su presciencia infinita, inspiró la formación del Libro de Mormón de manera que nosotros pudiéramos ver el error y supiéramos comba­tir los falsos conceptos educacionales, políticos, reli­giosos y filosóficos de nuestra época.

Dios espera que utilicemos el Libro de Mormón de diversas maneras. Tenemos que leerlo detenidamente y con oración, y al leerlo, reflexionar en si el libro es obra de Dios o de un joven sin instrucción. Moroni nos exhorta a que, una vez que hayamos terminado de leerlo, lo pongamos a prueba, y en cuanto a ello, nos dice: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera ex­hortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera in­tención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Mo­roni 10:4). Yo he seguido esa exhortación de Moroni y os testifico que este libro es de Dios y, por tanto, verdadero.

La plenitud del evangelio

Tenemos que utilizar el Libro de Mormón como base de lo que enseñemos. En el versículo 12 de la sección 42 de Doctrina y Convenios, el Señor dice: “Y además, los élderes, presbíteros y maestros de esta iglesia enseñarán los principios de mi evangelio que se encuentran en. . . el Libro de Mormón, en el cual se halla la plenitud de mi evangelio”.

Y, al leer y enseñar, tenemos que aplicar las ense­ñanzas del Libro de Mormón a nosotros mismos, “pa­ra nuestro provecho e instrucción” (1 Nefi 19:23).

Utilicemos el Libro de Mormón para tratar las objeciones que se hagan a la Iglesia. Dios el Padre y su Hijo Jesucristo se manifestaron a José Smith en una visión maravillosa. Posteriormente a ese glorioso acontecimiento, José Smith contó lo sucedido a un clérigo, y grande fue su sorpresa al oír que éste le decía que no había tales cosas como visiones o reve­laciones en estos días, que todo eso había cesado. (Véase José Smith—Historia 1:21.)

Esas palabras simbolizan prácticamente todas las objeciones que han hecho contra la Iglesia tanto per­sonas que no son miembros de ella como las que se han alejado de su doctrina. Es decir, que no creen que en la actualidad Dios revela su voluntad a la Igle­sia por medio de sus profetas. Todas las objeciones que puedan hacerse, ya sea sobre el aborto, el matri­monio plural, el guardar el séptimo día, etc., giran fundamentalmente sobre el hecho de si José Smith y sus sucesores fueron y son profetas de Dios que han recibido y siguen recibiendo revelación divina. Aquí contamos, entonces, con un procedimiento para tratar, mediante el uso del Libro de Mormón, la mayoría de las objeciones que se nos hagan.

Primero, comprendamos la objeción.

Segundo, demos la respuesta basándonos en la re­velación.

Tercero, demostremos que el que la respuesta sea correcta depende de si recibimos o no revelación en esta época por medio de profetas de esta época.

Cuarto, expliquemos que si tenemos o no profetas y revelación en estos tiempos en realidad depende de si el Libro de Mormón es verdadero o no.

Por consiguiente, el mayor problema que el que presente la objeción debe resolver por sí mismo es determinar si el Libro de Mormón es verdadero. Por­que, para la mayoría de las personas, si el Libro de Mormón es verdadero, entonces Jesús es el Cristo, José Smith fue su profeta, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera y en la actualidad la dirige un profeta que recibe revelación.

Nuestra tarea principal

Nuestra tarea principal es la de proclamar el evan­gelio y de hacerlo con eficacia. No tenemos la obli­gación de contestar a todas las objeciones. Tarde o temprano, toda persona tendrá que enfrentar a al­guien que ponga en duda nuestras palabras; en ese momento deberemos adoptar una posición firme al respecto. “Y si no son las palabras de Cristo, juzgad”, dice Nefi, “porque en el postrer día Cristo os mani­festará con poder y gran gloria que son sus palabras; y ante su tribunal nos veremos cara a cara, vosotros y yo, y sabréis que él me ha mandado escribir estas cosas” (2 Nefi 33:11). Toda persona debe juzgar por sí misma, sabiendo que Dios le hará responsable de ello.

El Libro de Mormón se ha de utilizar “por estan­darte a los de mi pueblo que son de la casa de Israel”, dice el Señor, y sus “palabras resonarán hasta los ex­tremos de la tierra” (2 Nefi 29:2). Nosotros, los miembros de la Iglesia, y en particular los misioneros, tenemos que hacer resonar esas palabras y testificar del Libro de Mormón hasta los extremos de la tierra.

El Libro de Mormón es el gran estandarte que he­mos de utilizar. El libro mismo demuestra que José Smith fue profeta; además, contiene las palabras de Cristo, y su gran misión es la de llevar a los hombres a Cristo, después de lo cual, todas las demás cosas son secundarias. La pregunta de oro del Libro de Mormón es: “¿Desea saber más acerca de Cristo?” El libro es el gran descubridor de los que buscan la ver­dad. No contiene temas que “agradan al mundo”

(1 Nefi 6:5), por lo que las personas mundanas no se interesan en él. El libro es un gran tamiz.

Procuremos diligentemente conocerlo

Cualquier persona que haya procurado diligente­mente conocer las doctrinas y las enseñanzas del Li­bro de Mormón y las haya utilizado a conciencia en la obra misional sabrá en lo más profundo de su alma que el libro es el instrumento que ha dado Dios a los misioneros para convencer al judío, al gentil y al la­manita de la veracidad de nuestro mensaje.

Es preciso poner de relieve el hecho de que no hemos estado utilizando el Libro de Mormón como hemos debido hacerlo. Nuestros hogares no cuentan con la fortaleza suficiente si no lo utilizamos para acercar a nuestros hijos a Cristo. Nuestros familiares pueden desviarse con las opiniones y las enseñanzas mundanas si no sabemos utilizar el libro para poner en evidencia las falsedades y combatirlas. Nuestros misioneros no son todo lo eficaces que deben ser si no hacen resonar las palabras del Libro de Mormón. Los conversos que lleguen a la Iglesia por motivos sociales, éticos, culturales o educacionales no sobre­vivirán a las pruebas más duras de estos tiempos si no creen firmemente en la plenitud del evangelio que contiene el Libro de Mormón. Nuestras clases de la Iglesia nunca estarán llenas del Espíritu si no levanta­mos el libro como un estandarte. La situación del mundo continuará degenerando si no leemos el Libro de Mormón ni prestamos oídos a las palabras de Dios, y si no dejamos de incrementar y de apoyar las com­binaciones secretas, las cuales el Libro de Mormón nos dice fueron la causa de la caída de civilizaciones antiguas.

Recordemos el nuevo convenio

“En la sección 84 de Doctrina y Convenios, en­contramos que el Señor reprendió a algunos de los primeros misioneros de aquel entonces, los cuales volvían ya a su casa, a causa de haber tratado con ligereza el Libro de Mormón, motivo por el cual se les había ofuscado la mente. El Señor dijo que esa manera de tratar el Libro de Mormón había traído la condenación sobre toda la Iglesia, o sea, sobre todos los hijos de Sión. En seguida, el Señor dijo:”…y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón11 (véase D. y C. 84:54-57). ¿Es­tamos todavía bajo esa condenación?

El leer el Libro de Mormón es una de las mejores formas de persuadir a las personas a salir al campo misional. Necesitamos más misioneros, pero también necesitamos misioneros mejor preparados que pro­vengan de barrios y ramas así como de hogares en los que se conozca y se tenga amor al Libro de Mormón. Para los misioneros se acerca el gran cometido, el cual requerirá preparación de su parte, de enseñar con el Libro de Mormón. Necesitamos misioneros que se igualen en espiritualidad a nuestro mensaje.

Serias y trascendentales son las consecuencias que dependen de la forma en que reaccionemos al Libro de Mormón:

“Y los que la reciban con fe”, dice el Señor, “y obren rectitud, recibirán una corona de vida eterna;

“más para quienes endurezcan sus corazones en la incredulidad y la rechacen, se tomará para su propia condenación.

“Porque el Señor Dios lo ha hablado.” (D. y C. 20:14-16.)

¿Es verdadero el Libro de Mormón? Sí, lo es.

¿Para quién es? Es para nosotros.

¿Cuál es su propósito? Es llevar a los hombres a Cristo.

¿Cómo logra su propósito? Testificando de Cristo y poniendo en evidencia a sus enemigos.

¿Cómo hemos de utilizarlo? Tenemos que adquirir un testimonio de él, dar a conocer las enseñanzas que contiene, elevarlo como un estandarte y proclamarlo.

¿Hemos estado haciendo todo eso? No, como he­mos debido hacerlo, no.

¿Hay consecuencias eternas que dependen de có­mo respondamos a este libro? Sí, ya sea para nuestra bendición o para nuestra condenación.

Una ocupación de toda la vida

Todo Santo de los Últimos Días debe hacer del estudio de este libro una ocupación de toda su vida. De lo contrario, pondrá su alma en peligro y dejará a un lado lo que unificaría espiritual e intelectualmente su vida entera. Hay una diferencia entre el converso que se edifica sobre la roca de Cristo por medio del estudio del Libro de Mormón y que permanece firme­mente aferrado a esa barra de hierro y el que no lo hace así.

Hace más de un cuarto de siglo, escuché en el Ta­bernáculo las siguientes palabras del presidente Ma­rión G. Romney:

“Hace unos años, cuando comencé a ejercer la abogacía, algunos de mis familiares se inquietaron un poco temiendo que acaso yo perdiera la fe. Pero si bien yo deseaba ejercer mi carrera de derecho, tenía un deseo aún más grande de conservar mi testimonio, por lo que puse en práctica un sencillo procedimiento que quisiera recomendaros. Todas las mañanas, du­rante treinta minutos, antes de comenzar mis diarias labores, leía el Libro de Mormón… y leyendo sólo unos minutos al día, leí todo el libro, cada año, du­rante nueve años. Sé que eso me mantuvo en armonía. . . con el Espíritu del Señor. . .

“Eso nos conservará más cerca del Espíritu del Se­ñor que cualquier otra cosa.” (En Conference Report, abril de 1949, pág. 36.)

Os doy el mismo consejo del presidente Romney.

Entonces, ¿qué hemos de decir del Libro de Mor­món? Os doy testimonio de que es verdadero. Lo sé con la misma certeza que sé que vivo. Aunamos nuestras voces a la del profeta José Smith cuando dijo: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mor­món era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hom­bre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 233-234).

Que lleguemos a conocer y utilizar esa clave o pie­dra angular y que, como pueblo, nos acerquemos más a Dios. □


IDEAS PARA LOS MAESTROS ORIENTADORES

Si lo desea, en sus visitas de orientación familiar, podría poner de relieve los siguientes puntos:

1.- El presidente Benson destaca el hecho de que el Libro de Mormón fue escrito para nosotros y para que lo utilizáramos en nuestra época. La finalidad o pro­pósito del libro es convencer “al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios”.
2.- El presidente Benson dice que al estudiar con oración el Libro de Mormón y seguir fielmente las enseñanzas que contiene, los humildes seguidores de Cristo se fortalecerán en contra de los malignos de­signios del diablo.
3.- Todo Santo de los Últimos Días debe hacer del estudio de este libro una ocupación de toda su vida.

De lo contrario, nos advierte el presidente Benson, pondremos nuestras almas en peligro.

Sugerencias para desarrollar el tema:

1.- ¿Cuál es la finalidad principal del Libro de Mormón?
2.- ¿Tenemos Que apoyamos en el testimonio de los profetas de que el Libro de Mormón es la palabra de Dios o podemos saberlo con certeza nosotros mis­mos?
3.- ¿Qué bendiciones recibiremos al estudiar con oración el Libro de Mormón?
4.- ¿Podría expresar su testimonio del Libro de Mormón y de la importancia, que este libro tiene para usted?

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