El qué, el porqué y el cómo de ofrecer un testimonio

Liahona, Junio 2016

El qué, el porqué y el cómo de ofrecer un testimonio

Por el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985)
Duodécimo presidente de la Iglesia
De “President Kimball Speaks Out on Testimony”, New Era, agosto de 1981,

Cada vez que expresan su testimonio lo fortalecen.

bearing testimonyToda alma en este mundo puede tener una revelación, exactamente la misma que tuvo Pedro (véase Mateo 16:13–17). Esa revelación será un testimonio, el conocimiento de que Cristo vive, de que Jesucristo es el Redentor de este mundo. Toda alma puede lograr esa certeza, y cuando reciba ese testimonio, provendrá de Dios y no solo del estudio. Por supuesto, el estudio es un elemento importante, pero junto con él debe haber mucha oración y mucho esfuerzo; entonces se recibe la revelación…

La reunión de testimonios es una de las mejores reuniones del barrio en todo el mes, si ustedes tienen el Espíritu. Si se aburren en la reunión de testimonios, ustedes son los que tienen un problema, no los demás. Si se levantan y expresan su testimonio, pensarán que esa es la mejor reunión del mes; pero si permanecen sentados contando los errores gramaticales y burlándose de la persona que no sepa hablar muy bien, se aburrirán y, poco a poco, eso causará que se marchen del reino…

Todos los meses, la Primera Presidencia y los Doce se reúnen en el templo con todas las Autoridades Generales; allí expresan su testimonio y su amor los unos por los otros, igual que ustedes. ¿Por qué necesitan las Autoridades Generales una reunión de testimonios? Por la misma razón que ustedes la necesitan. ¿Creen que pueden pasarse tres, seis, nueve y doce meses sin ofrecer su testimonio y todavía mantenerlo íntegro?

A algunos de nuestros buenos miembros les horroriza tanto la repetición que se ponen a divagar y se van por la tangente. No se preocupen nunca por la repetición en el testimonio. Cuando el Presidente de la Iglesia expresa el suyo, dice: “Yo sé que José Smith fue llamado por Dios como representante divino. Sé que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Como ven, lo mismo que dice cualquiera de ustedes. Eso es un testimonio…

Un testimonio no es una exhortación; no es un discurso (ninguno de ustedes está allí para exhortar a los demás); no es un diario de viaje. Están allí para expresar su testimonio. Es asombroso lo que se puede decir en sesenta segundos de testimonio, o en ciento veinte o en doscientos cuarenta; o en cualquier tiempo del que se disponga, si uno se limita a testificar. Los demás queremos saber lo que ustedes sienten. ¿En verdad aman la obra? ¿Se sienten felices en lo que hacen? ¿Aman al Señor? ¿Están contentos de ser miembros de la Iglesia?…

No permanezcan sentados en la reunión de testimonios y se engañen pensando: “No creo que vaya a dar mi testimonio hoy; tal vez no sea justo para con los otros miembros, porque ya lo he dado tantas veces”. Den su testimonio. Y un minuto es tiempo suficiente para expresarlo.

¡Ustedes tienen un testimonio! Por supuesto, es preciso que lo fortalezcan, lo eleven y lo ensanchen; y eso es lo que hacen; cada vez que expresan su testimonio lo fortalecen.

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