La Salvación: un asunto familiar

Liahona Noviembre 1992
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

La Salvación: un asunto familiar

por el presidente Ezra Taft Benson

Los cónyuges que se aman se darán cuente; de que el amor y la lealtad son recíprocos. Esta clase de amor proporcionará el medio ambiente adecuado para la evolución emocional de los hijos.

En un sentido eterno, la salvación es un asunto familiar y Dios hace a los padres responsables de la mayordomía de criar a su familia. Esta es una responsabilidad sumamente sagrada. Estamos al tanto de los grandes problemas que agobian hoy día a nuestra sociedad. Entre los más obvios están la promiscuidad sexual, la homosexualidad, el consumo de drogas, el alcoholismo, el vandalismo, la pornografía y la violencia. Estos graves problemas son síntomas del fracaso en el hogar, del abandono de principios y prácticas establecidos por Dios desde los comienzos del mundo.

Debido a que algunos padres se han apartado de los principios que el Señor dio para alcanzar la felicidad y el éxito, muchas familias en todo el mundo están pasando por momentos de trauma y de gran ansiedad. Muchos padres se ven tentados a abandonar las responsabilidades de su hogar para ir en busca de ilusiones que los llenen de “satisfacción”. Algunos han renunciado a sus responsabilidades de padres para adquirir riquezas materiales, porque no están dispuestos a posponer la gratificación personal para atender al bienestar de sus hijos.

Es hora de despertar al hecho de que se están haciendo grandes esfuerzos por cambiar la estructura de la familia, remplazando los valores de Dios por los del hombres. La representación de la familia y el amor que se muestra en la televisión y en las pantallas del cine con frecuencia nos presenta una filosofía que es contraria a los mandamientos de Dios.

Frases que antes no tenían doble sentido ahora se usan para aprobar prácticas pecaminosas. Se usa el término “un estilo de vida optativo” para justificar el adulterio y la homosexualidad; “libertad de escoger” para justificar el aborto; “relación significativa” y “satisfacción personal” para justificar las relaciones sexuales extramaritales. Si continuamos como vamos, podemos esperar tener más jóvenes con transtornos mentales, más divorcios, más depresión y más suicidios.

El hogar es el mejor lugar para inculcar valores eternos en los miembros de la familia. Donde la vida familiar está protegida por lazos fuertes de amor y se basa en principios y prácticas del Evangelio de Jesucristo, estos problemas no se presentan tan a menudo.

TRES PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

Mi mensaje es que volvamos a guiarnos por aquellos principios fundamentales que Dios ha prescrito y que aseguran el amor, la estabilidad y la felicidad en nuestros hogares. Permitidme ofreceros tres principios fundamentales para lograr la felicidad y las relaciones familiares perdurables.

Primero: Los cónyuges deben ser unidos en rectitud y en sus metas, deseos y acciones.

El matrimonio en sí se debe considerar como un convenio sagrado que se hizo ante Dios. Una pareja casada no solamente tiene una obligación mutua sino que también la tiene hacia Dios, quien ha prometido grandes bendiciones para aquellos que honren ese convenio.

La fidelidad a los votos matrimoniales es absolutamente esencial para que existan el amor, la confianza y la paz. El adulterio, sin ningún lugar a dudas, es condenado por el Señor.

Los cónyuges que se aman se darán cuenta de que el amor y la lealtad son recíprocos. Esta clase de amor proporcionará el medio ambiente adecuado para la evolución emocional de los hijos. La vida familiar debe traernos felicidad y gozo, algo que los hijos puedan siempre tener presente entre sus recuerdos más gratos. La moderación y el auto-control deben ser principios que gobiernen la relación matrimonial. Las parejas tienen que aprender a ponerle freno tanto a la lengua como a las pasiones. La oración en el hogar y la oración entre los cónyuges fortalecerán su unión, haciendo que gradualmente tengan los mismos pensamientos, las aspiraciones y las ideas y hasta los mismos propósitos y las mismas metas.

Confiad en el Señor, en las enseñanzas de los profetas y en las Escrituras para obtener guía y ayuda, sobre todo cuando surjan desacuerdos y problemas.

El progreso espiritual ocurre cuando los compañeros juntos resuelven los problemas y no cuando huyen de ellos. La importancia que hoy día se da al individuo trae como resultado el egoísmo y la separación. La norma del Señor todavía es que marido y mujer, dos individuos separados, se conviertan en “una sola carne” (véase Génesis 2:24).

El secreto de un matrimonio feliz es servir a Dios y servirse mutuamente. La meta del matrimonio es lograr la unidad y la integridad, así como el desarrollo individual. Aunque parezca lo contrario, cuanto más se sirvan el uno al otro, tanto mayor será el progreso espiritual y emocional de cada uno de los cónyuges.

Segundo: Se debe enseñar a los hijos con amor y siguiendo las admoniciones del Señor.

El criar hijos obedientes y felices no es una tarea fácil en el mundo hoy día, pero se puede lograr y se está logrando. La clave es ser padres responsables.

Y, sobre todo, los niños deben saber y sentir que se les ama, se les Piecesita y se les aprecia, y es preciso que reciban a menudo esa seguridad. Es obvio que ésta es una responsabilidad que les corresponde a los padres, y en la mayoría de los casos y la madre puede desempeñarla mejor.

Y ahora, hablando en el sentido eterno, los niños necesitan saber quiénes son: saber que tienen un Padre Celestial eterno en quien pueden confiar, a quien pueden orar y de quien pueden recibir guía; saber de dónde vinieron, para que su vida tenga significado y propósito.

A los hijos se les debe enseñar a orar, a confiar en el Señor para pedirle guía y a expresar su agradecimiento por las bendiciones que reciben. Yo recuerdo que me arrodillaba junto a la cama de mis hijos cuando eran pequeños y les ayudaba a orar.

Se les debe enseñar a distinguir el bien del mal; ellos pueden y deben aprender los mandamientos de Dios. Se les debe enseñar que es incorrecto robar, mentir, engañar y codiciar lo que otros tienen.

Se les debe enseñar a trabajar en el hogar, y en él deben aprender que el trabajo honrado dignifica y estimula el autorrespeto. Deben apreciar la satisfacción que da el trabajo, especialmente cuando se hace bien.

Deben planearse actividades sanas y positivas que los niños lleven a cabo durante su tiempo libre. El pasar mucho tiempo viendo televisión puede ser perjudicial.

Los miembros de la familia deben pasar más tiempo juntos trabajando y participando en actividades recreativas. Las noches de hogar se deben programar una vez a la semana como una oportunidad para hablar de los principios del evangelio, para gozar de esparcimiento, para trabajar juntos en algún proyecto, para tener representaciones teatrales, para cantar junto al piano, para llevar a cabo juegos, gustar platillos especiales y para que la familia ore unida. Así como los eslabones de una cadena van juntos, esta práctica unirá a la familia en amor, orgullo, tradiciones, fortaleza y lealtad.

El estudio familiar de las Escrituras debe ser una práctica en nuestro hogar todos los días de reposo.

Unos minutos diarios de espiritualidad es también una práctica que merece recomendarse, en la que como parte de la rutina diaria se leen las Escrituras, se cantan himnos y se ora en familia.

Tercero: Los padres deben preparar a sus hijos para que reciban las ordenanzas del evangelio.

Las enseñanzas más importantes que se imparten en el hogar son de carácter espiritual. Se exhorta a los padres a preparar a sus hijos para recibir las ordenanzas del evangelio: el bautismo, la confirmación, las ordenaciones al sacerdocio (para los varones) y el matrimonio en el templo. Deben enseñarles también a respetar, honrar y santificar el día de reposo.

Y sobre todo, algo de importancia primordial es que los padres inculquen en sus hijos el deseo de lograr la vida eterna y les ayuden a que de todo corazón traten de alcanzar esta digna meta. La vida eterna se puede obtener únicamente por medio de la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio.

Cuando los padres han cumplido ellos mismos con las ordenanzas de salvación y han dado el ejemplo del matrimonio en el templo, no sólo su matrimonio tiene mayores posibilidades de éxito, sino que sus hijos van a estar más inclinados a seguir su ejemplo.

Aquellos padres que les proporcionan a sus hijos un hogar semejante tendrán, como lo dijo el Señor, una “casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción… una casa de orden, una casa de Dios” (D. y C. 88:119). No importa cuan modesto o humilde sea ese hogar, existirán en él el amor, la felicidad, la paz y el gozo. En él crecerán los hijos siendo justos y honrados, y tendrán el deseo de servir al Señor.

¡Cuan agradecidos estamos al Señor por el gozo que nos proporciona la vida familiar! Con frecuencia he dicho que no puede haber felicidad genuina fuera de un buen hogar, ya que las influencias y asociaciones más dulces y tiernas en la vida se encuentran allí.


Deben planearse actividades sanas y positivas para que los niños las lleven a cabo durante su tiempo libre. Los miembros de la familia deben pasar más tiempo juntos trabajando y en actividades recreativas.

Se exhorta a los padres a preparar a sus hijos para recibir las ordenanzas del evangelio: el bautismo, la confirmación, las ordenaciones al sacerdocio y el matrimonio en el templo.

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