La decisión de ser fiel

Liahona Agosto 2017

La decisión de ser fiel


Por el élder Enrique R. Falabella
De los Setenta

Estas cuatro decisiones pueden ser muy provechosas para ti.

walking down a dirt roadUno de los mayores desafíos que afronté cuando era niño en Guatemala fue la pobreza: la pobreza espiritual porque no conocíamos el Evangelio y la pobreza temporal porque no teníamos dinero. Mi madre murió cuando yo tenía cinco años, por lo que mi padre tuvo que criar él solo a cuatro niños pequeños. Debido a que mi padre quería que todos permaneciéramos juntos, tuvo que delegar algunas de las responsabilidades del hogar a nosotros, sus hijos.

Yo era el hijo mayor, y se me asignó la tarea de preparar el almuerzo y la cena para la familia todos los días. Al principio fue difícil, pero aprendí varias formas de cocinar. Cada día mi papá me dejaba 25 centavos para comprar alimentos. Yo compraba medio kilo de frijoles por 6 centavos y medio kilo de arroz por 7 centavos. Luego compraba 5 centavos de carbón que usaba para cocinar todo, 2 centavos de madera para encender el fuego y 5 centavos de tortillas. Hacía eso todos los días, y cada día comíamos arroz y frijoles con tortillas. Aun en aquel entonces 25 centavos no era mucho, pero así nos las arreglábamos.

El desafío era cómo abandonar aquel ciclo de pobreza. Y todo se reduce a las decisiones: la decisión de hacer algo para mejorar mi vida. Nosotros como personas siempre tomamos decisiones para nosotros mismos, aun cuando no creamos que lo hacemos. Por ejemplo, tomamos la decisión de creer. En ocasiones podemos sentirnos confundidos cuando tenemos ante nosotros lo que el mundo enseña y lo que enseña Jesucristo. Sin embargo, la mejor fuente de guía para nuestra vida es la doctrina de Jesucristo. Al tomar decisiones basándome en esa doctrina, sentí la mano del Señor en mi vida.

Me gustaría compartir contigo cuatro decisiones que han tenido una profunda influencia en mi vida. Si tomas estas mismas decisiones y te mantienes firme, también serán una bendición para ti: (1) la decisión de bautizarse, (2) la decisión de creer en Jesucristo y permanecer activo en la Iglesia, (3) la decisión de confiar en las promesas del Señor y (4) la decisión de permanecer fiel y seguir el consejo de los profetas.

La decisión de bautizarse

baptismCuando yo tenía 12 años, los misioneros comenzaron a enseñarnos a mis hermanos y a mí. Al principio mi padre no participaba; se sentaba detrás de una cortina en un cuarto del fondo y escuchaba. Pero luego leyó un folleto de la Iglesia que describía la forma en que un hombre y una mujer casados con la debida autoridad podían vivir juntos para siempre. Eso le llamó la atención porque aunque su esposa había fallecido, él podía volver a estar con ella. Cuando supo eso decidió ser bautizado, y todos nos bautizamos como familia.

La nueva perspectiva que me dio el Evangelio me ayudó a darme cuenta de que era posible lograr mejores cosas en la vida si yo era dedicado y obediente. Tomé la decisión personal de que haría todo lo que fuera necesario para permanecer en la senda del Señor.

La decisión de creer en Cristo y permanecer activo en la Iglesia

Recuerdo específicamente que un día hice esta promesa mientras esperaba sentado en un salón sacramental a que comenzara un servicio bautismal. Mientras meditaba la doctrina de Cristo, empecé a tener un fuerte sentimiento de gozo que me decía que todo lo que había aprendido de los misioneros era verdad. En ese momento, en silencio, me comprometí con Dios a siempre confiar en Él y permanecer activo en Su Iglesia a lo largo de mi vida si eso significaba que seguiría sintiendo el gozo que proviene del Espíritu Santo. Para mí, esa promesa incluía no solo asistir a la Iglesia cada semana, sino también confiar en la doctrina del Señor, en las Escrituras, en los profetas vivientes y especialmente en mi Salvador Jesucristo.

La decisión de confiar en las promesas del Señor

Fue relativamente a temprana edad que tomé la importante decisión de confiar en las promesas del Señor. Desde entonces mi decisión ha demostrado ser muy beneficiosa para mí. Cada vez que ha surgido una duda o una pregunta, he podido recordar el compromiso que hice, y he basado las decisiones importantes de mi vida en dicho compromiso. El escoger con anticipación las normas según las cuales vas a vivir te ayudará a tomar decisiones correctas cuando aparezcan las dudas o los problemas.

Tuve una experiencia inolvidable con ese principio cuando era estudiante. Siempre me esforcé en la escuela por tratar de aprender y prepararme para el futuro. Sabía que para salir de la pobreza tendría que encontrar una carrera que abriera la puerta a nuevas oportunidades en mi vida. Sabía además que a fin de hacer ese tipo de carrera tendría que enfocarme en mis estudios.

Aun con lo importante que los estudios eran para mí, tomé la decisión personal de abstenerme de estudiar los domingos. Como miembro de la Iglesia, sabía que el Señor había dicho que el día de reposo es Su día, no nuestro. Traté de tomar decisiones significativas acerca de lo que haría en ese día especial. Sin embargo, aun después de haber tomado esa decisión, en ocasiones fui tentado a romper mi propia regla, en especial cuando tenía un examen. Pensaba: “No es nada malo; nomás es estudiar. Puedo ir a la Iglesia por la mañana y estudiar por la tarde”.

Pero al recordar la promesa que había hecho de que permanecería activo y sería fiel al consejo de los profetas del Señor, era mucho más fácil obrar según mi decisión de no estudiar los domingos y, en vez de ello, utilizar el día del Señor para prestar servicio y adorar. Ya había decidido permanecer fiel, así que para mí fue cuestión de interpretar lo que el Señor había dicho sobre el día de reposo y poner en práctica Su consejo en mi vida de la mejor manera posible.

Terminé sobresaliendo en mis estudios e hice una buena carrera que me ayudó a mantener a mi familia. Sé que debido a que cumplí mi promesa al Señor, Él me bendijo para que yo pudiera crear una vida mejor.

La decisión de permanecer fiel y seguir el consejo de los profetas

Para cada uno de nosotros, permanecer fiel al Señor es cuestión de establecer hasta qué punto creemos personalmente que Jesús es el Cristo, que quienes escribieron las Escrituras fueron inspirados por Dios y que los miembros de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles en verdad son siervos de Dios. El saber que la revelación existe en nuestros días y que los profetas fueron llamados por Dios hace que sea más fácil permanecer firmes en el Evangelio cuando afrontas situaciones difíciles.

Si puedes desarrollar ese tipo de confianza, entonces nunca te sentirás afligido por preguntas en cuanto a qué comportamiento o actividades son o no son apropiados. Recibirás respuestas a todas esas preocupaciones al buscar dichas respuestas con fe mediante las Escrituras, el Espíritu y los profetas, los siervos designados de Dios.

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