¿Y por qué no?…

Conferencia General Octubre 1975

¿Y por qué no?…

Por el élder David B. Haight
Ayudante del Consejo de los Doce
Sábado 4 de octubre Sesión de la tarde

En el Seminario para Represen­tantes Regionales que se llevó a cabo en octubre del año pasado, el pre­sidente Kimball nos conmovió el alma al ensanchar la perspectiva de nuestra responsabilidad como directores del sacerdocio, al decirnos: “…debemos hacer las cosas de un modo diferente y mejor”. Además, nos dijo repetidamen­te: “¿Y por qué no podemos lograrlo?” (“Lengthening Our Stride”, discurso pronunciado en el Seminario para Re­presentantes Regionales, realizado el 3 de octubre de 1974, y que se publicó en Liahona de noviembre de 1974, pág. 2, bajo el título “Id por todo el mundo”).

Hace poco, supe de un maestro orientador de un quorum de élderes, a quien se le dio el nombre de un miem­bro inactivo del quorum. Un domingo, temprano por la mañana, cuando se di­rigía a la reunión del sacerdocio, fue primero a la casa de aquel hermano; lla­mó a la puerta, y cuando este último abrió, le dijo: “Voy a la reunión del sacerdocio y pensé que tal vez quisiera usted ir conmigo”.

Aquel hombre, perplejo y un tanto enfadado por la interrupción de su sueño a tan temprana hora y en día do­mingo, le respondió: “No, no tengo nin­gún interés” y le dio con la puerta en la nariz, preguntándose seguramente có­mo habría obtenido la Iglesia su nom­bre y dirección.

El siguiente domingo por la mañana, otra vez sonó el timbre de la casa de aquel señor. Al abrir la puerta, se en­contró nuevamente frente a frente con el mismo individuo, radiante y sonrien­te, que iba al sacerdocio. “Pasé por aquí en caso de que hubiera usted cam­biado de idea. A todos nos gustaría mucho que asistiera a la reunión”. La respuesta, nada amistosa, fue: “¡Váyase y déjeme en paz!”, dicho lo cual, le ce­rró otra vez la puerta en la nariz.

Una semana después los aconteci­mientos se repitieron, pero esa vez el maestro orientador añadió: “Tenemos un excelente grupo de hermanos en el quorum. Lo necesitamos. . . usted es miembro de nuestro quorum. ¿Podría pasar a buscarlo el próximo domingo?

Aquel hermano, que quería evadirse de toda participación, llegó a la conclu­sión de que la única manera de poner fin a las tempranas visitas de ese señor era yendo a una reunión y probando allí mismo que no tenía ningún interés en ir a la Iglesia.

El domingo siguiente, cuando el maestro orientador tocó el timbre, no le salió al encuentro un “¡váyase y déjeme en paz!”, sino un hombre bien vestido y listo para ir a la Iglesia a mostrar su fal­ta de interés. Sin embargo, el espíritu de la reunión del sacerdocio, los amis­tosos apretones de mano, el sincero in­terés que todos mostraron por él, cam­bió la actitud y despertó la conciencia de un hombre que necesitaba sólo un suave impulso para salir adelante.

Los líderes del sacerdocio están res­pondiendo al llamado del presidente Kimball de “llegar hasta los posibles fu­turos élderes, que son. . . en muchos ca­sos, los padres de muchos de nuestros niños y jóvenes”. Este llamado ha de es­timular nuestros mejores esfuerzos, ha­cernos meditar y estudiar mejores siste­mas para hacer las cosas. El Presidente de la Iglesia no tiene un botón mágico para apretar, sólo cuenta con vosotros, los líderes del sacerdocio; a vosotros os dice: “¿Por qué no podemos hacer de lo bueno algo mejor?” Al mismo tiempo hace hincapié en que debemos apre­surarnos hoy; no mañana, sino hoy.

La Iglesia no podría funcionar eficaz­mente ayudando al Señor a cumplir con su divino propósito si no se delegaran poder y autoridad de un modo suficien­te. Esta es la razón principal por la cual el Señor otorgó a los hombres el Santo Sacerdocio para que actuasen en su nombre y tuviesen poder y autoridad para ayudarle en su divino propósito. El Salvador dijo: “enseñándoles que guar­den todas las cosas que os he manda­do. . .” (Mateo 28:20). Primero, debe tratar de encontrarse a los hermanos que son padres de familia y que están inactivos en la Iglesia y después, ha de enseñárseles a vivir el evangelio.

Hace seis meses, el hermano Raymond Gerloch fue llamado como pre­sidente de uno de los quórumes de élderes en la Estaca de Durango, Estado de Colorado. Este hermano nos ha in­formado del éxito asombroso que han logrado en la reactivación de los miem­bros de la Iglesia. Su principal recurso es la orientación familiar; además, utili­zan filminas para enseñar y motivar a los miembros inactivos. Siete miem­bros del quorum han comprado proyec­tores de filminas, los cuales utilizan los maestros orientadores cuando visitan a los hermanos que están inactivos.

Uno de los probables futuros élderes había pedido que no le enviaran más a su casa a los maestros orientadores. En una ocasión, este hermano y su esposa se hallaban de visita en la casa de otro miembro inactivo, cuando llegaron los maestros orientadores con su proyector de filminas. Se quedó a ver la filmina, se le conmovió el corazón. . . e invitó nuevamente a su casa a los maestros orientadores. Aquellos comprensivos hermanos le ayudaron a volver a la Igle­sia.

Los líderes de este quorum escogie­ron a los hermanos mejor preparados para enseñar un seminario de estudio del evangelio, invitando a cuatro parejas cada vez a esta discusión de grupo, don­de aprenden verdades del evangelio; han ubicado a los noventa y tres miem­bros del quorum y se han puesto en contacto con ellos. El presidente de los élderes dijo: “No tenemos fracasos, sólo pequeños retrocesos”. Todos los miem­bros, con excepción de cuatro, están re­cibiendo ahora a los maestros orienta­dores. En cuanto a esto, el presidente del quorum dice: “Y ‘conquistaremos’ a esos cuatro”.

Están formando más comités tanto para actividades deportivas como socia­les, demostrando así a los miembros inactivos que en la Iglesia también hay diversión y alegría. Una vez que se ha asignado a un hermano casado como encargado de un comité, se llama a su esposa para que le ayude y participe. Los varones de este quorum pasaron una noche en la montaña y, sentados al­rededor de una fogata, estuvieron con­versando sobre la Iglesia durante seis horas. El presidente del quorum dijo que habían disfrutado de un verdadero festín espiritual.

Apenas un hermano está preparado para un llamamiento, el presidente del quorum ayuda al obispo a buscar un cargo apropiado para él. Cuando los líderes empezaron a realizar las debidas entrevistas del sacerdocio, la orienta­ción familiar aumentó del treinta por ciento al cien por ciento. Este quorum ha desarrollado nuevas ideas, pero los miembros del mismo atribuyen su éxito a la dedicación de los maestros orienta­dores y a las bendiciones del Señor; an­tes de llamar a un hermano para ocupar un cargo, ofrecen una humilde oración, y hasta ahora, nunca han tenido un re­chazo.

Hermanos que habían estado aleja­dos de la Iglesia desde hacía largo tiem­po, han dicho: “Creí que yo no le inte­resaba a nadie”. Este quorum ha capta­do el espíritu que ejemplificó el Señor: “Y por cuanto no todos tienen fe, bus­cad diligentemente y enseñaos el uno al otro” (D. y C. 88:118). El presidente Gerloch ha sabido recuperar lo perdido.

Hoy en día, los presidentes de estaca están llamando a ocupar los cargos di­rectivos de los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec a aquellos hermanos que han aprendido y puesto en práctica eficaces métodos de organización y reactivación en el sacerdocio, los líderes que están siempre alerta a todos los de­talles.

No hace mucho tiempo, un hermano contó cómo llegó a sentirse solo en un barrio de quinientos miembros: “Mi es­posa y yo tuvimos nuestro primer con­tacto con la Iglesia cuando dos buenos y espirituales misioneros llamaron a nuestra puerta. Vinieron, nos enseña­ron y nos convirtieron, y nosotros vivi­mos literalmente de su espiritualidad. Como muchos conversos lo saben, des­pués que aquellos dos magníficos élde­res nos bautizaron, fueron trasladados a otros sitios. Fue sumamente difícil para nosotros mantener el mismo espíritu y llegamos finalmente a sentir que senci­llamente no podíamos seguir adelante solos. Dejamos de participar en las acti­vidades de la Iglesia; mi esposa les dijo a las maestras visitantes que no fueran más a nuestra casa y les pedimos lo mismo a los maestros orientadores. Me imagino que en el quorum de élderes habrán hablado de los hermanos que se habían perdido de vista y que era nece­sario llevar nuevamente a la Iglesia. Sí, yo era uno de aquellos que se habían perdido de vista. Un día, alguien llamó a la puerta de mi casa, y cuando salí a abrir vi de pie frente a mí a un hombre joven, de rostro pecoso y sonriente, que me dijo que era el presidente del quo­rum de élderes y me preguntó si podía conversar conmigo unos minutos.

En las semanas que siguieron, fue a vernos muchas veces llevándonos ver­duras de su huerta, huevos de sus ga­llinas y hasta una tarjeta de saludó de cumpleaños para nuestra hija; a veces iba sólo a conversar. De algún modo logró mi aceptación para participar en el programa deportivo; y hasta me pidió disculpas por si alguien me había ofen­dido. ¿Qué hizo aquel hombre que nos ayudó a volver a la Iglesia? Nos dio ca­riño, fue sincero, y se interesó por noso­tros; me expresó su testimonio personal, me ayudó a buscar y encontrar mi alma, me ayudó a orar a mi Padre Celestial.

Estaremos eternamente agradecidos a este hermano por el amor que exten­dió a nuestra familia. El Señor ha derra­mado sus bendiciones sobre nosotros: hemos ido al templo, donde fuimos se­llados por la eternidad y .donde hemos vuelto muchas veces para aprender más de las bendiciones que allí se prometen.

Ahora trabajo con el presidente del quorum de élderes como uno de sus consejeros y mi esposa enseña en la Pri­maria y es maestra visitante. Yo me ha­bía sentido perdido, sí; pero gracias a que alguien se interesó por mí, me de­dicó tiempo y corrió el riesgo de mos­trarme su cariño y su interés, volví a la Iglesia y pude guiar a mi familia a vol­ver al Señor. En esta ocasión, ruego a todos los miembros de la Iglesia que miren a su alrededor en busca de los hermanos inactivos y que hagan algo para que éstos vuelvan a su Padre Ce­lestial.”

Nuestro Profeta ha hablado. . . los quórumes están empezando a aceptar el cometido: “¿Y por qué no podemos lo­grar traer a nuestros hermanos de vuelta al redil?” Los quórumes saben que pue­den lograrlo, dándose cuenta de que hay miles de hombres que están en es­pera tan sólo de que se les extienda una mano amistosa. Los presidentes de los quórumes se dan cuenta de que “La no­che está avanzada, y se acerca el día. . .” (Romanos 13:12).

Os testifico que Jesucristo es la fuen­te del poder del sacerdocio y que nin­gún poder ajeno podrá impedir, el pro­greso de su Iglesia; y lo hago en el nom­bre de Jesucristo. Amén.

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