Doy gracias…

Conferencia General Octubre 1975

Doy gracias…

Por el élder Charles A. Didier
Del Primer Quorum de los Setenta
Sábado 4 de octubre Sesión de la tarde

Mis queridos hermanos, el encon­trarme aquí en este día lo debo a los cientos de manos que me impul­saron, me animaron y me ayudaron, así como a las muchas manos que se levan­taron hoy dándome su voto de sosteni­miento, y de hecho, debo todo esto a mi condición de miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En esta oportunidad quisiera limitar­me a manifestar sencillamente mi grati­tud: primero a mi querida esposa, por lo que ha hecho por mí, por la fe que ha tenido en mí y su esfuerzo constante por ser una buena madre para nuestros dos varoncitos; a mi madre, ya fallecida, que tuvo el valor de guiar a la familia a la Iglesia y de velar porque sus hijos aprendieran los principios del evange­lio; a mi padre, que todavía no es miem­bro de la Iglesia, pero que me enseñó a seleccionar siempre las virtudes de la vida; a los misioneros, aquellos mi­sioneros que golpearon a mi puerta lle­vándome el mensaje de la restauración del evangelio, a los que me enseñaron, a los que me bautizaron; a los hermanos con quienes tuve el gran placer de tra­bajar en la Misión de Francia-Suiza, a los misioneros a los que respeto por su dedicación, su sacrificio y su ejemplo.

Extiendo mi agradecimiento a voso­tros, los líderes de la Iglesia, y a todos los hermanos que me han ayudado a vi­vir constantemente el evangelio de Jesu­cristo. Doy gracias al Profeta del Señor, el presidente Kimball, a quien amo y admiro porque se halla entre nosotros para guiarnos a través de estos tiempos tan difíciles.

Doy gracias a mi Señor y Salvador Jesucristo por su sacrificio, doy gracias a mi Padre Celestial que me brindó la posibilidad de aprender la belleza de su evangelio.

Quisiera compartir con vosotros mi testimonio de que sé que Dios vive, que Jesús es el Cristo, como asimismo, que el Espíritu Santo puede otorgar a todos los que lo deseen el mismo testimonio que yo tengo de la veracidad del Libro de Mormón y de todos los principios que existen en la Iglesia de Jesucristo en la tierra hoy en día. De esto os doy sole­mne testimonio, en el nombre de Jesu­cristo. Amén.

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