La Biblia, un libro Sellado

Discurso pronunciado en el Simposio CES sobre el Nuevo Testamento, 17 de agosto 1984, Universidad Brigham Young. Publicado en La Enseñanza en Seminario, lecturas de preparación para el maestro, Religión 370, 471 y 475.

La Biblia, un libro Sellado

por el Élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

Es un gusto y un honor estar aquí con ustedes y es mi oración que el Espíritu se derrame abundantemente sobre todos nosotros a medida que consideramos algunos asuntos que son de gran importancia en lo que concierne a nuestra labor como maestros.

Debo hablarles acerca del libro sellado, el cual contiene muchos de los misterios del reino. Estos son aspectos de gran valor para quienes enseñan el Evangelio. Mi tema específico es la Biblia, un libro sellado, pero mi método y la forma en que voy a discutir este tema no será igual a la forma en que lo discute la gente normalmente.

Hay muchas cosas que se deben decir y voy a hablar claramente, esperando poder edificar y no ofender. Estas palabras tan bien conocidas pueden aplicarse a lo que voy a decir:

A todo ser viviente de esta tierra tarde o temprano, la muerte llega. ¿Podría el hombre dar su vida mejor? Que luego de enfrentar peligro y dolor, Por honrar el nombre que de otro heredó, ¿Y sacrificarlo todo por su Dios? (Thomas Babington Macaulay, “Horatius,” líneas 219–224, en The Lays of Ancient Rome, 1842).

Sin embargo, hay una traducción más sencilla que creo que es coloquial o apócrifa o seudoepigráfica, y que dice más o menos así: Los insensatos entran deprisa a los lugares donde los ángeles tienen miedo de entrar. Eso es lo que pasa.

Isaías y Juan nos hablan de un libro que está sellado. La profecía de Isaías habla de llevar las palabras de la parte no sellada del libro a una persona de gran conocimiento, a alguien que se considera tiene gran poder intelectual, quien pidió que se le llevara el libro.

Habiéndosele dicho que dos tercios del libro estaban sellados, el gigante intelectual, experto en el conocimiento lingüístico del mundo, dijo: “No puedo leer un libro sellado” (José Smith—Historia 1:65). Esta profecía se cumplió cuando Martin Harris llevó algunos de los caracteres, copiados de las planchas del Libro de Mormón, al profesor Charles Anthon a la ciudad de Nueva York (véase Isaías 29; 2 Nefi 27; José Smith—Historia 1:63–65).

Juan el Revelador vio en las manos del Gran Dios un libro sellado con siete sellos,  “que  contiene”, como lo dice la revelación, “la voluntad, los misterios y las obras revelados de Dios; las cosas ocultas de su economía concernientes a esta tierra durante los siete mil años de su permanencia, o sea, su duración temporal.” (Doctrinas y Convenios 77:6), y cada sello cubre un período de mil años. Según Juan lo vio, nadie sino el Señor Jesús, “el León de la tribu de Judá, la raíz de David” (Apocalipsis 5:5), tiene el poder de abrir estos siete sellos.

Este mismo conocimiento contiene la parte sellada del Libro de Mormón. Hasta donde sabemos, los dos libros sellados son el mismo libro. De esto sí estamos muy seguros: Cuando se traduzca la parte sellada del Libro de Mormón durante el Milenio, contendrá el relato de la vida preterrenal; de la creación de todas las cosas, la Caída, la Expiación y la Segunda Venida; de las ordenanzas del templo en su plenitud; del ministerio y la misión de los seres trasladados; de la vida en el mundo de los espíritus, tanto en el paraíso como en el infierno; de los reinos de gloria que serán habitados por seres resucitados y de muchas cosas como éstas.

Por ahora, el mundo no está listo para recibir estas verdades. Por un lado, estas doctrinas adicionales destruirían completamente la teoría de la evolución orgánica como se enseña casi universalmente en las instituciones educativas. Por otro lado, estas doctrinas describirán un concepto y plazo de tiempo en cuanto a la creación de esta tierra, de todas las formas de vida y de todas las estrellas y constelaciones que es totalmente diferente de lo que suponen todas las teorías de los hombres. Y es triste, pero hay quienes, si se vieran forzados a tomar una decisión en este momento, elegirían a Darwin por encima de Dios.

Nuestro propósito al referirnos al libro sellado o a los libros de los que hablan Isaías y Juan es el de crear el marco para considerar el libro sellado (la Santa Biblia) que tenemos ahora en las manos. Así como sólo el Señor Jesucristo tiene poder para abrir los siete sellos en el libro de Juan, así también la llegada de la parte sellada del Libro de Mormón depende de nuestra fe y rectitud.

Cuando rompamos el velo de incredulidad que por ahora nos deja fuera de una perfecta comunión con los dioses y los ángeles, y cuando obtengamos una fe como la del hermano de Jared, entonces adquiriremos el mismo conocimiento que él recibió. Esto no ocurrirá sino hasta después que venga el Señor. (Éter 4)

El Libro de Mormón salió a luz y se tradujo por el don y el poder de Dios. No se incluyó a los hombres sabios con su erudición ni conocimiento. No lo sacaron a luz los gigantes intelectuales que recibieron capacitación en la sabiduría lingüística del mundo. Salió a luz mediante el poder del Espíritu Santo. El traductor dijo: “No soy instruido” (2 Nefi 27:19). El Señor contestó: “Los instruidos no. . . leerán” el registro de las planchas. (2 Nefi 27:20)

Aquí hay una gran clave. Se traduce el Libro de Mormón correctamente ya que un hombre poco instruido lo hizo por el don y el poder de Dios. Lo hizo en menos de sesenta días de traducción. La Biblia abunda en errores y en malas traducciones, a pesar del hecho de que los académicos y traductores de mayor conocimiento de todas las épocas trabajaron por muchos años en los manuscritos de la antigüedad para traerlos a la luz.

La clave para lograr un entendimiento del santo orden no se encuentra en la sabiduría de los hombres, ni en los pasillos enclaustrados, ni en los títulos académicos, ni en el conocimiento del griego o el hebreo (aunque de todos estos den como resultado aclaraciones intelectuales muy especiales) sino que las cosas de Dios se conocen y comprenden mediante el poder del Espíritu de Dios (1 Corintios 2). Así dice el Señor: “Llamo a lo débil del mundo, a aquellos que son indoctos y despreciados” para llevar a cabo mi obra. (Doctrinas y Convenios 35:13)

Como bien lo expresó Pablo:

“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el polemista de este siglo? ¿Acaso no ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?”

“Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.”

“Pues mirad, hermanos, vuestro llamamiento, que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.”

“Sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte.” (1 Corintios 1:20, 25–27)

Naturalmente debemos aprender todo lo que podamos en todos los campos; debemos sentarnos con Pablo a los pies de Gamaliel, debemos obtener conocimiento de los reinos y países e idiomas (Doctrinas y Convenios 88:76–81). “Pero bueno es ser instruido”, Jacob nos dice, si hacemos “caso de los consejos de Dios.” (2 Nefi 9:29)

Pero sobre todas las cosas, más importante que todo esto junto, más importante que toda la sabiduría obtenida mediante el poder del intelecto, a través de los hombres sabios de todas las épocas, sobre todo esto está la necesidad de la guía del Espíritu al estudiar y al enseñar. La manera en la que el Libro de Mormón salió a luz, mediante el poder de Dios, que utilizó a un hombre poco instruido, establece el modelo para todos nosotros, para todas las obras en el reino. El Señor puede hacer Su obra a través de nosotros si se lo permitimos.

Bueno, me he formado una opinión cuidadosa y la creo firmemente, de que la Biblia, como la tenemos actualmente, es un libro sellado. No tiene el sello jaredita, que sólo puede ser quitado mediante la fe y la rectitud; la Biblia es para los hombres de nuestros días, para los justos y los malvados; y no está sellada con siete sellos sino con dos.

Daremos los nombres de éstos y cómo pueden ser quitados. La Biblia debe llegar a ser un libro abierto, un libro que todos los hombres de la tierra puedan leer, creer y comprender.

Pero primero debemos decir lo que la Biblia es y mostrar su relación con otros escritos inspirados para ganar la salvación. Todos sabemos que la Biblia es el más grande de todos los libros, que es un volumen de Escrituras sagradas que contiene la mente, la voluntad y la voz del Señor para todos los hombres de la tierra y que ha surtido el más grande efecto en la civilización del mundo, hasta este tiempo, que ningún otro libro que jamás se haya escrito.

No hay pueblo sobre la tierra que tenga a la Biblia en tan grande estima como nosotros. Creemos en ella, la leemos y escudriñamos lo que dice, nos regocijamos en las verdades que enseña y buscamos ajustar nuestras vidas de acuerdo a las normas divinas que en ella se proclaman. Pero no creemos, como lo hace el cristianismo evangélico, que la Biblia contiene todas las cosas necesarias para la salvación, ni creemos que Dios haya dejado de hablar a los hombres, ni de revelar, ni de hacer saber Su voluntad a Sus hijos.

Es más, sabemos que la Biblia contiene sólo una pequeña porción de todas las revelaciones que se han dado en épocas pasadas. Se han dado muchas más revelaciones que las que han sido preservadas para nosotros en la Biblia actual.

Contiene relativamente una pequeña parte de las verdades reveladas cuando se la compara a la gran cantidad de verdades reveladas que han recibido los hombres en épocas de mayor progreso espiritual que la nuestra. Incluso la pequeña porción de verdad que se ha preservado para nosotros en la Biblia actual no nos ha llegado en su expresión y perfección original. Un ángel le dijo a Nefi, en repetidas ocasiones, que la Biblia, que incluye tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, contenía el conocimiento de la salvación cuando se escribió originalmente y que luego pasó por las manos “de una iglesia grande y abominable, que es la más abominable de todas las demás iglesias” (1 Nefi 13:26); que se quitaron muchas cosas claras y preciosas y muchos convenios del Señor; y a causa de estas cosas muchísimos tropezaron y no sabían en qué creer ni cómo actuar. (1 Nefi 13)

Sin embargo, con todo esto, no podemos evitar concluir que la Divina Providencia dirige todas las cosas como deben ser. Esto significa que la Biblia, como la conocemos ahora, contiene esa porción de la palabra de Dios que un mundo rebelde, malvado y apóstata tiene derecho y es capaz de recibir.

No dudamos tampoco que la Biblia, como está ahora constituida, se ha dado para probar la fe de los hombres. Prepara a los hombres para recibir el Libro de Mormón.

Aquellos que en verdad creen en la Biblia aceptarán el Libro de Mormón; aquellos que creen en el Libro de Mormón aceptarán Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio, y aquellos que sean así iluminados se esforzarán por vivir para que puedan recibir la mayor luz y conocimiento de aquellos libros sellados que todavía saldrán a la luz: aquellos libros, repito, que saldrán a la luz por medio de hombres poco instruidos que serán guiados por el Espíritu Santo.

Afortunadamente, se ha escrito la Biblia para que todos los hombres, sin importar cuán pequeña sea su dotación espiritual, puedan obtener verdades e instrucciones de ella, en tanto que quienes tengan el poder de discernimiento puedan aprender las cosas profundas y escondidas, reservadas sólo para los Santos.

A modo de perspectiva, en lo que concierne a la salvación, El Libro de Mormón y las otras revelaciones de los últimos días sobrepasan a la Biblia. Estas Escrituras modernas son de hecho las que se deben creer para poder ser salvos.

Si fuera necesario, aquellos de nosotros que vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos podríamos salvarnos aun sin la Biblia, ya que mediante la revelación directa se nos han dado otra vez las verdades y poderes del Evangelio.

Además, a fin de tener todas las cosas en perspectiva, debemos ser conscientes de que hay escritos aprobados e inspirados que no están en los libros canónicos. Estos escritos también son verdaderos y deben utilizarse junto con las Escrituras al aprender y enseñar el Evangelio. Junto a los libros canónicos, los cinco más grandes documentos en nuestra literatura son:

  1. La “Carta a Wentworth” (History of the Church, tomo IV, pág 535-541; véase “Escritos y discursos de los profetas de nuestros días”, Liahona, junio de 1978, págs. 39-44). Fue escrita por el profeta José Smith y contiene un relato de la aparición del Libro de Mormón, de los antiguos habitantes de las Américas, de la organización de la Iglesia en esta dispensación y de las persecuciones que sufrieron los primeros Santos de los Últimos Días. Los Trece Artículos de Fe son parte de esta carta.
  2. Lectures on Faith (Discursos sobre la fe). Estos discursos fueron preparados por el profeta José Smith bajo su dirección. Él y otros hermanos de la Escuela de los Profetas fueron quienes los enseña El Profeta dijo que ellos abarcaban “la importancia de la[s] doctrina[s] de salvación” (Introducción a Doctrinas y Convenios edición de 1835; vuelto a imprimir en Independence, Missouri.: Herald House, 1971).
  3. The Father and the Son: A Doctrinal Exposition by the First Presidency and the Twelve. [El Padre y el Hijo: Una exposición doctrinal por la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce.] (Véase James Clark, comp., Messages of the First Presidency of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, Salt Lake City: Bookcraft, 1965–1975, tomo V, págs. 26–34; véase también tomo V, págs. 23–25.) Este documento explica la posición y relación entre el Padre y el Hijo, muestra aquellas maneras en las que Jesucristo es el Padre y a través de sus varias recitaciones acaba con la visión falsa y herética de que Adán es nuestro Padre y Dios.
  4. “King Follett Sermon” y “Sermon in the Grove”. [El “Sermón del Rey Follett” y el “Sermón en la arboleda,” véase History of the Church, tomo VI, pág 302–317; tomo VI, págs. 473–479). Estos dos sermones, que son uno en pensamiento y contenido, exponen la doctrina de la pluralidad de dioses y la de llegar a ser coherederos con Cristo. Demuestran que el hombre puede llegar a ser como su Hacedor y reinar en exaltación celestial para siempre.
  5. “The Origin of Man” [“El Origen del Hombre”], por la Primera Presidencia de la Iglesia. (Véase Clark, Messages of the First Presidency, tomo IV, pág 200–206; véase también tomo IV, pág. 199.) Este inspirado documento aclara la posición oficial de la Iglesia en cuanto al origen del hombre y por tanto contradice las creencias sobre la evolución que tienen los biólogos y otros científicos. Como se puede esperar, esto despierta mucha ira entre los intelectuales cuyos testimonios son más etéreos que reales. Ahora en cuanto a nuestro libro sellado moderno, la Santa Biblia, el libro que prepara a los hombres para llegar a adquirir la mayor luz y el conocimiento que el Señor tiene para ellos. ¿Cuáles son los sellos que esconden sus maravillas del mundo?

Son dos en número y son los extremos opuestos de un péndulo en movimiento. Son los sellos de Satanás y han sido fraguados con una habilidad diabólica. De hecho, no puedo pensar en dos sellos que pudieran destruir más eficazmente el valor y la utilización de la Biblia que estos dos. Son el sello de la ignorancia y el sello de la intelectualidad, y procedo ahora con una explicación sobre cada uno de ellos.

En cuanto al sello de la ignorancia: este sello mantuvo alejada de la Biblia a casi toda persona que vivió sobre la tierra por casi 1.500 años. Si alguna vez hubo un libro sellado, fue la Biblia durante la Edad Media. La iglesia que dominaba en aquel entonces ni la utilizó ni enseñó en base a ella, sino más bien siguió las tradiciones de sus padres, de ahí que se dieron doctrinas como éstas: que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno; la adoración a María y a la imágenes; la intercesión de los santos; las misas para la salvación de los vivos y de los muertos; la venta de indulgencias; el purgatorio; el bautismo infantil; la justificación para la persecución y muerte de los herejes como sucedió durante la Inquisición Española, etc., porque no hay Escritura adecuada que justifique ni un poquito a ninguna de ellas. El resultado de la Edad Media fueron el Renacimiento y la Reforma, movimientos que principalmente sirvieron para traducir y utilizar la Biblia. Mucha gente que buscaba la verdad fue quemada viva por la simple posesión de una Biblia no autorizada. No necesitamos hacer mucho hincapié en esto porque hay estanterías llenas de libros en todas las buenas bibliotecas que cuentan la tan angustiosa y funesta historia.

En la actualidad, el sello de la ignorancia permanece sólo en la medida que la mayoría de los cristianos, y el resto del mundo en general, no tengan verdadero interés en estudiar la Biblia. Los líderes religiosos modernos son sociólogos, no teólogos; y en los países católicos casi no se anima o incentiva a tener o leer la Biblia.

El sello de la intelectualidad es otro asunto. Lo imponen, sin duda, sin darse cuenta en muchos casos, “los sabios, y los instruidos. . . que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría” (en palabras de Jacob) y quienes no saben que están contados entre los que el Santo de Israel “desprecia” (2 Nefi 9:42).

Mostraremos la falacia de confiar en el aprendizaje y la intelectualidad en lugar de confiar en el Espíritu y en el entendimiento pleno del plan de salvación a medida que expongamos las claves del entendimiento que nos permitirán quitar los sellos de la Biblia sellada. Algunas de las claves del entendimiento son de un significado casi infinito, otras son tan insignificantes que si se las ignora, nadie se daría cuenta. Sin embargo, se deben mencionar aun estas insignificantes para poder mantener la perspectiva de los asuntos importantes. Nos tomaremos la libertad de clasificarlas en una escala del uno al diez.

Decimos de la Biblia, como Parley P. Pratt dijo del Libro de Mormón: “Romped los sellos; todos ved su luz y gloria renacer” (“Un ángel del Señor”, Himnos, 1948, Nº 9).

Clave uno: Lean la Biblia

¿Podría alguna otra clave ser más obvia que esta? Sencillamente lean el libro en sí. A menos que lo leamos y hasta que no lo hagamos, ninguna otra cosa nos ayudará a quitar el sello de la Biblia. No podemos sino clasificar a esta clave con un diez en nuestra escala.

Toda la erudición y comprensión bíblica comienza con la lectura del material fuente básica. Uno de nuestros problemas es que leemos lo que los demás han dicho sobre la Biblia; leemos un libro de relatos del Antiguo Testamento, conseguimos algo que la revista Selecciones publica bajo el nombre bíblico, que omite las genealogías y teóricamente las partes difíciles. Lean el libro en sí; “escudriñad las Escrituras” (Juan 5:39). Atesoren mucho la palabra de Dios, vayan a la fuente. Las palabras son sagradas. Si llegan a nosotros tal y como fueron escritas originalmente, entonces son inspiradas por el Espíritu Santo. Se deben leer una y otra vez mientras vivamos.

Pero en mi opinión, no todos los libros de la Biblia tienen el mismo valor. Los Evangelios, especialmente el Evangelio de Juan, valen su peso en oro. El libro de Hechos no se queda atrás. Las Epístolas de Pablo, la de los Romanos siendo la más importante y la de Filemón la más pequeña, son tesoros de doctrina y sabios consejos. Los escritos de Pedro y Santiago, junto con Primera de Juan, figuran como si fueran escritos por ángeles; Segunda y Tercera de Juan son de valor especial; la de Judas por lo menos vale la pena, y para aquellos con entendimiento del Evangelio, Apocalipsis es la base de la sabiduría divina que ensancha la mente e ilumina el alma.

En el Antiguo Testamento, Génesis es el libro más importante de todos los libros, un relato divino cuyo valor no se puede medir. Éxodo y Deuteronomio también son de gran valor. Números, Josué, Jueces, los libros de Samuel, de Reyes y las Crónicas, son todos libros con historia imprescindible, que incluyen actos de fe y asombro y que vienen a constituir la base para la comprensión de la fe cristiana.

Levítico no tiene una aplicación especial para nosotros, excepto por algunos versículos, por lo que no se necesita estudiar continuamente. Rut y Ester son hermosas historias que son parte de nuestra herencia. Los Salmos contienen poesía maravillosa y son de gran significado las partes mesiánicas, que hablan de los últimos días y de la Segunda Venida. Proverbios, Eclesiastés y Lamentaciones son libros interesantes; Job es para las personas a quienes les guste este libro y Cantares es una parte de la Biblia que no tiene valor: no son escritos inspirados. Esdras, Nehemías, Abdías y Jonás son los profetas de menor importancia; y todos los demás profetas (Isaías siendo el más importante de todos ellos) cada uno en su lugar y orden expusieron palabra de doctrina y profecía que se debe estudiar a profundidad.

Clave dos: Aprendan Hebreo y Griego

Desde luego no hay objeción en aprender el hebreo y el griego, pero tiene algunos peligros. José Smith y algunas Autoridades Generales de su época estudiaron un poco de hebreo. Cuando se utiliza adecuadamente el conocimiento de una lengua antigua, como un medio de ganar inspiración sobre versículos específicos, amerita una clasificación de uno o de uno y dos décimos. Si se utiliza incorrectamente su valor disminuye en la escala a un cinco o diez bajo cero, dependiendo de la actitud y el punto de vista espiritual de quien lo utiliza.

Aquellos que recurren a las lenguas originales para obtener conocimiento doctrinal tienen la tendencia de confiar más en los eruditos que en los profetas para la interpretación de las Escrituras. Esto es peligroso; es triste que se les cuente entre los sabios e instruidos que creen saber más que el Señor.

Desde luego que ninguno de nosotros se debe sentir preocupado o inferior si no tiene un conocimiento básico de los idiomas en que la Biblia fue escrita por primera vez.

Nuestra preocupación debe ser la de ser guiados por el Espíritu e interpretar las palabras antiguas en armonía con la revelación de los últimos días.

Clave tres: El utilizar los comentarios analíticos y diccionarios bíblicos

Cualquier cosa que se diga bajo este título es más una advertencia que una aprobación. En lo que se refiere a asuntos históricos o geográficos, estos escritos sin inspiración se clasifican en la escala en un uno o dos; pero en asuntos doctrinales bajan a un diez bajo cero, un cien bajo cero o un mil bajo cero, dependiendo de la doctrina que se trate.

Los sabios e instruidos tienen un conocimiento tan pequeño de la doctrina, que leerlos es casi una pérdida de tiempo. Todos sus credos son una abominación a los ojos del Señor. Enseñan como doctrina los mandamientos de los hombres. Distorsionan y pervierten las Escrituras para ajustarlas a sus tradiciones; y si aciertan alguna vez, es por pura casualidad.

Uno dice que Jesús no caminó sobre el agua porque eso es imposible; dice, en cambio, que caminó en las olas de la playa.

Otro dice que no alimentó a los cinco mil al multiplicar los panes y los peces porque eso es contrario a la naturaleza; dice, en cambio, que muchos en la congregación llevaron comida en sus morrales pero tuvieron miedo de sacarla no fuera que tuvieran que compartirla con los demás. Jesús simplemente les enseñó a compartir.

Otro más dice que no debemos esperar la Segunda Venida en el sentido literal, porque ciertamente Cristo ya no es un hombre que pueda morar entre los hombres otra vez; dice, en cambio, que la Segunda Venida ocurre siempre que Cristo mora en el corazón del hombre.

¿Qué es lo que pueden enseñarnos los comentarios analíticos del mundo sobre la naturaleza de Dios; sobre la vida preterrenal, la guerra en los cielos y el eterno plan de salvación; sobre la caída del hombre con su muerte temporal y espiritual; sobre la creación paradisíaca que se restaurará durante el Milenio; sobre el sacerdocio de Melquisedec y sus oficios; sobre la congregación literal de Israel y la restauración de las diez tribus sobre las montañas de Israel; sobre predicar a los espíritus encarcelados y la doctrina de salvación por los muertos; sobre los templos, el matrimonio celestial y la continuación de la unidad familiar en la eternidad; sobre los dones, señales y milagros; sobre la apostasía universal, el glorioso día de la resurrección y el advenimiento del Libro de Mormón; sobre la expiación de Jesucristo, que hace que la salvación sea posible bajo condiciones de obediencia; sobre los tres grados de gloria; sobre la exaltación en el más alto grado del mundo celestial donde los hombres serán herederos junto con Jesucristo; sobre casi todas las doctrinas básicas de la salvación?

Mis estimados maestros, todas estas cosas y diez mil más, nos las ha enviado el Dios del cielo en esta última dispensación de gracia, mediante la revelación directa. Son las verdades que hacen que la salvación esté disponible y no se las podrá encontrar en los escritos de los eruditos del mundo.

Clave cuatro: Aprendan sobre las costumbres y tradiciones del lugar

Esta clave tiene una ventaja considerable. Se la clasifica con un dos o tres. A menudo las palabras de las Escrituras adquieren un significado nuevo y adicional cuando se leen a la luz de las condiciones locales que influenciaron a quienes escribieron las Escrituras.

Cuando aprendemos que el consejo de Jesús de cuidarnos de los falsos profetas que vienen a nosotros vestidos de ovejas pero que por dentro son lobos rapaces, hacía referencia a los rabinos, escribas y fariseos de Sus días, nos damos cuenta que su aplicación moderna es hacia los líderes de las iglesias falsas que enseñan doctrinas falsas.

Vemos con una perspectiva totalmente diferente el llamado de abandonar las cargas del mundo, las cuales están llenas de pecados, y de aceptar el santo Evangelio cuando aprendemos que el llamado del manso Nazareno de venir a Él, de llevar Su yugo sobre nosotros y de aprender de Él porque Su yugo es fácil y ligera Su carga, y que Él daría descanso a nuestra alma, fue en realidad una invitación a abandonar las prácticas ritualistas, formales y onerosas de la ley de Moisés y aceptar la sencillez de la adoración en el Evangelio.

Cuando aprendemos que todos los grupos de viajeros en Palestina acampaban en caravaneras, en las que había habitaciones llamadas posadas que rodeaban a un patio donde se ataba a los animales, obtenemos una visión completamente nueva del lugar en que Jesús nació.

Cuando leemos que Jesús reprendió a los maestros judíos porque sus tradiciones hacían que la ley de Dios no tuviera ningún efecto, que los acusó a causa de sus completamente ridículas restricciones del día de reposo, que los condenó por sus ceremonias de lavamiento y purificación, es de considerable ayuda saber cuáles eran las tradiciones, las restricciones y las ceremonias.

Nefi cita “las palabras de Isaías” y dice que “son claras para todos aquellos que son llenos del espíritu de profecía” (2 Nefi 25:4). Como manera complementaria para entender las palabras de los profetas, él dice que los hombres deben ser “instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos.” (2 Nefi 25:5)

Los autores como Edersheim, Farrar y Geike, que escribieron hace más de cien años cuando los hombres tenían más fe y cuando creían en la divinidad del Hijo, nos dan mucha información muy útil en cuanto a estas costumbres y formas de vida antiguas.

Clave cinco: Estudien las escrituras en contexto

El contexto de cada pasaje de las Escrituras es importante: vamos a clasificarla con un tres o cuatro en nuestra escala. Dios no hace acepción de personas; cualquier cosa que Él ha dicho o dirá a una persona, la dirá a otra persona que está en una situación parecida. Y es posible que dé indicaciones que parezcan ser contradictorias a personas que están en diferentes situaciones.

Si las Escrituras dicen: “No matarás” (Éxodo 20:13), ¿qué es lo que va a detener al Señor de decirle a Nefi que mate a Labán mientras ese líder judío estaba en el suelo ebrio? Si las Escrituras dicen que a los miembros de la Iglesia que cometan asesinato se les negará la vida eterna, ¿también se aplica esto a las naciones paganas? Si necesitamos un versículo que nos enseñe en cuanto a la separación de la Iglesia y el gobierno, ¿lo encontraremos en el Antiguo Testamento cuando las personas estaban siendo gobernadas en forma teocrática o en el Nuevo Testamento cuando se les exigió dar a César lo que era suyo? Si estudiamos las ceremonias levíticas, ¿nos volveremos al Libro de Mormón donde no había levitas entre su gente? Y así sucesivamente. Evidentemente las Escrituras tienen una aplicación limitada o general de acuerdo al contexto.

Clave seis: Distinga correctamente entre los pasajes literales y los figurados

Esto es difícil; requiere de una experiencia y discernimiento considerables, y sin duda se clasifica con un tres o cuatro. En general seremos más prudentes si tomamos las cosas literalmente, aunque en las Escrituras abundan los sentidos figurados.

Los acontecimientos literales incluyen el hablar con Dios cara a cara como un hombre habla con su amigo; que el hombre fue hecho a la imagen de Dios, tanto física como espiritualmente; la venida de Jesucristo como el Unigénito en la carne; que el mismo Señor Jesucristo moró en la Sion de Enoc; Su reinado durante el Milenio; que todos los hombres resucitarán de la muerte con cuerpos tangibles de carne y hueso, etc.

Los sentidos figurados incluyen que Enoc caminó con Dios, que el Señor habitó con el antiguo Israel, que Cristo fue el pan vivo que descendió del cielo, el comer Su carne y beber Su sangre en la ordenanza de la Santa Cena, etc.

Clave siete: Utilicen la versión de la biblia del rey Santiago (en inglés y en español, la versión reina-Valera)

En lo que respecta a las Biblias del mundo, la versión [en inglés] del Rey Santiago es tanto mejor que las otras que no hay comparación. Se clasifica con un cinco o seis en nuestra escala. Esta es la Biblia que preparó el camino para la traducción del Libro de Mormón y que estableció un patrón y nivel literario para las revelaciones de Doctrina y Convenios. Es la Biblia oficial de la Iglesia [en inglés]. Quizás sería bueno consultar Why the King James Version? [¿Por qué la versión del Rey Santiago?], escrito por el presidente J. Reuben Clark, Jr., (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1956) en el que hace un amplio estudio sobre este tema.

Clave ocho: ¿Qué hay de las otras traducciones del mundo?

En respuesta les decimos: Olvídenlas; tienen tan poco valor que es casi una pérdida de tiempo profundizar en ellas. Seremos generosos al clasificarlas con un uno en nuestra escala. Son traducciones que no son obligatorias para nosotros, y en general exponen sencillamente las preferencias religiosas de su traductor. Algunas por ejemplo, dicen que Cristo nació de una mujer joven en vez de decir que nació de una virgen.

Habrá ocasiones en las que una de estas traducciones no inspiradas proporcione algún conocimiento adicional en cuanto a un punto específico; no todas son malas, pero hay tantas cosas que estudiar y aprender que pongo en duda la sabiduría de atesorar los puntos de vista de la traducción de los sabios e instruidos, quienes no tienen nada en el sentido inspirado para aportar al entendimiento de las verdades eternas.

Clave nueve: Utilicen y dependan de la traducción de José Smith, a la que se ha llamado la versión inspirada

Este consejo se clasifica con un ocho o nueve. Sería difícil afirmarlo con demasiado énfasis. La Traducción de José Smith, que también se conoce como la Versión Inspirada, es definitivamente la mejor Biblia en inglés que existe por ahora en la tierra. Contiene todo lo que tiene la versión del Rey Santiago, además de páginas de agregados y correcciones y algunas supresiones esporádicas. Se realizó mediante el espíritu de revelación, y los cambios y agregados son el equivalente a la palabra revelada en el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios.

Por razones históricas y de otra índole, en el pasado ha habido algunos prejuicios y malentendidos entre algunos miembros de la Iglesia en cuanto al lugar que ocupa la Traducción de José Smith. Espero que todo eso ya haya desaparecido. La edición Santo de los Últimos Días en inglés de la Biblia contiene notas al pie de página que incluyen muchos de los cambios importantes que se hicieron en la Versión Inspirada, y tiene también una sección de diecisiete páginas de extractos que son demasiado largos para incluirlos en las notas al pie de página.

El consultar esta sección y las notas al pie de página darán a cualquier persona que tenga un entendimiento espiritual, un aprecio profundo por esta obra de revelaciones del profeta José Smith. Es una de las grandes evidencias de su llamamiento profético.

Me complace decir que aquí en la Universidad Brigham Young tenemos al experto más destacado sobre la Traducción de José Smith. Sus aportes a este campo de la erudición del Evangelio se clasifican entre las mejores obras publicadas en esta dispensación. Él es por supuesto el hermano Robert J. Matthews, decano de la facultad de Educación Religiosa. Su obra publicada: “A Plainer Translation: Joseph Smith’s Translation of the Bible, a History and Commentary [“Una traducción más clara”: La Traducción de José Smith de la Biblia, Una historia y comentario analítico], (Provo: Brigham Young University Press, 1975), merece un estudio meticuloso.

Clave diez: Utilice las ayudas didácticas de la edición de la biblia sud en inglés

Recibí una carta de un maestro de seminario en la cual criticaba nuestras nuevas publicaciones de las Escrituras porque tenían notas al pie de la página, pasajes correlacionados y ayudas didácticas. Él argumentó que éstas eran ayudas que detenían a las personas de poder hacer un estudio intensivo en el que harían su propia correlación de pasajes.

Bueno, yo tengo necesidad de estas ayudas y se las recomiendo. Incluyen las correcciones de la Traducción de José Smith, la Guía para el Estudio de las Escrituras, las notas al pie de página, el diccionario geográfico y los mapas.

Ninguno de estos recursos es perfecto; no determinan por sí mismos la doctrina; ha habido y sin duda hay errores en ellos. Los pasajes correlacionados, por ejemplo, no establecen ni nunca ha sido la intención que demuestre que los pasajes paralelos se refieren al mismo tema. Sólo son ayudas. Desde luego que se clasifican en un cuatro o cinco en importancia. Utilícenlas constantemente.

Clave once: Utilicen traducciones inspiradas e interpretativas de las escrituras

Me parece que la mayoría de nosotros casi no nos damos cuenta de la gran luz que está disponible para nosotros en las traducciones inspiradas e interpretativas de pasajes bíblicos.

Para aquellos con entendimiento espiritual, estas interpretaciones inspiradas se clasifican en un ocho o nueve en nuestra escala; para aquellos con menor madurez espiritual, todo lo que hacen es plantear dudas y preguntas.

Como ustedes saben, casi todas las citas que se hacen en el Nuevo Testamento de pasajes del Antiguo Testamento varían del texto original en hebreo, según se ha traducido en nuestra Biblia. ¿Por qué? Hay dos razones: una razón es que muchas de las citas proceden de la Septuaginta griega y no del texto hebreo que se ha convertido en nuestro Antiguo Testamento. La Septuaginta tenía muchas deficiencias porque incorporó los puntos de vista doctrinales de los traductores.

Lo que es más importante, los judíos de la época de Jesús hablaban arameo y no hebreo, pero sus Escrituras estaban escritas en hebreo. Por tanto, era costumbre, mientras adoraban en la sinagoga, que un maestro leyera los textos en hebreo y que otro tradujera o parafraseara esos pasajes al arameo (o como ellos decían, convertir esos pasajes en targums) para que la gente pudiera entender.

Cuando Jesús y los Apóstoles hicieron estos Targums, y cabe mencionar que todos ellos enseñaron regular y constantemente en las sinagogas, fueron inspirados y por tanto ofrecieron gran conocimiento sobre el pasaje de las Escrituras que se tratase. Muchos pasajes del Antiguo Testamento adquieren nuevo significado debido a la forma en que se citan en el Nuevo Testamento.

A efectos prácticos, con frecuencia Nefi muchas veces hizo lo mismo al citar a Isaías o a Zenós. Él no dio una traducción literal, sino una traducción inspirada e interpretativa.

Y en muchos casos sus palabras dan un significado nuevo o más amplio a la palabra profética original.

De hecho, Moroni hizo lo mismo en las apariciones a José Smith en 1823. Por ejemplo, él mejoró a tal grado la promesa del retorno de Elías, que es como ir de una placentera media luz al resplandor del sol del mediodía. Y sin embargo, años después, con un conocimiento pleno de la traducción más perfecta, José Smith conservó el idioma de la versión del Rey Santiago de la Biblia en inglés tanto en el Libro de Mormón, como en Doctrina y Convenios y en su traducción inspirada de la Biblia.

Sin duda aquí tenemos un mensaje. Por un lado, significa que el mismo pasaje de las Escrituras se puede traducir correctamente de muchas maneras y, por otro, que la traducción que se utiliza depende de la madurez espiritual de las personas.

Asimismo, el sermón del monte en el Libro de Mormón conserva, con ciertas mejorías, el idioma de la versión del Rey Santiago de la Biblia en inglés; pero más adelante, la Traducción de José Smith presenta una gran parte de este sermón en una manera que supera aun a la del Libro de Mormón.

Un pasaje tan sencillo como lo es Juan 17:3 tiene un significado limitado para todos los hombres, pero es un faro celestial de luz resplandeciente para nosotros. De él aprendemos que conocer a Dios y a Cristo es ser como ellos (pensar lo que ellos piensan, hablar lo que ellos hablan, hacer lo que ellos hacen) y todo este conocimiento va más allá de lo que la capacidad de una mente poco preparada puede recibir.

Con la rapidez que aprendamos el plan de salvación y nos pongamos a tono con el Espíritu Santo, las Escrituras adquirirán un significado completamente nuevo para nosotros. Ya no estaremos limitados, como las mentes pequeñas de los sabios del mundo, sino que nuestra alma se llenará de la luz y el entendimiento que va más allá de cualquier cosa que podamos concebir.

Clave doce: Las escrituras modernas revelan las escrituras antiguas

No es posible dar suficiente énfasis a esta clave. Se clasifica en diez o en más. En el verdadero y real sentido de la palabra, la única manera de entender la Biblia es obtener primero un conocimiento de los tratos de Dios con los hombres por medio de la revelación de los últimos días. Podríamos ser salvos sin la Biblia, pero no podemos ser salvos sin la revelación de los últimos días. El nuestro es un reino restaurado; todas las doctrinas, leyes, ordenanzas y poderes fueron restaurados. Dios y los ángeles nos los dieron otra vez. Creemos en lo que creemos, tenemos las verdades que poseemos, y ejercitamos las llaves y poderes con los que se nos ha investido, porque se nos han dado al abrirse los cielos en nuestros días. No miramos hacia atrás a una época pasada ni a la gente del pasado para buscar la salvación.

De hecho, no podría ser de otro modo con un Dios que nunca cambia; lo que tenemos se ajusta a lo que los antiguos santos tenían. Todas las prácticas y verdades que ellos tenían y que corresponden a las que tenemos actualmente son un segundo y adicional testigo de las verdades del Evangelio. Pero nuestro conocimiento y poderes vienen directamente del cielo.

Por tanto, los relatos imperfectos y parciales de los tratos del Señor con Sus antiguos santos, tal como se encuentran en la Biblia, deben ajustarse y leerse en armonía con lo que hemos recibido. Es hora de que aprendamos, no que el Libro de Mormón es verdadero porque la Biblia lo es, sino lo opuesto. La Biblia es verdadera, en la medida en que lo es, porque el Libro de Mormón es verdadero.

El Evangelio sempiterno, el sacerdocio eterno, las ordenanzas idénticas de la salvación y la exaltación, las doctrinas de salvación que nunca cambian, la misma Iglesia y reino, las llaves del reino, que pueden sellar al hombre a la vida eterna; todas estas verdades han sido siempre las mismas en todas las épocas y así será infinitamente en esta tierra y en todas las tierras por toda la eternidad. Estas cosas las sabemos mediante la revelación en los últimos días.

Una vez que sabemos estas cosas, se abre la puerta al entendimiento de la poca información que hay en la Biblia. Al combinar el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio, tenemos al menos mil pasajes que nos permiten saber lo que predominó entre el pueblo del Señor en épocas antiguas.

¿Tuvieron la plenitud del Evangelio sempiterno en todo momento? Sí, no hubo ni siquiera un período de diez minutos desde los días de Adán hasta que se apareció el Señor Jesucristo en la tierra de Abundancia en que el Evangelio, como lo tenemos en su plenitud eterna, no estuviera sobre la tierra.

No se dejen confundir en este asunto por el hecho de que las ceremonias de la ley de Moisés fueron administradas por el Sacerdocio Aarónico. Donde está el sacerdocio de Melquisedec, está la plenitud del Evangelio, y todos los profetas poseyeron el sacerdocio de Melquisedec.

¿Hubo bautismos en los días del antiguo Israel? La respuesta está en la Traducción de José Smith de la Biblia y en el Libro del Mormón. El registro de los primeros seiscientos años de la historia nefita es sencillamente un relato verdadero y claro de cómo eran las cosas en el antiguo Israel desde los días de Moisés en adelante.

¿Hubo una Iglesia en la antigüedad?, y de ser así, ¿cómo fue organizada y regulada? No hubo ni siquiera un abrir y cerrar de ojos, durante todo el tiempo que se le llama la era precristiana, en que la Iglesia de Jesucristo no haya estado sobre la tierra, organizada básicamente en la misma forma en la que está ahora. Melquisedec pertenecía a la Iglesia, Labán era miembro, al igual que Lehi, mucho antes de que saliera de Jerusalén.

Siempre hubo poder apostólico. El Sacerdocio de Melquisedec siempre dirigió el rumbo del Sacerdocio Aarónico. Todos los profetas tuvieron una posición dentro de la jerarquía de la época. El matrimonio celestial siempre ha existido. De hecho, ése es el corazón y la parte central del convenio abrahámico. Elías y Elías el profeta vinieron a restaurar este antiguo orden y a otorgar el poder sellador que le da eficacia eterna.

La gente pregunta: ¿tuvieron el don del Espíritu Santo antes del día de Pentecostés? Tan seguro como que el Señor vive, ellos sí tuvieron el don del Espíritu Santo; eso es parte del Evangelio y aquellos que recibieron el don hicieron milagros y buscaron y obtuvieron una ciudad cuyo constructor y creador era Dios.

Con frecuencia he deseado que la historia del antiguo Israel hubiese pasado por el proceso de edición de las manos proféticas del profeta Mormón. Si hubiese sido así, estaría tan bien escrito como el Libro de Mormón, pero supongo que de todos modos así es como estaba escrito desde un principio.

Clave general: Medite, oren y busquen el espíritu

Ésta es la conclusión de todo el tema. Esta clave quita el sello. Ésta es la única manera en que las verdades puras, preciosas y escondidas de la Biblia se pueden llegar a conocer en su plenitud; y, en la escala, se le clasifica por encima de todas las demás.

Todos sabemos que debemos atesorar las palabras de vida; que debemos vivir de toda palabra que proviene de la boca de Dios; que debemos meditar las cosas de la rectitud de día y, al igual que Nefi, que bañen nuestras almohadas de noche, todo esto mientras permitimos que las solemnidades de la eternidad penetren nuestra alma.

Todos sabemos que debemos pedir al Señor guía y entendimiento. “Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (Doctrinas y Convenios 4:7). “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5)

Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (Doctrinas y Convenios 42:14). Porque “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20–21)

Bueno, se podría decir mucho más; sólo hemos abierto la puerta a la investigación. Por muy grande que sea la oscuridad del mundo entre los sabios e instruidos, no debemos estar ni confundidos ni inseguros. El Evangelio proclamado no tiene doctrinas inciertas. Tenemos el poder para quitar los sellos del libro cerrado y de gozar de la luz que procede de sus páginas.

A manera de conclusión, doctrina y testimonio, permítanme ofrecerles cuatro instrucciones simples:

  1. Enseñen basándose en la fue Utilicen las Escrituras; con frecuencia nuestra tendencia es de estudiar los libros sobre la Biblia en vez de tomar la palabra divina en su pureza.

Las corrientes de agua viva fluyen de la Fuente Eterna, y fluyen en los canales de las Escrituras preparadas por los profetas. Ahora les doy un consejo sabio en forma de refrán que la mayoría de ustedes va a entender: No beban el agua que está río abajo de donde beben los caballos, especialmente si se trata de los caballos del sectarismo.

  1. Enseñen la doctrina en vez de enseñar los principios étic Lean nuevamente las instrucciones dadas por el presidente J. Reuben Clark, Jr., en El curso trazado por la Iglesia en la educación, (discurso pronunciado a los maestros de religión el 8 de agosto de 1938; véase también Charge to Religious Educators, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1981). Como él lo explica, si enseñamos principios éticos y nada más, fallamos; en cambio, si enseñamos las grandes y eternas doctrinas de salvación, tenemos éxito y los principios éticos se resolverán por sí mismos.
  2. Enseñen por medio del Espíritu. Esto es indiscutible; y ha sido cierto desde el comienzo y lo será eternamente. ¿Han logrado captar la visión de la gran proclamación hecha en los días de Adán de cómo y de qué manera se debe predicar el Evangelio?

El pasaje de las Escrituras dice: “[Crean] en su Hijo Unigénito, aquel que él declaró que vendría en el meridiano de los tiempos, que fue preparado desde antes de la fundación del mundo” (Moisés 5:57). Es decir, creer en Cristo y cumplir con el grande y eterno plan de salvación. Y luego vienen estas palabras: “Y así se empezó a predicar el evangelio desde el principio, siendo declarado por santos ángeles enviados de la presencia de Dios, y por su propia voz, y por el don del Espíritu Santo.” (Moisés 5:58)

El Evangelio se enseña, se debe enseñar y se puede enseñar sólo mediante el Espíritu Santo. Ese don se nos da a nosotros como santos del Altísimo y a nadie más. Estamos solos y tenemos un poder que el mundo no posee. Nuestros puntos de vista en asuntos religiosos y espirituales son infinitamente mejores que los de ellos porque recibimos inspiración de los cielos.

Ésta es la razón por la que el llamamiento para enseñar, el llamamiento para ser maestros (y hablo en cuanto a los maestros de ambos sexos) es la tercera posición más grande dentro de la Iglesia. En verdad Pablo dijo: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Corintios 12:28). Apóstoles, profetas, maestros, en ese orden. Luego, los que mueven montañas y los que levantan a los muertos.

Los apóstoles y profetas también son maestros y, ¿qué mayor comisión podría alguien recibir del Señor que representarlo y decir lo que Él diría si estuviera presente, y hacerlo porque las palabras pronunciadas fluyen por el poder del Espíritu Santo?

  1. Lleguen a ser eruditos del Evange Con una comisión tan grande, ¿cómo podríamos hacer otra cosa sino convertirnos en eruditos del Evangelio y entonces vivir de tal modo que el Espíritu tome de nuestros tesoros de verdad adquiridos aquellas porciones que necesitemos a la hora precisa?

Por la naturaleza misma de las cosas, cada maestro se convierte en un intérprete de las Escrituras para quienes lo escuchan; no podría ser de otro modo. Debemos predicar, enseñar, exponer y exhortar. Pero nuestras explicaciones deben estar en armonía con las palabras de los profetas y apóstoles; y lo serán si son guiadas por el Espíritu. Recuerden que ellos son los oficiales principales colocados en la Iglesia para asegurarse que no seamos “llevados por doquiera de todo viento de doctrina.” (Efesios 4:14)

Ahora, unas últimas palabras: En la Iglesia todos somos hermanos; el Señor no hace acepción de personas; no es la posición que tengamos en la Iglesia la que nos salva, sino la obediencia y la rectitud personal. El Evangelio ha sido restaurado para “que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo” (Doctrinas y Convenios 1:20). Todos tenemos derecho al espíritu de inspiración. Como dijo el profeta José Smith: “Dios no ha revelado nada a José que no hará saber a los Doce, y aun el menor de los santos podrá saber todas las cosas tan pronto como pueda soportarlas” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 177).

Los dones del Espíritu están disponibles para todos nosotros. Efectivamente, es nuestro el privilegio, el privilegio de cada élder en el reino, de despojarnos de las envidias y los temores y humillarnos ante el Señor, y entonces “el velo se rasgará” y lo veremos y sabremos que es Él (Doctrinas y Convenios 67:10).

Esta obra es verdadera, la mano del Señor está en ella y saldrá triunfante. Y todos los que hagamos nuestra parte recibiremos paz y gozo en esta vida y seremos herederos de la vida eterna en el mundo venidero. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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