Respuestas a preguntas del Evangelio

Devocional para maestros de religión, el martes 1 de julio 1980. Publicado en La Enseñanza en Seminario, lecturas de preparación para el maestro, Religión 370, 471 y 475.

Respuestas a preguntas del evangelio

por el Élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

A: Investigadores que buscan la verdad con sinceridad Estimados hermanos y hermanas:

Recibo un diluvio de cartas en las que se hacen preguntas sobre las doctrinas, prácticas e historia de la Iglesia. Varias miles de preguntas me son presentadas cada año. Recientemente recibí una sola carta que incluía 210 preguntas principales, más muchas menores. Contestar las preguntas de esta sola carta hubiera tomado varios cientos de páginas. Con frecuencia tengo una pila de cartas sin contestar con una altura de 15 a 20 centímetros.

Hay ocasiones en que pasan semanas sin que tenga la oportunidad de leer las cartas, y ciertamente sin poder tener ocasión de contestarlas.

Las personas sensatas se pueden percatar de que si dedicara todas las horas que paso despierto a la investigación y trabajo que tomaría contestar las preguntas que me llegan, aun así no podría contestarlas todas. Pero, y esto es mucho más importante, aunque me fuera posible efectuar este servicio, no estaría haciendo lo correcto, ni tampoco sería bueno para las personas que me presentan sus problemas.

En vez de eso permítanme hacer las siguientes sugerencias generales a aquellas personas que buscan respuestas a preguntas sobre el Evangelio:

1.  Busquen luz y verdad.

Todos los hombres en todas partes, dentro y fuera de la Iglesia, sin referencia a una secta, partido o denominación, están obligados a buscar luz y verdad. La luz de Cristo viene como un regalo gratuito a todos los hombres; ilumina a todo hombre que viene al mundo; y los que siguen sus sugerencias buscan la verdad, logran conocimiento y entendimiento, y son guiados al Evangelio y sus verdades de salvación.

Los miembros de la Iglesia tienen una obligación adicional de entender tanto las leyes de la naturaleza como las doctrinas de salvación. Tienen el don del Espíritu Santo que es el derecho a la constante compañía de este miembro de la Trinidad, basado en la fidelidad. El Espíritu Santo es un revelador. Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5). En el sentido completo y final, la única forma perfecta y absoluta de adquirir un conocimiento seguro en cualquier campo es recibir revelación personal del Santo Espíritu de Dios. Esta bendición enviada del cielo está reservada para aquellos que guardan los mandamientos y obtienen la compañía del Espíritu Santo, recordando que el Espíritu no morará en un tabernáculo impuro.

2.  Escudriñen las escrituras.

Las respuestas a casi todas las preguntas doctrinales importantes se encuentran en los Libros Canónicos o en los sermones y escritos del profeta José Smith. Si no se encuentran en esas fuentes, probablemente no son esenciales para la salvación y puede ser que estén más allá de nuestra actual capacidad espiritual para comprenderlas. Se nos darán nuevas revelaciones cuando entendamos y vivamos en armonía con esas verdades que ya hemos recibido.

La forma de lograr un alto estado en los estudios del Evangelio es primero estudiar, reflexionar y orar sobre el Libro de Mormón, y luego seguir el mismo curso con relación a las otras Escrituras. El Libro de Mormón contiene esa parte de la palabra del Señor que ha dado al mundo para preparar el camino para una comprensión de la Biblia y las otras revelaciones que ahora tenemos entre nosotros.

Se nos ha mandado escudriñar las Escrituras, todas ellas; atesorar la palabra del Señor, para que no seamos engañados, beber profundamente de la fuente de las Escrituras para que nuestra sed de conocimiento sea saciada. Pablo dice que las Escrituras nos pueden hacer “sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15) Éstas nos guían a la Iglesia verdadera y los administradores legales que Dios ha asignado para administrar Su obra en la tierra. Es mucho mejor para nosotros obtener respuestas por medio de las Escrituras que por algo que alguien más dice acerca de ellas. Es verdad que muchas veces necesitamos un intérprete inspirado para ayudarnos a comprender lo que los apóstoles y profetas han escrito para nosotros en los Libros Canónicos, pero también es verdad que muchas explicaciones dadas por mucha gente concerniente al significado de los pasajes de las Escrituras son un tanto menos que la verdad y menos edificantes.

Nos encontramos en una situación mucho mejor si podemos beber directamente de la fuente de las Escrituras sin que las aguas sean enlodadas por otra gente cuya comprensión no es tan grande como la de los escritores proféticos que escribieron primero los pasajes que se hallan en los Libros Canónicos y que se han aceptado como tales. No estoy rechazando los comentarios analíticos apropiados sobre las Escrituras; conozco y aprecio su valor y he escrito volúmenes de ellos yo mismo; simplemente estoy diciendo que las personas que tienen la facultad para hacerlo estarán mucho mejor si crean sus propios comentarios analíticos. Existe algo sagrado, solemne y salvador en el hecho de estudiar las Escrituras de manera individual. Debemos capacitarnos en esa dirección.

3.  Las verdaderas doctrinas están en armonía con los libros canónicos.

Los Libros Canónicos son Escritura. Nos sirven de guía. Son la voluntad, la intención y la voz del Señor. Él nunca ha revelado, revela o revelará algo que sea contrario al contenido de ellos. Ninguna persona que hable con el espíritu de inspiración enseñará jamás una doctrina que no esté en armonía con las verdades que Dios ya ha revelado.

Estas palabras del presidente Joseph Fielding Smith deben guiarnos a todos nosotros en nuestro estudio del Evangelio: “No importa qué esté escrito o lo que cualquiera haya dicho; si aquello que se ha dicho no concuerda con lo que el Señor ha revelado, podemos hacerlo a un lado. Mis palabras, y las enseñanzas de cualquier otro miembro de la Iglesia, ya sea en un cargo mayor o menor, si no concuerdan con las revelaciones, no estamos obligados a aceptarlas. Expongamos claramente este asunto.

Hemos aceptado los cuatro Libros Canónicos como las medidas o balanzas de acuerdo con las cuales medimos la doctrina de todo hombre. “No podéis aceptar los libros escritos por las autoridades de la Iglesia como normas en cuanto a doctrina, sino hasta el punto en que concuerden con las palabras reveladas en los Libros Canónicos.

“Todo hombre que escribe es responsable, no la Iglesia, por lo que él escriba. Si Joseph Fielding Smith escribe algo que no va de acuerdo con las revelaciones, todo miembro de la Iglesia está obligado a rechazarlo. Si escribe aquello que concuerde perfectamente con la palabra revelada del Señor, entonces se debe aceptar” (Doctrines of Salvation, Bruce R. McConkie, tomo 3, págs. 203–204).

4. Procuren buscar armonía entre las expresiones proféticas y las escrituras.

Cada verdad, en cada estudio, en toda la tierra, y en toda la eternidad, está en total armonía con toda otra verdad. La verdad siempre se encuentra en armonía consigo misma. La palabra del Señor es verdad, y ninguna Escritura jamás contradice a otra; ninguna aseveración inspirada de cualquier persona se encuentra fuera de armonía con la aseveración inspirada de otra. Pablo y Santiago no tenía puntos de vista diferentes sobre la fe y las obras; y todo lo que dijo Alma sobre la resurrección está de acuerdo con la sección 76 de Doctrina y Convenios. Cuando encontramos algo que parece ser un conflicto, esto quiere decir que todavía no hemos captado la visión total de los puntos tratados.

El Señor requiere que busquemos armonía y acuerdo en las Escrituras y entre las Autoridades Generales en lugar de buscar divergencias aparentes de opiniones. Las personas que tienen fe y comprensión siempre buscan armonía completa entre todas las declaraciones de las Escrituras y todas las afirmaciones de las Autoridades Generales. La tendencia desafortunada que tiene alguna gente de señalar cualquier trozo de información y llegar a la conclusión de que existe una diferencia con lo que alguien más ha dicho, no viene de Dios. A través de los años he recibido miles de cartas que dicen:

“Fulanito dijo una cosa pero Menganito dijo lo opuesto, ¿quién tiene la razón? Mi experiencia es que la mayoría de las veces, no, todas las veces, las aparentes diferencias se pueden armonizar, y cuando no se puede es algo sin importancia de todas maneras. El Espíritu del Señor nos guía a la armonía, a la unidad, al acuerdo y a la homogeneidad. El espíritu del diablo apoya la división, el debate, la contención y la desunión.

5.  ¿Son verdaderas todas las declaraciones proféticas?

¡Por supuesto que lo son! De eso se trata el sistema de enseñanza del Señor. Todo lo que Sus siervos dicen cuando son inspirados por el Espíritu Santo es Escritura, y su mandamiento a sus ministros es: “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (Doctrinas y Convenios 42:14)

Pero no todas las palabras que un profeta habla son declaraciones proféticas. José Smith enseñó que un profeta era profeta solamente cuando obraba como tal. Los hombres que llevan el manto profético siguen siendo hombres; tienen sus propias opiniones; y su comprensión de las verdades del Evangelio depende de su propio estudio e inspiración.

Algunos profetas (lo digo con respeto) saben más y reciben más inspiración que otros. Por lo tanto, si Brigham Young, quien fue uno de los grandes profetas, hubiera dicho algo acerca de Adán que estuviera fuera de armonía con la Sección 78, la Escritura es la que tiene precedencia. Ésta es una de las razones por la que llamamos a las Escrituras los Libros Canónicos. Son la norma de juicio y la vara de medir con las que se miden todas las doctrinas y opiniones, sin importar de quién sean las opiniones. Las Escrituras tienen precedencia.

6. Dejen en paz los misterios y eviten tener temas favoritos del evangelio.

Nosotros no podemos comprender todas las cosas en nuestro estado presente de progreso espiritual. No tenemos la porción sellada del Libro de Mormón porque no estamos preparados para comprender y seguir las verdades que ahí se encuentran. Algunas cosas en las Escrituras están ocultas en parábolas, similitudes y metáforas. Estamos obligados a comprender la doctrina básica  que nos guía a la vida eterna; fuera de eso, nuestra comprensión de los misterios depende del grado de nuestro progreso espiritual.

Sería imprudente estar con el agua al cuello. Me he dado cuenta de que las personas que se enredan en contenciones infructuosas acerca del significado de pasajes de las Escrituras profundos y desconocidos, por lo regular son las personas que no tienen un conocimiento básico y lógico de las verdades de salvación simples y básicas.

También he aprendido algo de las personas a quienes les gusta discutir temas favoritos del Evangelio, que presumen estar capacitadas y son expertos en algún campo especializado, que tratan de que el plan de salvación gire alrededor de un campo que es de interés para ellos; he aprendido que tales personas son por lo regular espiritualmente inmaduras e inestables. Entre estas personas se encuentran aquellas que se dedican como si hubieran sido divinamente llamadas— a resaltar las señales de los tiempos; o hablar sobre la Segunda Venida; o una interpretación exagerada de la Palabra de Sabiduría; o una versión distorsionada con énfasis en el trabajo del templo o cualquier otra práctica de la doctrina. Los judíos durante el tiempo de Jesús se volvieron exagerados y extremistas en el campo de la observancia del día de reposo, y eso afectó y distorsionó su forma completa de veneración. Sería bueno que tuviéramos un enfoque balanceado, sensato y equilibrado del Evangelio completo y de todas sus doctrinas.

7.  No se preocupen tanto sobre las cosas que no tienen importancia.

Hay tanto que aprender acerca de las verdades eternas que forman nuestro destino, que es una pena prestar nuestra atención constantemente a cosas pequeñas y sin importancia. Muy seguido se formulan preguntas como: “Yo sé que no es esencial para mi salvación, pero me gustaría saber cuántos ángeles pueden bailar sobre la cabeza de un alfiler y si es importante que el alfiler sea hecho de latón o de bronce”. Es posible estar tan preocupados por los detalles insignificantes de la gran pintura que representa el plan de salvación que perdemos la visión de lo que es la vida, la luz y la gloria de recompensa eterna. Hay tal cosa como conocimiento inútil, y adquirirlo no va a causar ninguna diferencia al destino del reino o la salvación de sus seguidores.

8. Retengan juicio, si es necesarios, con respecto a las preguntas difíciles.

No hay preguntas difíciles para las personas que tienen una comprensión y entendimiento completo del Evangelio. Un misterio deja de ser misterio cuando se resuelve. Pero existen algunas preguntas que parecen invitar a que se haga una inquisición intelectual de áreas desconocidas, o que parecen envolver, en contención interminable, a aquellos que son espiritualmente analfabetos.

Si no pueden creer todas las doctrinas del Evangelio, retengan juicio en las áreas en cuestión. No se pongan en una posición que es contraria a la adoptada por los profetas y apóstoles que presiden el reino. Estudien, oren, trabajen en la Iglesia, y esperen más luz y conocimiento.

Si están preocupados por la así llamada evolución, y no han aprendido que Adán fue el primer hombre y la primera persona mortal de carne y hueso, y que no existía la muerte de ninguna forma viviente hasta después de la Caída, retengan juicio y no se pongan en contra de las Escrituras.

Si ustedes suponen que Dios está progresando y adquiriendo más conocimiento y verdad, y que Él no es en realidad omnipotente, omnisciente y omnipresente como José Smith enseñó, retengan juicio, permanezcan en silencio y no se encierren en una posición en contra de la palabra revelada.

Si ustedes piensan que va a haber progresión de un reino de gloria a otro después de la resurrección, o que las personas que rechazan el Evangelio en esta vida tendrán otra oportunidad de obtener su salvación en el siguiente mundo, o que las parejas que están selladas en el templo pueden cometer toda clase de iniquidades y aún recibir su salvación, o cualquiera de las muchas falsas doctrinas que son comunes, retengan su juicio. No se comprometan a defender una causa falsa. Estudien algo más y esperen el día en que estarán preparados para recibir más luz en cuanto a lo que les molesta.

9.  Ignoren, si pueden, el despliegue infinito de literatura contra la iglesia y eviten las sectas como a una plaga.

La conversión no nace por medio de la contención. El que tiene el espíritu de contención no es de Dios. Nuestra comisión divina es declarar buenas nuevas al mundo, no pelear con los demás acerca de la explicación de los textos. Hay, por supuesto, respuestas para todas las acusaciones falsas de todos los que se oponen a nosotros (no creo que el diablo haya tenido una idea nueva en cien años) pero la conversión no se encuentra en los debates. En vez de eso, viene en la forma que Moroni aconsejó a los que leen el Libro de Mormón. Los miembros de la Iglesia estarán en una mejor situación si simplemente ignoran las afirmaciones que no son genuinas de los anti mormones profesionales.

Si las acusaciones falsas acerca de salvarse simplemente por medio de la gracia, o cualquier otra cosa que la literatura antihormona esté proclamando, si estas cosas les molestan, busquen las respuestas. Se encuentran en las Escrituras. Cualquier persona que no pueda aprender a través de la Biblia que la salvación no se obtiene simplemente con confesar al Señor solamente con los labios, sin hacer referencia a todos los otros términos y condiciones del plan de salvación verdadero, no merece la salvación.

Y acerca de las sectas, son la entrada al infierno. Los miembros de la Iglesia que siguen la práctica del matrimonio plural, por ejemplo, son adúlteros, y los adúlteros son condenados. La práctica común de los que hacen propaganda a esta práctica pone las enseñanzas de los profetas que han muerto en contra de las enseñanzas de los profetas vivientes. Cualquier persona que sigue a un profeta muerto más que a un profeta viviente lo seguirá hacia la muerte en lugar de a la vida. Repito, hay respuestas para las afirmaciones que no son genuinas, y los que se han manchado con estas falacias miserables y falsas será mejor que encuentren la verdad o, de lo contrario, se arriesgan a perder su salvación. El camino a la salvación y la sabiduría es que desde un principio uno nunca debe mezclarse con estas cuestiones.

10.  No existen las doctrinas privadas.

Todas las doctrinas y prácticas de la Iglesia se enseñan en público. No existen las doctrinas o prácticas privadas, ni los cursos de conducta aprobados para sólo unos cuantos. Las bendiciones del Evangelio son las mismas para todos los hombres. No se dejen engañar al creer que las Autoridades Generales creen en doctrinas secretas o viven su vida de alguna manera confidencial. Todo lo que se enseña y práctica en la Iglesia está abierto a la inspección pública, o por lo menos, cuando se trata de las ordenanzas del templo, para la inspección de todos los que se facultan a sí mismos por medio de su rectitud personal a entrar en la Casa del Señor.

11.  Mantengan una actitud abierta.

Las doctrinas son del Señor. Él las ha establecido; Él las revela; Él espera que las aceptemos. A menudo las personas que tienen preguntas están más interesadas en mantener su posición previamente escogida que en aprender cuáles son los hechos. Nuestro interés debe consistir en encontrar y aferrarnos a la verdad. No debe tener importancia cuál es la doctrina, sólo que lleguemos a conocerla. Nuestra adopción y defensa de una doctrina falsa no la va a convertir en verdad. Nuestro interés es llegar a conocer la verdad, no probar un punto de doctrina al que nos hemos aferrado imprudentemente.

12.  La responsabilidad de estudiar es personal.

Debemos llegar a la conclusión de todo este asunto, una conclusión que tendrá un efecto sobre nuestra salvación eterna, y es que cada persona debe aprender por sí misma la doctrina del Evangelio. Nadie más puede hacerlo por ella. Cada persona es individualmente responsable en lo que a su conocimiento del Evangelio concierne; cada uno tiene acceso a las mismas Escrituras y tiene derecho a ser guiado por el mismo Santo Espíritu; cada uno debe pagar el precio fijado por la Divina Providencia si es que habrá de obtener la perla de gran precio.

El mismo principio rige tanto el aprendizaje de la verdad como el vivir de conformidad con las normas de la verdad. Nadie puede arrepentirse por otra persona o a favor de ella; nadie puede cumplir los mandamientos en el lugar de otra persona; nadie puede salvarse en nombre de alguien más. Y nadie puede obtener un testimonio o avanzar en luz y verdad hacia la gloria eterna sino para sí mismo.

Tanto el conocimiento de la verdad como las bendiciones prometidas a quienes se ajusten a los principios verdaderos son cuestiones personales. Y así como un Dios justo ofrece la misma salvación a cada alma que vive en armonía con las mismas leyes, también ofrece el mismo entendimiento de Sus verdades eternas a todos los que estén dispuestos a pagar el precio de quien busca la verdad. El procedimiento de la Iglesia para lograr un conocimiento del Evangelio es el siguiente:

a.- La responsabilidad de obtener un conocimiento de la verdad recae sobre cada persona basada en sus propios esfuerzo

b.- Segundo, las familias deben enseñar a los miembros de sus propias familia A los padres se les manda criar a sus hijos en la luz y la verdad. El hogar debe ser el centro de enseñanza principal en la vida de cada Santo de los Últimos Días.

c.- Para ayudar a las familias y a cada persona, la Iglesia, como institución de servicio, ofrece muchas oportunidades para enseñar y aprende Se nos ha mandado ‘[enseñarnos] el uno al otro la doctrina del reino’ (Doctrinas y Convenios 88:77). Esto se hace en reuniones sacramentales, en conferencias y en otras reuniones, mediante los maestros orientadores, en las clases del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, por medio de los programas de seminarios e institutos y a través del sistema educativo de la Iglesia.

Las oportunidades de aprender no tienen límite. Preguntas apropiadas se pueden discutir en cualquiera de las clases y escuelas que han sido proveídas para tales propósitos. Sería apropiada una última palabra. Hay muy pocos gozos en la vida que se comparen con el gozo de llegar al conocimiento de la verdad. ¡Cómo se alegran las personas en sus testimonios! ¡Y qué gran espíritu de gozo y paz le llega al corazón de un estudiante del Evangelio cada vez que se le manifiesta una verdad! ¡Cada vez que su conocimiento aumenta para comprender completamente algún pasaje profético! ¡Cada vez que su alma aprende y siente la importancia de lo que dicen las Escrituras sobre algún gran principio!

Las previas expresiones se han dado con la esperanza de poder ayudar, de fomentar el estudio del Evangelio, y de guiar a los que buscan la verdad en un curso correcto y sabio. Es mi oración que todos nosotros aprendamos y vivamos el Evangelio y finalmente ganemos una herencia en el reino eterno de Él, cuyos siervos somos. Con todo buen deseo, y una oración para que el Señor los bendiga siempre, Sinceramente su hermano,

Bruce R. McConkie

 

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