Esta generación recibirá mi palabra a través de ti

Discurso pronunciado en el Simposio Sperry de la Universidad Brigham Young, el sábado, 27 de enero de 1979. Publicado en revista Ensing, en junio de 1980.

Esta generación recibirá mi palabra a través de ti

por el Élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles,

En el año 1829 el Señor dio información de gran importancia para el pueblo de nuestro tiempo cuando le dijo a José Smith, Su vidente de los últimos días:

Esta generación recibirá mi palabra por medio de ti” (Doctrinas y Convenios 5:10)

Deseo demostrar que esta declaración describe verdaderamente las condiciones tal como son. También deseo describir esas condiciones de tal forma que den testimonio de la gran obra del Profeta José Smith al restaurar el evangelio de nuestro Salvador y Maestro, el Señor Jesucristo.

“Esta generación recibirá mi palabra por medio de ti.” La palabra es el evangelio de salvación; la palabra es el plan de salvación; la palabra es la mente y la voluntad y los propósitos del Señor en lo que concierne a Sus hijos en la tierra; la palabra es todas las verdades, derechos, poderes, doctrinas y principios que son necesarios para el hombre a fin de que puedan tomar las almas que poseen y transformarlas a la clase de almas que puedan ir a donde están Dios y Cristo.

Y la generación de la cual hablamos es esta época o período de tiempo. Es la dispensación en la cual vivimos; abarca desde el inicio de nuestra dispensación y hasta la segunda venida del Hijo del Hombre; y por ese período señalado de la historia de la tierra, la palabra del Señor, la palabra de salvación, la palabra de luz y verdad irán al mundo por medio de José Smith, y de ninguna otra manera y por medio de nadie más.

La palabra y la dispensación

Es esencial que tengamos un antecedente para poder apreciar de lo que se trata. Todos sabemos que la salvación está en Cristo. Él es el Primogénito del Padre. Él era semejante a Dios en la vida premortal, y Él llegó a ser, bajo la dirección del Padre, el Creador de todas las cosas. Vemos hacia Él; nuestra fe se centra en Él, y en el Padre por medio de Él.

Después de Cristo está ese gran personaje espiritual Miguel, quien dirigió a los ejércitos y a las huestes del cielo cuando hubo guerra y rebelión allí, y quien, habiendo sido preordenado para hacerlo así, vino aquí como el primer hombre de todos los hombres y se convirtió en el sumo sacerdote presidente sobre la tierra. La siguiente persona en jerarquía es Gabriel, quien vino a esta vida como Noé. Después de eso, no sabemos el orden de prioridad excepto que, de entre las huestes del cielo, ciertos hombres fueron escogidos y preordenados para ser los líderes de las dispensaciones.

Las dispensaciones son los períodos de tiempo en los cuales el plan de salvación, la palabra —la palabra eterna— se entrega a los hombres en la tierra. No sabemos cuántas ha habido. Supongo que ha habido diez; probablemente han sido veinte; y pudieron haber sido más. No me estoy refiriendo ahora a lo que a veces se llaman dispensaciones en el sentido de que Juan el Bautista, Pablo y algunos otros de los profetas han tenido asignaciones especiales. Estoy hablando de esas grandes épocas o períodos; de esas designadas porciones de tiempo de la historia de la tierra, en las que el Señor, por medio de un hombre, da Su palabra a todo el mundo y hace que todos los profetas, todos los videntes, todos los administradores, y todos los apóstoles de ese período se sujeten y sean exponentes de todo lo que venga por medio de ese individuo. Lo que esto significa es que el líder de una dispensación del evangelio es uno de los diez o veinte espíritus más importantes que hayan nacido en la tierra hasta la fecha.

Es muy poco lo que sabemos acerca de la calidad de hombres que nacerán durante el milenio. En ese entonces muchos grandes espíritus vendrán. Sin embargo, es razonable suponer que el Señor ha designado a unos cuantos que tenían capacidades y talentos espirituales para que vinieran a la tierra en épocas de tumultos, de iniquidad, rebelión y pecado, para ser luces y guías del mundo. Esto nos da una pequeña perspectiva sobre lo que pasa en la vida y en el rango y la posición de José Smith.

Empezamos con el Señor Jesús, y entonces tenemos a Adán y Noé. Después de ellos siguen los líderes de las dispensaciones. Luego llegamos a los profetas, a los Apóstoles, a los élderes de Israel, y a todos los hombres sabios, buenos y prudentes que tienen el espíritu de luz y entendimiento. Cada líder de dispensación es un revelador de Cristo para su día; cada profeta es un testigo de Cristo; y todos los demás profetas y Apóstoles que vengan son un reflejo y eco y exponente del líder de la dispensación. Todos ellos vienen para repetirle al mundo y para exponer y descubrir lo que Dios ha revelado por medio del hombre que fue señalado para dar al mundo Su palabra eterna durante esa época. Ese es el concepto de una dispensación.

La palabra viene por medio de José Smith

Llegamos ahora a nuestra dispensación. No vamos a tratar de minucias. No estamos interesados en cosas pequeñas o insignificantes. Necesitamos poner bajo este encabezado un concepto general de lo que involucra el dar la palabra al mundo por medio de un profeta particular.

José Smith dio al mundo tres grandes verdades. Estas verdades sobrepasan a todas las demás; tienen precedencia sobre todas las cosas; tienen más influencia en la salvación del hombre que cualquier otra, y si los hombres no las conocen, no pueden salvarse. La primera gran verdad es que Dios, nuestro Padre Celestial, es el Creador, el Protector, y quien sostiene todas las cosas y que Él ordenó y estableció el plan de salvación. Es Su evangelio y, como Pablo lo dijo, el evangelio de Dios. . . acerca de su Hijo (que era del linaje de David según la carne.” (Romanos 1:1,3)

En la búsqueda de la palabra, tanto en la Doctrina y Convenios como en otras partes, la primera cosa que buscamos es el conocimiento de Dios tal como fue revelado por medio de José Smith. El conocimiento de Dios es la verdad más grande en toda la eternidad. Pero es necesario que haya una oposición en todas las cosas, y lo opuesto del conocimiento de Dios que ha llegado por medio de José Smith es la más grande herejía del mundo sectario. Esa herejía consiste en que Dios es una nada espiritual que llena la inmensidad del espacio, y que la creación vino a causa de los procesos de la evolución. De hecho y en verdad, José Smith vino a revelar a Dios, en un día de una casi total obscuridad espiritual, en un día en el cual los hombres ya no conocían la naturaleza y la clase de Ser a quien debían adorar.

La segunda gran verdad es que Jesucristo es el Salvador y Redentor del mundo, que la salvación viene por medio de Su sacrificio expiatorio, y que la Expiación es el fundamento sobre el que podemos edificar para que por medio de la obediencia a las leyes y las ordenanzas del evangelio eterno podamos ser salvos. Esta es la verdad número dos en toda la eternidad. No existe nada más importante para nosotros —habiendo primero aprendido quien es Dios nuestro Padre— que el saber acerca de Cristo y de la salvación que hay en Él. La perversión y herejía de esta verdad es el concepto sectario de que la gente se salva solamente por la gracia, sin las obras.

La tercera gran verdad en toda la eternidad es el conocimiento de Dios el Testador, que es el Espíritu Santo. El Santo Espíritu de Dios es un revelador que revela la verdad; Él es un santificador que limpia y perfecciona a las almas humanas; y es por medio de Él que los dones del Espíritu están a disposición de los fieles, para que puedan tener lo que los Apóstoles, profetas y los grandes hombres de todas las edades tuvieron en sus vidas. La herejía que existe al respecto en el mundo sectario es que los cielos están sellados, y que ya no hay revelación, que ya no hay milagros y que ya no existen los dones del Espíritu. Estas tres grandes verdades son las que buscamos al referirnos a que la palabra viene por medio del Profeta José Smith.

Ahora, una o dos palabras citadas de nuestras revelaciones con respecto a la posición profética de José Smith:

. . . Yo, el  Señor,  sabiendo  las  calamidades  que  sobrevendrían  a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos.” (Doctrinas y Convenios 1:17)

Tal es la declaración revelada en el prefacio del  Señor en Su libro de mandamientos.

En la sección 21 leemos esto:

He aquí, se llevará entre  vosotros  una historia;  y  en  ella  serás llamado vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo.”

“Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima.”

“Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad.” (Doctrinas y Convenios 21:1-2,4)

Viene entonces esta proclamación, la cual en el sentido más amplio de la palabra se aplica más completamente a un líder de dispensación: porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.” (Doctrinas y Convenios 21:5). Cuando José Smith habló por el poder del Espíritu Santo, era como si el Señor mismo estuviera diciendo las palabras. La voz del Profeta era la voz del Señor; él no era perfecto; solamente Cristo estuvo libre de pecado y maldad. Pero el Profeta estaba tan cerca de la perfección hasta el punto en que los mortales llegan a serlo sin ser trasladados. Era un hombre de tal estatura espiritual que reflejaba al pueblo la imagen del Señor Jesús. Su voz era la voz del Señor.

Porque si hacéis estas cosas” —es decir, escuchar las palabras de José Smith como si Jesús mismo las hubiera hablado— “las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre.” (Doctrinas y Convenios 21:6). En cierta medida, hemos visto un cumplimiento de esto en el aumento explosivo, dinámico, y creciente de la Iglesia en nuestros días. “Porque, así dice Dios el Señor: Yo lo he inspirado para impulsar la causa de Sión con gran poder para hacer lo bueno, y conozco su diligencia, y he oído sus oraciones. Sí, he visto su llanto por Sión, y haré que no llore más por ella; porque han llegado los días en que él se regocijará por la remisión de sus pecados y por la manifestación de mis bendiciones sobre sus obras.” (Doctrinas y Convenios 21:7-8)

Hay otro versículo que debemos tomar en cuenta muy particularmente; lo podemos tomar como una medida de nuestro discipulado personal: “Porque he aquí, bendeciré con poderosa bendición” —esto se aplica a todos nosotros— “a todos los que obraren en mi viña, y creerán en sus palabras que por mi conducto le son dadas por el Consolador, el cual manifiesta que Jesús fue crucificado por hombres inicuos, por los pecados del mundo, sí, para la remisión de pecados al de corazón contrito.” (Doctrinas y Convenios 21:9). La prueba del discipulado consiste en cuan completa y totalmente creemos en la palabra que ha sido revelada por medio de José Smith, y cuan efectivamente repetimos o proclamamos al mundo esa palabra.

Donde se encuentra la palabra

La palabra se encuentra en las visiones, en las revelaciones y en las declaraciones inspiradas de José Smith. Muchas de ellas están registradas en la Historia de la Iglesia. El relato de la Primera Visión está también en la Perla de Gran Precio. La carta a Wentworth es el equivalente de lo que ya está en la Perla de Gran Precio; es escritura, con la excepción de que no hemos presentado a la Iglesia y no nos obligamos a aceptarla ni proclamarla al mundo. Hay muchas cosas de igual validez, verdad, y excelencia literaria las que han sido colocadas formalmente en nuestras escrituras.

Cuando el Profeta y sus asociados adoptaron formalmente lo que ahora conocemos como Doctrinas y Convenios, él hizo la siguiente declaración: “Después de una deliberada consideración, por motivo de que estaba por imprimirse el libro de las revelaciones, que son el cimiento de la iglesia en estos últimos días y un beneficio al mundo pues muestran que las llaves de los misterios del reino de nuestro Salvador nuevamente se han conferido al hombre, y que las riquezas de la eternidad [están] al alcance de aquellos que están dispuestos a vivir de acuerdo con toda palabra que procede de la boca de Dios; por tanto la congregación votó expresando que consideraba el valor de las revelaciones para la Iglesia como el de las riquezas de toda la tierra, hablando temporalmente.” Tal es nuestra visión y opinión de la Doctrina y Convenios.

La palabra dada por medio de José Smith también se encuentra en los registros que tradujo. El principal de estos es el Libro de Mormón. Este libro es un nuevo testigo de Cristo; es comparable a la Santa Biblia; es un registro de los tratos de Dios con pueblos del viejo mundo. Con respecto al Libro de Mormón, José Smith dijo: “Declaré a los hermanos,” refiriéndose a una reunión con el Quórum de los Doce, “que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro.” El Libro de Mormón contiene esa porción de la palabra del Señor que es necesaria para probar la divinidad de Su gran obra de los últimos días, y que se necesita para enseñar a la humanidad en general las doctrinas básicas de la salvación. Es el libro canónico fundamental y básico de los últimos días.

Algunas de las otras traducciones hechas por el Profeta se encuentran en La Perla de Gran Precio. Él tradujo el libro de Abraham y lo que se conoce como la Traducción de la Biblia por José Smith. Esta última es una obra maravillosamente inspirada; es una de las grandes evidencias de la misión divina del Profeta. Por revelación pura él insertó muchos nuevos conceptos y puntos de vista, tales como el material que se encuentra en el capítulo 14 de Génesis acerca de Melquisedec. Algunos capítulos los reescribió o los acomodó para que las cosas que se dicen en ellos tengan una nueva perspectiva y significado, tal como el capítulo 24 de Mateo y el primer capítulo del evangelio de Juan.

Otra fuente donde hay material del Profeta son sus sermones y sus enseñanzas. Tenemos lo que se encuentra en los libros canónicos, pero hay algo más —lo que habló y luego se registró. Cuando el Señor reveló lo que debemos enseñar, lo dijo en esa revelación conocida como la ley de la Iglesia (Doctrinas y Convenios 42): . . . Los élderes, presbíteros y maestros de esta iglesia enseñarán los principios de mi evangelio, que se encuentran en la Biblia y en el Libro de Mormón,  en  el  cual  se  halla  la  plenitud del evangelio.” (Doctrinas y Convenios 42:12). En esa época no tenían nuestras otras escrituras. “Y observarán los convenios y reglamentos de la iglesia para cumplirlos, y esto es lo que enseñarán, conforme el Espíritu los dirija.” (Doctrinas y Convenios 42:13). Así que nuestra obligación es enseñar lo que está en los libros canónicos mediante el poder del Espíritu Santo. “Y se  os  dará  el  Espíritu  por  la oración de  fe;  y  si  no  recibís el Espíritu, no enseñaréis. Y todo esto procuraréis hacer como yo he mandado en cuanto a vuestras enseñanzas, hasta que se reciba la plenitud de mis Escrituras.” (Doctrinas y Convenios 42:14-15)

Ahora tenemos más, aunque no tenemos la plenitud que un día será nuestra. “Y al elevar vuestras voces por medio del Consolador, hablaréis y profetizaréis conforme a lo que me parezca bien; pues he aquí, el Consolador sabe todas las cosas, y da testimonio del Padre y del Hijo.” (Doctrinas y Convenios 42:16-17)

Ahora, como dije, debemos hacer más que enseñar de los libros canónicos. Los siervos del  Señor  deben  ir  “predicando  la  palabra.  .  .  no diciendo sino las cosas escritas  por  los profetas y  apóstoles,  y  lo  que el Consolador les enseñe mediante la oración de fe.” (Doctrinas y Convenios 52:9; énfasis agregado).

José Smith tuvo, como ningún otro hombre en nuestra dispensación, la capacidad de sintonizarse con el Consolador y expresar las cosas que eran la mente y la voz del Señor, incluyendo cosas que no están incluidas en los libros canónicos. En este respecto, supongo que lo más notable que dijo es el sermón King Follet, del cual se dice que es el mejor sermón de todo su ministerio. Supongo que no hay algo que rebase el sermón que dio acerca del Segundo Consolador. Cuando el Profeta habló fue como si Dios hubiera hablado.

Las cosas que nos han llegado por medio de las revelaciones y sermones de otros de los hermanos que han vivido desde el Profeta José Smith, por ejemplo, la visión de la redención de los muertos que recibió el Presidente José F. Smith, o lo que cualquier persona inspirada dice en la Iglesia, esas cosas son un reflejo, una explicación, una ampliación de lo que se originó con el Profeta José Smith.

La Palabra y la Doctrina y Convenios

La Doctrina y Convenios presentan la palabra de varias maneras. Hay apariciones de seres celestiales. El Señor mismo vino según está registrado en la sección 110. La primera parte de la sección 27 fue recitada por un ángel que se le apareció al profeta y le dio las instrucciones. La palabra vino por la voz de Dios, en la que ahora es la sección 137 de Doctrina y Convenios (la visión de Alvin en el reino celestial). La palabra vino por medio de visiones como en la sección 76. Principalmente la palabra vino por el poder del Espíritu Santo. La mayoría de las revelaciones vinieron de esa manera.

Si el Espíritu Santo descansa sobre una persona, esa persona habla lo que el Señor hablaría y dicha persona llega a ser la voz del Señor. Vean este versículo de escritura:

“Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo:” —ahora noten quien está hablando y vean el mensaje dado por el Espíritu Santo— “Soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano, sí, cuantos quieran.” (Moisés 5:9)

El Espíritu Santo habla en primera persona como si Él fuera el Hijo de Dios, recalcando el hecho de que cuando hablamos por el poder del Espíritu Santo, las palabras pronunciadas son las palabras de Cristo. Todos conocemos la expresión de Nefi de que los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo, y por lo tanto hablan las palabras de Cristo (2 Nefi 32:3). Los profetas que hablan por el poder del Espíritu Santo hablan las palabras de Cristo. Cada élder de la Iglesia, al ser inspirado por el Espíritu Santo, expresa palabras que son escritura y son tan verídicas y tan obligatorias por su contenido verdadero como las palabras pronunciadas por cualquier profeta. Puede ser que no las distingamos, ni que las votemos ni que decidamos que formal y oficialmente nos regiremos por ellas en nuestra conducta; pero son escritura, y son la voz y la palabra del Señor. Este es el tema de los sermones del Profeta. El Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son uno; sin importar quién de ellos diga algo, siempre es la misma palabra. Si un hombre dice por la inspiración lo que ellos dirían, es escritura.

Algunas de las revelaciones llegaron por medio de la confirmación espiritual, lo que quiere decir, que el Profeta meditó el problema en su mente, usando su albedrío como estaba obligado a hacerlo, y luego le presentó el asunto al Señor y recibió la confirmación espiritual de que sus conclusiones eran correctas. Él entonces las escribió, en el nombre del Señor, y las publicamos como revelación.

También hay algunas cartas, por ejemplo las secciones 127 y 128; hay algunos escritos inspirados, tales como las secciones 121, 122, y 123; y hay algunos puntos de instrucción, como la sección 131.

Como saber que es la Palabra de Dios

La siguiente declaración se ha tomado del testimonio de los Doce, en la fecha en que se adoptaron formalmente estas revelaciones: “Estamos dispuestos, pues, a testificar a todo el género humano, a toda criatura sobre la faz de la tierra, que el Señor ha testificado a nuestras almas, por medio del Espíritu Santo, derramado sobre nosotros, que se dieron  estos mandamientos por la inspiración de Dios, que son benéficos para todos los hombres y que ciertamente son verdaderos” (Introducción a la Doctrina y Convenios, pág. V).

Ahora, no hay otra manera en el cielo o en la tierra de que alguien sepa de la verdad y validez de una revelación, a menos que descanse sobre él el mismo Espíritu que descansó sobre el revelador que la recibió. Estamos tratando las cosas del Espíritu. No podemos pesarlas, ni evaluarlas ni juzgarlas en un laboratorio, a menos que hablemos de un laboratorio espiritual. No existe la interpretación privada para las escrituras. La escritura nunca fue dada por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21). Por lo tanto, cuando los Doce dan testimonio, como lo leemos aquí, de que las revelaciones en la Doctrina y Convenios son verdaderas, eso significa que el Santo Espíritu de Dios ha hablado al espíritu dentro de cada individuo, y a todos ellos colectivamente, y les testificó que las revelaciones recibidas por José Smith eran verdaderas. Solamente recibiendo una revelación espiritual se puede saber la verdad y la divinidad de un asunto espiritual; no hay otra manera.

La Palabra que está por venir

No hemos recibido, de ninguna manera, toda la palabra del Señor. Yo creo que hemos recibido la mayoría de la palabra del Señor que se requiere hasta la Segunda Venida. El Señor ha dado todo lo que los pueblos del mundo tienen la capacidad espiritual de recibir en esta época. Habrá otra gran dispensación —o sea otro gran período de iluminación— cuando Él venga. En esa ocasión Él revelará todas las cosas, tales como la parte sellada del Libro de Mormón. Pero Él no revelará ahora la parte sellada del Libro de Mormón, ni permitirá que la publiquemos al mundo porque su contenido está tan fuera del alcance de la capacidad espiritual de los hombres que los alejaría de la verdad en lugar de llevarlos a la verdad. En realidad es un acto de misericordia el que el Señor limite, a algún pueblo en particular, la cantidad de revelaciones que reciba.

Estamos ahora en una dispensación gloriosa en la cual substancialmente hemos recibido todas las revelaciones que podemos llevar; sin embargo, es cierto que si pudiéramos unirnos y tener fe, recibiríamos más. Eso es algo de lo que sucedió en el año 1978 cuando el Presidente Kimball recibió la revelación de que el evangelio y todas sus bendiciones (el sacerdocio y las ordenanzas de la casa del Señor) debían ir ahora a todas las razas y pueblos y lenguas sin restricción salvo que la gente viva en rectitud y sean dignos de recibir lo que se les ofrece. Esa nueva revelación llegó, en gran medida, porque el profeta de Dios y quienes se asocian con él se unieron en fe, en oración y en deseo, y buscaron una respuesta del Señor. Hay otras revelaciones que podríamos recibir, y espero que las recibiremos, a medida que nos pongamos a tono con el Espíritu. Pero el gran conjunto de revelación para nuestra dispensación —quiere decir las cosas que necesitamos saber para dirigir nuestra conducta a fin de ganar una vida eterna— estas cosas ya se han dado. Y no habrá una gran cantidad de revelaciones importantes que vengan antes de la Segunda Venida debido a la iniquidad del mundo. Parte de esa iniquidad alcanza y permanece entre los Santos de los Últimos Días. Pero finalmente, habrá un día en que se agreguen más revelaciones.

La reafirmación de la Palabra en nuestros corazones

Esta reafirmación es lo que acerca este tema a nosotros como personas. Se supone que cada hombre es un profeta para sí mismo. Cada cabeza de hogar debe ser el revelador para su familia. José Smith dijo estas gloriosas palabras cuando habló del Segundo Consolador: “Dios no ha revelado nada a José, sino lo que hará saber a los Doce, y aún el menor de los Santos puede saber todas las cosas tan pronto como las pueda aguantar.” Los primeros versículos de la sección 76 anuncian este concepto glorioso:

Porque así dice el Señor: Yo, el Señor, soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin.” (Doctrinas y Convenios 76:5)

No estamos hablando ahora solamente de los Apóstoles y profetas; estamos hablando de todo el conjunto de los miembros fieles:

“Grande será su galardón y eterna será su gloria.”

Y a ellos les revelaré todos los misterios, sí, todos los misterios ocultos de mi reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré saber la buena disposición de mi voluntad tocante a todas las cosas pertenecientes a mi reino.”

“Sí, aun las maravillas de la eternidad sabrán ellos, y las cosas venideras les enseñaré, sí, cosas de muchas generaciones.”

Y su sabiduría será grande, y su conocimiento llegará hasta el cielo; y ante ellos perecerá la sabiduría de los sabios y se desvanecerá el entendimiento del prudente.”

“Porque por mi Espíritu los iluminaré, y por mi poderles revelaré los secretos de mi voluntad; sí, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera al corazón del hombre.” (Doctrinas y Convenios 76:6-10)

Esas palabras introducen la visión de los tres grados de gloria que recibieron, el Profeta y Sidney Rigdon. Cuando se hubo registrado debidamente esa visión, y mientras el Espíritu aun descansaba sobre ellos, como resumen y conclusión el Profeta escribió:

Pero grandes y maravillosas son las obras del Señor y los misterios de su reino que él nos enseñó, los cuales sobrepujan a toda comprensión en gloria, en poder y en dominio” (Doctrinas y Convenios 76:114)

Tales cosas no se podían escribir. No se pueden escribir porque solamente se pueden comprender y sentir. No vienen por medio del intelecto. Vienen por el poder del Espíritu. Son asuntos “los cuales nos mandó no escribir mientras estábamos aún en el Espíritu, y no es lícito que el hombre los declare.”

“Ni tampoco es el hombre capaz de darlos a conocer, porque sólo se ven y se comprenden por el poder del Santo Espíritu que Dios confiere a los que lo aman y se purifican ante él.”

“A quienes concede este privilegio de ver y conocer por sí mismos.”

“Para que por el poder y la manifestación del Espíritu, mientras estén en la carne, puedan aguantar su presencia en el mundo de gloria.”

Y a Dios y al Cordero sean la gloria, la honra y el dominio para siempre jamás.” (Doctrinas y Convenios 76:115-119)

La reafirmación de la palabra por medio de nosotros es una cosa tan gloriosa que no tenemos las palabras para expresarla. No podemos expresar la grandeza y la maravilla de vivir en una época cuando Dios ha mandado a un revelador para que hable Su palabra en todo el mundo, y cuando Él ha mandado profetas adicionales para repetir el mensaje y proclamar la verdad y hacer que llegue a los corazones de los hombres lo que ellos sean capaces de recibir.

Esta generación recibirá mi palabra por medio de ti” (D. y C. 5:10). José Smith ha dado la palabra, y nosotros repetimos el mensaje, y gran parte de ese mensaje consiste en que cada uno de nosotros —igualmente valiosos— tiene el poder de ponerse a tono con el Espíritu Santo y aprender por sí mismo lo que recibe el profeta. Habrá un día —durante el milenio según lo predijeron los profetas antiguos (Jeremías fue uno de ellos) — en que ningún hombre le dirá a su prójimo, Conoce a Jehová; porque todos lo conocerán. . . desde el más pequeño hasta el más grande.” El Profeta José Smith dijo que esta promesa se refiere a una revelación personal, de una visita del Señor a una persona. Si nos adherimos, como debemos hacerlo, a las normas de rectitud que hemos recibido, está dentro de nuestra capacidad el recibir una reafirmación de la palabra total y completa, de la palabra que el Señor dio primero por medio de José Smith. Empezamos a recibir esa reafirmación cuando tenemos en nuestros corazones el espíritu de testimonio, y el Santo Espíritu de Dios nos dice que la obra es verdadera.

Lo que estoy diciendo es que el gran final del progreso espiritual no es solamente el conocer que las revelaciones son verdaderas, sino que incluye también el ver visiones, sentir el Espíritu, obtener la luz y el conocimiento adicionales que no es lícito expresar y que no fue escrito en el registro revelado.

Cuán gloriosa es la dispensación en la cual vivimos. Vivimos en una época en la cual el Señor desea confirmar Su palabra en los corazones de todos los que escuchen Su voz, y es nuestro privilegio el obtenerla.

La cosa más gloriosa en todo este sistema de religión revelada que hemos recibido es que la palabra es verdad. No se puede pensar en algo relacionado con nuestro sistema de religión revelada que se compare en importancia al simple hecho de que es verdadero. Y a causa de que es verdadero, funciona. Porque es verdadero, triunfaremos. Debido a que es verdadero, si hacemos lo que ya sabemos que debemos hacer, tendremos paz, gozo y felicidad en esta vida y seremos herederos de la vida eterna en el reino de nuestro Padre en el más allá. Que Dios nos conceda que así sea para todos nosotros.

En el nombre de Jesucristo. Amén

 

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