Hoy es el día de vuestra salvación

Discurso pronunciado  el 4 abril de 1948 en la segunda sesión del domingo por la tarde en la Conferencia General Semianual número 118 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, Utah. Discurso publicado en Conference Report, abril, 1948, páginas 48-52.

Hoy es el día de vuestra salvación

por el Élder Bruce R. McConkie
del primer concilio de los setenta

Es un privilegio glorioso, el hablar en una sesión de la conferencia general de la Iglesia. Por lo cual estoy agradecido.

Yo sé que la obra en que nosotros estamos embarcados es verdadera. No tengo conocimiento de ninguna cosa en este mundo que sea más importante que el conocimiento que tengo de que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente; que José Smith, fue un vidente escogido, el instrumento en las manos de Dios en esta época, para darnos las leyes y ordenanzas de salvación; y que las llaves de la salvación han permanecido con la Iglesia desde los días de José Smith aun hasta nuestros días.

La salvación de los muertos

Una de las doctrinas de este reino, en la que hay mucho consuelo para los santos, es la de la salvación de los muertos. Nosotros sabemos que por la misericordia de Dios nuestros antepasados pueden llegar a ser coherederos de las riquezas de la eternidad. . . porque nuestro Dios no hace acepción de personas, José Smith dijo que esta es la responsabilidad más grande que Dios nos ha encargado —hablando a los santos de los últimos días de sus deberes individuales— es buscar los datos y hacer la obra por nuestros padres muertos.

Sabemos que nosotros, sin ellos, no podemos ser hechos perfectos; ni pueden ellos sin nosotros. Pero al mismo tiempo hay en esta hermosa doctrina de la salvación por los muertos, una amonestación para los santos de los últimos días. Esta amonestación es manifiesta cuando se comprende que la doctrina es limitada a los que mueren sin un conocimiento del evangelio. No se aplica a nosotros. Para mí, para ustedes y para todos los que tienen un conocimiento del evangelio, ahora es el tiempo y hoy es el día para ocuparnos de nuestra salvación.

Ningún pueblo en todo el mundo ha sido bendecido tanto como nosotros. Tenemos oráculos vivientes a la cabeza; tenemos profetas y apóstoles para guiamos, para comunicarnos la voluntad del Señor. Tenemos la oportunidad de andar en medio de la luz de revelación moderna. Y, consiguientemente, nos vemos obligados a aceptar esa luz y a andar como Dios decrete que andemos si deseamos la gloria y las bendiciones de la eternidad.

Visión del reino celestial

Por un corto período antes de la dedicación del templo de Kirtland se derramó el Espíritu Santo sobre la Iglesia en abundancia, y más particularmente sobre los líderes. El día 21 de enero de 1836 José Smith con algunos otros oficiales de la Iglesia se congregaron en el templo de Kirtland. En las propias palabras del profeta, ocurrió lo siguiente:

Los cielos nos fueron abiertos, y contemplé el reino celestial de Dios y la gloria del mismo, si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé. Vi la belleza trascendental de la puerta por la que entrarán los herederos de ese reino, la cual era semejante a llamas circundantes de fuego; y también el ardiente trono de Dios sobre el que se sentaban el Padre y el Hijo. Vi las hermosas calles de ese reino que parecían ser pavimentadas de oro.

Vi a los padres Adán y Abraham, a mi padre y madre y a mi hermano Alvin, quien hacía mucho tiempo había muerto; y me maravillé de cómo habían obtenido una herencia en el reino, en cuanto habían dejado esta vida antes que el Señor extendido su mano a recoger a Israel por la segunda vez, por lo que no se había bautizado para la remisión de pecados. (D.H.C. 2:380)

Alvin falleció el 19 de noviembre de 1824, cinco años antes que el Señor organizara, mediante el Profeta, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Él No se había bautizado. El bautismo es la puerta del reino celestial de Dios. Es imposible entrar en ese reino si uno no es nacido del agua y del espíritu.

Cuando esta visión fue dada, el padre del Profeta, junto con algunos otros, estuvo en el templo de Kírtland. De manera que es una visión de lo que había de acontecer en el futuro. José sigue escribiendo de esta manera:

Vino a mí la voz del Señor, diciendo: Todos los que han muerto sin un conocimiento de este evangelio, quienes lo hubieran recibido si hubiese sido permitidos permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios; además, todos los que en adelante mueran sin un conocimiento de el, quienes lo habrían recibido de todo corazón, heredarán ese reino, pues yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras y según el deseo de su corazón (D.H.C. 2:380; Teachings of the Phophet Joseph Smith, 107)

No hay ninguna promesa —que yo sepa— que los que rechazan el evangelio en esta vida sean herederos del reino celestial en el mundo venidero.

Cuando el Profeta escribió su epístola sobre el bautismo de los muertos, dijo que este bautismo era:

“. . . para la salvación de los muertos que fallecieran sin el conocimiento del evangelio” (Doctrinas y Convenios 128:5)

Hoy es el día de nuestra salvación

La ley que es aplicada a mí, a ustedes y a todos los que tengan una misma y justa oportunidad para aceptar la verdad en esta vida es la que da Amulek. El dijo:

. . .hoy es el tiempo y el día de vuestra salvación; y por tanto, si os arrepentís y no endurecéis vuestros corazones, inmediatamente obrará para vosotros el gran plan de redención.

Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.

Y como os dije antes, ya que habéis tenido tantos testimonios, os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna. (Alma 34:31-33).

El profeta Mormón, hablando según fue inspirado por el Espíritu Santo, pronunció esta maldición sobre todos los que, habiendo tenido la oportunidad de aceptar las leyes de salvación en esta vida, las rechazan:

Y ¡ay de aquel que no escuche las palabras de Jesús, ni a aquellos que él haya escogido y enviado entre ellos! Porque quienes no reciben las palabras de Jesús ni las palabras de aquellos que él ha enviado, no lo reciben a él; y por consiguiente, él no recibirá a los tales en el postrer día;

Y  mejor sería para ellos no haber nacido. . . (3 Nefi 28:34-35). Jacob, el hermano de Nefi, agrega este testimonio:

¡Pero ay de aquel a quien la ley es dada; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y que los quebranta, y malgasta los días de su probación, porque su estado es terrible! (2 Nefi 9:27).

Estos preceptos demuestran aplicaciones específicas de la eterna ley de que:

Porque  de  aquel  a  quien mucho se  da,   mucho   se   requiere;   y   el que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá. (Doctrinas y Convenios 82:3).

Cuando el Señor Resucitado se les apareció a los nefitas, él les predicó en pureza y en perfección, su evangelio sempiterno. Les dio entre otras cosas, el Sermón del Monte, prácticamente igual como lo había enseñado a los judios en el Nuevo Testamento. Pero una de las adiciones que hizo fue esta:

Por tanto, venid a mí y sed salvos; porque en verdad os digo que a menos que guardéis mis mandamientos, que ahora os he dado, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos. (3Nefi 12:20)

Los herederos de la salvación.

Estas revelaciones dividen a los herederos de la salvación en dos clases: primero, los que tienen la oportunidad de aceptar y vivir el evangelio en esta vida, esto significa todos los Santos de los Últimos Días y todos aquellos que tienen un testimonio de Cristo, todos ellos están en la obligación de aceptar la verdad aquí y ahora, el prestar atención a los consejos de los oráculos vivientes, y vivir de acuerdo con la luz y el conocimiento que Dios les da. Si lo hacen están labrando su salvación con temor y temblor. (Filipenses 2:12).

La otra clase de personas que serán herederos del reino celestial son aquellos que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, (Doctrinas y Convenios 137: 7). Para ellos, se llevarán a cabo las ordenanzas de salvación y serán herederos del reino, y con los justos y fieles de esta vida, entraran en el reino de nuestro Padre y tendrán un reposo eterno.

Podemos conseguir, aquí y ahora, en esta vida, que la paz de Cristo, la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4: 7) De los cuales el Presidente Ivins ha hablado por obedecer las leyes y ordenanzas del evangelio. Entonces, si seguimos adelante y continuamos durante toda la vida guardando los mandamientos, podremos tener esa misma paz por toda la eternidad.

El mundo terrestre

Ahora la pregunta surge naturalmente, a la luz de estos principios y doctrinas, “¿Qué pasa con aquellos que tienen la oportunidad de aceptar la verdad en esta vida, pero que fracasan o son negligentes, y que posteriormente lo aceptan en el mundo de los espíritus”? El Señor nos ha dado la respuesta por medio de la revelación. Hablando del mundo terrestre, dijo:

“. . . Son los espíritus de los hombres encerrados en prisión, a quienes el Hijo visitó y predicó el evangelio, para que fuesen juzgados según los hombres en la carne;

Quienes no recibieron el testimonio de Jesús en la carne, mas después lo recibieron”. (Doctrinas y Convenios 76: 73-74).

Bueno, para mí y para usted, y para aquellos a los que nuestros misioneros van, esto es una gran advertencia. Es una advertencia de que ahora es el momento para que guardemos los mandamientos de Dios. Yo no conozco ninguna razón para creer que un hombre que ha pertenecido a esta Iglesia, y luego se revela contra la verdad, y la abandona y luego vuelve de manera voluntaria, tendrá otra oportunidad de ser un heredero de ese reino. Jesús lo expreso de la siguiente manera:

“. . . Ninguno que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”. (Lucas 9:62).

Dejadme a mí el juicio, porque es mío, y yo pagaré. Paz a vosotros; mis bendiciones os acompañan. (Doctrinas y Convenios 82:23). Pero al mismo tiempo, ya que estas doctrinas han llegado a nosotros con tanta sencillez en el día de hoy, es que estamos obligados a conocerla, a vivir de acuerdo con ellas, o en su defecto, vamos a merecer la pena que un Dios justo ha decretado para nuestra desobediencia, para nuestro pecado contra la luz.

Importancia de la mortalidad

Vivimos en la preexistencia. Caminamos por vista. Ganamos el conocimiento y la inteligencia, y obedecemos en un mayor o  menor grado. Entonces el Señor nos puso aquí en la mortalidad, puso un velo sobre nuestro recuerdo de la preexistencia, y ordenó que mientras estuviéramos en nuestro estado de probación, íbamos a someternos a un examen final para toda la vida que habíamos vivido en el mundo premortal. Él ordenó, al mismo tiempo, que esta probación mortal sería un examen de ingreso en los reinos y glorias y mundos que se han preparado en la eternidad.

A lo que a nosotros se refiere, esta vida es la parte más importante de toda la eternidad. Contamos con la luz y el conocimiento y las revelaciones del cielo. Esta vida es cuando debemos prepararnos para encontrarnos con Dios, para guardar sus mandamientos, y prestar atención a los consejos de los oráculos vivientes y seguir adelante en la justicia.

El plan de salvación es encontrar la verdad; y los Santos de los Últimos Días la han encontrado. Hemos aceptado la verdad; y hemos hecho convenios en las aguas bautismales de guardar los mandamientos de Dios. El paso siguiente es perseverar hasta el fin, en justicia y en fidelidad. Nefi dijo que el arrepentimiento y el bautismo son la puerta a la salvación, y que habiendo entrado por la puerta, los hombres están entonces en el camino recto y estrecho que conduce a la vida eterna (2 Nefi 31:17-18). Nosotros, los Santos de los Últimos Días hemos entrado por la puerta. Ahora estamos en el camino. Debemos seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza  y  amor  por  Dios  y  por  todos  los hombres. Debemos seguir adelante, deleitándonos en las palabras de Cristo, y perseverando hasta el fin, y si lo hacemos, obtendremos  la  vida eterna (2 Nefi 31:20).

El amor aligera nuestro curso

No sé si hay alguien entre nosotros, a menos que haya pecado y tenga la oportunidad de arrepentirse, que no sea capaz de partir desde este momento y en el futuro, y caminar en justicia y verdad y ganar el reino de los cielos. El curso del evangelio ya sea fácil o difícil, dependerá de si amamos al Señor. Si no amamos al Señor será duro y el curso puede parecer resistente. Si amamos al Señor y guardamos sus mandamientos, entonces su yugo es fácil y su carga ligera (Mateo 11:30). Podemos tener paz y alegría y satisfacción y consuelo y descansar aquí y ahora en esta vida. Podemos tener la guía del Espíritu Santo, podemos hacer nuestra vocación y elección (2 Pedro 1:10) para la eternidad, por una premisa de guardar los mandamientos de Dios.

Ahora, vamos a escuchar la conclusión de todo el asunto: Teme a Dios, y guarda   sus   mandamientos; porque esto es el todo del hombre. (Eclesiastés 12:13)

En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

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