El día de reposo de la tierra

Conference Report, abril, 1967. Improvement Era, junio, 1967

El día de reposo de la tierra

por el élder Sterling Welling Sill

Una de las memorias más sobresalientes de mi niñez es el recuerdo del día del reposo. En la granja, en esa época, el domingo era un día completamente apartado del resto de la semana. Del lunes al sábado, nuestra atención estaba centrada en el trabajo que teníamos que realizar con el poder de los músculos de hombres y animales.

Pero el domingo era diferente —era el día de reposo, el día sabático. Era el día del Señor. El sábado a la noche se dejaba a los caballos libres para pastar y se suspendía todo trabajo. El sábado era también un día especial de limpieza y se hacía para que todo y todos estuvieran listos para el domingo.

El acto final de la semana de trabajo era el acto ritual conocido como “el baño del sábado en la noche”. Esto estaba acompañado por la provisión de ropas bien remendadas y limpias, listas para usar al día siguiente.

La preparación completa, tanto física como espiritual, servía también como nuestro reconocimiento de la intención del Creador de que el día sabático debía ser el punto culminante de la semana. Se ha dicho que nuestra civilización no hubiera sobrevivido medio siglo si no hubiera sido por este séptimo día.

Es el día en que se espera que vivamos lo mejor posible, cuando nos ponemos nuestras mejores ropas, leemos los mejores libros, tenemos los mejores pensamientos, nos asociamos con las personas que tienen mayor gravitación en nuestras vidas, y después de dejar de lado nuestras preocupaciones de los otros seis días, vamos a la casa de oración y dejamos que nuestras mentes se eleven tratando de comprender las cosas de Dios.

La unidad de la vida es la semana y cada semana ha sido diseñada siguiendo el modelo de la memorable primera semana, que fue la semana de la creación.

Al abrirse la escena del primer día, sentimos que la pesada y densa oscuridad cubre la profundidad y nos regocijamos con el primer paso en la marcha del progreso cuando Dios dijo: “Sea la luz.” (Génesis 1:3.) Seguimos los otros pasos del acto de la creación hasta la escena culminante que tuvo lugar el sexto día, cuando Dios creó al hombre a su imagen y lo dotó con sus propios atributos y potencialidades.

Haciendo un resumen de los logros del período de la creación, el registro sagrado nos dice:

Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todas las huestes de ellos. “Y  acabó  Dios  en  el  día  séptimo  la  obra  que  había  hecho, y reposó el día séptimo de toda la obra que había hecho.

“Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había creado y hecho.” (Génesis 2:1-3.)

Entonces, al programar la existencia mortal o terrenal del mundo, Dios le dio una asignación de siete mil años (Doctrina y Convenios 77:6-7), que representan cada uno de los siete días de la creación. Los primeros cuatro mil años comenzaron con la caída de Adán y terminaron con el nacimiento de Cristo; desde entonces se han agregado los mil novecientos sesenta y siete años de la era cristiana, de manera que en el calendario divino estamos ahora viviendo en el año del mundo cinco mil novecientos sesenta y siete, que es la última parte del sábado en la historia del mundo. Esta tabla divina junto con las señales de Dios, indican que el día de reposo de la tierra, que es el séptimo período de mil años, está por comenzar. Después de la creación, Dios miró su obra y dijo que era muy buena. La tierra era entonces un paraíso de belleza, paz y abundancia.

Nuestros primeros padres fueron puestos en el jardín del Edén en donde se había provisto todo para su bienestar. Al anunciar el castigo por la desobediencia del hombre, Dios dijo:

“. . . Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

“Espinos y cardos te producirá. . .” (Génesis 3:17-18)

Podemos pensar que la tierra es un lugar hermoso tal como es, pero por casi seis mil años ha estado funcionando en una condición inferior como mundo telestial. No sólo ha producido espinas y cardos, sino también el desorden, la corrupción y toda clase de desobediencia florecieron sobre la faz de la tierra.

Su superficie ha sido hecha improductiva por desiertos y lugares desolados mientras que la enemistad y el odio han estado ulcerando los corazones de hombres y bestias, y durante todo este largo y triste período, el pecado, sufrimiento y muerte han sido la porción general de toda la humanidad.

Pero el próximo período de mil años será el día de reposo de la tierra. Será un período en el cual descansará y gozará de su estado santificado. En este período será renovada y ganará su antiguo estado de esfera terrestre con toda su belleza paradisíaca, gloria y justicia completamente restauradas.

Pero en primer lugar la tierra deberá ser limpiada. Durante su larga historia de pecado y problemas, nuestra tierra se ha ensuciado y mancillado y debe recibir su “baño del sábado en la noche” y ser vestida con ropas frescas y limpias en las que pueda vivir, apropiadamente, sus mejores mil años.

En varias ocasiones anteriores, Dios ha tratado de limpiar la tierra: una vez por un diluvio en los días de Noé y en otras oportunidades ha usado guerras, hambre, pestilencias y enfermedad, tratando de librarla de la iniquidad que mancha su faz. Pero en la preparación para el día de reposo de la tierra, Dios ha indicado que el fuego será el agente limpiador y que toda cosa corrupta será consumida. (Doctrina y Convenios 101:24)

Por medio de Malaquías el Señor ha dicho:

Porque he aquí, viene el día ardiente como  un  horno,  y  todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” (Malaquías 4:1)

Entonces vendrá el ansiado período de mil años. Será el período de paz cuando Cristo reinará personalmente sobre la tierra como Rey de reyes y Señor de señores. Este cambio en su estado se iniciará con la gloriosa segunda venida de Jesucristo y después de la purificación, el nuevo rey sacará la maldición de sobre ella y restituirá su anterior magnificencia terrestre.

Este grandioso período milenario con su gobierno perfecto ha sido el tema favorito de los profetas desde el comienzo de los tiempos, y debería ser también una de las fuerzas más inspiradores de nuestras vidas.

Hace más de tres mil años, el salmista miró más allá de la apostasía, la época de tinieblas y la iniquidad e incredulidad de nuestros días, y dijo:

Vendrá nuestro Dios y no callará; fuego consumirá delante de él, y alrededor de él habrá gran tempestad.

Convocará a los cielos desde lo alto y a la tierra, para juzgar a su pueblo.

Reunidme a mis santos, los que hicieron conmigo convenio mediante  sacrificio.” (Salmos 50:3-5.)

En este período final de mil años, se producirán muchos cambios terribles tanto en la tierra misma como en la vida de las personas que vivan en ella.

La hermosa condición paradisíaca de la tierra con su belleza de jardín de Edén será restaurada. Sus desiertos y lugares desolados desaparecerán; Satanás será atado y no habrá más corrupción, muerte o enfermedad, como los que conocemos en la actualidad.

Sobre esto, Juan el revelador dijo:

Y vi a un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo y una gran cadena en la mano.

“Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años;

“Y lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años. Y después de esto, debe ser desatado por un poco de tiempo.” (Apocalipsis 20:1-3)

Durante este milenio, la enemistad entre los hombres y las bestias cesará. Isaías dice:

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; y el becerro y el leoncillo y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.

“Y la vaca y la osa pacerán; sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja.

“Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.

“No harán mal  ni  destruirán   en   todo   mi   santo monte,   porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:6- 9)

Entonces nadie dirá que Dios está muerto, que sus revelaciones han cesado o que la vida no tiene propósito.

Hace muchos años Harry Emerson Fosdich escribió un interesante libro titulado Es una gran época para estar vivos. El señor Fosdich señaló algunos de los milagros y asombros que han hecho que nuestra era sea la más excitante desde la creación, y aun así, la magnificencia del período de mil años que vendrá hará que nuestros días de asombro y milagros parezca época de tinieblas en comparación.

Por supuesto el Señor no vendrá a la tierra solo, como dice Pablo: vendrá “con los ángeles de su poder, en llama de fuego.” (2 Tesalonicenses 2:7-8.)

Y muchos de los justos que han muerto resucitarán y se unirán con el Señor y su compañía en el aire.

Hablando de este evento, el apóstol Pablo dijo a los tesalonicenses:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que  no tienen esperanza.

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

“Luego nosotros, los que vivamos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:13-14, 16-17.)

¡Qué maravilloso será ese tiempo para estar vivos! ¡Y qué maravillosa época será cuando el éxito, felicidad y paz cubrirán la tierra y los niños crecerán sin pecado a la salvación! ¡Cuánto significado tendrá entonces la promesa del Señor hecha a Zacarías!:

¡Canta y  regocíjate,  oh hija de  Sion  porque,  he  aquí,  vengo y moraré en medio de ti!, ha dicho Jehová.” (Zacarías 2:10)

Isaías dice:

Y edificarán casas y morarán en ellas; y plantarán viñas y comerán el fruto de ellas.

“No edificarán para que otro habite ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.

“No trabajarán en vano ni darán a luz  para  desgracia,  porque son descendencia de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.

“Y acontecerá que antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén ellos hablando, yo habré oído.

“El lobo y el cordero pacerán juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, ha dicho Jehová.” (Isaías 65: 21- 25)

Entonces los hombres no morirán ni dormirán en la tierra sino que serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos, serán arrebatados y su descanso será glorioso. Dios enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá más muerte, ni pena, ni llanto, tampoco habrá más dolor.

¡Qué maravillosa época para vivir cuando Cristo sea nuestro abogado y los hombres y mujeres justos de ambos lados del velo vivan y reinen con Cristo por mil años! Pero por otra parte, ¡qué tiempo tan trágico será para aquellos que no se hayan calificado! Supongamos que nos encontramos en el grupo mencionado por Juan el Revelador cuando dijo:

Pero los otros muertos no volvieron a vivir sino hasta que se cumplieron mil años. . .” (Apocalipsis 20:5.)

Una revelación moderna nos dice:

“Porque. . . el Señor hablará desde el cielo. . . y la tierra temblará. . . y dirá a las naciones dormidas. ¡Levantaos santos, y vivid; quedaos, pecadores, y dormid hasta que os llame otra vez!” (Doctrina y Convenios 43:18)

Al final del séptimo período de mil años, Satanás será desatado antes que la maldad sea sacada completamente de la tierra para siempre. Después del milenio, el estado de la tierra aumentará nuevamente hasta alcanzar su destino final como una esfera celestial en donde los seres selectos vivirán para siempre como miembros del orden exaltado al que pertenece Dios.

Ruego que Dios nos ayude a lograr el éxito en el logro de ésta la más noble de todas las metas, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s