Gatos monteses

Liahona julio 1961

Gatos monteses

por el élder Sterling Welling Sill

Dos alumnas de una universidad vivían juntas. El hermano de una de ellas había matado un gato montés en una cacería y trajo al gatito juguetón de la hembra muerta a estas jóvenes, a quienes tanto cayó en gracia, que decidieron quedarse con él en su apartamento. Lo alimentaron, lo cuidaron y se divertían mucho jugando con él. Al poco tiempo era como uno de los miembros de la familia. Mas cuando se vive cerca de una cosa todos los días, es algo difícil reparar en los cambios que se están efectuando. Al pasar el tiempo, las jóvenes si apenas se dieron cuenta de que aquel gracioso y juguetón gatito estaba creciendo.

Cierta noche, después de la escuela, una de las jóvenes tuvo que ir sola al apartamiento. Algo le había sucedido al gato montés ese día que había despertado sus instintos hereditarios y desatado la naturaleza destructora del animal salvaje que había en él. El gato montés había cesado de ser un gatito y se había convertido en una bestia salvaje con toda su ferocidad natural e inclinaciones de matar. El animal acometió a la joven asustada. Tratando de protegerse, volcó el teléfono. La telefonista oyó sus gritos y envió a la policía a su casa. Los agentes llegaron a tiempo para salvar a la joven seriamente arañada y matar al gato montés que la habría destruido.

En la claridad de su examen retrospectivo, las jóvenes comprendieron su error de permitir que el gato montés se criara en su apartamiento. Sin embargo, no siempre se ve con igual lucidez la respuesta a toda situación, cuando se mira a través de la perspectiva más opaca de la previsión. La previsión de estas jóvenes alumnas no les había indicado el peligro latente en aquel lindo gatito cuando lo habían aceptado como miembro de la familia. Además, no habían modificado su situación a la par de los cambios que estaban ocurriendo diariamente.

En el momento del ataque, el gato montés todavía era para ellas un gatito inofensivo. Basadas en su valorización original, no habían podido ver la feroz y asesina potencia del animal salvaje que se iba desarrollando en el inofensivo y gracioso gatito. Finalmente, cuando el ataque las obligó a considerar nuevamente la situación, casi fue demasiado tarde.

Desafortunadamente, nuestras jóvenes, alumnas no son las únicas que dejan pasar inadvertida la necesidad de hacer regularmente modificaciones que correspondan con los cambios en las circunstancias. Ni tampoco han sido las únicas víctimas de un gato montés. Muchas personas han creído que estaban jugando con “gatitos”, pero más tarde descubrieron que tenían sobre ellos una feroz jauría de gatos salvajes. Una película que vi hace poco narraba la historia de un hombre que se había enviciado en el opio, y para explicar su situación decía que “llevaba un mono prendido al cuello.” Más bien que mono, era algo que había alcanzado las proporciones de un gorila, en cuanto a fuerza y horror. Nadie puede padecer los horrores inimaginables del vicio de las drogas por mucho tiempo sin descubrir que lo que lleva prendido al cuello es mucho más peligroso que cualquier bestia de la selva.

Cuando la persona primeramente adopta una maldad, quizá la vea solamente como un gracioso y juguetón” hábito malo; pero es menester juzgar los malos hábitos, como debe hacerse con los gatitos monteses, por su potencialidad oculta. Ambas cosas tienen una forma de crecer que no conviene pasar inadvertida. Un poco de crecimiento diario, y cuando uno menos lo espera, las filosas garras de un hábito malo están haciendo pedazos a su huésped.

Hace poco se publicó la autobiografía de Lillian Roth. Esta distinguida artista que logró el éxito, la riqueza, adoptó un gato montés. La muerte de su prometido, que falleció inesperadamente a una edad muy joven, le partió el corazón. Por muchas semanas la tristeza agobió a tal grado sus pensamientos, que casi no podía descansar. Su enfermera le sugirió que tal vez si bebía un vaso de aguardiente, antes de acostarse, le ayudaría a dormir. Esa noche, después de beber el aguardiente, fue la primera vez, en algunas semanas, que pudo descansar bien. Agradecida en extremo por la tranquilidad que le había traído el aguardiente, siguió tomándolo las noches subsiguientes sin notar ningún cambio en la relación, que estaba estableciendo con él.

Algún tiempo después, alguien le aconsejó a la señorita Roth que quizá se estaba sobrepasando y debería quitar de su vida aquella maldad creciente. Sus amigos le hicieron ver las desventajas de enamorarse de un gato montés. Sin embargo, ella estaba completamente segura de poder dominarse en cualquier situación. Pero no había pasado mucho tiempo cuando empezó a oír los siniestros gruñidos de un hostil animal salvaje. Entonces fue cuando comprendió por primera vez que ya no estaba jugando con un gracioso e inofensivo gatito. Estaba ligada a una bestia feroz de instintos asesinos. Inmediatamente trató de separarse, pero llena de horror descubrió que no podía descontinuar sus relaciones.

En un tiempo ella había sido dueña de un gato montés; ahora el gato montés era dueño de ella. Cuando gritó, no hubo ningún policía compasivo que la socorriera. Se hallaba completamente indefensa, pues había perdido aun la fuerza de su propia voluntad.

Los años siguientes fueron como una horrible pesadilla. Se casó y se divorció varias veces. Le cancelaron sus contratos para hacer películas; perdió su cuantiosa fortuna, su buen nombre, su amor propio, casi toda otra cosa digna que previamente había poseído. Sin la menor intención, se había puesto en manos de una influencia que casi consumó su destrucción, social, moral y económica.

Sin embargo, el gato montés del licor no es el único. Existen muchas otras variedades. Los hay de todos colores, formas y tamaños. El hábito de fumar es un gato montés; el vicio del juego es otro; también lo son la mentira y el mal genio; la inmoralidad puede llegar a ser uno de los más temibles gatos monteses. Con un poco de tolerancia, cualquiera de éstos nos puede robar todo, aun la habilidad para orientar nuestros propios pensamientos. Por motivo de que siempre exageramos nuestra facultad para dominarnos, cometemos el error de no pensar anticipadamente en este temible peligro con suficiente seriedad.

Frecuentemente oímos que alguien se jacta en esta forma: “Pensaré como me dé la gana.” Pero la semana pasada conocí a una mujer de cuarenta y cinco años de edad que había perdido esa habilidad y acababa de hacer un intento de suicidarse. Esta mujer es una viuda, madre de tres niños pequeños. Tiene su grado de maestra y una posición regular como profesora. Hace pocos años empezó a entregarse al hábito de pensar negativamente, el cual se desarrolló, al pasar el tiempo, en una disposición mental en que se consideraba víctima de las circunstancias. Continuó esta práctica por tanto tiempo, que ahora le es imposible desechar esos períodos prolongados de abatimiento mental. Ha pagado fuertes cantidades de dinero a los psiquiatras para ver si la pueden librar de esta fiera, pero hasta la fecha es poco el progreso que se ha logrado. Comprende lo que podrá ser de sus hijos pequeños si logra el éxito la próxima vez que intente suicidarse. También ha considerado lo que puede suceder si sus pensamientos son perjudicados permanentemente por su melancolía; pero ha perdido la facultad para “pensar como le dé la gana”.

Cuando el poeta italiano, Dante, describió su viaje imaginario por el infierno, se refirió a una situación que frecuentemente se aplica a nosotros. Un grupo de condenados había hecho lo malo por tanto tiempo que habían perdido la habilidad para obrar en otra forma. Hicieron la siguiente explicación: “Así como nuestros ojos, fijos en las cosas terrenales, no alcanzaron a mirar hacia el cielo, ahora la justicia nos los ha ligado con la tierra. Y así como muestra avaricia destruyó nuestro amor por lo bueno, perdiendo con ello la obra de nuestra vida, la justicia ahora también nos mantiene cautivos, sujetados por estos grillos.” Estos desdichados habitantes del infierno se habían preparado para un sitio del cual ahora les era imposible escapar. El infierno es el lugar preparado para aquellos que se preparan para morar allí.

Criamos un gato montés destinado a destruirnos, cuando formamos el hábito de criticar y hallar faltas indebidamente en aquellos que nos presiden. Entre otras cosas, destruimos la habilidad que ellos tienen para ayudarnos. Igual que muchos otros hábitos malos, parecerá tan inofensivo al principio; pero si lo continuamos, crecerá y pronto se convertirá en feroz gato montés que nos privará de nuestras bendiciones y dejará en su lugar la apostasía y la condenación.

Nuestra facilitad para dirigir también puede prohijar gatos monteses. En 1926 conocí a un hombre, en quien, según yo conceptuaba entonces, había las mejores posibilidades de llegar a ser un destacado director  en la Iglesia. Pero cuando comenzó a lograr algún éxito en sus negocios, empezó a perder el interés en casi todo lo demás, con excepción de sí mismo. Llegó a confiar necia y desmedidamente en su éxito temporal. Comenzó a disminuir el número de sus actividades en la Iglesia. Redujo sus contribuciones económicas y aumentó el número de privilegios desautorizados. Empezó a tropezar con su importancia recién lograda. Tenía buena cabeza, personalidad atractiva y fina educación excelente, pero se tornó intolerante. Si otras personas cometían errores, las reprendía severamente.

Sin darse cuenta siquiera de lo que sucedía, estaba reuniendo en derredor de sí una jauría de gatos monteses que iban creciendo rápidamente. Uno de éstos pudo haberse llamado afán de las cosas del mundo; otro, envanecimiento; otro, impaciencias; otro, crítica; otro intolerancia. Todos los días los alimentaba con sus hechos. En los años siguientes le sucedió lo mismo que a Lillian Roth. No sólo se apartó de la Iglesia, sino que su carácter intolerable también había destruido su utilidad para sus patrones. Por consiguiente, perdió la importancia de que tanto se preciaba aun para sí mismo. También ha perdido su oportunidad de lograr el éxito económico; y no sólo esto, sino su atractiva personalidad, su entusiasmo, ambición, espiritualidad y la mayor parte de sus amigos. El hombre que era y el hombre que pudo haber sido fueron despedazados por las bestias destructoras, las cuales, una vez que hubieron crecido, lanzaron toda su furia contra aquel que las había criado.

Hay muchos otros gatos monteses. La desidia o pereza es un gato montés; también lo es la ignorancia, igualmente la falta de lealtad. Supongo que en un tiempo el terrible pecado, que con el tiempo venció a judas Iscariote, era tan pequeño que fácilmente pudo haberlo vencido. El gato montés no hace acepción de personas. El rey David, de quien se dijo en su juventud, “Jehová se ha buscado varón según su corazón, permitió que los pensamientos indebidos lo aplicaran en dos pecados mortales.

El rey Salomón crió varios gatos monteses. Este hombre fue bendecido con mayor sabiduría de la que había tenido persona alguna hasta ese tiempo. Dos veces vio a Dios; pero adoptó un pequeño gatito salvaje llamado desobediencia. Se casó con mujeres que no eran de su fe, contraviniendo las instrucciones directas del Señor. “Y enojóse Jehová contra Salomón, por cuanto estaba su corazón desviado de Jehová Dios de Israel, que le había aparecido dos veces.” (1 Reyes 11:9) Salomón perdió su reino, su dignidad y su Dios. Murió adorando ídolos, porque a pesar de toda su sabiduría no entendió el peligro de criar un gato montés, ni corrigió los cambios que gradualmente modificaron su disposición mental hacia Dios.

Uno de los misioneros que me sirvió de ideal mientras estuve en la misión, era un hombre de gran fuerza espiritual. Cuando volvió a casa, consintió un gato montés en su profesión. Dejó que la práctica de la medicina le sirviera de excusa para hacerse inactivo en la Iglesia. Gradualmente aumentó el número de sus privilegios desautorizados a tal grado que cuando murió, relativamente joven, se había apartado completamente de la Iglesia. Cuando dio los primeros pasos por el camino errado, no tenía la menor intención de llegar al terrible destino donde lo alcanzó la muerte. El hecho de que hoy el animal es un gatito pequeño, juguetón y lindo, no significa que será la misma cosa mañana.

Nuestro problema, pues, consiste en determinar lo que pensamos hacer respecto de nuestros propios gatos montases que tienen que ver con nuestra vida personal, así como los que afectan nuestra actividad como directores. La siguiente sugestión viene de un abogado, el cual siempre aconseja a sus clientes a que frecuentemente examinen y gradúen el valor de sus bienes, a fin de efectuar inteligentemente el ajuste necesario. Esta idea resulta mejor todavía cuando se le da una aplicación espiritual. Ciertamente debemos analizar frecuentemente la condición de nuestra fe y nuestra habilidad para dirigir. Solamente así podremos determinar eficazmente qué se puede hacer con respecto, a los gatos monteses que estemos criando en nuestra habitación. Nuestros gatitos podrán ser de un tamaño, forma, o color distintos de los que hemos tratado en los párrafos anteriores, pero no obstante su color o forma, el gato montés siempre es gato montés, y conviene que nosotros estemos bien percatados de su potencia para destruir.

Gran parte de nuestros problemas surgen porque jugamos con lo malo. Aun los más débiles de nosotros, frecuentemente nos sentirnos seguros de poder dominar cualquier situación que se presente. De esta manera, desarrollamos una confianza desmedida en nosotros mismos que puede causar nuestra caída. En la mayoría de nosotros los humanos no hay suficiente temor de la maldad; y ésta, si se le permite continuar, pronto consume nuestra eficacia y destruye nuestra fe.

Fue la profunda sabiduría de Jenófanes que lo hizo decir: “Confieso que soy el cobarde más grande del mundo, pues no me atrevo a cometer ninguna cosa mala.” Cuando sincera y honradamente exista tal sentimiento en nosotros, habremos resuelto en gran manera el problema de nuestros gatos monteses.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s