El milagro de la personalidad

Liahona noviembre 1958

El milagro de la personalidad

por el élder Sterling Welling Sill

Ningún examen del desarrollo de la habilidad para dirigir podría considerarse completo si no se considerara la personalidad del director. La cosa más potente e inspiradora del mundo es una personalidad humana noble y grande.

La obra maestra de toda creación es un ser humano en su perfección. Y la mejor manera de adquirir la habilidad para dirigir es por medio de un desarrollo eficaz de la personalidad.

El diccionario nos dice que la personalidad es aquella “particularidad que distingue a una persona de todas las demás. . .” el “conjunto de cualidades que constituyen a la persona o supuesto inteligente”. La personalidad de uno es lo que lo distingue como individuo.

En ella están comprendidos sus hábitos, cualidades y rasgos de carácter y comportamiento, expresados por medio de las actividades y actitudes físicas y mentales. Algunos han calculado que hasta el ochenta y cinco por ciento de todo el éxito depende de la personalidad. Lo que somos determinará en gran manera nuestra habilidad para dirigir.

¿Cuál, pues, es la mejor manera de desarrollar estas cualidades a fin de lograr nuestra eficacia máxima? Sócrates dijo: “Conócete a ti mismo.” El estudio del propio yo puede ser muy útil. También podemos mejorarnos a nosotros mismos estudiando a otros. Si podemos identificar un rasgo perjudicial en otra persona, podemos eliminarlo de nuestra propia personalidad. Cuando descubrimos una cualidad útil en otro, podemos reproducirla en nosotros mismos.

Probablemente la mayor influencia del mundo es el ejemplo. Aprendemos a andar, hablar y comer mirando y oyendo a otros. La mayor parte de nuestras maneras de conducirnos, nuestra moral y rasgos de personalidad son adoptados. Aun Jesús mismo dijo:

“. . . No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. . . ” (Juan 5:19)

Difícilmente podemos comprender la influencia tan poderosa que una personalidad ejerce sobre otra. Pensemos en el efecto que la vida de Aristóteles ejerció en Alejandro Magno, o la de Jesús en Simón Pedro.

Toda personalidad es un compuesto y cada uno de nosotros edificamos con lo que vemos y miramos en otros. Esto pone de relieve una de las ventajas de asociarse con buenos amigos y leer buena literatura, particularmente las Escrituras. Existe en nosotros la tendencia de lograr aquellas cualidades que más impresionan a nuestras mentes; y nuestras impresiones más profundas son lo que procede de otros. Tomas Carlyle dijo: “No puede uno observar a un gran hombre sin adquirir algo de él.” Es más fácil absorber un rasgo de personalidad cuando lo vemos claramente en un ambiente favorable.

Por ejemplo, Luis Fischer escribió un libro sobre la vida del patriota hindú, Mohandas K. Gandhi. Este hombre pequeño de tez morena apenas pesaba 51 kilos. Para cubrir su desnudez no usaba más que una sábana; vivía en una cabaña hecha de lodo, sin las comodidades de luz eléctrica, agua en la casa o teléfono. No tenía automóvil. Jamás buscó ni ocupó puesto público alguno; carecía de posición política, distinción académica, realizaciones científicas o dones artísticos. No tuvo ejércitos ni diplomáticos, ni propiedad. Sin embargo, le rindieron homenaje los jefes de grandes gobiernos y poderosos ejércitos. Los discípulos de Gandhi lo bautizaron con el nombre de “Mahatma”, que significa Alma Grande.

El potente gobierno británico no tardó en descubrir que no podía gobernar a la India contra Gandhi, pero tampoco podía gobernarla sin él. Llegó a ser, por decirlo así, el alma misma de la India. Por el solo poder de su gran personalidad, llegó a ser jefe indiscutible de quinientos millones de personas y se convirtió en la fuerza más potente de India y probablemente del mundo. Luis Fischer llama este fenómeno, por medio del cual un ser humano de ni siquiera mediana condición puede elevarse a grandes alturas en lo que respecta a sus realizaciones, el “Milagro de la Personalidad”. Este “milagro” aumenta en importancia por el hecho de que cada uno de nosotros puede obrarlo por sí mismo.

Gandhi empezó su vida con algunas desventajas serias. El mismo se consideraba cobarde. Le tenía miedo a la oscuridad. Tenía complejo de inferioridad perjudicial en extremo. No podía dominar su genio.

A causa de estas y otras desventajas con que empezó su vida, trabajó hasta el fin de sus días, la edad de 78 años, a fin de regenerarse, y en una ocasión dijo que era un hombre que se había “rehecho” a sí mismo.

El mejoramiento personal es necesario para toda efectuación. Es imposible que un director sea más de lo que es como individuo. Una de nuestras debilidades más comunes es que con demasiada frecuencia queremos alterar nuestras circunstancias, pero no estamos dispuestos a cambiarnos a nosotros mismos.

Gandhi creía en ser, no en tener o aparentar ser algo. Creía que la diferencia entre lo efectuado y lo opinado constituye la raíz de innumerables defectos de nuestra civilización. Creía que esta discordia era la debilidad de las iglesias, estados, partidos y personas.

Gandhi opinaba que creer una cosa y no practicarla era manifestar la falta de honradez, y que esto daba a las instituciones y a los hombres personalidades divididas, mientras que el hombre debe ser íntegro, una sola pieza.

Gandhi jamás malgastaba tiempo. Se sometió a un régimen severo de autodisciplina toda su vida. Para Gandhi, creer era obrar. No había ninguna pretensión. El querer salvar las apariencias era para él un concepto ininteligible.

Cuando determinaba que algo era bueno, se forzaba a sí mismo a seguirlo y a convertir pensamiento en hechos.

La madre de Gandhi le enseñó que el comer carne no era bueno, ya que exigía la destrucción de otra vida. De modo que el joven Gandhi prometió ser rígidamente vegetariano toda su vida.

Muchos años después de la muerte de su madre, Gandhi se hallaba gravemente enfermo, y no se esperaba que viviera. Sus médicos intentaron convencerlo que tomara un poco de caldo de carne para salvar su vida. Pero él dijo: “Aun por el amor de la vida misma, no podemos hacer ciertas cosas. No me queda más que una alternativa, morir pero nunca violar mi palabra.”

Imaginemos lo que significaría para el mundo, si todos los jefes actuales de las naciones poseyeran una integridad semejante, y de cuya palabra se pudiera depender en lo absoluto. La confianza es el fundamento de toda relación meritoria.

En lo que concernía a la formalidad, Gandhi fue superior. Todos entendían que era absolutamente honrado, que se podía confiar en él, que sus motivos eran rectos. Cuando decía algo, todos sabían que eso era precisamente lo que estaba pensando. Millones de personas confiaban en Gandhi; millones lo obedecían y multitudes lo seguían. Pero lo raro es que sólo unos pocos intentaron hacer lo que el hacía.

La grandeza de Gandhi consistió en hacer lo que todos pueden llevar a cabo, mas no lo hacen.

Una de las ambiciones mayores de la vida de Gandhi fue de ver a la India independiente. Pero juzgaba que antes de poder librarla de los ingleses, él mismo tenía que libertarse de las dificultades que lo tenían sujeto. Para alcanzar su eficacia máxima, el hombre debe tener dominio perfecto sobre sí mismo. Gandhi resolvió convertirse en un instrumento eficaz de gestiones por el bien de la India. Todo el mundo conoce el éxito que logró.

En la opinión del Sr. Fischer, el mundo no ha conocido desde los días de Sócrates, otro que iguale a Gandhi en lo que respecta al dominio sobre sí y serenidad absolutos. Algunos han dicho que es la persona del mundo cuyas cualidades se aproximaron a las de Cristo, y sin embargo, no era cristiano.

Gandhi se imponía largos ayunos para disciplinarse. Razonaba que si no podía refrenar su hambre de alimentos ¿cómo podía manejar las situaciones más difíciles de la vida? Solía decir: “¿Cómo puedo dominar a otros, si no puedo dominarme a mí mismo?”

Gandhi comprendió en su juventud que la integridad y la actitud varonil son dos de los instrumentos de fuerza más importantes. Este entendimiento le dio una ventaja importante. Decía: “No puedo concebir una pérdida más grande para el hombre, que perder su dignidad.”

Aun mientras se disputaba con Inglaterra la independencia de la India, Gandhi fue fiel en todo sentido a Inglaterra y se granjeó el respeto y confianza constantes de los oficiales británicos.

Su lema era: “Armonía en la adversidad; amor a pesar de las diferencias.”

Hubo una época, durante la segunda guerra mundial, en que el destino de Inglaterra parecía estar pendiente de un hilo, y no podía disponer de un solo soldado para la defensa de la India. Muchos jefes hindúes prominentes favorecían librarse del dominio británico mientras Inglaterra se hallaba indefensa. Sin embargo, Ghandi dijo: “No; no hemos de robar ni siquiera nuestra independencia.”

Indudablemente hubiera dado su vida en cualquier momento a cambio de la libertad de su país, pero no quería la independencia si no podía ganarse honorablemente. Gandhi creía que las ideas y la razón, la imparcialidad y el entendimiento son superiores a la fuerza, como instrumentos para gestionar.

Creía esto, aun cuando tenía el poder absoluto para hacer lo que bien le pareciera. ¡Cuán inspirador es el espíritu de un hombre verdaderamente grande! Como contraste, pensemos en las personas  que  viven  actualmente,  hombres  que  no  vacilarían  un instante en usar los medios que fuesen para esclavizar a todos los habitantes del mundo, si opinaran que había manera de lograrlo.

La tremenda fuerza personal de Ghandi con frecuencia permanecía inusitada. Solía decir: “No podemos aprender la disciplina por medio de la compulsión.” Nunca quiso tomar represalias. Su razón le decía que la política de “ojo por ojo”, si se llevaba a cabo, por fin dejaría ciegos a todos. Nunca procuró ser “listo”. Una vez declaró: “No he tenido que recurrir a la astucia en toda mi vida.” Sus pensamientos y emociones estaban tan completamente a la vista del público como su cuerpo casi desnudo.

Entonces llegó el día fatal, el 30 de julio de 1948. A las 5.05 pm Gandhi se dirigía al sitio de oraciones de la aldea. En la primera fila de los adoradores que se habían congregado, se hallaba un tal Nathuran Godse, con una pistola en el bolsillo. Al estar los dos hombres cerca el uno del otro, casi tocándose, Godse disparó tres balas contra el cuerpo de Mahatma. Ante el jurado, Godse testificó que no le tenía mala voluntad a Ghandi. Dijo: “Por cierto, antes de hacer los disparos, le di el parabién y me incliné ante él con reverencia.” Correspondiendo al homenaje de Godse, Gandhi juntó las palmas de sus manos, sonrió y lo bendijo. En ese momento, Godse tiró del gatillo, y la existencia mortal de Gandhi llegó a su fin. De modo que, aún en el momento de su muerte, este hombre pequeño de tez morena se hallaba en el acto de estar bendiciendo a la gente y haciendo bien.

A los pocos minutos de la muerte de Ghandi, el Primer Ministro Nehru habló por la radio y dijo: “La luz de nuestra vida se ha apagado, y por todas partes hay tinieblas, porque nuestro amado caudillo, el padre de nuestra patria, ya no existe.”

¡Qué poder tan admirable para dirigir puede crecer dentro de nosotros mismos, si tan solamente desarrollamos hasta su grado máximo estas grandes cualidades dadas por Dios!

Podemos seleccionar, adaptar y refinar de las fuentes de mayor inspiración.

En la naturaleza se hallan más de cien elementos conocidos, incluso el nitrógeno, hidrógeno, hierro, carbono y oxígeno. Estos elementos son los materiales de construcción de la naturaleza. Con éstos, mediante las combinaciones y proporciones correctas, la naturaleza puede formar todas las cosas materiales del mundo; por ejemplo, es una combinación de dos partes de hidrógeno y una de oxígeno. Todas las cosas materiales llevan dentro de sí su propia fórmula.

También se ha dicho que en la personalidad humana existen cincuenta y un elementos, entre ellos, la bondad, fe, espiritualidad, industria, devoción, valor, emoción e integridad.

Juntemos éstos en la proporción y combinación correctas, y resultará lo que alguien ha designado como “un ser humano espléndido”. ¿Qué hizo a Napoleón Bonaparte lo que fue? Napoleón tenía algunas cualidades nobles, pero estaban mezcladas con la injusticia y el menosprecio de Dios, crueldad, ambición e ignorancia.

El resultado fue que sus propios compatriotas lo desterraron a la edad de 46 años.

Ahora bien, ¿cuáles son las cualidades que necesitamos para efectuar nuestra parte correspondiente en la obra del Señor? Él mismo ha dicho:

“Y fe, esperanza, caridad amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra.”

Y entonces añadió:

“Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia.” (Doctrina y Convenios 4:5-6)

¡Cómo no hemos de llenarnos de emoción al pensar que podemos incorporar estas cualidades en nuestra propia personalidad de acuerdo con la combinación que nos plazca!

Dios ha colocado estos talentos y habilidades potenciales en el alma humana sólo para un propósito: que los desarrollemos hasta su punto máximo. Es el procedimiento por medio del cual el hombre algún día puede llegar a ser como Dios.

Lorel Bulwer-Lytton afirmó: “Lo que los hombres necesitan no es solamente talento, sino propósito; no sólo la facultad para efectuar, sino la voluntad para trabajar.” Esa es la llave del desarrollo de nuestra propia personalidad, y cada uno de nosotros tiene que asumir la responsabilidad completa en este respecto. Sabemos qué es lo que el Señor desea que hagamos. Sólo falta que pongamos a obrar esas cualidades de la personalidad a fin de efectuar el hecho.

Un gran filósofo declaró en cierta ocasión: “No pases por alto ni un solo esfuerzo por hacerte notable en algún talento.”

Esto es lo que constituye el comienzo del milagro más grande que el mundo conoce: “El milagro de la personalidad”.

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