Una canción para Manon

Liahona de Junlio 2017

Una canción para Manon
Por Richard M. Romney
Revistas de la Iglesia

Lo que originalmente se concibió como una tarde de entretenimiento se transformó en una efusión de amor hacia una jovencita en particular.

Manon

Las jovencitas estaban entusiasmadas. De hecho, todo el barrio al sur de Francia lo estaba. A fin de fomentar una mayor unidad, las líderes planificaron una actividad de barrio con cena y espectáculo. Como sabían que las Abejitas, Damitas y Laureles ya habían estado aprendiendo canciones y danzas durante algunas de sus actividades, las invitaron a encargarse del espectáculo aquella tarde.

Así pues, las jovencitas del barrio comenzaron a practicar a conciencia; todas menos una. Manon no podría actuar. Había estado recibiendo tratamientos contra el cáncer por más de dos años.

Manon C., de dieciséis años de edad, seguía asistiendo a las reuniones y las actividades tan a menudo como podía y, a pesar de lo que estaba pasando, siempre compartía una radiante sonrisa. Pero, durante la quimioterapia, a veces se sentía demasiado débil para hacer mucho más que descansar. Los miembros del barrio habían ayunado y orado varias veces por ella. Nadie esperaba que ensayara o bailara,

pero sí podía asistir a la cena. Así que, ¿por qué no dedicar la tarde a Manon?

Una tarde dedicada

La idea pronto fue un éxito.

“Queríamos que Manon sintiera el amor y el apoyo de los miembros del barrio”, explica Emma S., de dieciséis años. “Si los miembros del barrio deseábamos estar más unidos, ¿qué mejor manera de lograrlo que trabajando juntos para mostrar el amor que sentíamos por Manon?”.

El barrio entero participó en los preparativos. Las familias recibieron asignaciones para llevar alimentos para la cena. La Sociedad de Socorro ayudó a confeccionar el vestuario de las jóvenes. Los jóvenes adultos proporcionaron el soporte técnico (luz, sonido y videos de fondo) durante los ensayos y la actuación final. Y los hermanos del sacerdocio ayudaron a colocar las mesas y las sillas.

Todo este trabajo lo llevaron a cabo miembros del barrio que viven esparcidos en un área muy extensa. “Las jóvenes del barrio estamos muy cerca en espíritu, pero vivimos lejos unas de otras”, dice Aiolah V., de dieciséis años. “No nos vemos en la escuela, ya que vivimos en diferentes partes de la ciudad, así que hacemos un esfuerzo extra para asegurarnos de que ninguna quede excluida”.

“Además, estamos todo el tiempo en contacto gracias a los teléfonos celulares”, dice Inka S., de quince años. “Compartimos nuestras diversas experiencias para enseñarnos mutuamente. Sabemos que podemos contar unas con otras y procuramos ser buenos ejemplos para las demás”. Las jovencitas, a quienes les encanta estar juntas siempre que pueden, se dieron cuenta de que los ensayos para la cena espectáculo les ofrecían oportunidades adicionales para estrechar su amistad.

“Antes de que empezáramos con los ensayos, yo era muy tímida”, explica Inka. “Me daba miedo cometer un error. Pero al bailar en grupo dejé a un lado la timidez. Sabía que era el momento de demostrar a los miembros del barrio lo mucho que habíamos trabajado”.

Manon, por su parte, se mostró al tiempo humilde y amable. “Cuando me hablaron de la cena y el espectáculo, y me dijeron que yo sería la invitada de honor, pensé que me preocuparía que se tomaran tantas molestias”, recuerda ella. “Por otro lado, ¡estaba emocionada por estar allí!”

Un espectáculo de amor y de apoyo

Pronto llegó el día, y fue la ocasión perfecta para ofrecer amor y apoyo a Manon. “La comida fue excelente, por supuesto”, dice Aiolah. “Después de todo, ¡esto es Francia!”.

Y luego la parte de entretenimiento —que en francés llamamos spectacle [espectáculo]— estuvo a la altura de su nombre. Juegos, exhibiciones vocales y bailes deleitaron a la audiencia. A continuación, las jóvenes presentaron en un coro combinado el número más esperado del programa. Le dedicaron una canción a Manon, una canción escrita y compuesta por Emma. Las palabras del estribillo resumen el amor y el apoyo que todos deseaban que Manon sintiera.

No te rindas, por favor,
porque creemos en ti.
Y no te olvides de quién eres,
porque creemos en ti.

Mientras las jóvenes interpretaban la canción, fue como si todos los miembros del barrio estuvieran cantando juntos, por lo menos en su corazón. Fue como si la sencilla canción de Emma se transformara en un estribillo olvidado que resuena en el corazón de los Santos de los Últimos Días allá donde estén: Un himno de valor y compasión; familia y amigos; unidad, fe y esperanza; una incesante oración que se escucha en los cielos.

La intención de las líderes al organizar la actividad era unir a los miembros del barrio. Dedicar la tarde a Manon no solo ayudó a lograr ese objetivo, sino que también generó un perdurable sentimiento de apoyo a Manon y a su familia, y la comprensión de que cada hijo e hija de Dios es importante. “El objetivo de la Iglesia es ayudarnos a acercarnos al Padre Celestial y a Jesucristo”, dice Aiolah. “Sabemos que Ellos nos aman y que nunca estamos solos”.

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