Representar el papel más importante

Liahona de Julio 2017

Representar el papel más importante
Por Annie McCormick Bonner
La autora vive en Washington, EE. UU.

Me acababan de dar el papel más importante de mi vida. Estaba emocionada, hasta que llegó el guion.

theater stage

¡El teatro en vivo era mi pasión! De joven adulta, participé en actuación y canto escénico. Fui bendecida con talento y esperaba establecer una carrera actuando profesionalmente. Obtuve los papeles más desafiantes que pude y siempre me comportaba profesionalmente para poder ganar el respeto de mis compañeros actores.Estuve

encantada cuando el director más influyente de nuestra área me dijo que realizaría audiciones para una opereta y que quería que yo participara. El espectáculo se presentaría en el local más prestigioso de nuestra área y parecía que mi amigo director ya me tenía en mente para el papel principal.

El guion no estaba disponible para leerse antes de la audición, pero la opereta se basaba en una novela de un filósofo del siglo XVIII, la cual leí. También me familiaricé con la música de la opereta, que era excepcionalmente hermosa y estimulante.

La audición fue bien y pronto me informaron que el papel principal —el más importante— ¡era mío! Creía que este papel era una gran oportunidad.

Sentía que caminaba en las nubes de la emoción, hasta que llegó el guion. Mientras lo leía, mi júbilo rápidamente se desvaneció. Aunque la novela y la música valían la pena, el guion era irreverente y contenía instrucciones de escenario sugestivas e inapropiadas. Sabía que no debía participar en esta producción. Fue una desilusión terrible.

De repente tenía un dilema. La ética en el teatro dicta que después de aceptar un papel, un actor no debe renunciar porque el programa de producción no admite tiempo para cambios en el reparto. Echarme para atrás sería considerado muy poco profesional. Temía perder la confianza de la compañía de teatro, ofender al director e incluso perder la oportunidad de continuar actuando en otro lugar.

Por supuesto, ¡estaba tentada a racionalizarlo! Una voz airosa en mi mente proclamaba: “No puedes renunciar ahora. El guion no es tan malo. Lo bueno del espectáculo compensará las partes malas”. Pero el Espíritu Santo siempre estaba influyendo en mi corazón —con firmeza, paciencia, vehementemente alentándome a que dejara la opereta.

Sabía lo que tenía que hacer. Temblorosamente tomé el teléfono y llamé al director.

“Hola, señor”, dije cuando atendió. “Soy Annie”.

“¡Annie! Estoy muy entusiasmado por el espectáculo. ¿Recibiste el guion?”.

“Sí, lo recibí, y yo… yo…”.

Me puse a llorar. ¡Hablando de ser poco profesional!

De alguna manera, entre sollozos, me las arreglé para explicar al director por qué no podría estar en su espectáculo. Y luego esperé a que el mundo se acabara.

Este buen hombre empezó a reír. Él respetó mi decisión. Al principio trató de convencerme de que me quedara en el espectáculo, pero cedió. Dijo que él aún me adoraría incluso si yo no quería estar en su opereta. Y simplemente me pidió que le llevara el guion inmediatamente para que pudiera dárselo a otra actriz. Colgué el teléfono, mortificada por mi llanto pero agradecida por la respuesta afectuosa y comprensiva del director.

Me sequé las lágrimas y luego tomé el guion y subí al auto. Cuando encendí el motor, la radio también se encendió. Estaba preestablecida en la emisora local de música clásica y para mi asombro, la melodía que sonaba era la obertura de la misma opereta. Nunca antes la había escuchado en la radio.

Sentí como si el Padre Celestial estuviera tocando esa música para mí. Él quería que yo entendiera que me amaba y que Él aprobaba mi elección. Que la música sonara en la radio era una de las tiernas misericordias de Dios. A través de ella sentí el consuelo de Su amor.

Continué estudiando teatro en la universidad. Más de una vez me encontré en situaciones similares. Hubo veces cuando fue necesario salir de ciertos proyectos debido al contenido inapropiado. Estas situaciones nunca fueron fáciles o agradables, pero pude manejarlas con más elegancia y sin lágrimas. Quizás mi experiencia temprana fue una preparación para estas ocasiones. Quizás me ayudó a comprender mejor quién soy y lo que más deseo ser.

William Shakespeare escribió:

El mundo es un gran teatro,
y los hombres y mujeres son actores.
Todos hacen sus entradas y sus mutis
y diversos papeles en su vida1.

Estoy aprendiendo que hay un papel para representar que es más importante que cualquier otro. Es el de ser un verdadero discípulo de Jesucristo. Ganar el aplauso de los pares puede ser emocionante y satisfactorio, pero es la aprobación de Dios la que importa. Nuestras grandes representaciones vienen cuando aprendemos a seguir al Maestro.

Nota

1. William Shakespeare, Como gustéis, acto II, escena VII, versos 141–144.

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