El libre albedrío; un desafío

Liahona octubre 1953

El libre albedrío un desafío
por el élder Sterling Welling Sill

Si se le pidiera a usted nombrar el beneficio mayor en su vida, aparte de su vida misma, probablemente diría, “Libertad”. El deseo de libertad siempre ha tenido un lugar sagrado en el corazón humano. Para obtenerla, o mantenerla, ha sido la razón por la que ha habido la mayoría de las guerras. Aun hubo una guerra en el cielo para determinar si los hombres tendríamos derecho al libre albedrío. Pero, ¿se ha puesto usted a pensar alguna vez sobre el hecho de que la libertad tiene una base de doble entrada? Es como nuestro sistema capitalista: no es un sistema de ganancias solamente, es un sistema de ganancias y pérdidas.

El libre albedrío no es tan solamente un sistema para obtener bendiciones. Es un sistema para obtener bendiciones y maldiciones. Significa castigos tanto como galardones. Primeramente, el libre albedrío no es gratis —les ha costado sus vidas a muchas personas.  A otros les ha costado  su felicidad eterna. “Por cada privilegio que queremos, hay un deber que tenemos que cumplir. Por cada esperanza que abrigamos, hay una tarea que tenemos que hacer. Por cada beneficio que deseamos, hay un sacrificio que se requiere”. Aceptamos el  riesgo cuando aceptamos la oportunidad. No hay tal cosa como recibir algo por nada. Tarde o temprano, aquí o después, tenemos que balancear el registro. No hay ninguna oportunidad de registrar sólo los créditos. Tenemos también que registrar las deudas. Como el gran poeta Emerson ha dicho, no hay tales cosas como galardones y castigos, que sólo hay consecuencias. No podemos hacer una cosa incorrecta y evitar  el castigo como tampoco hacer una cosa correcta y evitar el galardón. La ley de compensación nunca descansa; por cada hecho tiene que haber una consecuencia.

Lucifer propuso privar a los hombres de su libre albedrío. Si conocía la naturaleza humana, tenía buena razón por creer que estaba tratando de hacerles a los hombres un gran favor. Salvaría a todos, aunque lo tuviera que hacer por compulsión. Si su plan hubiera prevalecido, todos habríamos sido perfectos y todos habríamos sido salvos en el reino celestial. Por fuerza nos habría impedido cometer errores. Pero nosotros ayudamos a echar abajo el plan de Lucifer y conseguirnos el libre albedrío.

La mayoría de nuestros pecados los llegamos a cometer por causa de nuestro libre albedrío, porque además de nuestras otras  grandes libertades, somos libres para ser ociosos, libres para profanar, libres para no observar el Día del Señor, libres para arreglar nuestras vidas llenas de ociosidad, libres para dormir en el domingo, libres para faltar en hacer nuestras visitas como maestros visitantes, libres para ir al infierno. El autor John Milton pone en la boca del Creador estas palabras:

“Libres los formé: y libres tienen que quedar;
Hasta que se esclavicen; o yo tendría que cambiar
Su naturaleza, y revocar el decreto alto
Inmutable, eterno, el cual ordenó
Su libertad: ellos mismos ordenaron su caída”.
Paradise Lost, Tomo III

La “caída del hombre” no fue completada y terminada hace 6,000 años; está aconteciendo en nuestro derredor todos los días, sólo porque, como el padre Adán, podemos escoger por nosotros mismos. Esto es un asunto serio. Peleamos la batalla en el cielo porque quisimos ser libres, y sin embargo, de los cuarenta billones de gentes que han vivido en el mundo desde la era Cristiana, sólo un billón han sido libres políticamente; casi ninguno ha sido libre espiritualmente.

Pero bueno o malo, siempre tiene que haber una oposición. Siempre tiene que haber elecciones alternativas. Se decidió que a pesar del peligro, seríamos libres de escoger, aunque escogiéramos la libertad de ser ignorantes, la libertad de ser indignos, la libertad de no ser dignos de confianza. Uno de nuestros argumentos contra el plan de Satanás puede haber sido que se perdería una grande parte del beneficio si la salvación fuese obtenida por compulsión. Pero también, muchos de los hijos de Nuestro Padre usan este precioso libre albedrío para traer sobre sí condenación eterna.

Probablemente el pensamiento más emocionante del mundo es el pensamiento de libertad. Ese es el procedimiento por el que llegamos a ser “aun como Dios es”. Incluye la oportunidad de hacer voluntariamente la elección correcta. La libertad es nuestra benefactora más grande, como también podría ser nuestra tragedia más grande. ¡Qué cosa más terrible! cuando lleguemos al fin de la jornada, si mirando para atrás descubriéramos que por nuestras propias elecciones deliberadas, y como consecuencia de nuestros propios hechos, nos hubiéramos destrozado.

Para los débiles, los descuidados, los indiferentes y ociosos, el libre albedrío no es una bendición sencilla. A los rectos y a los valientes es el beneficio más grande de nuestra vida y aprender a hacer elecciones correctas es el mero propósito de nuestra existencia. Todos sabemos lo suficiente para llegar al reino celestial. Por lo regular, no nos falta conocimiento; nos falta voluntad.

Entonces, alce sus ojos a Dios. Busque al a quien se parece. A usted le ha engendrado para que pueda ser como El es. Ha hecho posible que usted tenga el don glorioso de la libertad, libertad de ser piadoso, libertad de ser valiente, libertad de trabajar con todo su corazón por su causa, y libertad de salvar su alma y las almas de Sus otros hijos que El ha confiado a su ciudado.

(Un aporte de Raúl E. Fuentes Díaz)

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